Buenas!!!! Espero que disfruten de este capítulo al leerlo como yo lo hice al escribirlo -a mí me encanta-. Encontraremos amor, humor, suspense, mini Lemmon…
Sólo os quiero decir una cosa más; a partir de este cap las cosas se ponen muy pero que muy interesante, comienza toda la historia. Espero sus comentarios.
Saludos Áuryn.
--------------------------------
!Buenos días mundo! Me desperté más féliz que nunca, salí de la cama y miré por la ventana. Allí fuera se veía un paisaje muy triste y nostalgico – tipico del norte-. El cielo estaba gris, amenazando con llúvia, las montañas que veía detrás de las casas de los vecinos estaban rodeadas por la niebla. Abrí la ventana para ventilar la habitación y dejar entrar el aire limpio, puro, húmedo y la envolviera con su olor a bosque. Fuera hacía frío, pero mi corazon estaba cálido y, con su calidez, calentaba todo mi cuerpo. En la calle podría haber un ambiente tristón pero, en este momento gracias a mi estado de ánimo, lo veía todo lleno de luz; montañas verdes, ambiente cálido y olor a mar en el aire. Hoy volvería a ver a Jacob, dentro de unas dos horas me vendría a buscar y conocería a los Cullen.
Mientras bajaba a desayunar, por las escaleras subía olor a café y tostadas. Mi madre estaba en la cocina desayunando.
- Hola cariño, buenos días, ¿te preparo el desayuno? – Preguntó mi madre cuando entré en la cocina.
- Buenos días, mamá. Ya lo preparo yo, gracias.
- ¿Hoy vas a quedar con Jackson?
- Sí, me ha invitado a comer a su casa, también conoceré a sus compañeros de trabajo – Por cierto, mamá, son los Cullen, sí, los protagonistas de mi novela preferida, los vampiros. Es una pequeña cosa que se me olvidó contaros ayer y que no os lo voy a poder contar nunca.
- ¡Lluna, se queman las tostadas! – Gritó mi madre. Era verdad, con lo mal que saben.
- No pasa nada, las raspo con el cuchillo, hoy desayunaré tostadas con mermelada sabor fresa y carbón. ¡Oye!, ¿donde está papá? – Era extraño que no estuviera aquí, nunca se pierde los desayunos del domingo.
- Se ha ido hacer ejercicio con la bicicleta.
- ¿Papá y ejercicio?, el único ejercicio que hace los domingos por la mañana es sentarse en el sofá y ver el programa de deportes.- Siempre lo veíamos juntos.
- Hoy necesitaba salir, tiene muchas cosas en la cabeza, necesita pensar. – Dijo mi madre apenada.
- ¿Qué le pasa?
- Lo que nos tiene que pasar a todos los padres, pero cada uno lo vive de una manera diferente.
- ¿Él también tiene la menopausia?
- Tu padre se ha dado cuenta que os hacéis mayores y él, viejo. La etapa de veros crecer ya ha pasado. Ahora nos toca otra etapa, la de veros ir de casa y quedarnos solos. – Dijo cayéndole una pequeña lágrima por la mejilla.
- Mamá, no estáis solos, no llores. Olga dentro de unos meses se irá a vivir con Javier, pero yo todavía estoy aquí. Y aunque me vaya, Olga y yo vamos a estar cerca de vosotros y en contacto, no nos vamos a olvidar de vosotros. – Con mis dedos le limpié las lágrimas.
- Lo sé cariño, lo sé, pero nos cuesta un poco aceptarlo, y a tu padre le cuesta más, necesita tiempo.
Terminamos de desayunar, ayudé a mi madre a recoger y limpiar los platos y vasos del desayuno, después fui al lavabo para arreglarme.
Hoy tenía que dar buena impresión en casa de los Cullen; igual que ayer Jacob pasó la prueba en mi casa, hoy la tendría que pasar en la suya. Tomé un rato en la ducha, tenía que estar tranquila y todo saldría bien, o por lo contrario, sería un desastre. El agua me relajó. Salí de la ducha y me sequé el cuerpo, tomándome mi tiempo, al terminar me puse el albornoz y me sequé el pelo; hoy lo llevaría suelto, como le gusta a Jacob. Comencé a maquillarme; primero, me puse un poco de base en la cara, no mucha, no quería tener un aspecto de muñeca de plástico. Luego, me pinté los párpados con tonos marrones claros, como las flores del vestido que me pondría. Terminé de maquillarme poniendo un poco de máscara de pestañas y brillo en los labios.
Fui a mi habitación, que comunicaba con el baño, éste también comunicaba con el cuarto de mi hermana. Abrí el armario y saqué el vestido que me dijo Alice, era de color negro con estampado de flores en tonos marrones en la parte de abajo, llegaba por encima de las rodillas. Las mangas eran largas y el cuello ancho en forma de barca. Debajo me puse los leggins grises. Saqué las botas nuevas color marrón que todavía estaban dentro de la bolsa en su caja. Me miré en el espejo, la verdad es que me quedaba muy bien. Ahora faltaba combinarlo con los accesorios; elegí la cadena de cuero, colgaba un círculo de madera que tenía pegados pequeños redondeles de plata. Los pendientes tenían forma de aro semejante a los círculos de plata del colgante. En mi muñeca puse un brazalete de madera. Me coloqué el abrigo gris por debajo de las rodillas. Cogí el bolso gris oscuro y metí las llaves, el móvil, el monedero y lo más importante, el regalo que hice a Jacob, espero que le guste el CD.
Salí de la habitación y bajé las escaleras, en el garaje se escuchaban ruidos. Me asomé por la puerta de éste y vi que mi padre estaba peleándose con la cadena de la bicicleta.
- Parece que alguien tiene problemas. – Le dije asomándome por la puerta.
- La maldita cadena se salió cuando venía de vuelta a casa, la he tenido que traer empujando unos dos km. – Mi padre estaba muy enfadado, cansado y le caían churretes de sudor por la frente- ¡Lluna, estas preciosa!; pareces una princesa. – Al girarse mi padre para decirme esto se le cayó la bicicleta al suelo chafándole el pie, en sus labios pude leer varias blasfemias.
- Gracias, ¿quieres que te ayude?
- No, que te vas a ensuciar, -dijo levantando la bicicleta del suelo.- ¿dónde vas tan guapa?
- Hoy voy a conocer a los compañeros de Jackson, me han invitado a comer.
- Parece que la cosa va en serio – Se quedó parado mirándome, su mirada estaba triste.
- Nos estamos conociendo, pero la cosa pinta bien. – Le dije con una gran sonrisa que no podía ocultar.
- Hola, buenos días. – Se escuchó una voz masculina detrás nuestro, una voz que podía identificar bien.
Jacob estaba parado en la puerta del garaje que da a la calle. Si él era guapo, hoy lo estaba más. Iba vestido con tejanos negros estrechos, camisa de manga larga blanca y chaleco negro desabrochado. Estaba guapísimo, y con las Converse blancas y negras –por como brillaban, seguro que eran nuevas- parecía un príncipe, un príncipe que va a buscar a su princesa, y esa soy yo. Su cara embriagaba felicidad con esa gran sonrisa, los dientes se le veían bien blancos con el reflejo de la camisa. Brillaba con su hermosura, como un sol.
- Buenos días, Jackson. – Respondió mi padre, yo me acababa de quedar sin palabras.
- Se le ha salido la cadena, ¿le puedo ayudar? – Dijo Jacob señalando la bicicleta.
- Si quieres intentarlo prueba, pero yo llevo un buen rato intentando meterla. – Le respondió mi padre entregándole la bicicleta.
- Se ha salido porque hay un piñón desgastado, ¿tiene un poco de grasa para motores y un destornillador?, -mi padre le entregó los materiales, Jacob desabrochó los puños de la camisa, subiéndose las mangas hasta los codos y se agachó a la altura de la bicicleta. - con la ayuda del destornillador mojado en grasa no cuesta tanto meterla. Tiene que cambiar los piñones, si no, la próxima vez que la coja, le volverá a pasar.
Se veía muy sexy con las manos manchadas de grasa haciendo fuerza para meter la cadena, desde la perspectiva que tenía podía ver todos sus grandes músculos del brazo.
- Creo que voy a tardar un tiempo en cogerla, pero lo tendré en cuenta. – Le contestó mi padre secamente, yo le di a Jacob un trapo para que se limpiara las manos. Manchar esa preciosa camisa de seda era un pecado aunque, si se la manchaba, seguramente se la tendría que quitar y le quedaría desnudo el pecho. Tarde, mientras estaba ideando un plan, Jacob ya se había limpiado las manos y se estaba abrochando los puños de la camisa.
- Si quiere, le podría traer la pieza nueva y cambiarla. – Le dijo Jacob.
- No, muchas gracias, ya lo puedo hacer yo. –mi padre se veía molesto, dejó la bicicleta apoyada en la pared –Bueno, no les entretengo más, tienen planes, que les vaya bien.
Nos despedimos de él y nos fuimos. Jacob me cogió de la mano y me guió por la calle.
- ¿Le he dicho algo malo a tu padre?, me ha parecido que estaba un poco a la defensiva.
- Tranquilo, no es culpa tuya, es que está pasando por la crisis de los cincuenta, - se paró delante de un coche nuevo azul metalizado, le dio al mando y me abrió la puerta del copiloto,- ¿éste es tu coche?, ¿es un Honda S2000 Ultimate edition, verdad?
- ¿Conoces de coches? – Típica pregunta de hombres, al parecer una chica no le puede interesar ese tema. Ahora lo iba a dejar con la boca abierta, le daría una lección de lo que entendía del mundo del motor.
- Algo, pero te podría decir que este modelo tiene un motor de 2.0 Atmosférico y 240 c.v. – Jacob se quedó mirándome con la boca abierta, alucinado.
- Pues no te equivocas, igual que no se ha equivocado Alice al decirme que hoy estarías preciosa.- Dijo mirándome con ojitos tiernos.
- Muchas gracias, tú tampoco te quedas atrás. – La que se quedaba atrás era yo a comparación con su hermosura.
- No es mi estilo, pero Alice me lo dio para que fuéramos a la par.
Me senté en el asiento, Jacob cerró la puerta, dio la vuelta al coche por delante y entró. En el coche nos quedamos en silencio mirándonos, con su mano me apartó un mechón de pelo que tenía en la cara y lo dejó detrás de mi oreja, cerré los ojos disfrutando del roce, cuando los abrí tenía su cara en frente de la mía, me besó. Sus labios eran cálidos como los recordaba de ayer, y los besos tan suaves, lentos y agradables. Me molesté un poco cuando se apartó, pero sólo un poco, porque sabía que habrían más como éste, incluso mejores, aunque sería difícil de superar.
- Ayer no me despedí de la manera adecuada, hoy quería saludarte como es debido.
- Pues has pensado bien, muy bien. – Los dos comenzamos a reír- Lo olvidaba, ayer por la noche te hice esto, - saqué el CD del bolso y se lo di.- No sé si te gustará, y si habré acertado con las canciones.
Jacob cogió el CD y leyó la dedicatoria. Al leerla los ojos le comenzaron a brillar, los tenía húmedos de lagrimas.
- Me encanta el regalo y la dedicatoria, muchas gracias, Lluna. Lo voy a poner ahora mismo, así estrenaré el equipo de música.
Encendió el motor silencioso del coche y se puso a conducir en dirección a las afueras de la ciudad, luego condujo por la carretera que va al parque nacional. Escuchábamos las canciones del CD, Jacob seguía el ritmo de la música tamboreando el volante del coche con los dedos. Comenzó a sonar Ain't No Mountain High Enough de Marvin Gaye & Tammi Terrell.
- ¡Ey!, me acuerdo de esta canción, le gustaba mucho a mi hermana– Subió el volumen.
Cantamos la canción a dúo, él hacia la voz masculina y yo la femenina, nos montamos una coreografía en el coche cuando cantábamos el estribillo. Aunque el volumen estaba muy alto se escuchaba como desentonaba Jacob, no podía ser perfecto en todo, estas pequeñas imperfecciones son lo que lo hacen ser tan humano.
- ¿Estás preparada para meterte en la casa del terror?- dijo poniendo voz tenebrosa.
- No me das miedo, más bien risa. Estoy preparada para conocerlos, aunque estoy un poco nerviosa.
- ¿Por qué?
- No sé que les voy a decir, ni que tengo que hacer.
En realidad hay muchas cosas que no sé, tales como qué hacen los Cullen aquí, porqué son reales, qué pinto yo en toda esta historia... Tenía tantas preguntas, pero ayer Jacob me dijo que cuando llegara el momento me las respondería y tenía que respetar esa decisión aunque no me gustara la idea.
- Tranquila, sólo actúa como eres, les vas a gustar, aunque no tanto como tú me gustas a mí.
Desvió el coche con suavidad a una carretera sin asfaltar que se introducía en el bosque espeso. El paisaje era precioso, todo rodeado de árboles y arbustos verdes. El camino se hacía cada vez más estrecho, éste se bifurcaba en dos y dirigió el coche hacia la derecha. Unos metros más adelante se volvía a dividir y otra vez cogimos el camino de la derecha. Pasamos tres o cuatro cruces más, siempre escogía la derecha. Estábamos adentrándonos mucho en el bosque, los altos pinos no dejaban pasar la luz del día. Unos pocos metros más adelante, los árboles dejaban ver una pradera verde y, en medio de ella, una casa. La casa era de piedra no muy grande y de construcción moderna. Según nos acercábamos, podía observar que era muchísimo más grande de lo que había podido ver antes. La residencia hacía forma de L y era de dos pisos. El lateral largo estaba cubierto por una enredadera que cubría toda la pared, sólo se podían distinguir las grandes ventanas de madera entre las hojas verde. Por eso, al principio me pareció pequeña, desde lejos la enredadera se camuflaba con la hierba del pasto dejando ver solo una cuarta o quinta parte de ella. Llegamos a la casa y Jacob dejó el coche cerca de la entrada. Para acceder a ella había una escalera que daba a un porche de madera. La puerta de entrada era enorme, con vidrieras de colores. Estaba embobada viendo la casa y no me di cuenta que Jacob había salido del coche y me estaba abriendo la puerta para que saliera.
- Es una casa preciosa, Jacob. – Dije saliendo del coche.
- Demasiado espectacular es mi definición. –Jacob se quedó parado enfrente mío, muy pensativo.
- ¿Pasa algo?- Le pregunté.
- No, estaba teniendo una charla con Edward.
- ¡Ah, vale!, perdón por meterme en una conversación muda.
- El entrometido es él, quiere saber si estás preparada para entrar, yo también quiero saber si te encuentras cómoda con esto, si quieres, lo podemos dejar para otro día.
Ya no me acordaba del don de Edward. Si ya estaba nerviosa por lo que iba a decir, ahora también lo estaba por lo que iba a pensar, tenía que tener cuidado con mis pensamientos.
- Sigo nerviosa, pero nada que no pueda soportar, ¿entramos?
Jacob cogió mi mano y me ayudó a subir las escaleras, abrió la puerta y entramos. Estábamos en el recibidor de la casa y era dos veces más grande que mi habitación. Estaba pintado de blanco y era muy luminoso, decorado, además, con un pequeño mueble antiguo. En una esquina había otro mueble con un jarrón de rosas rojas encima. El suelo era de porcelanato color crema. Había una puerta de cristal opaco que no dejaba ver lo que había detrás de ella. Jacob me dirigió hasta ésta y la abrió, un escalofrío recorrió mi columna. Detrás de la puerta se encontraban 8 personas, 4 hombres y 4 mujeres. Estaba delante de los Cullen, 8 vampiros que había conocido a través de una novela romántica. En mi mente me había imaginado a personas de pieles pálidas y hermosas, pero ninguna imaginación puede crear a través de unas palabras la belleza que yo estaba viendo en este momento. Deduje que nos encontrábamos en el salón principal, un espacio enorme donde podrían caber 50 personas perfectamente sin tener sensación de claustrofobia. Las paredes y los techos altos eran de color blanco muy bien iluminados por lámparas enormes de cristal.
- Lluna, te presento a la familia Cullen: ellos son Carlisle, Esme, Edward, Bella, Rosalie, Emmet, Alice y Jasper. Familia, os presento a Lluna.
- Hola Lluna, en nombre de todos te doy la bienvenida a esta casa. – Habló Carlisle con gesto cordial. Avanzó unos pasos y me ofreció su mano, Jacob me acompañó en el avance y estiré mi mano para juntarla con la de Carlisle. Al estrecharla pude sentir la fría, dura y suave piel que tenía. La piel de un vampiro. Al separar la mano la comparé con la otra que estaba sujetada por la de Jacob, tan cálida. Todos los vampiros me miraban, estaban esperando que hablara.
- Es un placer conoceros.- No pude decir más, no tenía palabras.
Me faltaba alguien en esa sala para completar la familia. Renesme. ¿Dónde estaba la hija de Edward y Bella? Por encima del hombro de ellos miré a ver si veía a una pequeña y dulce criatura, pero no había nadie. Pude ver como Edward negaba con la cabeza y se tocaba el pelo con una mano.
- ¿Buscas algo, Lluna?- Me estaba hablando Esme.
Yo no sabía si lo que había leído en la saga era del todo cierto, a lo mejor, después del libro de Amanecer, había ocurrido algo con ella y por eso no estaba aquí, o mi presencia no le gustaba y decidió ausentarse. Jacob tenía que responderme muchas cosas antes de poder preguntar por ella.
- No, no busco nada, - mentí- estaba observando lo preciosa que es esta casa. – en eso no mentía.
- ¿Te gusta? – Con mis palabras de elogio al hogar a Esme la hice muy feliz- No hemos tenido mucho tiempo para poder decorarla, nos faltan muchas cosas. Jacob, ¿por qué no le enseñas el resto de la casa a Lluna?, la comida no está lista todavía.
- Eso está hecho. Lluna, ven, te haré un tour por la casa.
Jacob estiraba de mi mano, yo estaba estática mirando a los vampiros que tenía delante, todo esto era tan irreal. En el mundo en el que me había criado estas cosas sólo pasaban en los libros y las películas. Jacob me abrazó por la cintura, pegándome a su cuerpo, obligándome a andar. Subimos unas escaleras que estaban a nuestra izquierda.
- ¿Va todo bien, Lluna?, pareces una estatua.
- He estado fatal, soy una idiota, parecía que no sabía hablar. Qué vergüenza, por favor. ¿Qué van a pensar de mí?
- Tranquila, ayer hicieron apuestas, apostaron a que ibas a reaccionar como una fan histérica. La reacción que has tenido es mejor que la que ellos pensaban.
- En resumen, para la familia Cullen, ahora mismo, soy una fan histérica, idiota y sin vocabulario.
- Yo no creo que ellos te vean así, es normal como has reaccionado. Necesitas tiempo para acostumbrarte a esto, yo todavía estoy trabajando eso.
Jacob comenzó a enseñarme la casa. Íbamos andando por un largo y ancho pasillo, a un lado había grandes ventanales con vistas a un jardín lleno de flores y plantas de muchas clases y colores, en medio de éste se encontraba un pequeño estanque. Al otro lado del pasillo se encontraban las puertas de las habitaciones, por cada una que pasábamos me decía de quien era. Cada pareja tenía su cuarto, lavabo y vestidor. Llegamos al final del pasillo, donde había otras escaleras que bajaban. Abrió la puerta que estaba al lado de ellas.
- Este es mi cuarto – Me dijo invitándome a pasar.
Era una habitación muy espaciosa y cuadrada, no estaba muy decorada, había un armario de 5 puertas, un escritorio alargado con un ordenador portátil, cuadernos de hojas y un lapicero. En un extremo de la habitación había un baúl de madera, al lado de éste había una puerta entreabierta por la cual se podía ver un baño. En el centro de la habitación había una cama gigante. Tenía puesta una colcha verde claro con tonos amarillos que hacían juego con las cortinas de la ventana.
- Tienes una habitación muy bonita, me encanta la cama. –dije sentándome en ella, Jacob se sentó a mi lado.
- Antes se veía vacía, pero al entrar tú la has completado.
Jacob me miraba, en sus ojos pude ver un toque de lujuria, ¿o eran el reflejo de los míos? Me cogió con sus grandes manos por los hombros y me apretó a él. Nuestras respiraciones estaban agitadas.
Sus labios me llamaban desesperadamente, no quise alargar el momento, junté nuestros labios con pasión. Nuestras bocas se movían desesperadas, buscándose, cuando chocaban saltaban miles y miles de chispas. Con mucho cuidado me tumbó en la cama, él quedó encima de mí, apoyando todo su peso en un brazo; a la mano que le quedaba libre, le dio trabajo acariciándome la pierna. Su mano estaba dudando si tenía que subir por debajo del vestido. Nuestras bocas estaban sincronizadas y se abrieron dejando paso al juego de lenguas. Mis manos fueron a su espalda, agarrándome fuerte. Sus besos cálidos y apasionados estaban acalorándome cada vez más, estaba desbocada, no tenía suficiente con lo que me estaba dando, quería más y más. Curvé mi espalda de placer, en ese momento Jacob dejó mis labios para dedicarse al cuello, con cada beso dejaba un rastro húmedo y caliente. Me estaba poniendo a mil. Mordí los labios para impedir salir los gemidos de placer. Necesitaba algo con que tapar mi boca, como desesperada comencé a buscar sus labios, él entendió el gestó y juntamos las bocas entrelazando las lenguas.
Mis manos pasaron por debajo de su camisa, tocando todos los fuertes músculos contraídos. Apretó su entrepierna con la mía, pudiendo sentir toda su excitación, su gran excitación. Soltó un gemido dentro de mi boca. “Perrito caliente, tenemos perrito caliente”, se escuchó una fuerte voz en el piso de abajo, ya no me acordaba donde estaba, era muy fácil olvidarse de algo teniendo a Jacob junto a mí, y en una cama. Paramos de besarnos, esperando que se calmaran nuestras respiraciones. Se levantó y se sentó en el borde de la cama dándome la espalda. Yo seguía tumbada en la cama recuperándome.
- ¡Jacob, qué vergüenza!, si ya pensaban mal de mí ahora voy a quedar como una calentona. Viva las primeras impresiones. Qué vergüenza, me quiero morir. – Tapé mi cara con la almohada.
- No seas tonta, - dijo destapándome la cara- no te tienes que avergonzarte por cosas normales y naturales.
- No es por eso, es porque estamos en una casa llena de vampiros y están escuchando todo lo que hacemos y eso sí que no es normal ni natural.
- Me ha tocado escuchar cosas peores, ahora que se fastidien ellos.
Me levanté de la cama, me puse de pie delante de Jacob.
- Bueno, vamos a bajar y pasar la vergüenza lo antes posible. – Jacob estaba sentado cogiendo la almohada con la mirada perdida.- ¿Me has escuchado?
- Sí, sí pero… necesito unos minutillos.- bajó su mirada a la almohada que le estaba tapando la… ¡oh!
- Son muy bonitas las cortinas. – Mejor hablaremos de otras cosas.
- Bueno, sí, las eligió Esme.
- Y la colcha hace juego con ellas.
- Sí, también la eligió Esme.
Pasaron unos minutillos para que una parte del cuerpo de Jacob volviera a su tamaño normal.
- ¿Preparada para seguir con el tour?- Preguntó Jacob.
- Estoy preparada para seguir y morirme de la vergüenza allí abajo.
- No voy a dejar que te hagan sentir así – Dijo abrazándome por la cintura y empujándome hacia la puerta.
Bajamos las escaleras y nos encontramos un pequeño salón con dos puertas cerradas. Esta sala sólo constaba de una pared, las otras tres eran grandes ventanales de vidrio que daban al exterior con vistas al bosque. Había un sofá gris y dos butacones grandes del mismo color y, en medio de ellos, una mesa de cristal con un tablero de ajedrez. Jacob me dijo que detrás de la puerta de la izquierda estaba el despacho de Carlisle. Abrió la otra puerta que daba a un pasillo, hasta el momento -para mi gusto- era la parte más hermosa de la casa. Había grandes medios arcos de piedra con ventanas con marcos de madera que daban al jardín. Era un espació rústico con todas las paredes forradas de piedra. Seguimos andando por el pasillo y nos encontramos una puerta abierta. Jacob, haciendo una reverencia, me invitó a que pasara, se le veía muy cómodo con toda esta situación, yo, por el contrarío, me exalté cuando entré y vi lo que había dentro.
Allí se encontraban tres personas, mejor dicho, tres vampiros de la familia Cullen. Bella y Rosalie estaban sentadas en dos grandes sillas de oficina de cuero negro, ante un escritorio enorme donde había 3 ordenadores, estaban trabajando en algo delante de un ordenador. Emmet estaba sentado en un sofá de piel blanca jugando a un videojuego de coches. Las dos chicas se giraron para darme un repasó de arriba abajo, me hicieron sentir incomodas.
Emmet se levantó del sofá y se acercó a nosotros, era más alto y musculoso que Jacob. Mi primera reacción fue retroceder un paso, medio escondiéndome detrás del cuerpo de Jacob cuando vi de tan cerca a ese gran hombre. Cuando le miré a la cara tenía una sonrisa pilla muy divertida que me tranquilizó y me hizo salir de mi escondite. Con esa cara de bonachón y los hoyuelos marcándose en la comisura de los labios no podía sentir miedo.
- ¿Qué te parece la casa, Lluna? – Me preguntó Emmet.
- Es una casa muy grande y preciosa. – Le respondí con la voz temblorosa. Aunque ya no tuviera miedo de ellos, todavía estaba nerviosa por lo que podrían pensar de mí.
- Está quedando muy bonita, tenemos a unas profesionales de la decoración en la familia. ¿Qué tienes ahí en la cara, Jacob? – Se puso delante de nosotros dos, me giñó un ojo y le señaló la cara. Yo miré hacía donde señalaba, hizo un movimiento rápido que casi no pude percibir y lamió la cara de Jacob. – Sabes igual de mal, perrito caliente, debería probarte con mostaza y kétchup, aunque a ella le gustas más al natural, ja,ja,ja.
Me moría de la vergüenza, sentía arder mi cara. Jacob con repulsión limpiaba la cara con el puño de la camisa. Rosalie comenzó a corretear alrededor del sofá escapándose de los besos de Emmet a grito de “cómo pudiste chupar al chucho, no me vas a besar en semanas”. Emmet correteaba detrás de ella sacando morritos “oh nena, déjame que te de un besito sabrosón”. Emmet se lanzó encima de ella tirándola al sofá y besándole los labios, Rosalie, con cara de asco, intentaba desprenderse del gran cuerpo de Emmet sin resultado.
- Mirar la cara de Lluna, se está convirtiendo en Kétchup para el hot dog. –Decía Bella entre carcajadas. En ese momento actué a la defensiva sin pensar lo que decía.
- Al menos mi vida sexual no aparece en libros juveniles. – Dije en tono burlón.
- Esa es buena Lluna, chócala. – Jacob me dijo chocando nuestras manos por arriba y abajo, como los pandilleros.
Me di cuenta de lo que había dicho cuando vi la cara de rabia que tenía Bella y sus puños cerrados, con mirada asesina miró a Jacob y salió por la puerta muy molesta.
- ¿La he pifiado, verdad?
- Un poquito – Me contestó Jacob intentando silenciar su risa.
Emmet y Rosalie se estaban carcajeando. Las risas de todos retumbaban en la habitación haciéndome sentir fatal por haberle dicho eso a Bella. Salí en busca de ella, no la conocía y yo le acababa de hacer una broma de mal gusto ¡viva las primeras impresiones! Acabo de quedar como una imbécil. La vi sentada en el banco del jardín. Jacob, con mirada culpable, asintió con la cabeza señalándome la puerta que daba al patio. Abrí la puerta, dándome en la cara el aire frío y fresco de la montaña. Con paso cauteloso me acerqué a donde estaba ella, tenía que arreglar esta situación. No me podía llevar mal con la mejor amiga de Jacob.
- ¿Me puedo sentar contigo, Bella? – Le pregunté en tono bajo.
- Adelante, ahora esta es también tu casa. – Me respondió irritada. Pensé bien las palabras que dije a continuación.
- Siento mucho lo que te he dicho allí dentro. Perdona si te he podido molestar, he actuado a la defensiva.
- No pasa nada, creo que he sobreactuado un poco.- Dijo mirándome con tristeza- Perdona tú también, me he tomado un poco de confianza sin conocernos, Jacob me ha hablado tanto de ti que es como si te conociera.
- Me gustaría decir lo mismo, pero Jacob no me ha contado nada de vosotros. No tenía derecho a decirte eso. – Sólo los conocía por unos libros que ahora mismo no tenían sentido ninguno.
- Entonces nos tendríamos que presentar de nuevo y comenzar a conocernos sin intermediarios. Hola, soy Bella.- Dijo extendiendo su mano.
- Encantada, soy Lluna. –Dije estrechándole la mano. Su tacto era igual al de Carlisle; suave, frío y duro como una piedra. Su piel era blanca como una perla, nunca antes había visto a nadie tan pálido, los albinos tenían un tono más moreno que ellos. No me di cuenta que llevaba un buen rato cogiéndole la mano y observándole la piel hasta que ella agachó la cabeza y me miró con cara divertida, solté el agarre. – Perdona, no era mi intención, esto es nuevo para mí.
- Tranquila, a mí me pasó lo mismo la primera vez. – Me contestó entre risas. Comencé a escuchar una melodía de piano que bien conocía de estos últimos días, con la mirada busqué de donde provenía la música.- Adelante, te están buscando para responderte algunas dudas.
- ¿Algunas? – Yo tenía un montón de preguntas, y quería saber las respuestas ya.
- Sabrás el porqué pensabas que estabas loca estos últimos días. – Dijo Bella mirándome, sus ojos eran de un color muy parecido al oro líquido, preciosos y hermosos como toda ella.- Las demás respuestas las tendrás cuando Jacob tenga el valor suficiente de contarte. – Su voz era dulce y calmada- ¿Lluna, me estas escuchando?
- Sí, sí, perdona, creo que me has… Deslumbrado- dijimos las dos al unísono y comenzamos a reírnos.
- Tranquila, es normal que te pasen estas cosas, sólo eres una humana. Ve dentro, te están esperando.
Me levanté dándole a Bella una mirada de gratitud y seguí el sonido de la melodía, se escuchaba dentro de casa. A mitad del recorrido unos pasos se escucharon detrás mío, Jacob estaba a un metro con cara preocupada, fui donde estaba él y le di un suave beso y la más sincera de mis sonrisas contestándole a su preocupación, él lo entendió y me contestó igual. Nos dimos la mano y me llevó dónde venía la armonía.
Entramos dentro de casa, estábamos otra vez en el salón principal. En una esquina de éste, había un gran piano de cola blanco marfil en el que Edward tocaba la canción Can't take my eyes off you; a su lado, estaba sentada Alice haciéndome gesto de invitación. Tímidamente me acerqué a ellos acompañada por Jacob y la espalda protectora de él. Edward y Alice tenían una mueca divertida en sus caras. Cuando estuve junto al precioso piano Edward tocó unos tonos más bajos para hablarme.
- Lluna, Alice y yo queríamos pedirte disculpas por haberte asustado estos días. Pero no era esa nuestra intención. Lo que nosotros intentábamos era que comenzaras a familiarizarte en un mundo que no estabas acostumbrada vivir. – Dijo, su voz era preciosa. El otro día con la música de la discoteca no lo pude apreciar bien.
- Pues conseguisteis todo lo contrario, pensaba que me estaba volviendo loca.
- Sabemos que te sentías así, por eso no quisimos alargar más el momento del encuentro.
- ¿Qué encuentro?
- El que vio Alice en sus visiones – Me contestó Edward, dándole la palabra a Alice.
- Hace un tiempo, Lluna, te vi en unas visiones no muy claras que tuve de Bella. Edward y yo comenzamos a indagar, estudiamos las pistas que aparecían en ellas como el paisaje, nombres de calles, familiares tuyos que nos pudieran dar pistas. Tras largas investigaciones conseguimos encontrarte rastreando el numero de la matricula de tu coche.
Quedé estática, sus investigaciones eran más irreales que en la serie de CSI. Ellos comenzaron a impacientarse, estaban aburridos esperando mi respuesta, pero ¿qué les iba a decir? ¡Sorpresa, estoy aquí, felicidades, me habéis encontrado!
¿Porqué me había visto Alice en sus visiones?, Bella me comentó que ellos me explicarían algunas dudas, pero Jacob me había dicho que cuando fuera el momento adecuado él me respondería todo lo que quisiera. Pero mi curiosidad podía más.
- Alice, ¿cómo que me vistes en tus visiones?
- Eso también me gustaría saberlo, no sé por qué te vi. Tu futuro está muy ligado a un licántropo y no puedo verlo bien. Cada vez lo veo más oscuro.
No me lo podía creer, tenía una respuesta, pero esa me conducía a más dudas. Edward y Alice me miraban otra vez igual, esperaban que hablara. Me costaba reaccionar ante tantas fantasías.
- ¿El primer día que recibí vuestra visita fue en mi casa, a principios de esta semana? –los dos asintieron con la cabeza - Creo que lo de sigilosos es una habilidad que tenéis sobrevalorada.
El primer día que vinieron a espiarme estaba en casa merendando y leyendo. Fui a la cocina un momento y escuché un ruido, luego se escuchó música en mi cuarto, más tarde un ruido en el tejado.
- Somos muy sigilosos – Me dijo Edward y desapareció de mi vista, comencé a buscarle con la mirada por toda la gran sala, pero no conseguía verlo en ningún lado, “esa es una de nuestras habilidades” dijo una suave voz en mi oído. Edward se encontraba detrás mío, me sobresalte y agarré con las uñas el piano.- Lo siento, Lluna, jajajaja pero me encanta las reacciones que tenéis los humanos. Cuando estuvimos en tu casa intentamos ser lo más cautelosos posibles, no queríamos tener un contacto tan directo. Pero con la ceguera de Alice y mi sordera, éramos como dos invidentes sin bastón. Estábamos investigando a ciegas. Por cierto, Alice era la gata en celo, jajajaja.
- ¿Sordera?, el oído también es una habilidad sobrevalorada.
- Podría decirte ahora mismo que ritmo cardiaco tienes que, por cierto, es bastante elevado. Lo que quería decir es que no puedo leer bien tus pensamientos. – Eso me daba ventajas, un miedo menos, podía pensar sin sentirme avergonzada por mis pensamientos.- Tu mente es como escuchar una radio mal sintonizada. Es bastante molesto, tus pensamientos son interferencias, te escucho entrecortada.
Me sentía más tranquila al saber que no estaba loca, que todo era real y no fueron imaginaciones. Estaba más aliviada, ya no estaba tan nerviosa. Pero me sentía intranquila, mi cuerpo no se relajaba, sentía frio, me faltaba algo. Jacob, ya no está a mi lado
- Se fue, no le gusta que hablemos contigo de estas cosas. - Sentí una presión en el pecho, yo no quería que Jacob se sintiera mal.- Ve a buscarle, está fuera en la calle.
Me dirigí a la puerta de salida, una nueva pregunta se me ocurrió. Me acordé de la noche en que los vi a ellos montados en un coche, fue la segunda vez, pero antes había estado en casa de Laura, dios, qué vergüenza, ahora una nueva caracterización: Lluna es una alcohólica.
- ¿Cuando estuve en casa de mi amiga vosotros por casualidad estabais por allí cerca? – Les pregunté en voz baja y muerta de vergüenza.
- Sí, estábamos en el balcón, subimos escalando por la pared. Por cierto cantas muy bien Lluna, I love you baby and if it's quite all right, I need you baby to warm the lonely nights.... – Cantó Alice con voz preciosa, como los ángeles celestiales, yo salí por la puerta sonrojada.
Fuera hacía mucho frío, las nubes estaban bajando de las cimas, llevaban mucha humedad y se pegaba en la cara. No podía ver a más de 2 metros, la niebla era muy densa. Caminé un poco y justo en la entrada del bosque vi la silueta de Jacob. Fui poco a poco hacia él, estaba de espaldas estático en el sitio mirando fijamente la oscuridad del bosque, lo cogí por la cintura. No se sobresaltó, seguro que me había escuchado. Me puse de puntillas para darle un beso en el cuello.
- Jacob, no quiero que te sientas así. Ya te dije que esperaría a que tú me contaras toda esta historia. Y yo, como te dije ayer, te voy a respetar.
Jacob se giró quedando de cara. La tenía mojada, y no era de la humedad, su sonrisa había desaparecido. Pero no estaba enfadado, más bien era tristeza. Limpié su cara con la palma de mis manos. Él cerró los ojos y, a tientas, fue a buscar mi boca acertando a la primera. Sus besos ahora eran diferentes a los de esta mañana, o los de hace un momento en su habitación. Sus besos llegaron a tocar mi corazón, dando punzadas de dolor. Un dolor que hacía que costase respirar, no quería besos así. Se separó de mí dejando de sentir esa mala sensación, pero a la vez quería que me volviera a besar, sus besos agridulces sabían mejor que nada, me dio una fingida sonrisa.
- La comida está lista, vamos a comer.
Entramos otra vez en casa, ahora la sala estaba vacía. Fuimos al fondo del salón y Jacob abrió una enorme puerta corredera. Nos encontrábamos en la cocina; el espacio estaba dividido en dos, una parte era la cocina en sí y la otra era un comedor con una mesa para unos 10 comensales. Olía fenomenal, un montón de olores había en la cocina: patatas, carne, pescado, verdura al horno…. Y no me equivocaba, en la encimera había toda clase de platos ya preparados: pollo al horno con verduras, pescado y mariscos a la plancha, diferentes tipos de pasta con salsa de todas clases… parecía un buffet libre de un hotel. Esme estaba sacando del horno unas patatas asadas y Carlisle estaba preparando una gran ensalada.
- ¿Todo esto es para nosotros, Jacob?- Los únicos que comíamos este tipo de alimentos en la casa sólo éramos nosotros dos.
- Sí, Esme se ha pasado parte de la noche y esta mañana cocinando. Ayer me olvidé preguntarte cuales eran tus platos preferidos. –Esme dejó la bandeja en la encimera y me dio una preciosa mirada llena de cariño, su cara embriagaba amor.
- Muchísimas gracias Esme por haberte tomado tantas molestias. Seguro que todo tiene que estar buenísimo, huele fenomenal.
- Gracias, querida. Come todo lo que quieras y, si quieres otra cosa, no tienes más que decirlo. Vayan a sentarse y ahora les llevamos la comida.
- No hace falta, ya lo llevamos nosotros, tú has trabajado mucho.
- ¡Oh, no, Lluna! no vamos a consentir eso. Hace muchísimo tiempo que no recibimos invitados y queremos hacerlo como es debido – Dijo Carlisle.
- De acuerdo, pero al menos déjame ayudaros.
Ayudé a Esme y Carlisle a poner la mesa, bueno, sólo me dejaron llevar una bandeja de comida, el resto lo pusieron con la ayuda de Jacob. La comida estaba buenísima, no entendía como alguien que no come desde hace décadas podía hacer algo tan sabroso.
- Jacob, me da pena dejar tanta comida, pero creo que, si como más, voy a reventar.
– En la mesa quedaba comida para unas 6 personas.
- No te preocupes, las sobras me las comeré esta noche. ¿Qué te apetece de postre?
- ¿Postre?, ya no puedo comer más. – Diciendo esto Alice y Jasper entraron por la puerta de la cocina.
- ¿Qué tal, Lluna, tú primer día en casa de la familia Cullen? – Me preguntó Alice. De repente me encontré muy relajada.
- Bien, muy bien. Mi cerebro todavía está procesando todo, pero de momento parece que he recuperado el habla.
- Sí, eso parece. – Respondió Alice dando grandes carcajadas.- Cuando hayas terminado de comer ¿te gustaría que te enseñara mi ropa?, por lo que vi en tu casa me parece que tú también eres una apasionada de la moda. Si quieres, te podrías quedar con algunas prendas que yo ya no me pongo.
Estaba a punto de responder con un sí, cuando Jacob se atragantó con un trozo de pastel que se estaba comiendo. Comenzó a toser, le di un vaso de agua para ayudar a pasar la comida, se lo bebió de un trago. Pareció que funcionó y su cara pasó del rojo a su precioso color moreno.
- Me parece, Alice, que a Jacob no le gusta mucho esa idea; mejor lo dejáis para otro día. – Dijo Jasper. Jacob le dio una mirada de gratitud.
- Sois unos aguafiestas, seguro que a Lluna le encanta la idea. – Contestó Alice haciendo pucheros a Jasper.
- Me parece muy buena idea Alice, pero no quiero que Jacob se atragante con su propia saliva. – Jacob se cruzó de brazos y me sacó la lengua, yo le contesté igual- Te prometo que otro día hago una pasarela de moda con la ropa que tienes en tu vestidor.
- Te vas arrepentir de la promesa, Lluna. – Dijo Jasper señalándome con un dedo.- Por cierto Jacob, Emmet me ha dicho que te espera en el salón, le debes una revancha.
- Es cierto, pero no hace falta que juguemos, esa partida la tiene más que perdida. – Contestó Jacob con tono de sabiondo.
- Me gustaría verte jugar, así veré si eres tan bueno como dices.
- ¿No te lo crees? Estás hablando con el número 1 de las carreras virtuales.- Me dio una sonrisa de medio lado y guiñó un ojo, ¡dios, que sexy!
- Pues vamos a ver eso, pero primero recogemos la mesa.
Alice y Jasper se fueron avisar a Emmet. Jacob y yo recogimos toda la mesa, Esme no nos dejó limpiar los platos y nos mando al salón donde nos esperaba Emmet.
- ¿Preparado hot dog para ver como desciendes de tu primer puesto? – Dijo el grandullón de Emmet cuando nos sentamos en el sofá de piel color arena.
- Estoy preparado para humillarte en público.
Parecían dos niños pequeños, Jacob jugaba mordiéndose la lengua y Emmet estaba muy concentrado mirando la gran pantalla. Al final ganó Jacob –la verdad, sí que jugaba muy bien-, con gesto de vencedor levantando los brazos, dio un saltó del sofá y se plantó delante del enfadado Emmet.
- Suelta la pasta osito, te dije que te iba a ganar. – Emmet molesto sacó del bolsillo unos cuantos billetes y se los dio a Jacob. – Ya te dije, Lluna, que soy muy bueno jugando a esto.
- Sí, bueno. –Dije no dándole importancia.
- ¿Crees que podrías ganarme? – Dijo poniendo otra vez la misma sonrisa de antes.
- No sólo eso, creo que podría ganaros a todos. – Les dije poniéndome en pie y cogiendo el mando que había libre encima del mueble.
- Eso me gustaría verlo, yo me apunto al juego. Y apuesto por Lluna. – Dijo Emmet poniendo dinero en la mesa.
- Yo también me apunto y apuesto por Lluna. – Dijo Jasper poniendo dinero también.
- No hagan apuestas muchachos, van a perder, conmigo no puede nadie.- Les contestó Jacob poniendo dinero – Ya pongo yo la parte de Lluna.
Nos sentamos todos enfrente del televisor. Hacía años que no jugaba a un videojuego de coches, la última vez que jugué fue al Mario Car de la Wii, y éste era muy diferente. Comenzamos eligiendo coches, yo quería coger un escarabajo amarillo muy gracioso pero Jacob no me dejó, decía que ese coche era el más lento de todo el juego, a mi me parecía un coche muy divertido. Comenzó la partida con la cuenta atrás, nada más salir de la meta me choqué con el muro de protección, cuando conseguí volver a arrancar me choqué contra el otro muro. Después de salir por fin de la primera recta sin más choques me encontré con una curva muy cerrada, yo iba a gran velocidad y me salí. Detrás de mí escuchaba muchas risas cuando giraba mi cuerpo como si estuviera dentro del coche. Cuando completé la primera vuelta los demás le faltaban medio circuito para completar la carrera. Jacob quedó primero ganando todo el dinero. Yo seguía jugando, me faltaba una vuelta para completar la carrera.
- Si quieren pueden hacer otras cosas mientras llego a la meta.
- Estabais compinchados. – Dijo Emmet resignado, acababa de perder la segunda apuesta de la tarde.
- Yo pensaba que Jacob iba a desconcentrarse teniendo a Lluna a su lado, y eso que lo he intentado poner nervioso, pero no ha funcionado. – Le contestó Jasper cruzando los brazos en el pecho, Alice se sentó a su lado y le dio un beso.
- Lluna, yo también soy mala jugando a esto. –Dijo Alice cogiendo otro mando – Ahora vamos a jugar pero con el coche que ha dicho ella antes, a mí también me parece muy gracioso, pero esta vez sin apuestas, sino vais a desplomar a Emmet.
- Este juego se está convirtiendo en un videojuego de nenas, pero puede ser divertido ver como pierden todos. – Nos dijo Emmet señalándonos a cada uno.
Empezamos a jugar todos con el escarabajo, Jacob estaba enfadado con el coche, decía que no corría y que por eso iba penúltimo. Quedé la primera, se vio claramente que me dejaron ganar porque las otras partidas siempre quedaba de las últimas.
Pasamos toda la tarde entre juegos y risas, no me di cuenta de la hora que era hasta que Esme me pregunto si quería cenar.
- Gracias Esme pero me tendría que ir a casa, es muy tarde y mañana tengo que trabajar.
Me despedí de toda la familia Cullen agradeciéndoles su invitación, después Jacob me llevó a casa. De camino me pregunto cómo había pasado el día, reímos mucho hablando de Emmet y cómo Jacob le hacía rabiar con los videojuegos. Llegamos a casa, Jacob abrió la puerta del copiloto ayudándome a salir, me acompañó hasta el portal de casa.
- Espero que te lo hayas pasado bien Lluna, descansa que hoy ha sido un día muy largo y mañana tienes que trabajar. – Jacob, estaba hablándome con la mirada perdida, sus pensamientos estaban muy lejos de aquí. Yo no quería que se fuera ya, no quería que se fuera así.
- ¿Va todo bien?- Le pregunté buscándole la mirada, él esquivó el contacto visual. Su actitud era parecida a la de este mediodía cuando salí a buscarlo fuera de casa.
- Sí, va todo bien, no te preocupes. ¿Quieres que mañana te lleve a trabajar?
- Me gustaría mucho, así tendré un buen motivo para despertarme un lunes y comenzar con buen pie la semana. – Jacob me dio una pequeña sonrisa, pero la alegría no llegó a sus ojos.
Nos despedimos dándonos un beso, un beso que otra vez le dio una descarga de dolor a mi corazón. Me costaba respirar. Jacob se separó de mis labios dándose media vuelta y se fue a su coche. Al irse se llevó una parte de mí, me sentía vacía. Arrancó el coche y chirriando ruedas desapareció por la calle.
Fui dentro de casa, estaba toda mi familia cenando en el comedor. Me senté con ellos en la mesa y les conté como había ido mi día, otra vez les tuve que mentir, no les podía contar toda la verdad. Con la escusa del cansancio me fui pronto a dormir.
Una vez estuve metida en la cama pensé en todo lo que me había ocurrido hoy. Había conocido a la familia Cullen, los personajes de la saga Crepúsculo. Ahora sí que estaba segura, lo que estaba viviendo era real y no una fantasía. Todas las cosas extrañas que me habían ocurrido días atrás, ahora tenían una explicación. Pero sólo había sacado unas pocas respuestas y esas me daban que pensar más preguntas. Mil dudas pasaban por mi cabeza. ¿Qué significaba yo para él? ¿Acaso era su imprimación ahora? ¿Dónde estaba su antigua imprimación sí realmente existía Renesme? Jacob se sintió muy incómodo con mi curiosidad cuando Edward y Alice me contaron la verdad, yo no quería que él se sintiera así. Me dolía verlo de esta forma, me dolía cuando me besaba, sentía como si fuera el último beso que nos íbamos a dar.
viernes, 4 de febrero de 2011
lunes, 31 de enero de 2011
7. Veredicto
!Hola a todo el mundo!, aquí está el capítulo 7. Veredicto. Quiero comentarles que por fin ya tengo Banner (Sí les gusta la historia y quieren compartirla con más gente pueden poner mi banner en sus blogs) XD. Gracias MaRiia por ayudarme a crearlo, les recomiendo que visiten su blog; tiene grandes historias que seguro les gustaran: letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/
Dejen comentarios en este capítulo, sus links para visitarlas y hacerles publi en mi apartado de afiliados. Gracias por todas las visitas y comentarios, me están alegrando cada día, espero no defraudarlas con la historia. Saludos Áuryn.
____________________________________________
- Lluna, Lluna, cariño, despierta.
Mi padre me llamaba. Me había quedado dormida en el sofá, estaba muy cómoda y se sentía muy bien el calor. El calor del cuerpo de Jacob. ¡Oh no!, me había quedado dormida con Jacob, y por los ronquidos que estaba escuchando, él también lo estaba. Intenté levantarme pero me fue imposible, Jacob me cogía por la cintura y era difícil desprenderme de su agarre.
- Tu madre y yo vamos a cambiarnos de ropa. A ver si, para cuando hayamos bajado, has hecho posible apagar esa máquina de ronquidos que tienes a tu lado.
Mi padre subió las escaleras riéndose. Miré a Jacob, se veía muy relajado y en un profundo sueño. Sus ronquidos eran muy fuertes, no entiendo como he podido dormir con ese ruido. Lo llamé pero no se despertaba. Lo volví a llamar. Tenía sus labios a escasos centímetros, tan apetecibles como esta tarde, deseaba besarlo. Con la yema de los dedos le toqué los labios, suaves, ardientes, y yo, ardiendo en deseo. Me apretó a su pecho, me estaba aplastando, costaba respirar.
- Jacob, Jacob despierta, no puedo respirar. – Se sobresaltó un poco y abrió los ojos.
- Perdona, ¿te echo daño?
- No, pero me gustaría tener un poco de espacio para poder respirar. –Liberó su agarre.
- Lo siento. ¿Nos hemos quedado dormidos? – Dijo estirando los brazos.
- Sí, y mis padres acaban de llegar a casa.
- ¿Qué dices?- me hizo a un lado y se puso en pié.- Esta no es manera de presentarse, yo aquí, dormido en tú sofá, ¿no me habrán visto? , ¿qué van a pensar de mí? – Se le veía nervioso.
- Tranquilo, creo que les has caído bien. Si no fuera así ya te habrían echado de casa este medio día, o ahora.
- Eso es buena señal.
- Intenta no pifiarla ahora en el interrogatorio. Mis padres te van hacer bastantes preguntas y, si quieres volver a entrar en mi casa, a ellos sí que les tienes que responder.
- Entendido, pondré cara de buen chico. Tengo mi cuartada bien aprendida, puedo responder a cualquier pregunta.
- Vale, pero quita esa preciosa sonrisa de tu cara si no quieres que mi madre se enamore de ti también.
- ¿Te tengo a ti enamorada? – Preguntó haciéndome presa entre el respaldo del sofá y sus brazos fuertes, marcándose todos los músculos en su camiseta. Tenía su cara muy cerca de la mía, cada vez era más difícil resistirse besar sus labios carnosos.
- Creo que se me nota bastante. Nunca antes había sentido algo tan fuerte por alguien.
- Espero que tú también percibas todo lo que siento por ti, aunque creo que es imposible. Es demasiado intenso, ni te lo puedes imaginar.
Su aliento dulce me hipnotizó deseando besarle. Apoyó su frente en la mía, rozó su nariz en mi pómulo, nuestros labios estaban separados por unos malditos milímetros. Cuando quisimos romper esa separación se escucharon unos pasos bajar las escaleras. Jacob resopló y se puso erguido. ¿Es que siempre nos tenían que interrumpir en estos momentos? Me levanté del sofá y fui a su lado, le cogí la mano. Los dos nos miramos sonriendo. Mis padres llegaron al comedor, era el momento de las presentaciones.
- Papá, mamá, este es Jaco… - Jacob dio un apretón en mi mano-, Jackson, él es Jackson. Jackson ellos son Manuel y Paloma, mis padres.
- Es un placer conocerles, señores.- Jacob les dio la mano a los dos sin soltar la otra de la mía.
- Para nosotros también es un placer conocerte, despierto. –Qué chistoso mi padre. Jacob se sonrojó- Es una broma muchacho, vamos a tomar asiento en el sofá.
Mi padre se sentó en el butacón, bueno su butacón, la espuma de éste ya tenía la forma de su cuerpo. Mi madre se sentó en la esquina del sofá más cercana a donde estaba mi padre. Yo me senté al lado de ella y Jacob a mi lado. Sus manos estaban sudorosas, estaba nervioso. Me giré a él y le guiñe un ojo, me respondió con una pequeña sonrisa.
Comenzó el interrogatorio, Jacob respondía pregunta tras pregunta. Las contestó sin ningún problema, se sabía su historia de memoria. Según pasaban los minutos se le veía más tranquilo.
Mi madre, como buena anfitriona, nos sirvió unos refrescos y algo para picar. Jacob bebió de un trago toda su bebida, tenía la boca seca de tanto hablar. Terminó el interrogatorio y comenzó la parte del respeto y la protección. En esta parte, Jacob se veía de acuerdo con todo lo que decían mis padres. Olga y Javier entraron a casa.
- Hola, he venido a buscar la bolsa de la ropa, me la he olvidado esta mañana. ¡Oh!, tenemos a un forastero en casa. Hola, soy Olga la hermana de Lluna y él es mi prometido, Javier. – Jacob se levantó del sofá y se presentó a ellos. – Qué, Jackson, ¿cómo llevas el interrogatorio?
- Bien, por lo que me había contado Lluna pensaba que iba a ser peor. – Todos me miraron.
- ¿Qué pasa?, esto es un poco incomodo para nosotros. Sino, que se lo pregunten a Javier, el pobre, cuando le tocó en su momento, tuvo que ir al baño a devolver de los nervios que estaba pasando.
- Pero no fueron los nervios, es que me sentó mal lo que estaba comiendo. – Nadie le creyó.
- Sí, claro, -le contesté- el medio vaso de agua que bebiste te empachó y te sentó mal.
Comenzamos a reír, la risa de Jacob era la que más se escuchaba. El tema de conversación pasó a tener como protagonista a Javier y su primer día en casa de los Rodríguez. La verdad es que su presentación en la familia fue de lo peor que he visto nunca.
Pedimos unas pizzas para cenar. Seguimos hablando de las cagadas que hizo Javier; cuando lo conocimos tiró el jarrón de la abuela rompiéndolo en mil trozos, derramó un vaso de agua en el sofá, vomitó en el lavabo varias veces y una más en la entrada de casa. Por suerte, con el paso de los años se fue sintiendo más cómodo y dejando de hacer destrozos en casa.
- Muchas gracias, familia, por invitarme a cenar, pero es muy tarde y me tengo que ir. Ha sido un placer conoceros a todos, despierto.
- El placer ha sido nuestro Jackson, vuelve cuando quieras, estas invitado. – Mi padre tenía una gran sonrisa en su cara, señal que Jacob le había caído bien.
Jacob se despidió de todos, le acompañé a la puerta, quedándonos solos.
- ¿Qué tal he estado?, nunca me había presentado a la familia de nadie.
- Perfecto, le has caído bien a todos. – Le contesté.
- Que sepas que mañana te tocará pasar un interrogatorio parecido con los Cullen. ¿Te paso a buscar a las… 12?
- Mejor a las 10, así no estamos tanto tiempo separados. –Odiaba la idea de estar lejos de él.
- Me parece una idea genial, entonces nos vemos mañana a las 10. – Me abrazó, y dio un beso en la frente. Me soltó y abrió la verja de casa.
- ¡Jacob, espera! – Le dije gritando. Si pensaba que se iba a despedirse de esa forma, estaba en un gran error. Cuando se dio la vuelta fui corriendo hacia donde estaba él. -Esta no es manera despedirse.
No le di tiempo a que reaccionara, le cogí por los hombros y me puse de puntillas para llegar mejor a sus labios. Cada vez que habíamos intentado besarnos nos interrumpían, pero ahora nada ni nadie iba a estropear este instante. Junté mis labios con los suyos muy despacio. Estaba deseando que llegara este momento. Le di un beso lento y suave, el cual él respondió. Sus labios sabían a las mil y una maravillas y estaban tan cálidos como todo su cuerpo. Nos separamos cuando noté que me estaba faltando el aire, maldito oxígeno. Aunque debía parar, si no, el beso se volvería más apasionado, y no era el lugar apropiado para montar una escena caliente.
- Esta sí que es una buena forma de despedirse,- Le dije. Jacob estaba con los ojos cerrados, no sé si me escucho- nos vemos mañana, que descanses. – Le di otro suave beso y me fui dentro de casa.
Cuando cerré la puerta saboreé los labios que todavía tenían el sabor de los besos de Jacob. Se escuchó un aullido en la callé, miré por la mirilla de la puerta, Jacob salía por la verja con una gran sonrisa. Fui al comedor, ahora tenía que escuchar el veredicto de mi familia.
- ¿Qué os ha parecido? –Les pregunté.
- Es encantador, – Respondió Olga, se levantó y me dio un abrazo- y guapísimo, disfruta de ese cuerpazo que tiene- dijo en mi oído.
- ¿Y tú, Javier?
- Opino lo mismo que tú hermana. – Olga y yo reímos a carcajadas, al parecer Javier se estaba volviendo gay.- ¿Qué he dicho tan gracioso?
Ahora tocaban las respuestas más importantes, las de mis padres. Con su aprobación todo iría bien. La aprobación de ellos era como dos pilares, si su decisión era firme podría construir un muro bien fuerte de confianza que sería muy difícil de derrumbar. Pero si los pilares se tambaleaban, el muro podría romperse con facilidad ante cualquier error. Si aceptaban a Jacob podría venir a casa de visita, salir con él, no pondrían horarios estrictos. Pero si ponían trabas a nuestra relación, me vería envuelta en una sobreprotección paternal, y esto era muy molesto; restricción de horarios, visitas, normas… Ya había pasado por esto con mis otras parejas, tanta protección llegaba agobiar.
- Papá, mamá, ¿Qué pensáis? – Por favor, que la aprueben, por favor.
Mis padres se miraron, entre ellos no necesitaban hablar con palabras, llevaban mucho tiempo juntos para saber lo que pensaba uno y el otro con sólo una mirada. Mi madre habló primero.
- Jackson es amable, educado, simpático y protector. Os veis muy enamorados. Creo que te va a cuidar mucho. – Le di un abrazo a mi madre. Había construido un pilar bien firme, ahora faltaba el otro.
- Gracias mamá, ¿Y tú, papá, que piensas? – Me senté en el reposabrazos de su butacón y le cogí la mano. Se le veía pensativo.
- Creo que es un buen chico. – Mi padre me sonrió con sinceridad, pero tenía la mirada triste. Besó mi mano.- Bueno, yo me voy a dormir que estoy agotado del baile. Buenas noches a todos.
Mis padres se fueron a dormir, Olga y Javier se fueron a pasar la noche en su futuro piso. Entré en mi habitación y encendí el ordenador. Miré el correo, tenía un mensaje de mis amigas preguntándome por Jackson, les respondí que hoy había venido a visitarme a casa, que nos estábamos conociendo y que mi familia le había dado el visto bueno (todo esto era cierto, sólo les estaba escondiendo la parte que él en realidad era Jacob Black y que todavía no me había explicado el motivo del porqué estaba aquí).
Cerré el correo y abrí la carpeta que contenía mi música preferida. Las canciones estaban clasificadas en carpetas por año, dentro de éstas estaban clasificadas por género, autor y preferencia. Mañana (bueno hoy, ya eran la 1:30 de la madrugada) le regalaría un Cd de música a Jacob, se estaba perdiendo un gran arte. No sabía que estilo le gustaba, sólo me dijo que hacía tiempo que no escuchaba música. Elegí canciones desde los años 80, que era la época en la que había nacido, hasta la actualidad. Descarté la música depresiva. Creo que me pasé poniendo canciones románticas. También puse grandes maestros de la música como Ray Charles, Frank Sinatra, Louis Armstrong… Cuando terminé de agrupar todas las canciones me di cuenta que no cabían en un CD (habían unas 300), me fue muy difícil eliminar la mitad para no sobrepasar la ocupación del CD. Cuando se grabó le puse una dedicatoria “La música es vida, y me gustaría escucharla contigo. Lluna”.
Mañana conocería a los Cullen, los personajes de la saga Crepúsculo y, a lo mejor, ellos me desvelarían algunas dudas. Ellos eran vampiros, ¿cómo se supone que debo actuar si no se porqué estaré allí? ¿Se abrían vuelto vampiros normales y querían mi sangre?, no, no creo, si fuera eso Jacob no habría dejado que fuera, ¿y si Jacob es el que busca alimento? Comida a domicilio, no creo, si fuera así no se habría tomado tantas molestias conociéndome y conociendo a mí familia. Lluna te estás montando una película de terror enorme en la cabeza. No quería pensar en mañana, sino me pondría nerviosa y me costaría mucho dormirme o no dormiría nada. Cogí el reproductor con los cascos y metí el Cd que acababa de hacer. Me fui a dormir escuchando las canciones que acababa de grabar. Espero que a Jacob le guste mi regalo. Toqué mis labios con la yema de los dedos, habían pasado horas del beso con Jacob pero todavía podía sentir el calor en ellos. Me imaginé como se sentiría todo ese calor por todo el cuerpo, sus manos ardientes tocando la espalda, los muslos, los pechos, mi entrepi… Vale Lluna para, deja tu mente calenturienta y concéntrate en la música, relájate y duérmete que es muy tarde. Y eso hice.
Dejen comentarios en este capítulo, sus links para visitarlas y hacerles publi en mi apartado de afiliados. Gracias por todas las visitas y comentarios, me están alegrando cada día, espero no defraudarlas con la historia. Saludos Áuryn.
____________________________________________
- Lluna, Lluna, cariño, despierta.
Mi padre me llamaba. Me había quedado dormida en el sofá, estaba muy cómoda y se sentía muy bien el calor. El calor del cuerpo de Jacob. ¡Oh no!, me había quedado dormida con Jacob, y por los ronquidos que estaba escuchando, él también lo estaba. Intenté levantarme pero me fue imposible, Jacob me cogía por la cintura y era difícil desprenderme de su agarre.
- Tu madre y yo vamos a cambiarnos de ropa. A ver si, para cuando hayamos bajado, has hecho posible apagar esa máquina de ronquidos que tienes a tu lado.
Mi padre subió las escaleras riéndose. Miré a Jacob, se veía muy relajado y en un profundo sueño. Sus ronquidos eran muy fuertes, no entiendo como he podido dormir con ese ruido. Lo llamé pero no se despertaba. Lo volví a llamar. Tenía sus labios a escasos centímetros, tan apetecibles como esta tarde, deseaba besarlo. Con la yema de los dedos le toqué los labios, suaves, ardientes, y yo, ardiendo en deseo. Me apretó a su pecho, me estaba aplastando, costaba respirar.
- Jacob, Jacob despierta, no puedo respirar. – Se sobresaltó un poco y abrió los ojos.
- Perdona, ¿te echo daño?
- No, pero me gustaría tener un poco de espacio para poder respirar. –Liberó su agarre.
- Lo siento. ¿Nos hemos quedado dormidos? – Dijo estirando los brazos.
- Sí, y mis padres acaban de llegar a casa.
- ¿Qué dices?- me hizo a un lado y se puso en pié.- Esta no es manera de presentarse, yo aquí, dormido en tú sofá, ¿no me habrán visto? , ¿qué van a pensar de mí? – Se le veía nervioso.
- Tranquilo, creo que les has caído bien. Si no fuera así ya te habrían echado de casa este medio día, o ahora.
- Eso es buena señal.
- Intenta no pifiarla ahora en el interrogatorio. Mis padres te van hacer bastantes preguntas y, si quieres volver a entrar en mi casa, a ellos sí que les tienes que responder.
- Entendido, pondré cara de buen chico. Tengo mi cuartada bien aprendida, puedo responder a cualquier pregunta.
- Vale, pero quita esa preciosa sonrisa de tu cara si no quieres que mi madre se enamore de ti también.
- ¿Te tengo a ti enamorada? – Preguntó haciéndome presa entre el respaldo del sofá y sus brazos fuertes, marcándose todos los músculos en su camiseta. Tenía su cara muy cerca de la mía, cada vez era más difícil resistirse besar sus labios carnosos.
- Creo que se me nota bastante. Nunca antes había sentido algo tan fuerte por alguien.
- Espero que tú también percibas todo lo que siento por ti, aunque creo que es imposible. Es demasiado intenso, ni te lo puedes imaginar.
Su aliento dulce me hipnotizó deseando besarle. Apoyó su frente en la mía, rozó su nariz en mi pómulo, nuestros labios estaban separados por unos malditos milímetros. Cuando quisimos romper esa separación se escucharon unos pasos bajar las escaleras. Jacob resopló y se puso erguido. ¿Es que siempre nos tenían que interrumpir en estos momentos? Me levanté del sofá y fui a su lado, le cogí la mano. Los dos nos miramos sonriendo. Mis padres llegaron al comedor, era el momento de las presentaciones.
- Papá, mamá, este es Jaco… - Jacob dio un apretón en mi mano-, Jackson, él es Jackson. Jackson ellos son Manuel y Paloma, mis padres.
- Es un placer conocerles, señores.- Jacob les dio la mano a los dos sin soltar la otra de la mía.
- Para nosotros también es un placer conocerte, despierto. –Qué chistoso mi padre. Jacob se sonrojó- Es una broma muchacho, vamos a tomar asiento en el sofá.
Mi padre se sentó en el butacón, bueno su butacón, la espuma de éste ya tenía la forma de su cuerpo. Mi madre se sentó en la esquina del sofá más cercana a donde estaba mi padre. Yo me senté al lado de ella y Jacob a mi lado. Sus manos estaban sudorosas, estaba nervioso. Me giré a él y le guiñe un ojo, me respondió con una pequeña sonrisa.
Comenzó el interrogatorio, Jacob respondía pregunta tras pregunta. Las contestó sin ningún problema, se sabía su historia de memoria. Según pasaban los minutos se le veía más tranquilo.
Mi madre, como buena anfitriona, nos sirvió unos refrescos y algo para picar. Jacob bebió de un trago toda su bebida, tenía la boca seca de tanto hablar. Terminó el interrogatorio y comenzó la parte del respeto y la protección. En esta parte, Jacob se veía de acuerdo con todo lo que decían mis padres. Olga y Javier entraron a casa.
- Hola, he venido a buscar la bolsa de la ropa, me la he olvidado esta mañana. ¡Oh!, tenemos a un forastero en casa. Hola, soy Olga la hermana de Lluna y él es mi prometido, Javier. – Jacob se levantó del sofá y se presentó a ellos. – Qué, Jackson, ¿cómo llevas el interrogatorio?
- Bien, por lo que me había contado Lluna pensaba que iba a ser peor. – Todos me miraron.
- ¿Qué pasa?, esto es un poco incomodo para nosotros. Sino, que se lo pregunten a Javier, el pobre, cuando le tocó en su momento, tuvo que ir al baño a devolver de los nervios que estaba pasando.
- Pero no fueron los nervios, es que me sentó mal lo que estaba comiendo. – Nadie le creyó.
- Sí, claro, -le contesté- el medio vaso de agua que bebiste te empachó y te sentó mal.
Comenzamos a reír, la risa de Jacob era la que más se escuchaba. El tema de conversación pasó a tener como protagonista a Javier y su primer día en casa de los Rodríguez. La verdad es que su presentación en la familia fue de lo peor que he visto nunca.
Pedimos unas pizzas para cenar. Seguimos hablando de las cagadas que hizo Javier; cuando lo conocimos tiró el jarrón de la abuela rompiéndolo en mil trozos, derramó un vaso de agua en el sofá, vomitó en el lavabo varias veces y una más en la entrada de casa. Por suerte, con el paso de los años se fue sintiendo más cómodo y dejando de hacer destrozos en casa.
- Muchas gracias, familia, por invitarme a cenar, pero es muy tarde y me tengo que ir. Ha sido un placer conoceros a todos, despierto.
- El placer ha sido nuestro Jackson, vuelve cuando quieras, estas invitado. – Mi padre tenía una gran sonrisa en su cara, señal que Jacob le había caído bien.
Jacob se despidió de todos, le acompañé a la puerta, quedándonos solos.
- ¿Qué tal he estado?, nunca me había presentado a la familia de nadie.
- Perfecto, le has caído bien a todos. – Le contesté.
- Que sepas que mañana te tocará pasar un interrogatorio parecido con los Cullen. ¿Te paso a buscar a las… 12?
- Mejor a las 10, así no estamos tanto tiempo separados. –Odiaba la idea de estar lejos de él.
- Me parece una idea genial, entonces nos vemos mañana a las 10. – Me abrazó, y dio un beso en la frente. Me soltó y abrió la verja de casa.
- ¡Jacob, espera! – Le dije gritando. Si pensaba que se iba a despedirse de esa forma, estaba en un gran error. Cuando se dio la vuelta fui corriendo hacia donde estaba él. -Esta no es manera despedirse.
No le di tiempo a que reaccionara, le cogí por los hombros y me puse de puntillas para llegar mejor a sus labios. Cada vez que habíamos intentado besarnos nos interrumpían, pero ahora nada ni nadie iba a estropear este instante. Junté mis labios con los suyos muy despacio. Estaba deseando que llegara este momento. Le di un beso lento y suave, el cual él respondió. Sus labios sabían a las mil y una maravillas y estaban tan cálidos como todo su cuerpo. Nos separamos cuando noté que me estaba faltando el aire, maldito oxígeno. Aunque debía parar, si no, el beso se volvería más apasionado, y no era el lugar apropiado para montar una escena caliente.
- Esta sí que es una buena forma de despedirse,- Le dije. Jacob estaba con los ojos cerrados, no sé si me escucho- nos vemos mañana, que descanses. – Le di otro suave beso y me fui dentro de casa.
Cuando cerré la puerta saboreé los labios que todavía tenían el sabor de los besos de Jacob. Se escuchó un aullido en la callé, miré por la mirilla de la puerta, Jacob salía por la verja con una gran sonrisa. Fui al comedor, ahora tenía que escuchar el veredicto de mi familia.
- ¿Qué os ha parecido? –Les pregunté.
- Es encantador, – Respondió Olga, se levantó y me dio un abrazo- y guapísimo, disfruta de ese cuerpazo que tiene- dijo en mi oído.
- ¿Y tú, Javier?
- Opino lo mismo que tú hermana. – Olga y yo reímos a carcajadas, al parecer Javier se estaba volviendo gay.- ¿Qué he dicho tan gracioso?
Ahora tocaban las respuestas más importantes, las de mis padres. Con su aprobación todo iría bien. La aprobación de ellos era como dos pilares, si su decisión era firme podría construir un muro bien fuerte de confianza que sería muy difícil de derrumbar. Pero si los pilares se tambaleaban, el muro podría romperse con facilidad ante cualquier error. Si aceptaban a Jacob podría venir a casa de visita, salir con él, no pondrían horarios estrictos. Pero si ponían trabas a nuestra relación, me vería envuelta en una sobreprotección paternal, y esto era muy molesto; restricción de horarios, visitas, normas… Ya había pasado por esto con mis otras parejas, tanta protección llegaba agobiar.
- Papá, mamá, ¿Qué pensáis? – Por favor, que la aprueben, por favor.
Mis padres se miraron, entre ellos no necesitaban hablar con palabras, llevaban mucho tiempo juntos para saber lo que pensaba uno y el otro con sólo una mirada. Mi madre habló primero.
- Jackson es amable, educado, simpático y protector. Os veis muy enamorados. Creo que te va a cuidar mucho. – Le di un abrazo a mi madre. Había construido un pilar bien firme, ahora faltaba el otro.
- Gracias mamá, ¿Y tú, papá, que piensas? – Me senté en el reposabrazos de su butacón y le cogí la mano. Se le veía pensativo.
- Creo que es un buen chico. – Mi padre me sonrió con sinceridad, pero tenía la mirada triste. Besó mi mano.- Bueno, yo me voy a dormir que estoy agotado del baile. Buenas noches a todos.
Mis padres se fueron a dormir, Olga y Javier se fueron a pasar la noche en su futuro piso. Entré en mi habitación y encendí el ordenador. Miré el correo, tenía un mensaje de mis amigas preguntándome por Jackson, les respondí que hoy había venido a visitarme a casa, que nos estábamos conociendo y que mi familia le había dado el visto bueno (todo esto era cierto, sólo les estaba escondiendo la parte que él en realidad era Jacob Black y que todavía no me había explicado el motivo del porqué estaba aquí).
Cerré el correo y abrí la carpeta que contenía mi música preferida. Las canciones estaban clasificadas en carpetas por año, dentro de éstas estaban clasificadas por género, autor y preferencia. Mañana (bueno hoy, ya eran la 1:30 de la madrugada) le regalaría un Cd de música a Jacob, se estaba perdiendo un gran arte. No sabía que estilo le gustaba, sólo me dijo que hacía tiempo que no escuchaba música. Elegí canciones desde los años 80, que era la época en la que había nacido, hasta la actualidad. Descarté la música depresiva. Creo que me pasé poniendo canciones románticas. También puse grandes maestros de la música como Ray Charles, Frank Sinatra, Louis Armstrong… Cuando terminé de agrupar todas las canciones me di cuenta que no cabían en un CD (habían unas 300), me fue muy difícil eliminar la mitad para no sobrepasar la ocupación del CD. Cuando se grabó le puse una dedicatoria “La música es vida, y me gustaría escucharla contigo. Lluna”.
Mañana conocería a los Cullen, los personajes de la saga Crepúsculo y, a lo mejor, ellos me desvelarían algunas dudas. Ellos eran vampiros, ¿cómo se supone que debo actuar si no se porqué estaré allí? ¿Se abrían vuelto vampiros normales y querían mi sangre?, no, no creo, si fuera eso Jacob no habría dejado que fuera, ¿y si Jacob es el que busca alimento? Comida a domicilio, no creo, si fuera así no se habría tomado tantas molestias conociéndome y conociendo a mí familia. Lluna te estás montando una película de terror enorme en la cabeza. No quería pensar en mañana, sino me pondría nerviosa y me costaría mucho dormirme o no dormiría nada. Cogí el reproductor con los cascos y metí el Cd que acababa de hacer. Me fui a dormir escuchando las canciones que acababa de grabar. Espero que a Jacob le guste mi regalo. Toqué mis labios con la yema de los dedos, habían pasado horas del beso con Jacob pero todavía podía sentir el calor en ellos. Me imaginé como se sentiría todo ese calor por todo el cuerpo, sus manos ardientes tocando la espalda, los muslos, los pechos, mi entrepi… Vale Lluna para, deja tu mente calenturienta y concéntrate en la música, relájate y duérmete que es muy tarde. Y eso hice.
viernes, 28 de enero de 2011
6. Cuestionario
Sábado, medio día, y yo en la cama. Estoy despierta desde hace 4 horas, pero no quiero levantarme. Sólo quiero recordar todo lo que ocurrió ayer, no estoy del todo segura que fuera verdad, pienso que fue un sueño, un precioso sueño del que no quiero despertar. Sobre que siento en mi corazón, tampoco estoy segura que sea real, este sentimiento tan grande por una persona nunca lo había experimentado.
Sólo conozco a Jacob de una noche; casi no hablamos, cuando quise preguntarle, no me respondió y, aún así, no puedo quitarme esos hermosos ojos de la cabeza. Al Jacob que conozco es el que he leído en los libros, y si él y los Cullen son reales tal y como me dijo ayer, no entiendo que hacen aquí.
Muero de ganas por volverlo a ver, deseo ver esos maravillosos ojos, echo en falta el calor que desprende su cuerpo. Añoro vivir en un mundo de fantasías. Por eso, sigo aquí, en la cama; si me levantaba, me despertaría del sueño.
La puerta de mi habitación se abrió, escondí la cabeza debajo del edredón, no sé quién entró, no quería volver a la realidad.
- Lluna, cariño, ¿estás despierta? – Era mi madre.
- No, no estoy despierta, ni quiero levantarme. – Le contesté, ella destapó mi cabeza.
- ¿Cómo te fue ayer con tus amigas?
- Nos lo pasamos muy bien. Fuimos a tomar algo, cenamos en un italiano y luego fuimos a bailar al Paradise. –En la discoteca fue donde comenzó mi sueño – Allí conocí a un chico encantador, nos reímos mucho.
- Cuéntame de él. ¿Cómo es ese chico?, ¿Te trató bien? – Siempre que conocía a alguien, mi familia comenzaba una investigación, querían saberlo todo. Esto lo hacían para protegerme de la mala gente, no querían que su hija fuera con personas indeseables. La mayoría de las veces me molestaban estos interrogatorios, pero hoy no. Si hablaba de mi sueño con alguien sería más real.
- Pues se llama Jackson, no lo conozco mucho, pero es simpático, protector, dulce, amable… Perfecto – demasiado perfecto para ser real-. Y físicamente es guapísimo; moreno, alto, fuerte, sonrisa perfecta y unos ojos marrones preciosos. – Un suspiro se escapó de mí al recordarlo.
- Por lo que me cuentas parece buen chico, – esto es extraño, ¿un pequeño interrogatorio y ya lo aprobaba? - y se parece mucho al chico que acabo de conocer, y está esperando en el comedor a que bajes.
¿Cómo?, ¿Había escuchado bien?, ¿Él estaba en mi casa? Salí de un salto de la cama, tan deprisa que me mareé un poco. Me miré en el espejo, mi pelo estaba hecho un desastre, no podía verlo con estas pintas. Fui al lavabo para arreglarme un poco. Mi madre me acompañó.
- Tu padre y yo nos vamos a comer al Molino, hoy hacen baile. Olga pasará todo el fin de semana con Javier. Te quedas sola en casa con ese chico. Pero, si tú quieres, nos podemos quedar.
A solas con Jacob, no deseaba otra cosa. Necesitaba respuestas, muchas respuestas para creer que todo esto era cierto y no una fantasía.
Mi madre estaba preocupada, aunque hubiera permitido la visita del chico no aprobaba que nos quedáramos los dos solos. Se preocupa mucho por mí.
- Os podéis ir tranquilos, no pasa nada – dije cuando escupí la pasta de dientes.
- De acuerdo, nos vamos. No hagas esperar mucho al chico.
Mis padres se fueron. Recogí mi pelo en un moño con la ayuda de una pinza. Bajé las escaleras en pijama, no quería perder más tiempo acicalándome.
Llegué al comedor y allí estaba él, con una preciosa sonrisa en su rostro moreno, vestido con tejanos oscuros anchos y camiseta gris de manga corta. Guapísimo como ayer. Lo veía como si fuera real, aunque seguía pensando que no era cierto. No podía ser verdad que Jacob estuviera en mi casa. Solo dos metros de distancia separaban la realidad de la ficción. Decidí romper ese espacio dándole un fuerte abrazo, el cual él aceptó. Dejé atrás la realidad y me metí en un mundo de fantasías cuando sentí el calor que provenía de su cuerpo. Estuvimos abrazados y mirándonos a los ojos un largo tiempo.
- Perdona si te he despertado, pero no podía estar más tiempo separado de ti.
- Tranquilo, estaba despierta, sólo que no quería levantarme de la cama y enfrentarme a un mundo en el cual tú no existieras –Con esa frase le dije todo lo que sentía y pasaba por mi mente.
- ¿Todavía piensas que no soy real? – Le contesté que sí con la cabeza- ¿Qué puedo hacer para qué dejes de pensar eso?
- Podrías contestarme algunas preguntas, hay muchas cosas que no entiendo de ti.
- Preferiría no hablar de eso ahora – Se puso triste, yo no quería que él se sintiera incómodo.
- Entonces, demuéstrame que estás ahora aquí, conmigo, en mi casa, y que todo esto no es una fantasía de mi cabeza. – Volvió aparecer esa preciosa sonrisa, pero esta vez de medio lado. Sentí un pellizco en el brazo.- ¡Auch!, eso ha dolido, ¿por qué has hecho eso?
- Perdona, pero era una manera de probarte que existo y que estoy aquí contigo. Si fuera un sueño no habrías sentido nada – Dijo acariciándome la parte dolorida-. Por cierto, te he traído esto – me dio un pequeño ramo de violetas que había en la mesa del comedor -, las recogí de camino, Bella me dijo que si no te las daba, no dejarías que entrara en tu casa.
Comencé a reírme. Ayer, en el vestuario del gimnasio, dije lo del ramo de violetas en broma, no hace falta tomarse todo al pie de la letra. Aunque reconozco que es un detalle muy gracioso.
- ¿De qué te ríes?, ¿Qué tienen las violetas de especial y divertido?
- Nada, preferiría no hablar de eso ahora. – Si él no contestaba a mis preguntas, yo tampoco se las iba a contestar. – Gracias por las flores, son preciosa y huelen muy bien.
- Aprendes rápido, “preferiría no hablar de eso” – Hizo una pésima imitación de mi voz. Mis tripas comenzaron a sonar-. Parece que alguien tiene hambre. ¿No has comido nada?
- Hoy no, me acabo de levantar, –ahora eran sus tripas las que sonaron- y parece que no soy la única que tiene hambre.
Le cogí de la mano y fuimos a la cocina a preparar algo para comer. Dejé el ramo de flores en un jarrón con agua.
- ¿Qué te apetece comer? – Le pregunté a Jacob mientras abría la nevera.
- Cualquier cosa, me da igual, no tengo manías con la comida.
- No puedes venir de invitado a casa y pedirme cualquier cosa.
- En realidad, me he auto invitado a tú casa.
- Pero yo te he invitado a comer, así que te tengo que hacer algo especial. –vi en la nevera que habían rodajas de merluza - ¿Te gusta el pescado? – dijo que sí- Pues vamos hacer una receta de merluza con salsa de almendras que te vas a chupar los dedos.
- ¿Te gusta cocinar?
- Sí, y lo hago bastante bien. Me encanta cocinar, tanto dulce como salado, mi plato estrella es la lasaña de verduras con piñones y pasas.
- Algún día me gustaría probarla.
Estuvimos aproximadamente una hora cocinando. Él hacía de ayudante; ralló la cebolla, peló las almendras… Se le veía bastante suelto en la cocina, aunque no tenía mucha idea de cocinar porque me hizo muchas preguntas culinarias, pero se encontraba a gusto. Cuando estuvo hecho el pescado nos sentamos en la mesa de la cocina a comer.
- Lluna, esto está buenísimo. Esme cocina bien, pero te juro que nunca había probado un pescado tan sabroso como éste, sólo se puede comparar con el pescado frito que hacía Billy.
- Ha salido tan bueno porque tú me has ayudado.
- He hecho lo que he podido. Ahora sé que eres buena cocinera, pero me gustaría saber más cosas de ti.
- Eso no es justo, tú me puedes conocer y yo a ti no. – Ni ayer, ni hoy, quiso contestarme a mis preguntas (en realidad, no dejó que se las hiciera), y hoy parecía que tampoco las iba a contestar. Dejó caer el tenedor en el plato y se tapó la cara con las dos manos.
- Lluna, todo esto me resulta muy complicado -habló entre dientes, su voz sonaba casi un susurro-, cuando crea que es el momento adecuado te responderé a todas tus dudas. De momento, me ayudaría que no preguntaras más cosas sobre mí, todo sería más fácil.
- A mí también me resultaría todo más fácil si me respondieras –dije con un tono de voz elevado. Jacob se levantó temblando de la silla y salió al jardín por la puerta de la cocina .
Para mí también era difícil esta situación, quería saber muchas cosas sobre él; si todo lo que había leído en la saga de Crepúsculo era cierto, no entendía que hacía Jacob en mi casa y queriéndome conocer. Sentí miedo, sabía que cuando Jacob temblaba era porque estaba a punto de entrar en fase. Pero de una cosa sí estaba segura, no quería verlo sufrir, me dolía muchísimo verlo así. Di el brazo a torcer, dejé de un lado el miedo y salí al jardín para hablar con él.
Jacob estaba sentado en el césped, tapándose con las manos temblorosas la cara. Me apoyé en el suelo con las rodillas, quedando enfrente suyo, le quité las manos de la cara y las entrelacé con las mías, tenía los ojos cerrados.
- Jacob, siento mucho haberte contestado así. Quiero que sepas que, para mí, todo esto resulta muy complicado de creer si no me das ninguna explicación. Aunque no logro entender la razón del porque no respondes a mis preguntas, te voy a respetar, no volveré a preguntarte nada que te pueda incomodar, y yo te contaré cosas sobre mí. –Jacob abrió los ojos y habló, sus manos todavía temblaban .
- Lo que me dices suena demasiado bien, ¿hay condiciones?
- Sí, por supuesto, normalmente no dejo que me convenzan tan fácilmente.
- ¿Y qué condiciones son?
- Qué cuando creas que es el momento de responderme, me seas totalmente sincero y todas mis dudas sean resueltas.
- Te prometo que, cuando sea el momento, te diré todo lo que tú quieras saber, -soltó nuestro agarre y me abrazó escondiendo su cabeza en mi cuello – gracias Lluna.
Cuando sus manos dejaron de temblar en mi espalda nos levantamos y seguimos comiendo. Ahí fue donde comenzó el cuestionario “conociendo a Lluna”. Preguntó sobre mi trabajo, familia, pasado, perspectivas de futuro… Contesté a todo su interrogatorio sin rechistar ni una sola vez, la verdad es que me lo estaba pasando muy bien respondiendo a todas sus preguntas. Jacob se veía muy concentrado, guardando en su memoria todas mis contestaciones. Nos reímos mucho cuando le contaba anécdotas de mi familia y amigas, como el gran salto que dimos con el coche de Laura ayer.
Deseaba ser yo la entrevistadora y él quien respondiera a todas mis preguntas y dudas. Llegó el final de la comida, los postres, pero el interrogatorio no parecía llegar a su fin.
- ¿Qué música te gusta escuchar?
- Pues escucho toda clase de música, pero sobre todo de los años 60, 70 y 80. Algunos de los grupos y cantantes que más me gustan son Queen, Genesis, Police, Michael Jackson, Phil Collins...
- ¿Y música actual?, ¿Hay algún cantante o grupo que te guste?
- Tengo todos los discos de Michael Bublé, me encanta como canta. Me gustaría algún día poder ir a un concierto. ¿Lo has escuchado alguna vez?
- No, hace mucho tiempo que no escucho música.
- ¿Cómo puede ser que no escuches música? Según mi punto de vista, la música forma parte de la vida, y cada momento de ella tiene una canción que nos recuerda ese instante vivido.
- No me apetecía escuchar música. Como acabas de decir, la música forma parte de la vida y yo, hace tiempo, que dejé de vivir. – dijo apenado- Pero estar a tú lado me han vuelto las ganas de escuchar música. Tú me has devuelto a la vida.
Dios, eran las palabras más bonitas que jamás me habían dicho. No podía decirme esas cosas y quedarse tan tranquilo. Si él no tomaba la iniciativa, la tomaría yo. Deseaba besar sus labios y, después de decirme eso, lo deseaba todavía más. Me levanté de la silla y fui al otro extremo de la mesa donde estaba él sentado. Me senté de lado en sus piernas, dejé mis manos detrás de su cuello acariciándole la nuca. Él rodeó mi cintura con un brazo, acercándome más a su cuerpo, adoraba el calor que desprendía; con su otra mano me quitó la pinza que tenía en el pelo y lo acarició. Tenía su cara a escasos centímetros de la mía. Su piel era preciosa, sin ninguna imperfección. La nariz era grande pero quedaba muy bien con las facciones de la cara. Pude recrearme en los ojos marrones oscuros, brillaban.
- Te queda mejor el pelo suelto. Cuando lo llevas así desprende un aroma exquisito.
- Eres un mentiroso, si hoy llevo el pelo horrible.
- Eso lo dices porque no tienes la misma perspectiva que yo tengo ahora mismo. Te ves preciosa.
Con ese cumplido no me podía resistir más a besarlo. Saboreé mis labios anticipándome al beso que venía, acortamos más las distancias. Rocé mi nariz con la suya, ese pequeño rocé me excitó más que cualquier caricia en otra parte de mi cuerpo que ya habían acariciado antes otros hombres. Creo que él sintió lo mismo porque un pequeño gemido salió de su boca. Cerré los ojos. Pronto los abrí cuando sentí algo vibrar en mi trasero, del sobresalto, di un bote y fui a parar a la encimera de la cocina. Jacob sacó el móvil de su pantalón, era eso lo que había vibrado y no otra cosa (nunca he estado con un licántropo, no sé de qué manera actúan sus erecciones). Se le veía muy molesto cuando vio el número que llamaba, a mí, toda esta situación me resultaba muy cómica, así que reí en silencio.
- Ya te dije ayer que los vampiros siempre aparecen en el momento menos indicado. – Estaba muy molesto cuando descolgó el teléfono. - Dime Alice, ya puede ser importante. Sí estoy con ella; sí, molestas; no, no, no pienso hacer eso, no, te he dicho que no, no. Lluna, dice Alice que si quieres hablar con ella.
¿Alice? ¿Alice Cullen quiere hablar conmigo? ¿Y de qué puedo hablar con un vampiro?, me puse un poco nerviosa pero le dije a Jacob que me pasara el teléfono. No le gusto mucho la idea.
- Hola Alice, soy Lluna – Le contesté un poco nerviosa.
- Hola Lluna, tenía muchas ganas hablar contigo. Ni te imaginas el tiempo que llevaba esperando este momento. Antes de todo, quería pedirte disculpas por haberte asustado estos días atrás, pero era con buenas intenciones, ya me darás las gracias cuando sea el momento –Su voz era preciosa, hablaba mucho y muy rápido, tuve que concentrarme para entender lo que decía- . Escucha, nos gustaría presentarnos como es debido, así que, mañana estás invitada a la casa de los Cullen a comer. Bueno, si te apetece.
- ¡Sí, claro que me gustaría! – Dije entusiasmada, a Jacob no le hizo mucha gracia. Me fascinaba la idea de conocer a los protagonistas de mi novela preferida.
- Entonces nos vemos mañana, ya quedarás con Jacob a la hora que quieres que vaya él a recogerte. ¡Ah! Una última cosa, mañana podrías estrenar los botines nuevos que te compraste. Te los puedes poner con el vestido negro corto con mangas que tiene estampado de flores.
- ¿Cómo sabes qué tengo un vesti…? Da igual, no importa. ¿Me pongo medias color carne o los leggins grises?
- Ponte mejor los leggins, mañana hará frío; ponte también la chaqueta gris. Los accesorios dejo que los elijas tú. Tienes muy buen gusto, me encanta el estilo que tienes.
- Vaya, gracias. Viniendo de ti es un gran cumplido. – Le hablaba como si la conociera, en realidad, ya la conocía por los libros; si estos contaban toda la verdad.
- De nada, bueno nos vemos mañana. Adiós, Lluna
- Adiós, Alice.
Acababa de hablar con Alice Cullen, y me había dado consejos de moda, que fuerte. Estaba súper ilusionada con la idea de conocer a los Cullen. A Jacob no le hacía tanta, estaba con los brazos cruzados sentado en la silla.
- Jacob, no te enfades. A mí me hace mucha ilusión conocer a los Cullen.
- ¡Oh!, estoy súper feliz, -se levantó de la silla y comenzó a dar saltitos por la cocina moviendo los brazos – voy a meterme en una casa llena de vampiros, ¿con qué ropa estaré más apetecible? – se paró enfrente mío moviendo las pestañas rápidamente hacia arriba y abajo.
- Ja, ja, muy gracioso, pero no tengo miedo de conocer a los vampiros. Por suerte, voy a tener a un lobo que me va a proteger.
- Eso ni lo dudes. Mañana no te voy a perder de vista en esa casa.
Recogimos los platos de la cocina y nos fuimos al comedor a sentarnos al sofá. El cuestionario parecía que había terminado, de momento. Cuando llegaran mis padres comenzaría el de ellos, y no tenía ni idea de qué les iba a decir.
- ¿Te ocurre algo, Lluna?, pareces cansada.
- Sí, es que no he dormido mucho.
- Túmbate a mi lado, si quieres.
Ni lo pensé, cogí la manta que había en el sofá y me apoyé en su pecho, quedándonos mirando. Jacob ayudó a taparnos, se estaba muy calentito debajo de la manta y sintiendo el calor de su cuerpo.
- No le des vueltas a lo de mañana, ya verás cómo todo sale bien, no van hacerte nada, saben controlarse. –Jacob estaba tocándome el pelo y estaba muy relajada. Puse su mano en mi estomago y la comencé acariciar.
- No es eso lo que me inquieta. Lo que me preocupa es lo que le voy a contar a mis padres cuando comiencen el interrogatorio sobre ti.
- Es cierto, perdona, no te he contado nuestra cuartada. Lo que le contamos a los demás es que venimos de Noruega. Allí tenemos una empresa de finanzas y ahora estamos abriendo mercado aquí en España.
- Vale, ¿y que les cuento de ti? Porque pinta de noruego no tienes.
- La verdad es que no. Mi historia es que soy adoptado de México, mis padres adoptivos murieron hace unos 8 años, eran mayores. Se supone que he estudiado economías y finanzas en la universidad. Llevo dos años trabajando en esta empresa y, como no tenía nada ni nadie que me atara en mi país, decidí trasladarme. En mi documentación pone que me llamo Jackson Wolf y tengo 26 años.
- Buena cuartada, es creíble –La verdad es que lo tenían todo muy bien pensado. Al decirme esto, una nueva pregunta apareció por mi cabeza, estaba muy intrigada. No sabía si me la iba a responder, y cuál iba a ser su reacción a preguntársela, pero estaba intrigada-. ¿Qué edad tienes en verdad? , ¿o no me puedes responder a esa pregunta tampoco?
- Sí, esa si te la puedo responder, nací el 17 de Agosto del año 1978, hace poco que he cumplido los 32. – Vaya, una pregunta con respuesta sincera.
- Pues te conservas muy bien.
- Gracias.
- No puedo hacerme ilusiones con que vayas a responderme más preguntas, ¿verdad? – Bostecé, estaba muy a gusto apoyada en el pecho de Jacob y sus caricias se sentían tan bien.
- Alguna más te podría responder, pero ahora estas muy cansada, mejor duérmete y en otro momento te las contesto.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo
Me dio una sonrisa sincera, había sido un día agotador y esa noche había dormido unas 2 o 3 horas así que estaba muy cansada. Me acurruqué en su pecho y dejé que su calor me llevara al mundo de los sueños, aunque no lo necesitaba, ya estaba viviendo uno.
Sólo conozco a Jacob de una noche; casi no hablamos, cuando quise preguntarle, no me respondió y, aún así, no puedo quitarme esos hermosos ojos de la cabeza. Al Jacob que conozco es el que he leído en los libros, y si él y los Cullen son reales tal y como me dijo ayer, no entiendo que hacen aquí.
Muero de ganas por volverlo a ver, deseo ver esos maravillosos ojos, echo en falta el calor que desprende su cuerpo. Añoro vivir en un mundo de fantasías. Por eso, sigo aquí, en la cama; si me levantaba, me despertaría del sueño.
La puerta de mi habitación se abrió, escondí la cabeza debajo del edredón, no sé quién entró, no quería volver a la realidad.
- Lluna, cariño, ¿estás despierta? – Era mi madre.
- No, no estoy despierta, ni quiero levantarme. – Le contesté, ella destapó mi cabeza.
- ¿Cómo te fue ayer con tus amigas?
- Nos lo pasamos muy bien. Fuimos a tomar algo, cenamos en un italiano y luego fuimos a bailar al Paradise. –En la discoteca fue donde comenzó mi sueño – Allí conocí a un chico encantador, nos reímos mucho.
- Cuéntame de él. ¿Cómo es ese chico?, ¿Te trató bien? – Siempre que conocía a alguien, mi familia comenzaba una investigación, querían saberlo todo. Esto lo hacían para protegerme de la mala gente, no querían que su hija fuera con personas indeseables. La mayoría de las veces me molestaban estos interrogatorios, pero hoy no. Si hablaba de mi sueño con alguien sería más real.
- Pues se llama Jackson, no lo conozco mucho, pero es simpático, protector, dulce, amable… Perfecto – demasiado perfecto para ser real-. Y físicamente es guapísimo; moreno, alto, fuerte, sonrisa perfecta y unos ojos marrones preciosos. – Un suspiro se escapó de mí al recordarlo.
- Por lo que me cuentas parece buen chico, – esto es extraño, ¿un pequeño interrogatorio y ya lo aprobaba? - y se parece mucho al chico que acabo de conocer, y está esperando en el comedor a que bajes.
¿Cómo?, ¿Había escuchado bien?, ¿Él estaba en mi casa? Salí de un salto de la cama, tan deprisa que me mareé un poco. Me miré en el espejo, mi pelo estaba hecho un desastre, no podía verlo con estas pintas. Fui al lavabo para arreglarme un poco. Mi madre me acompañó.
- Tu padre y yo nos vamos a comer al Molino, hoy hacen baile. Olga pasará todo el fin de semana con Javier. Te quedas sola en casa con ese chico. Pero, si tú quieres, nos podemos quedar.
A solas con Jacob, no deseaba otra cosa. Necesitaba respuestas, muchas respuestas para creer que todo esto era cierto y no una fantasía.
Mi madre estaba preocupada, aunque hubiera permitido la visita del chico no aprobaba que nos quedáramos los dos solos. Se preocupa mucho por mí.
- Os podéis ir tranquilos, no pasa nada – dije cuando escupí la pasta de dientes.
- De acuerdo, nos vamos. No hagas esperar mucho al chico.
Mis padres se fueron. Recogí mi pelo en un moño con la ayuda de una pinza. Bajé las escaleras en pijama, no quería perder más tiempo acicalándome.
Llegué al comedor y allí estaba él, con una preciosa sonrisa en su rostro moreno, vestido con tejanos oscuros anchos y camiseta gris de manga corta. Guapísimo como ayer. Lo veía como si fuera real, aunque seguía pensando que no era cierto. No podía ser verdad que Jacob estuviera en mi casa. Solo dos metros de distancia separaban la realidad de la ficción. Decidí romper ese espacio dándole un fuerte abrazo, el cual él aceptó. Dejé atrás la realidad y me metí en un mundo de fantasías cuando sentí el calor que provenía de su cuerpo. Estuvimos abrazados y mirándonos a los ojos un largo tiempo.
- Perdona si te he despertado, pero no podía estar más tiempo separado de ti.
- Tranquilo, estaba despierta, sólo que no quería levantarme de la cama y enfrentarme a un mundo en el cual tú no existieras –Con esa frase le dije todo lo que sentía y pasaba por mi mente.
- ¿Todavía piensas que no soy real? – Le contesté que sí con la cabeza- ¿Qué puedo hacer para qué dejes de pensar eso?
- Podrías contestarme algunas preguntas, hay muchas cosas que no entiendo de ti.
- Preferiría no hablar de eso ahora – Se puso triste, yo no quería que él se sintiera incómodo.
- Entonces, demuéstrame que estás ahora aquí, conmigo, en mi casa, y que todo esto no es una fantasía de mi cabeza. – Volvió aparecer esa preciosa sonrisa, pero esta vez de medio lado. Sentí un pellizco en el brazo.- ¡Auch!, eso ha dolido, ¿por qué has hecho eso?
- Perdona, pero era una manera de probarte que existo y que estoy aquí contigo. Si fuera un sueño no habrías sentido nada – Dijo acariciándome la parte dolorida-. Por cierto, te he traído esto – me dio un pequeño ramo de violetas que había en la mesa del comedor -, las recogí de camino, Bella me dijo que si no te las daba, no dejarías que entrara en tu casa.
Comencé a reírme. Ayer, en el vestuario del gimnasio, dije lo del ramo de violetas en broma, no hace falta tomarse todo al pie de la letra. Aunque reconozco que es un detalle muy gracioso.
- ¿De qué te ríes?, ¿Qué tienen las violetas de especial y divertido?
- Nada, preferiría no hablar de eso ahora. – Si él no contestaba a mis preguntas, yo tampoco se las iba a contestar. – Gracias por las flores, son preciosa y huelen muy bien.
- Aprendes rápido, “preferiría no hablar de eso” – Hizo una pésima imitación de mi voz. Mis tripas comenzaron a sonar-. Parece que alguien tiene hambre. ¿No has comido nada?
- Hoy no, me acabo de levantar, –ahora eran sus tripas las que sonaron- y parece que no soy la única que tiene hambre.
Le cogí de la mano y fuimos a la cocina a preparar algo para comer. Dejé el ramo de flores en un jarrón con agua.
- ¿Qué te apetece comer? – Le pregunté a Jacob mientras abría la nevera.
- Cualquier cosa, me da igual, no tengo manías con la comida.
- No puedes venir de invitado a casa y pedirme cualquier cosa.
- En realidad, me he auto invitado a tú casa.
- Pero yo te he invitado a comer, así que te tengo que hacer algo especial. –vi en la nevera que habían rodajas de merluza - ¿Te gusta el pescado? – dijo que sí- Pues vamos hacer una receta de merluza con salsa de almendras que te vas a chupar los dedos.
- ¿Te gusta cocinar?
- Sí, y lo hago bastante bien. Me encanta cocinar, tanto dulce como salado, mi plato estrella es la lasaña de verduras con piñones y pasas.
- Algún día me gustaría probarla.
Estuvimos aproximadamente una hora cocinando. Él hacía de ayudante; ralló la cebolla, peló las almendras… Se le veía bastante suelto en la cocina, aunque no tenía mucha idea de cocinar porque me hizo muchas preguntas culinarias, pero se encontraba a gusto. Cuando estuvo hecho el pescado nos sentamos en la mesa de la cocina a comer.
- Lluna, esto está buenísimo. Esme cocina bien, pero te juro que nunca había probado un pescado tan sabroso como éste, sólo se puede comparar con el pescado frito que hacía Billy.
- Ha salido tan bueno porque tú me has ayudado.
- He hecho lo que he podido. Ahora sé que eres buena cocinera, pero me gustaría saber más cosas de ti.
- Eso no es justo, tú me puedes conocer y yo a ti no. – Ni ayer, ni hoy, quiso contestarme a mis preguntas (en realidad, no dejó que se las hiciera), y hoy parecía que tampoco las iba a contestar. Dejó caer el tenedor en el plato y se tapó la cara con las dos manos.
- Lluna, todo esto me resulta muy complicado -habló entre dientes, su voz sonaba casi un susurro-, cuando crea que es el momento adecuado te responderé a todas tus dudas. De momento, me ayudaría que no preguntaras más cosas sobre mí, todo sería más fácil.
- A mí también me resultaría todo más fácil si me respondieras –dije con un tono de voz elevado. Jacob se levantó temblando de la silla y salió al jardín por la puerta de la cocina .
Para mí también era difícil esta situación, quería saber muchas cosas sobre él; si todo lo que había leído en la saga de Crepúsculo era cierto, no entendía que hacía Jacob en mi casa y queriéndome conocer. Sentí miedo, sabía que cuando Jacob temblaba era porque estaba a punto de entrar en fase. Pero de una cosa sí estaba segura, no quería verlo sufrir, me dolía muchísimo verlo así. Di el brazo a torcer, dejé de un lado el miedo y salí al jardín para hablar con él.
Jacob estaba sentado en el césped, tapándose con las manos temblorosas la cara. Me apoyé en el suelo con las rodillas, quedando enfrente suyo, le quité las manos de la cara y las entrelacé con las mías, tenía los ojos cerrados.
- Jacob, siento mucho haberte contestado así. Quiero que sepas que, para mí, todo esto resulta muy complicado de creer si no me das ninguna explicación. Aunque no logro entender la razón del porque no respondes a mis preguntas, te voy a respetar, no volveré a preguntarte nada que te pueda incomodar, y yo te contaré cosas sobre mí. –Jacob abrió los ojos y habló, sus manos todavía temblaban .
- Lo que me dices suena demasiado bien, ¿hay condiciones?
- Sí, por supuesto, normalmente no dejo que me convenzan tan fácilmente.
- ¿Y qué condiciones son?
- Qué cuando creas que es el momento de responderme, me seas totalmente sincero y todas mis dudas sean resueltas.
- Te prometo que, cuando sea el momento, te diré todo lo que tú quieras saber, -soltó nuestro agarre y me abrazó escondiendo su cabeza en mi cuello – gracias Lluna.
Cuando sus manos dejaron de temblar en mi espalda nos levantamos y seguimos comiendo. Ahí fue donde comenzó el cuestionario “conociendo a Lluna”. Preguntó sobre mi trabajo, familia, pasado, perspectivas de futuro… Contesté a todo su interrogatorio sin rechistar ni una sola vez, la verdad es que me lo estaba pasando muy bien respondiendo a todas sus preguntas. Jacob se veía muy concentrado, guardando en su memoria todas mis contestaciones. Nos reímos mucho cuando le contaba anécdotas de mi familia y amigas, como el gran salto que dimos con el coche de Laura ayer.
Deseaba ser yo la entrevistadora y él quien respondiera a todas mis preguntas y dudas. Llegó el final de la comida, los postres, pero el interrogatorio no parecía llegar a su fin.
- ¿Qué música te gusta escuchar?
- Pues escucho toda clase de música, pero sobre todo de los años 60, 70 y 80. Algunos de los grupos y cantantes que más me gustan son Queen, Genesis, Police, Michael Jackson, Phil Collins...
- ¿Y música actual?, ¿Hay algún cantante o grupo que te guste?
- Tengo todos los discos de Michael Bublé, me encanta como canta. Me gustaría algún día poder ir a un concierto. ¿Lo has escuchado alguna vez?
- No, hace mucho tiempo que no escucho música.
- ¿Cómo puede ser que no escuches música? Según mi punto de vista, la música forma parte de la vida, y cada momento de ella tiene una canción que nos recuerda ese instante vivido.
- No me apetecía escuchar música. Como acabas de decir, la música forma parte de la vida y yo, hace tiempo, que dejé de vivir. – dijo apenado- Pero estar a tú lado me han vuelto las ganas de escuchar música. Tú me has devuelto a la vida.
Dios, eran las palabras más bonitas que jamás me habían dicho. No podía decirme esas cosas y quedarse tan tranquilo. Si él no tomaba la iniciativa, la tomaría yo. Deseaba besar sus labios y, después de decirme eso, lo deseaba todavía más. Me levanté de la silla y fui al otro extremo de la mesa donde estaba él sentado. Me senté de lado en sus piernas, dejé mis manos detrás de su cuello acariciándole la nuca. Él rodeó mi cintura con un brazo, acercándome más a su cuerpo, adoraba el calor que desprendía; con su otra mano me quitó la pinza que tenía en el pelo y lo acarició. Tenía su cara a escasos centímetros de la mía. Su piel era preciosa, sin ninguna imperfección. La nariz era grande pero quedaba muy bien con las facciones de la cara. Pude recrearme en los ojos marrones oscuros, brillaban.
- Te queda mejor el pelo suelto. Cuando lo llevas así desprende un aroma exquisito.
- Eres un mentiroso, si hoy llevo el pelo horrible.
- Eso lo dices porque no tienes la misma perspectiva que yo tengo ahora mismo. Te ves preciosa.
Con ese cumplido no me podía resistir más a besarlo. Saboreé mis labios anticipándome al beso que venía, acortamos más las distancias. Rocé mi nariz con la suya, ese pequeño rocé me excitó más que cualquier caricia en otra parte de mi cuerpo que ya habían acariciado antes otros hombres. Creo que él sintió lo mismo porque un pequeño gemido salió de su boca. Cerré los ojos. Pronto los abrí cuando sentí algo vibrar en mi trasero, del sobresalto, di un bote y fui a parar a la encimera de la cocina. Jacob sacó el móvil de su pantalón, era eso lo que había vibrado y no otra cosa (nunca he estado con un licántropo, no sé de qué manera actúan sus erecciones). Se le veía muy molesto cuando vio el número que llamaba, a mí, toda esta situación me resultaba muy cómica, así que reí en silencio.
- Ya te dije ayer que los vampiros siempre aparecen en el momento menos indicado. – Estaba muy molesto cuando descolgó el teléfono. - Dime Alice, ya puede ser importante. Sí estoy con ella; sí, molestas; no, no, no pienso hacer eso, no, te he dicho que no, no. Lluna, dice Alice que si quieres hablar con ella.
¿Alice? ¿Alice Cullen quiere hablar conmigo? ¿Y de qué puedo hablar con un vampiro?, me puse un poco nerviosa pero le dije a Jacob que me pasara el teléfono. No le gusto mucho la idea.
- Hola Alice, soy Lluna – Le contesté un poco nerviosa.
- Hola Lluna, tenía muchas ganas hablar contigo. Ni te imaginas el tiempo que llevaba esperando este momento. Antes de todo, quería pedirte disculpas por haberte asustado estos días atrás, pero era con buenas intenciones, ya me darás las gracias cuando sea el momento –Su voz era preciosa, hablaba mucho y muy rápido, tuve que concentrarme para entender lo que decía- . Escucha, nos gustaría presentarnos como es debido, así que, mañana estás invitada a la casa de los Cullen a comer. Bueno, si te apetece.
- ¡Sí, claro que me gustaría! – Dije entusiasmada, a Jacob no le hizo mucha gracia. Me fascinaba la idea de conocer a los protagonistas de mi novela preferida.
- Entonces nos vemos mañana, ya quedarás con Jacob a la hora que quieres que vaya él a recogerte. ¡Ah! Una última cosa, mañana podrías estrenar los botines nuevos que te compraste. Te los puedes poner con el vestido negro corto con mangas que tiene estampado de flores.
- ¿Cómo sabes qué tengo un vesti…? Da igual, no importa. ¿Me pongo medias color carne o los leggins grises?
- Ponte mejor los leggins, mañana hará frío; ponte también la chaqueta gris. Los accesorios dejo que los elijas tú. Tienes muy buen gusto, me encanta el estilo que tienes.
- Vaya, gracias. Viniendo de ti es un gran cumplido. – Le hablaba como si la conociera, en realidad, ya la conocía por los libros; si estos contaban toda la verdad.
- De nada, bueno nos vemos mañana. Adiós, Lluna
- Adiós, Alice.
Acababa de hablar con Alice Cullen, y me había dado consejos de moda, que fuerte. Estaba súper ilusionada con la idea de conocer a los Cullen. A Jacob no le hacía tanta, estaba con los brazos cruzados sentado en la silla.
- Jacob, no te enfades. A mí me hace mucha ilusión conocer a los Cullen.
- ¡Oh!, estoy súper feliz, -se levantó de la silla y comenzó a dar saltitos por la cocina moviendo los brazos – voy a meterme en una casa llena de vampiros, ¿con qué ropa estaré más apetecible? – se paró enfrente mío moviendo las pestañas rápidamente hacia arriba y abajo.
- Ja, ja, muy gracioso, pero no tengo miedo de conocer a los vampiros. Por suerte, voy a tener a un lobo que me va a proteger.
- Eso ni lo dudes. Mañana no te voy a perder de vista en esa casa.
Recogimos los platos de la cocina y nos fuimos al comedor a sentarnos al sofá. El cuestionario parecía que había terminado, de momento. Cuando llegaran mis padres comenzaría el de ellos, y no tenía ni idea de qué les iba a decir.
- ¿Te ocurre algo, Lluna?, pareces cansada.
- Sí, es que no he dormido mucho.
- Túmbate a mi lado, si quieres.
Ni lo pensé, cogí la manta que había en el sofá y me apoyé en su pecho, quedándonos mirando. Jacob ayudó a taparnos, se estaba muy calentito debajo de la manta y sintiendo el calor de su cuerpo.
- No le des vueltas a lo de mañana, ya verás cómo todo sale bien, no van hacerte nada, saben controlarse. –Jacob estaba tocándome el pelo y estaba muy relajada. Puse su mano en mi estomago y la comencé acariciar.
- No es eso lo que me inquieta. Lo que me preocupa es lo que le voy a contar a mis padres cuando comiencen el interrogatorio sobre ti.
- Es cierto, perdona, no te he contado nuestra cuartada. Lo que le contamos a los demás es que venimos de Noruega. Allí tenemos una empresa de finanzas y ahora estamos abriendo mercado aquí en España.
- Vale, ¿y que les cuento de ti? Porque pinta de noruego no tienes.
- La verdad es que no. Mi historia es que soy adoptado de México, mis padres adoptivos murieron hace unos 8 años, eran mayores. Se supone que he estudiado economías y finanzas en la universidad. Llevo dos años trabajando en esta empresa y, como no tenía nada ni nadie que me atara en mi país, decidí trasladarme. En mi documentación pone que me llamo Jackson Wolf y tengo 26 años.
- Buena cuartada, es creíble –La verdad es que lo tenían todo muy bien pensado. Al decirme esto, una nueva pregunta apareció por mi cabeza, estaba muy intrigada. No sabía si me la iba a responder, y cuál iba a ser su reacción a preguntársela, pero estaba intrigada-. ¿Qué edad tienes en verdad? , ¿o no me puedes responder a esa pregunta tampoco?
- Sí, esa si te la puedo responder, nací el 17 de Agosto del año 1978, hace poco que he cumplido los 32. – Vaya, una pregunta con respuesta sincera.
- Pues te conservas muy bien.
- Gracias.
- No puedo hacerme ilusiones con que vayas a responderme más preguntas, ¿verdad? – Bostecé, estaba muy a gusto apoyada en el pecho de Jacob y sus caricias se sentían tan bien.
- Alguna más te podría responder, pero ahora estas muy cansada, mejor duérmete y en otro momento te las contesto.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo
Me dio una sonrisa sincera, había sido un día agotador y esa noche había dormido unas 2 o 3 horas así que estaba muy cansada. Me acurruqué en su pecho y dejé que su calor me llevara al mundo de los sueños, aunque no lo necesitaba, ya estaba viviendo uno.
miércoles, 26 de enero de 2011
5. Sueños en el paraíso
No sé cuánto tiempo pasamos mirándonos, no podía apartar la vista de ese chico, bueno, hombre de 25-27 años, ¡y qué hombre! Mediría 1.90 y era de cuerpo musculoso, vestía unos tejanos oscuros anchos y una camiseta de manga corta negra ajustada. Su piel era morena rojiza como la de los indios nativos, seguro que sería muy suave, no me quería quedar con las ganas de saberlo así que acerque mi mano a su rostro muy despacio. Él cerró los ojos dispuesto a disfrutar de la caricia, cuando le toqué, su piel estaba ardiendo, puse mi otra mano en su pecho, también estaba ardiendo, como el cuerpo de, ¿Jacob? Me quedé inmóvil, mi cabeza comenzó a darle vueltas otra vez a la teoría de Crepúsculo, pero comenzaba a pensar que no eran alucinaciones. No podían ser imaginaciones, todo era demasiado real. Si fueran alucinaciones no podría sentir el calor que salía de su cuerpo, si fueran alucinaciones no podría sentir su suave piel en mis manos, si fueran alucinaciones no podría oler la fragancia a bosque húmedo que embriagaba su cuerpo. Si fueran alucinaciones no podría sentir su mano en mi cintura, no podría… sentir su mano cálida en mi mejilla. Inclinó su nariz a mi mano que todavía estaba inmóvil en su cara, oliéndome la muñeca y abriendo los ojos. Sus dedos acariciaban mi pómulo con suavidad, con el pulgar alzó mi barbilla, nos quedamos mirando. Una sonrisa tierna apareció en su boca, una boca que deseaba besar. Las distancias se acortaron, poco a poco estaba más cerca de él, nuestros cuerpos estaban totalmente pegados, sintiendo todo su calor.
Si esto eran imaginaciones no quería volver a la realidad, si estaba loca por culpa de Crepúsculo me daba igual, era el momento más mágico, romántico y tierno que nunca había vivido. Quité la mano de su pecho y la puse detrás de la nuca, acariciándole el pelo y acercándolo a mi boca. Cerró los ojos, yo no podía apartar la vista de esa preciosa cara y esos carnosos labios. Nuestros corazones comenzaron a latir muy fuerte, podía sentir el suyo a través de mi pecho. Aunque el mío se aceleró más cuando vi al chico pálido a un metro nuestro, el momento mágico se rompió. Por instinto escondí la cabeza en su pecho, él me abrazó por la cintura.
- Tranquila, no pasa nada -besó y acarició mi pelo-, estoy aquí, no van hacerte nada malo.
- Lo malo es que estoy volviéndome loca, tengo alucinaciones y son demasiado reales. Hasta pienso que tú no eres real – al decir esto una lágrima cayó por mi mejilla. Sentí miedo, pero no por mi demencia, sino porque no podía ser que este chico no existiera, lo acababa de conocer, y no podía imaginar un día sin él y sin poder ver esos hermosos ojos.
- No estás loca – dejó de abrazarme y me cogió la cara con las dos manos, me miró a los ojos y dijo- soy real – se escuchó una tos detrás de él, -bueno, somos reales y no tienes por qué tener miedo.
Una gran sonrisa salió de su boca, sus ojos no mentían y sin saber porqué le creí. Mi corazón comenzó a descender su ritmo alterado a uno normal. Comenzó hablar el chico que estaba a nuestro lado.
- Perdonar la intromisión, pero tus amigas te están buscando.- Hacía un buen rato que se suponía que había ido a buscar una bebida, estarían preocupadas.
- Tengo que encontrarlas o pronto comenzaran a llamarme por megafonía – las conocía demasiado para saber que eran capaces de eso y más. – Pero, ¿dónde pueden estar ahora?
- Están cerca de la entrada, entre los guardarropas y la barra del bar. – dijo el chico del cabello despeinado.
Me giré hacia donde dijo él, pero había demasiada gente para poder verlas. Quise adentrarme un poco entre la gente pero una mano me cogió el brazo impidiendo el avance. No hacía falta girarme para saber que era el chico moreno quien me estaba sujetando, supe que era él por el calor que sentí. Lo miré, tenía cara de preocupación, estaba tenso, no quería dejarme ir, ni yo quería que él estuviera lejos de mí. Lo acababa de conocer -bueno en verdad no lo conocía- pero sentía que no podía estar ni un minuto de mi vida sin él.
- ¿Me ayudas a buscarlas? – Al decir estas palabras se relajó, y soltó mi brazo. Una gran sonrisa volvió aparecer en sus labios-. Entrelacé nuestras manos y comenzamos a pasar entre la multitud.
Había muchísima gente y nos era difícil poder avanzar. “Perdón, perdón, nos dejas pasar, gracias” una y otra vez tenía que decir, la gente estaba bailando y no nos hacían caso.
- ¿Me dejas pasar a mí primero?- Dijo.
- ¿Crees que podremos pasar si vas primero? – Si yo, que era más delgada que él, no podía pasar entre el bullicio; él, siendo mal alto y musculoso, lo iba a tener difícil. -Observa cómo se apartan – contestó.
Puso una cara muy seria, la sonrisa desapareció por completo de su rostro, entrecerró los ojos y sacó pecho. Comenzó a mirar a la gente que estaba delante de nosotros y, como si fuera magia, ellos le miraban y se apartaban dejándonos el camino libre. Como Moisés cuando abrió el mar en dos y pasaron todos hacia la otra orilla. En pocos minutos estábamos al otro extremo, miré hacia atrás por donde habíamos pasado, ¿Cómo lo había hecho?, lo miré con cara de incrédula, él comenzó a reírse a carcajadas. Al fin llegamos a la entrada pero ellas no estaban por ningún lado.
- ¿Cómo son tus amigas? –Preguntó.
- Pues, son más bajas que yo, Raquel tiene el pelo corto castaño con reflejos rojos, Laura y Nury morenas y el pelo por los hombros y las tres tienen gafas. – Comenzó a mirar por encima de la gente y señaló hacia la derecha, miré y efectivamente estaban las tres con cara de preocupación, buscándome entre la gente.- ¡Hey! eso es ventaja, tú eres más alto.-Le dije como un niño que acaba de perder un juego. Entre risas y cogidos de la mano fuimos donde estaban ellas. Rakel comenzó hablar.
- ¿Dónde demonios te habías metido? Estábamos preocupadas.
- Si, estábamos… –Nury habló pero se dio cuenta que estaba acompañada.
- Perdonad chicas pero me entretuvieron. Os presento; Laura, Nury, Rakel, este es… -no sabía cómo se llamaba.
- Jackson, me llamo Jackson. Encantado de conoceros.
Las tres se quedaron mirando al chico con la boca abierta, no me extraña, es difícil ver a chicos tan atractivos como él. Luego vieron que nuestras manos estaban entrelazadas y me miraron con sonrisa picarona.
- Bueno, ahora que sabemos que estás bien, nosotras nos vamos a tomar el aire en la terraza.- Raquel buscó una señal dando mi aprobación, le dije que sí con la cabeza- Nos vemos luego aquí, adiós Jackson.
Se fueron dejándonos solos. Nury no dejaba de mirar atrás haciéndome gestos con las manos, por lo que le pude entender decía algo parecido a “madre mía, este tío esta cañón, ¡cómo está!”. Por suerte, él no pudo entender lo que decía, me estaba mirando con una sonrisa enorme, pudiendo ver todos sus dientes perfectos. No podía quitar mi vista de él, era como si fuera un imán y yo un polo opuesto que me atrae con su magnetismo.
- Creo que un buen comienzo sería saber tú nombre – preguntó.
- Lluna, me llamo Lluna.
- Bonito nombre Lluna,-se agachó y me habló al oído- tú puedes llamarme por mi nombre.
- Tú has dicho a mis amigas que te llamabas Jackson.
- Ese es el nombre que pone en mi documentación ahora. Es una larga historia. Tú sabes cuál es mi nombre ¿verdad?
Dije que no con la cabeza. Por mi mente desde hacía un buen rato pensaba en uno, pero ese nombre era demasiado fantástico, irreal, mágico, un sueño del que nunca quería despertar. No podía ser, aunque en el hecho estaban las pruebas.
- ¡Oh vamos! no me puedes engañar. Cuando nos hemos conocido me has dicho que hiciera desaparecer a los vampiros. Si sabes quién son ellos tienes que saber quién soy yo.- Volví a negar con la cabeza. Entonces dijo con voz dulce algo a lo que no pude negarme- Desearía que lo dijeras tú. Quiero oírlo con esa preciosa voz que tienes. Todo sería más sencillo.
Le indiqué con el dedo que se agachara para poder decírselo al oído, me daba vergüenza decirlo en voz alta, ver como reía y descubrir que todo lo que había imaginado era mentira, una dolorosa farsa. Cuando su cabeza estuvo a mi altura, me acerque a él y le dije al oído –Jacob, tú nombre es Jacob Black-. Se incorporó y me abrazó quedando yo en el aire, comenzó a reírse y yo con él. No estaba loca, todo era real. Una preciosa y fantástica realidad, tanto que sonaba a ficción. Me dejó en el suelo y cuando recuperé el aliento y el sentido hablé con él.
- Para creerme toda esta historia creo que deberías contestarme a unas preguntas. –En realidad era muchas preguntas ¿Cómo una novela de fantasía podía existir en el mundo real? Si todo esto era verdad, ¿qué hacían ellos aquí? Si él era Jacob, ¿dónde estaba Renesme?
Cuando le pregunté esto se tensó, pero pronto volvió a tomar una postura relajada.
- ¿Podemos dejar las preguntas para otro día? Tengo ganas de vivir un poco de normalidad, hace mucho tiempo que no disfruto de ella.
- Pues va ser un poco difícil hacer algo normal teniéndote a mi lado, pero lo podemos intentar.
- Perfecto, intentarlo me parece buena idea. ¿Qué hacemos? –Dijo encogiéndose de hombros.
- Estamos en una discoteca y lo que la gente normal hace es bailar. –Preguntas normales, respuestas normales y lógicas.
- Eso ya no me parece tan buena idea. No soy un gran bailarín, en realidad, hace mucho tiempo que no bailo.
- Tranquilo, bailar es una cosa que nunca se olvida, es como montar en bicicleta. Y, por suerte, tienes a una gran bailarina que te puede hacer de profesora.
Le agarré de la mano y nos fuimos a un sitio donde no había tanta gente, así él se sentiría más cómodo. La verdad es que tenía razón, no bailaba muy bien, pero llevaba el ritmo. Movía los pies, un poco las caderas, me cogía de la cintura y me hacia girar. Nos reímos mucho cuando nuestros brazos quedaban liados, mi pierna chocaba con la suya haciéndome perder el equilibrio varias veces, le pisaba los pies o él me los pisaba a mí. Perdí la noción del tiempo. Pudimos pasar minutos, horas, días bailando, que yo no me habría enterado. Mi mundo ahora era él, y el tiempo no existía.
Yo sabía mover las caderas bien y hacer que un hombre me deseara con mis movimientos. Pero con él era diferente, no quería una atracción física, no quería terminar en el baño de señoras o en la parte trasera de un coche. Sólo quería estar a su lado y disfrutar de una noche normal, sólo una noche de diversión con un chico encantador. Él también deseaba eso, pues en ningún momento me dio a entender que quería algo más. Aunque no le hubiera negado nada a ese cuerpo.
No sé qué hora de la madrugada era que sentí un escalofrío por mi columna. Me sobresalté un poco al ver al chico del cabello cobrizo (llamémosle por su nombre), Edward a nuestro lado. Me miró y vi en sus labios una sonrisa pícara, ¡cuántas veces me había imaginado esa sonrisa!
- ¿Siempre aparecen así, haciéndote sobresaltar? – Pregunté a Jacob señalando a Edward.
- Antes no, ahora me he acostumbrado a su tufo y, a veces, aparecen en el momento menos indicado. –Dijo Jacob a Edward haciéndole burla como un niño pequeño.
- No hablemos de tufos, perro. Jacob, lo siento pero nos tenemos que ir. La misma historia de siempre, ya sabes.- hubo un momento de silencio, intuí que era una charla interior entre ellos dos- Nos vamos a casa, mañana si ella quiere la podrás volver a ver.
¿Ya se iba?, ¿Por qué? Nos lo estábamos pasando muy bien. Jacob resopló.
- Lo siento Lluna pero me tengo que ir. Nos vemos en otro momento. – Era la despedida más dura que nunca había presenciado, no quería que se fuera, temía que todo esto terminara aquí, que todo fuera un sueño.
Edward habló conmigo en tono muy serio.
- Lluna, tus amigas están esperándote en la terraza. Están impacientes que les cuentes lo que te ha pasado esta noche. Vigila lo que les dices, ahora tú también tienes que cuidar de nuestro secreto.
- Tranquilos, no les contaré nada que os pueda meter en problemas –Edward asintió con la cabeza, cogió a Jacob por el brazo arrastrándolo a la salida. - Jacob, espera. Prométeme que volveré a verte. –Dije cogiéndolo con las manos la cara y mirándolo a los ojos.
- Te prometo que muy pronto nos volveremos a ver, si no es así… prefiero no pensar en eso, duele sólo de pensarlo. – Dijo mirándome fijamente a los ojos. Él también sentía lo mismo-.
- ¿Sabrás encontrarme?- Me abrazó y absorbió por la nariz el aroma de mi pelo.
- Sin duda alguna, te encontraré.
Besó mi frente, soltó nuestro abrazo y se fue con Edward. En todo el recorrido que hicieron hasta la salida no dejé de mirarlo. Él se giró varias veces hasta que salió por la puerta, en su cara pude observar cómo se mezclaban la alegría y la tristeza. Mi cara seguramente también expresaría lo mismo. Alegría por haber pasado la noche más bonita de mi vida, tristeza porque se terminaba, alegría porque volvería a verlo, tristeza porque no sabía cuando.
Pasó un largo rato hasta que me acostumbré un poco a su ausencia y comencé asimilar lo que me había pasado. Fui en busca de mis amigas.
Había conocido a Jacob (en realidad no sabía mucho de él) y había pasado una noche perfecta en maravillosa compañía. Quién era él no se lo podía contar a mis niñas, pero cómo había trascurrido la noche sí. Nunca les había dicho una mentira a ellas, son las personas con quien más tengo confianza, me sentía fatal por no decirles la verdad. Pero si les contaba todo, podría meter en un lío a Jacob y a los Cullen. Decidí contarles parte de la historia.
- Lluna, cuéntanos quién era ese pedazo de hombre, cómo lo has conocido y que habéis hecho en estas 3 horas. – ¿Tres horas?, Rakel tenía que estar confundida, aunque el tiempo en buena compañía pasa volando.
Les conté que cuando fui a buscar la bebida conocí a Jackson, comenzamos hablar, sentíamos que teníamos química y se nos pasó el tiempo. Después, las fui a buscar a ellas y luego me fui con él a bailar.
- ¿Sólo a bailar?- Preguntó Laura, le respondí que sí con la cabeza- Si yo estuviera soltera hubiera bailado encima de sus caderas. ¿Lo volverás a ver otro día?
- Creo que sí.
Habían bailado mucho y estaban cansadas. Ellas también se lo habían pasado bien. Nury bebió bastante, no estaba acostumbrada y estaba medio dormida en la silla.
Salimos de la discoteca, Rakel se fue en su coche y Laura y yo metimos a Nury en el coche. La dejamos primero a ella en casa, la acompañamos hasta la cama (dejamos cerca de la cama una palangana, por si acaso). Después Laura me acompañó a casa.
Eran las 6 de la mañana cuando me quité el maquillaje y me puse el pijama. Me quedé un rato sentada en la cama pensando en todo lo que me había ocurrido esa noche. Había conocido a un chico fantástico, hermoso por fuera y, por lo poco que sabía de él, también por dentro. Puede ser que fuera el chico que tanto había leído de él en los libros, puede ser que sea un ser mitológico, pero lo que estaba segura es que estaba enamorada de él. Nunca había notado algo así por una persona, así que sería amor lo que sentía. Algo tan bonito solo puede ser amor.
No podía, ni quería, quitar de mi mente esa risa, esa sonrisa y esos maravillosos ojos. Me tumbé en la cama reviviendo toda la noche. Poco después que el sol comenzara asomarse por la ventana me quedé dormida soñando con él, soñando con Jacob, Jacob Black.
Si esto eran imaginaciones no quería volver a la realidad, si estaba loca por culpa de Crepúsculo me daba igual, era el momento más mágico, romántico y tierno que nunca había vivido. Quité la mano de su pecho y la puse detrás de la nuca, acariciándole el pelo y acercándolo a mi boca. Cerró los ojos, yo no podía apartar la vista de esa preciosa cara y esos carnosos labios. Nuestros corazones comenzaron a latir muy fuerte, podía sentir el suyo a través de mi pecho. Aunque el mío se aceleró más cuando vi al chico pálido a un metro nuestro, el momento mágico se rompió. Por instinto escondí la cabeza en su pecho, él me abrazó por la cintura.
- Tranquila, no pasa nada -besó y acarició mi pelo-, estoy aquí, no van hacerte nada malo.
- Lo malo es que estoy volviéndome loca, tengo alucinaciones y son demasiado reales. Hasta pienso que tú no eres real – al decir esto una lágrima cayó por mi mejilla. Sentí miedo, pero no por mi demencia, sino porque no podía ser que este chico no existiera, lo acababa de conocer, y no podía imaginar un día sin él y sin poder ver esos hermosos ojos.
- No estás loca – dejó de abrazarme y me cogió la cara con las dos manos, me miró a los ojos y dijo- soy real – se escuchó una tos detrás de él, -bueno, somos reales y no tienes por qué tener miedo.
Una gran sonrisa salió de su boca, sus ojos no mentían y sin saber porqué le creí. Mi corazón comenzó a descender su ritmo alterado a uno normal. Comenzó hablar el chico que estaba a nuestro lado.
- Perdonar la intromisión, pero tus amigas te están buscando.- Hacía un buen rato que se suponía que había ido a buscar una bebida, estarían preocupadas.
- Tengo que encontrarlas o pronto comenzaran a llamarme por megafonía – las conocía demasiado para saber que eran capaces de eso y más. – Pero, ¿dónde pueden estar ahora?
- Están cerca de la entrada, entre los guardarropas y la barra del bar. – dijo el chico del cabello despeinado.
Me giré hacia donde dijo él, pero había demasiada gente para poder verlas. Quise adentrarme un poco entre la gente pero una mano me cogió el brazo impidiendo el avance. No hacía falta girarme para saber que era el chico moreno quien me estaba sujetando, supe que era él por el calor que sentí. Lo miré, tenía cara de preocupación, estaba tenso, no quería dejarme ir, ni yo quería que él estuviera lejos de mí. Lo acababa de conocer -bueno en verdad no lo conocía- pero sentía que no podía estar ni un minuto de mi vida sin él.
- ¿Me ayudas a buscarlas? – Al decir estas palabras se relajó, y soltó mi brazo. Una gran sonrisa volvió aparecer en sus labios-. Entrelacé nuestras manos y comenzamos a pasar entre la multitud.
Había muchísima gente y nos era difícil poder avanzar. “Perdón, perdón, nos dejas pasar, gracias” una y otra vez tenía que decir, la gente estaba bailando y no nos hacían caso.
- ¿Me dejas pasar a mí primero?- Dijo.
- ¿Crees que podremos pasar si vas primero? – Si yo, que era más delgada que él, no podía pasar entre el bullicio; él, siendo mal alto y musculoso, lo iba a tener difícil. -Observa cómo se apartan – contestó.
Puso una cara muy seria, la sonrisa desapareció por completo de su rostro, entrecerró los ojos y sacó pecho. Comenzó a mirar a la gente que estaba delante de nosotros y, como si fuera magia, ellos le miraban y se apartaban dejándonos el camino libre. Como Moisés cuando abrió el mar en dos y pasaron todos hacia la otra orilla. En pocos minutos estábamos al otro extremo, miré hacia atrás por donde habíamos pasado, ¿Cómo lo había hecho?, lo miré con cara de incrédula, él comenzó a reírse a carcajadas. Al fin llegamos a la entrada pero ellas no estaban por ningún lado.
- ¿Cómo son tus amigas? –Preguntó.
- Pues, son más bajas que yo, Raquel tiene el pelo corto castaño con reflejos rojos, Laura y Nury morenas y el pelo por los hombros y las tres tienen gafas. – Comenzó a mirar por encima de la gente y señaló hacia la derecha, miré y efectivamente estaban las tres con cara de preocupación, buscándome entre la gente.- ¡Hey! eso es ventaja, tú eres más alto.-Le dije como un niño que acaba de perder un juego. Entre risas y cogidos de la mano fuimos donde estaban ellas. Rakel comenzó hablar.
- ¿Dónde demonios te habías metido? Estábamos preocupadas.
- Si, estábamos… –Nury habló pero se dio cuenta que estaba acompañada.
- Perdonad chicas pero me entretuvieron. Os presento; Laura, Nury, Rakel, este es… -no sabía cómo se llamaba.
- Jackson, me llamo Jackson. Encantado de conoceros.
Las tres se quedaron mirando al chico con la boca abierta, no me extraña, es difícil ver a chicos tan atractivos como él. Luego vieron que nuestras manos estaban entrelazadas y me miraron con sonrisa picarona.
- Bueno, ahora que sabemos que estás bien, nosotras nos vamos a tomar el aire en la terraza.- Raquel buscó una señal dando mi aprobación, le dije que sí con la cabeza- Nos vemos luego aquí, adiós Jackson.
Se fueron dejándonos solos. Nury no dejaba de mirar atrás haciéndome gestos con las manos, por lo que le pude entender decía algo parecido a “madre mía, este tío esta cañón, ¡cómo está!”. Por suerte, él no pudo entender lo que decía, me estaba mirando con una sonrisa enorme, pudiendo ver todos sus dientes perfectos. No podía quitar mi vista de él, era como si fuera un imán y yo un polo opuesto que me atrae con su magnetismo.
- Creo que un buen comienzo sería saber tú nombre – preguntó.
- Lluna, me llamo Lluna.
- Bonito nombre Lluna,-se agachó y me habló al oído- tú puedes llamarme por mi nombre.
- Tú has dicho a mis amigas que te llamabas Jackson.
- Ese es el nombre que pone en mi documentación ahora. Es una larga historia. Tú sabes cuál es mi nombre ¿verdad?
Dije que no con la cabeza. Por mi mente desde hacía un buen rato pensaba en uno, pero ese nombre era demasiado fantástico, irreal, mágico, un sueño del que nunca quería despertar. No podía ser, aunque en el hecho estaban las pruebas.
- ¡Oh vamos! no me puedes engañar. Cuando nos hemos conocido me has dicho que hiciera desaparecer a los vampiros. Si sabes quién son ellos tienes que saber quién soy yo.- Volví a negar con la cabeza. Entonces dijo con voz dulce algo a lo que no pude negarme- Desearía que lo dijeras tú. Quiero oírlo con esa preciosa voz que tienes. Todo sería más sencillo.
Le indiqué con el dedo que se agachara para poder decírselo al oído, me daba vergüenza decirlo en voz alta, ver como reía y descubrir que todo lo que había imaginado era mentira, una dolorosa farsa. Cuando su cabeza estuvo a mi altura, me acerque a él y le dije al oído –Jacob, tú nombre es Jacob Black-. Se incorporó y me abrazó quedando yo en el aire, comenzó a reírse y yo con él. No estaba loca, todo era real. Una preciosa y fantástica realidad, tanto que sonaba a ficción. Me dejó en el suelo y cuando recuperé el aliento y el sentido hablé con él.
- Para creerme toda esta historia creo que deberías contestarme a unas preguntas. –En realidad era muchas preguntas ¿Cómo una novela de fantasía podía existir en el mundo real? Si todo esto era verdad, ¿qué hacían ellos aquí? Si él era Jacob, ¿dónde estaba Renesme?
Cuando le pregunté esto se tensó, pero pronto volvió a tomar una postura relajada.
- ¿Podemos dejar las preguntas para otro día? Tengo ganas de vivir un poco de normalidad, hace mucho tiempo que no disfruto de ella.
- Pues va ser un poco difícil hacer algo normal teniéndote a mi lado, pero lo podemos intentar.
- Perfecto, intentarlo me parece buena idea. ¿Qué hacemos? –Dijo encogiéndose de hombros.
- Estamos en una discoteca y lo que la gente normal hace es bailar. –Preguntas normales, respuestas normales y lógicas.
- Eso ya no me parece tan buena idea. No soy un gran bailarín, en realidad, hace mucho tiempo que no bailo.
- Tranquilo, bailar es una cosa que nunca se olvida, es como montar en bicicleta. Y, por suerte, tienes a una gran bailarina que te puede hacer de profesora.
Le agarré de la mano y nos fuimos a un sitio donde no había tanta gente, así él se sentiría más cómodo. La verdad es que tenía razón, no bailaba muy bien, pero llevaba el ritmo. Movía los pies, un poco las caderas, me cogía de la cintura y me hacia girar. Nos reímos mucho cuando nuestros brazos quedaban liados, mi pierna chocaba con la suya haciéndome perder el equilibrio varias veces, le pisaba los pies o él me los pisaba a mí. Perdí la noción del tiempo. Pudimos pasar minutos, horas, días bailando, que yo no me habría enterado. Mi mundo ahora era él, y el tiempo no existía.
Yo sabía mover las caderas bien y hacer que un hombre me deseara con mis movimientos. Pero con él era diferente, no quería una atracción física, no quería terminar en el baño de señoras o en la parte trasera de un coche. Sólo quería estar a su lado y disfrutar de una noche normal, sólo una noche de diversión con un chico encantador. Él también deseaba eso, pues en ningún momento me dio a entender que quería algo más. Aunque no le hubiera negado nada a ese cuerpo.
No sé qué hora de la madrugada era que sentí un escalofrío por mi columna. Me sobresalté un poco al ver al chico del cabello cobrizo (llamémosle por su nombre), Edward a nuestro lado. Me miró y vi en sus labios una sonrisa pícara, ¡cuántas veces me había imaginado esa sonrisa!
- ¿Siempre aparecen así, haciéndote sobresaltar? – Pregunté a Jacob señalando a Edward.
- Antes no, ahora me he acostumbrado a su tufo y, a veces, aparecen en el momento menos indicado. –Dijo Jacob a Edward haciéndole burla como un niño pequeño.
- No hablemos de tufos, perro. Jacob, lo siento pero nos tenemos que ir. La misma historia de siempre, ya sabes.- hubo un momento de silencio, intuí que era una charla interior entre ellos dos- Nos vamos a casa, mañana si ella quiere la podrás volver a ver.
¿Ya se iba?, ¿Por qué? Nos lo estábamos pasando muy bien. Jacob resopló.
- Lo siento Lluna pero me tengo que ir. Nos vemos en otro momento. – Era la despedida más dura que nunca había presenciado, no quería que se fuera, temía que todo esto terminara aquí, que todo fuera un sueño.
Edward habló conmigo en tono muy serio.
- Lluna, tus amigas están esperándote en la terraza. Están impacientes que les cuentes lo que te ha pasado esta noche. Vigila lo que les dices, ahora tú también tienes que cuidar de nuestro secreto.
- Tranquilos, no les contaré nada que os pueda meter en problemas –Edward asintió con la cabeza, cogió a Jacob por el brazo arrastrándolo a la salida. - Jacob, espera. Prométeme que volveré a verte. –Dije cogiéndolo con las manos la cara y mirándolo a los ojos.
- Te prometo que muy pronto nos volveremos a ver, si no es así… prefiero no pensar en eso, duele sólo de pensarlo. – Dijo mirándome fijamente a los ojos. Él también sentía lo mismo-.
- ¿Sabrás encontrarme?- Me abrazó y absorbió por la nariz el aroma de mi pelo.
- Sin duda alguna, te encontraré.
Besó mi frente, soltó nuestro abrazo y se fue con Edward. En todo el recorrido que hicieron hasta la salida no dejé de mirarlo. Él se giró varias veces hasta que salió por la puerta, en su cara pude observar cómo se mezclaban la alegría y la tristeza. Mi cara seguramente también expresaría lo mismo. Alegría por haber pasado la noche más bonita de mi vida, tristeza porque se terminaba, alegría porque volvería a verlo, tristeza porque no sabía cuando.
Pasó un largo rato hasta que me acostumbré un poco a su ausencia y comencé asimilar lo que me había pasado. Fui en busca de mis amigas.
Había conocido a Jacob (en realidad no sabía mucho de él) y había pasado una noche perfecta en maravillosa compañía. Quién era él no se lo podía contar a mis niñas, pero cómo había trascurrido la noche sí. Nunca les había dicho una mentira a ellas, son las personas con quien más tengo confianza, me sentía fatal por no decirles la verdad. Pero si les contaba todo, podría meter en un lío a Jacob y a los Cullen. Decidí contarles parte de la historia.
- Lluna, cuéntanos quién era ese pedazo de hombre, cómo lo has conocido y que habéis hecho en estas 3 horas. – ¿Tres horas?, Rakel tenía que estar confundida, aunque el tiempo en buena compañía pasa volando.
Les conté que cuando fui a buscar la bebida conocí a Jackson, comenzamos hablar, sentíamos que teníamos química y se nos pasó el tiempo. Después, las fui a buscar a ellas y luego me fui con él a bailar.
- ¿Sólo a bailar?- Preguntó Laura, le respondí que sí con la cabeza- Si yo estuviera soltera hubiera bailado encima de sus caderas. ¿Lo volverás a ver otro día?
- Creo que sí.
Habían bailado mucho y estaban cansadas. Ellas también se lo habían pasado bien. Nury bebió bastante, no estaba acostumbrada y estaba medio dormida en la silla.
Salimos de la discoteca, Rakel se fue en su coche y Laura y yo metimos a Nury en el coche. La dejamos primero a ella en casa, la acompañamos hasta la cama (dejamos cerca de la cama una palangana, por si acaso). Después Laura me acompañó a casa.
Eran las 6 de la mañana cuando me quité el maquillaje y me puse el pijama. Me quedé un rato sentada en la cama pensando en todo lo que me había ocurrido esa noche. Había conocido a un chico fantástico, hermoso por fuera y, por lo poco que sabía de él, también por dentro. Puede ser que fuera el chico que tanto había leído de él en los libros, puede ser que sea un ser mitológico, pero lo que estaba segura es que estaba enamorada de él. Nunca había notado algo así por una persona, así que sería amor lo que sentía. Algo tan bonito solo puede ser amor.
No podía, ni quería, quitar de mi mente esa risa, esa sonrisa y esos maravillosos ojos. Me tumbé en la cama reviviendo toda la noche. Poco después que el sol comenzara asomarse por la ventana me quedé dormida soñando con él, soñando con Jacob, Jacob Black.
lunes, 24 de enero de 2011
4- Paradise
Hoy es viernes por la mañana, el sol entra por la ventana y mi estado de ánimo es bueno, muy bueno. La cabeza me dolía un poco aunque pensaba que iba a estar peor después de los Mojitos de ayer por la noche. Me levanté de las cama y busqué el CD recopilatorio que hice con canciones positivas, puse la pista número 16 que era I feel good de James Brown y le di al botón de repeat. Mientras me arreglaba para ir a trabajar bailaba y cantaba la canción, la moral estaba en aumento con cada nota musical, sentía que hoy nada me podía salir mal.
Los viernes siempre estaba de buen humor, por razones obvias. Trabajaba hasta el medio día y era la puerta que abría el fin de semana. Pero hoy era diferente, me sentía mejor que cualquier otro viernes, ¿sería porque había quedado con mis amigas?
Cuando terminé de maquillarme, recogí la habitación y baje a desayunar. En la cocina se encontraba mi hermana preparando el café, se la veía muy triste. Teníamos que hablar de lo sucedido ayer, las dos nos debíamos una disculpa. Estuve muy agresiva con ella -lo que dijo me dolió mucho- pero no para comportarme de esa manera. Solucionar con ella algún problema siempre era complicado, es muy orgullosa y nunca reconoce sus errores. De pequeñas, cuando nos peleábamos y nuestros padres nos obligaban a perdonarnos, sus disculpas siempre sonaban forzadas, nunca reconocía del todo su parte de culpa.
Debía comenzar la conversación de forma que el error fuese mío y, poco a poco, iría llevando el discurso a la parte donde ella me ofendió, para que supiera cómo me había sentido y, de alguna manera, ella me ofreciera sus disculpas.
- Buenos días Olga, ¿podemos hablar? – No contestó, esto iba a resultar difícil-. Quería pedirte disculpas por lo que sucedió ayer. Tuve un mal día en el trabajo y lo pagué contigo, lo siento mucho. –Seguía sin decir nada, era más bien un monólogo que una conversación entre dos personas sensatas - Me dolió que dijeras que era una amargada y por eso nunca iba a encontrar pareja. – Me estaba poniendo nerviosa el hecho que no dijera nada; estaba de espaldas a mí y no podía ver su cara de modo que me puse a un lado de ella apoyada en la encimera, vi como una lágrima caía por su mejilla- Olga, siento mucho lo que paso ayer, perdóname por favor.- Las lágrimas comenzaron a salir en cascada de sus ojos y, por fin, comenzó hablar.
- Me sentó mal que me dijeras que estaba histérica, no eras la primera persona que me lo dijo en esa jornada. – Ella también tuvo un mal día.- Aunque sea la realidad, duele que te lo digan en todo momento.
- ¿Quien más te lo dijo? – No necesitaba la respuesta, seguro que se peleo con Javier, otra vez.
- Pues me lo dijo mamá en la universidad, cuando quedé con Javier y, luego, me lo dijiste tú cuando llegue a casa. Ya sé que tenéis razón, pero estoy muy agobiada y lo pago con las personas más cercanas, como tú ayer pagaste los problemas conmigo.
–Ya estaba reprochándome que yo era la culpable de la pelea. Hoy no iba a ser el día que mi hermana pidiera perdón, tampoco tenía grandes expectativas de que esto ocurriera. Dejaría pasar la discusión de ayer, como tantas otras.
- Las dos deberíamos descargar nuestras tensiones en alguna otra cosa. – dije desviando la historia de ayer-. Podríamos ir al gimnasio a quitarnos las malas vibraciones con una clase de spinning.
- Me parece una buena idea, hoy no tengo clase en todo el día, podríamos ir después de comer.
Mi hermana ya no estaba llorando, ella no me guardaba rencor por lo que le dije ni como me puse de agresiva, y yo tampoco se lo guardaba a ella. Miré el reloj, mierda, hoy también me quedaba sin desayunar, si no me daba prisa llegaría tarde.
- ¡Me tengo que ir a trabajar!- le di un trago a la taza de café que tenía Olga y le robé un mordisco al donut que tenía en la otra mano- después de comer vamos al gimnasio, te quiero – dije con la boca llena, le di un beso y salí corriendo de casa.
Llegué a la oficina, como siempre, con el tiempo justo. El día trascurrió sin incidentes por parte de Mariano y, si dijo o hizo alguna cosa molesta, no le di importancia, mi estado anímico era excelente y sentía que nadie me lo podía estropear. A Lucas no lo vi en toda la mañana, se fue antes de que yo llegara hacer una entrevista y, cuando me fui al medio día, no había regresado. Le dejé una nota en su despacho deseándole un buen fin de semana.
Después de comer fuimos al gimnasio tal y como se lo prometí a mi hermana. La clase de spinning nos sirvió para descargar adrenalina y para darnos un gustazo con el culo del profesor cada vez que se ponía de pie en la bicicleta. Terminó la clase y fuimos a las duchas para quitarnos el sudor y, por mi parte, también necesitaba que el agua calmara mi calentón. Cuando salí de la ducha me encontraba muy relajada y en paz conmigo misma, Olga ya no estaba molesta por lo de ayer, ni yo con ella; su estado de ánimo había mejorado bastante, se la veía tranquila.
- Cuéntame Lluna, ¿qué te ha pasado para que estés así de feliz hoy? – Olga también se había dado cuenta de mi estado anímico.
- Nada en especial, me levanté así de bien, tengo la sensación que hoy será un gran día.
- Ya me contarás el secreto para estar así de feliz.- Ni yo misma lo sabía- Tienes un brillo especial en los ojos… ¿Cuándo has conocido al chico?
- ¿Qué chico? – Dije mirando a mi hermana.
- El que te ha enamorado y te hace brillar los ojos.
- Pues si lo encuentras, le dices que lo estoy esperando y que no le voy abrir la puerta de casa si no me trae un ramo de violetas. – Las chicas que estaban en el vestuario comenzaron a reírse- Pues yo no le encuentro la gracia, llevo tiempo esperándolo y que mínimo me traiga unas flores como disculpa.
- ¡Y un fajo de dinero en la cartera! – Dijo una mujer del vestuario, todas comenzaron a reírse.
- Yo, con un ramo de violetas, ya tengo suficiente- Le contesté a la mujer que se estaba metiendo en la conversación privada entre mi hermana y yo.
- Lluna, a mi no me puedes engañar soy tu hermana y tú tienes algún hombre en tu vida. Pero, mírate, si estás hablando de él y te sale una sonrisa tonta en la cara.- Me miré en el espejo, tenía razón; me veía diferente, feliz, emocionada, los ojos brillaban, ¿estaba enamorada, pero, de quién?, no había conocido a nadie.
Nos terminamos de vestir y salimos del gimnasio. Fuimos a la tienda de ropa que había dos calles más abajo para mirar la nueva temporada otoño – invierno. Al girar la esquina, vi aparcado el deslumbrante coche negro deportivo de ayer por la noche, aquel que ocupaban esa pareja extraña y a la vez familiar, ¿de que los conocía?
Entramos en la tienda y otra vez volví a sentir ese frio en la espalda, sería que la temperatura del local no estaba bien graduada. Comenzamos viendo las chaquetas, luego, los pantalones, las blusas y por último los zapatos. Me probé unos botines de piel marrones claros de tacón alto, me quedaban geniales y combinaban con toda la ropa de mi armario.
- Olga, me acabo de enamorar de estos zapatos.- Es cierto no podía dejar de mirarlos.
- Son muy bonitos, oye – se agachó y habló susurrante cerca de mi oído- ¿conoces a las dos chicas que están pagando en el mostrador?, la del pelo largo te mira con cara de asco.
Miré hacia allí, habían dos chicas preciosas pagando la compra, con cuerpos de escándalo (modelos, seguro que eran modelos); una era de estatura media con el pelo largo color castaño y me miraba con repulsión y la otra era… era la chica del descapotable negro, delgada, no muy alta y pelo oscuro corto. Las dos se parecían mucho en su color pálido de piel, las facciones perfectas, un cuerpo hermoso y ambas tenían los ojos del mismo color. Era un color que jamás había visto, eran de color miel muy clara, casi dorados. Esos ojos solo me los había imaginado cuando leía… ¿Crepúsculo? No podía ser, estaba alucinando otra vez. Pero se parecían demasiado a las personas que yo imaginaba del libro. Las dos chicas salieron de la tienda, la del pelo largo no dejo de mirarme con la misma cara de repulsión hasta que salió por la puerta.
- ¿Lluna estas bien?, estas pálida, parece que hayas visto un fantasma.- Comenzó a zarandearme por los hombros.- Lluna, contéstame.
- Perdona, si estoy bien.
- Te quedaste pasmada cuando viste a la chica esa, ¿tienes problemas con ella? – Dijo mi hermana preocupada.
- No, no las conozco. Creo. – aunque seguía teniendo la misma sensación, me eran familiares. “Deja de alucinar Lluna” pensaba mientras sacudía la cabeza olvidando teorías fantásticas.
Me quite los botines y los metí en la caja. Fuimos a pagar al mostrador. Mi hermana preguntó a la dependienta si conocía a las chicas que habían pagado antes.
- Son extranjeras, se han mudado hará una semana por motivos laborales. Viven a las afueras, pero no sé exactamente donde. Me parece que son hermanas porque se parecen muchísimo. Son muy buenas clientas ya han pasado por aquí dos veces haciendo grandes compras y encargos.
Lo ves Lluna, son dos chicas normales y corrientes, normales y corrientes. Me repetí mentalmente esta frase varias veces de camino a casa, pero ni yo misma me creía eso. De normales y corrientes no tenían nada, ni las modelos que salen en la tele son tan hermosas. Cualquier revista o diseñador pagaría un dineral porque sus cuerpos y sus caras salieran en la portada o llevaran puesto sus diseños.
Al llegar a casa fui directa a mi habitación. La teoría que tenía en la cabeza sobre que las chicas de la tienda fueran los personajes de Crepúsculo me tenía intrigada - sé que suena a locura- pero habían demasiadas similitudes para comenzar a creer que las especulaciones eran ciertas.
Dediqué la tarde a investigar el tema. Cogí el primer libro de la Saga y busqué la pagina donde Bella ve por primera vez a los Cullen. Después, escudriñé los libros restantes en busca de descripciones de los personajes. Por último, fui a internet. La chica del pelo corto podría ser Alice. El chico de facciones perfectas y cabello despeinado podría ser Edward. Y la chica con mirada asesina era Bella, según mis hipótesis. Todo esto sonaba a disparate, ni yo misma me lo creía, pero toda la investigación llegaba al mismo punto, las personas que había visto eran vampiros.
Comencé a ponerme nerviosa, me estaba creyendo la paranoia. Tenían que ser casualidades y, por mi fanatismo a Crepúsculo, estaba llevando las suposiciones demasiado lejos. Si seguía pensando de esa forma me creería mis propias fantasías y terminaría en un psiquiátrico. El teléfono comenzó a sonar, era Laura.
- Dime.-le contesté muy seca, mi cabeza seguía dándole vueltas a la historia.
- Lluna, en 10 minutos voy a buscarte, espero que estés lista porque llegamos tarde.
– ¿Tarde?, había estado investigando y no me había dado cuenta de la hora.
- ¿A qué hora hemos quedado?
- Hace 5 minutos que deberíamos estar en el centro, ya he enviado un mensaje a la Raquel diciéndole que llegaríamos tarde. Nos vemos ahora, no te entretengas.- y colgó.
Mire el móvil, tenía un mensaje de Raquel donde decía que habíamos quedado a las 8 en el parque del centro. Eran las 8 y 5 minutos, llegábamos tarde y yo todavía no me había arreglado para salir. Me peiné poniendo un poco de espuma en el pelo y me maquillé con tonos claros grises. De ropa, elegí los pantalones tejanos oscuros, la camiseta azul eléctrico de manga larga y la chaqueta fina de punto negra. Hoy no iba a estrenar mis fabulosos botines nuevos, los dejaría para una ocasión especial, me puse las botas altas negras. A los 15 minutos llegó Laura, yo ya estaba preparada esperándola en la entrada, me subí a su coche. Todavía no había cerrado la puerta del copiloto cuando Laura aceleró el coche.
- ¿Qué pasa con tantas prisas? -dije
- Perdona me entretuve hablando con Jesús y no me di cuenta que era súper tarde. Mira la hora que es y tenemos que pasar a buscar a la Nury. La pobre Rakel lleva esperando un montón de tiempo, nos va a matar, siempre llegamos tarde. –Mi amiga hablaba muy deprisa, pero más deprisa llevaba el coche.
- Laura, por mucho que corras, llegamos tarde. – Parecía que estábamos en una carrera de coches. Comparada su forma de conducir con la mía cuando iba por las mañanas al trabajo, yo era una abuelita al volante indefensa.
- Pobre Rakel, lleva más de 20 minutos esperando, pobre Rakel, está sola esperándonos, pobre Rakel.
- Vale, que sí, pobre Rakel pero tú pon atención a la carretera, nos vamos a matar.- Laura repetía y repetía la misma frase “pobre Rakel, llegamos tarde, nos está esperando”. El coche se inclinaba en las curvas estampándome la cara en la puerta del copiloto. Llegamos a casa de Nury, ella ya estaba esperándonos en su portería. Cuando se subió al coche nos dijo que Rakel la acababa de llamar preguntando si íbamos a tardar mucho.
- ¡Ya vamos Rakel! – gritó Laura y salimos a velocidad de cohete. No paraba de repetir el discurso.
- ¡Cuidado Laura con los saltos! – Dijo Nury. Iríamos a unos 60 km/h en el centro de la ciudad. El ayuntamiento hacia poco había puesto unos badenes para que los conductores redujeran la velocidad en los pasos de viandantes, pero Laura parecía que ignoraba cuál era su uso-.
- ¡FRENA LAURA, FRENA, AAAAHHHHHH! – La conductora no nos hacía caso y acelero más. Nury y yo comenzamos a gritar esperando el gran salto, parecía una atracción de feria. En el salto, Laura también se unió a nosotras en el grito. El coche salió disparado por los aires como sólo se ven en las películas, las ruedas quedaron sin agarrarse al asfalto. Cuando los neumáticos tocaron el suelo los ocupantes rebotamos en los asientos -.
- ¡ESTAS LOCA LAURA, NOS VAMOS A MATAR! – A Nury casi se le caían las lágrimas del miedo, yo le di un manotazo en el hombro y le di una charla sobre la conducción responsable.
Al llegar –sanas y a salvo- aparcamos el coche cerca de donde habíamos quedado. Raquel nos estaba esperando con cara de aburrimiento y sentada en un banco, la saludamos y le pedimos disculpas por el retraso, también le contamos que había estado a punto de darnos un ataque en el corazón a casusa de la temeraria conductora. Nos fuimos a tomar unas cervezas.
Después de hablar de penas y desgracias en el bar fuimos a cenar a un restaurante Italiano, no muy elegante, pero se comía muy bien y a un precio económico. Nos lo pasamos muy bien durante la cena dejando atrás los problemas, aunque yo todavía no me quitaba de la cabeza la historia de los vampiros, mi conclusión era que estaba demente, debía de dejar de leer historias por un tiempo.
- Lluna, ¿has escuchado lo que hemos dicho? – Raquel me estaba hablando, pero no sabía de qué.
- Perdona, ¿qué decíais?
- Que podríamos ir a bailar un rato al Paradise, hace tiempo que no pasamos por allí.
- Sí, sí, me parece bien.
- ¿Qué te pasa Lluna? Estás muy distraída esta noche, parece que tengas la cabeza puesta en otro sitio. –Dijo Nury
- Nada, no sé. – nada, que me parece que me estoy volviendo loca.
- Yo sé lo que le pasa – respondió Raquel – está enamorada, mirar cómo le brillan los ojos de felicidad.
- No hay ningún chico, de verdad, no me pasa nada. – Ninguna de las tres se creyó lo que dije, pero no les podía decir la verdad, pensarían que estoy chiflada. – el brillo que tengo en los ojos es porque soy así de guapa – dije moviendo mis pestañas arriba y abajo.
- Si claro, si no nos lo quieres contar no pasa nada, pero no nos mientas. Tú tienes un hombre en tu vida. –Laura también pensaba lo mismo.
Después de un rato de interrogatorio por el novio fantasma, fuimos al Paradise a bailar. La música me distrajo bastante, me dejé llevar por el ritmo y sólo pensaba en las letras de las canciones. El local era muy grande, pero había mucha gente y todos bailábamos pegados, comenzó a sonar la canción Can’t take my eyes off you, definitivamente los años 80 volvían a estar de moda. Hacía muchísima calor pero por mi columna sentí frio, como un cubito de hielo cayendo por mi espalda. Me quedé en shock, esa sensación sólo la notaba cuando veía a los causantes de mi locura – y, efectivamente- allí, a 2 metros de distancia, estaban ellos y, al segundo después, desaparecieron. Estaba petrificada en el sitio, mi enajenación mental estaba llegando demasiado lejos. Mis amigas no notaron mi reacción, no les quería preocupar, así que les dije que iba a la barra a buscar una bebida, así podría poner en orden mis pensamientos.
Me senté en un taburete lejos del bullicio de la gente ¿Qué me estaba pasando?, la saga Crepúsculo me gustaba mucho, pero no era una obsesión tal como para crearme un desequilibrio mental. Por mi cabeza comenzó a pasar una lista de diferentes enfermedades psíquicas, tenía delirios y otra vez los estaba volviendo a tener. Las dos vampiras y el vampiro se situaron enfrente, los ojos se me abrieron como platos y mi cuerpo se puso rígido, cerré los ojos esperando que al abrirlos hubieran desaparecido, sentí una ráfaga de aire a mí alrededor. Al abrir los ojos no solo habían desaparecido, sino que ya no me encontraba en el mismo lugar, estaba en el otro extremo de la discoteca, cerca de las puertas de la terraza. Miré a mí alrededor y los vampiros se encontraban ahora detrás de un chico moreno muy alto, a quien la vampira con el pelo corto negro empujó y chocó contra mí, haciéndome perder el equilibrio. Cerré los ojos esperando una gran caída, la cual nunca sucedió porque unas manos sujetaron mi cintura impidiendo el desplome. No quería abrir los ojos y volver a ver esas visiones que ahora se habían vuelto agresivas, cada vez mi locura iba a peor, tenía miedo.
- ¿Chica, estás bien? - el chico que me estaba sujetando me estaba hablando con la voz más dulce que nunca había oído.
- No – mi voz sonó temblorosa, seguía con los ojos cerrados.
- ¿Te puedo ayudar? – Qué amable, qué pronto me soltaría la cintura si supiera que era una loca que tenía alucinaciones. –estás temblando, ¿Qué te pasa?, ¿necesitas algo?- , estaba muerta de miedo.
- ¿Puedes hacer que desaparezcan los vampiros? – ahora era el momento en el que el chico me soltaba, iba avisar a los porteros de la discoteca para que llamaran a una ambulancia, y seguramente, pensaran que sufría sobredosis de drogas alucinógenas. Pero no pasó, en vez de salir corriendo me agarró más fuerte y me acercó a su cuerpo, pude sentir como sus manos temblaban.
- Te juro que he intentado que desaparezcan muchas veces, pero son muy insistentes- soltó una risa nerviosa, su aliento llego a mi cara, era un olor muy dulce. - ¿había entendido él mi pregunta?, ¿había escuchado bien su respuesta?
Esa cariñosa voz me tranquilizó, me sentía muy segura en los brazos de ese chico, no quería abrir los ojos y encontrarme de nuevo con la realidad, pero estaba intrigada en conocer al chico al que había confesado mis alucinaciones y no había salido corriendo.
Relajé los parpados y poco a poco abrí los ojos, me encontré a unos 50 centímetros de la cara del chico. Él tenía el rostro más bello que nunca había visto. Su sonrisa era preciosa, adornada con unos perfectos y blancos dientes que contrastaban con su piel morena. Lo siguiente en que me fijé fue en sus ojos oscuros, preciosos, brillantes y mágicos. En ese preciso momento, me di cuenta que nunca podría quitar mis ojos de él.
Los viernes siempre estaba de buen humor, por razones obvias. Trabajaba hasta el medio día y era la puerta que abría el fin de semana. Pero hoy era diferente, me sentía mejor que cualquier otro viernes, ¿sería porque había quedado con mis amigas?
Cuando terminé de maquillarme, recogí la habitación y baje a desayunar. En la cocina se encontraba mi hermana preparando el café, se la veía muy triste. Teníamos que hablar de lo sucedido ayer, las dos nos debíamos una disculpa. Estuve muy agresiva con ella -lo que dijo me dolió mucho- pero no para comportarme de esa manera. Solucionar con ella algún problema siempre era complicado, es muy orgullosa y nunca reconoce sus errores. De pequeñas, cuando nos peleábamos y nuestros padres nos obligaban a perdonarnos, sus disculpas siempre sonaban forzadas, nunca reconocía del todo su parte de culpa.
Debía comenzar la conversación de forma que el error fuese mío y, poco a poco, iría llevando el discurso a la parte donde ella me ofendió, para que supiera cómo me había sentido y, de alguna manera, ella me ofreciera sus disculpas.
- Buenos días Olga, ¿podemos hablar? – No contestó, esto iba a resultar difícil-. Quería pedirte disculpas por lo que sucedió ayer. Tuve un mal día en el trabajo y lo pagué contigo, lo siento mucho. –Seguía sin decir nada, era más bien un monólogo que una conversación entre dos personas sensatas - Me dolió que dijeras que era una amargada y por eso nunca iba a encontrar pareja. – Me estaba poniendo nerviosa el hecho que no dijera nada; estaba de espaldas a mí y no podía ver su cara de modo que me puse a un lado de ella apoyada en la encimera, vi como una lágrima caía por su mejilla- Olga, siento mucho lo que paso ayer, perdóname por favor.- Las lágrimas comenzaron a salir en cascada de sus ojos y, por fin, comenzó hablar.
- Me sentó mal que me dijeras que estaba histérica, no eras la primera persona que me lo dijo en esa jornada. – Ella también tuvo un mal día.- Aunque sea la realidad, duele que te lo digan en todo momento.
- ¿Quien más te lo dijo? – No necesitaba la respuesta, seguro que se peleo con Javier, otra vez.
- Pues me lo dijo mamá en la universidad, cuando quedé con Javier y, luego, me lo dijiste tú cuando llegue a casa. Ya sé que tenéis razón, pero estoy muy agobiada y lo pago con las personas más cercanas, como tú ayer pagaste los problemas conmigo.
–Ya estaba reprochándome que yo era la culpable de la pelea. Hoy no iba a ser el día que mi hermana pidiera perdón, tampoco tenía grandes expectativas de que esto ocurriera. Dejaría pasar la discusión de ayer, como tantas otras.
- Las dos deberíamos descargar nuestras tensiones en alguna otra cosa. – dije desviando la historia de ayer-. Podríamos ir al gimnasio a quitarnos las malas vibraciones con una clase de spinning.
- Me parece una buena idea, hoy no tengo clase en todo el día, podríamos ir después de comer.
Mi hermana ya no estaba llorando, ella no me guardaba rencor por lo que le dije ni como me puse de agresiva, y yo tampoco se lo guardaba a ella. Miré el reloj, mierda, hoy también me quedaba sin desayunar, si no me daba prisa llegaría tarde.
- ¡Me tengo que ir a trabajar!- le di un trago a la taza de café que tenía Olga y le robé un mordisco al donut que tenía en la otra mano- después de comer vamos al gimnasio, te quiero – dije con la boca llena, le di un beso y salí corriendo de casa.
Llegué a la oficina, como siempre, con el tiempo justo. El día trascurrió sin incidentes por parte de Mariano y, si dijo o hizo alguna cosa molesta, no le di importancia, mi estado anímico era excelente y sentía que nadie me lo podía estropear. A Lucas no lo vi en toda la mañana, se fue antes de que yo llegara hacer una entrevista y, cuando me fui al medio día, no había regresado. Le dejé una nota en su despacho deseándole un buen fin de semana.
Después de comer fuimos al gimnasio tal y como se lo prometí a mi hermana. La clase de spinning nos sirvió para descargar adrenalina y para darnos un gustazo con el culo del profesor cada vez que se ponía de pie en la bicicleta. Terminó la clase y fuimos a las duchas para quitarnos el sudor y, por mi parte, también necesitaba que el agua calmara mi calentón. Cuando salí de la ducha me encontraba muy relajada y en paz conmigo misma, Olga ya no estaba molesta por lo de ayer, ni yo con ella; su estado de ánimo había mejorado bastante, se la veía tranquila.
- Cuéntame Lluna, ¿qué te ha pasado para que estés así de feliz hoy? – Olga también se había dado cuenta de mi estado anímico.
- Nada en especial, me levanté así de bien, tengo la sensación que hoy será un gran día.
- Ya me contarás el secreto para estar así de feliz.- Ni yo misma lo sabía- Tienes un brillo especial en los ojos… ¿Cuándo has conocido al chico?
- ¿Qué chico? – Dije mirando a mi hermana.
- El que te ha enamorado y te hace brillar los ojos.
- Pues si lo encuentras, le dices que lo estoy esperando y que no le voy abrir la puerta de casa si no me trae un ramo de violetas. – Las chicas que estaban en el vestuario comenzaron a reírse- Pues yo no le encuentro la gracia, llevo tiempo esperándolo y que mínimo me traiga unas flores como disculpa.
- ¡Y un fajo de dinero en la cartera! – Dijo una mujer del vestuario, todas comenzaron a reírse.
- Yo, con un ramo de violetas, ya tengo suficiente- Le contesté a la mujer que se estaba metiendo en la conversación privada entre mi hermana y yo.
- Lluna, a mi no me puedes engañar soy tu hermana y tú tienes algún hombre en tu vida. Pero, mírate, si estás hablando de él y te sale una sonrisa tonta en la cara.- Me miré en el espejo, tenía razón; me veía diferente, feliz, emocionada, los ojos brillaban, ¿estaba enamorada, pero, de quién?, no había conocido a nadie.
Nos terminamos de vestir y salimos del gimnasio. Fuimos a la tienda de ropa que había dos calles más abajo para mirar la nueva temporada otoño – invierno. Al girar la esquina, vi aparcado el deslumbrante coche negro deportivo de ayer por la noche, aquel que ocupaban esa pareja extraña y a la vez familiar, ¿de que los conocía?
Entramos en la tienda y otra vez volví a sentir ese frio en la espalda, sería que la temperatura del local no estaba bien graduada. Comenzamos viendo las chaquetas, luego, los pantalones, las blusas y por último los zapatos. Me probé unos botines de piel marrones claros de tacón alto, me quedaban geniales y combinaban con toda la ropa de mi armario.
- Olga, me acabo de enamorar de estos zapatos.- Es cierto no podía dejar de mirarlos.
- Son muy bonitos, oye – se agachó y habló susurrante cerca de mi oído- ¿conoces a las dos chicas que están pagando en el mostrador?, la del pelo largo te mira con cara de asco.
Miré hacia allí, habían dos chicas preciosas pagando la compra, con cuerpos de escándalo (modelos, seguro que eran modelos); una era de estatura media con el pelo largo color castaño y me miraba con repulsión y la otra era… era la chica del descapotable negro, delgada, no muy alta y pelo oscuro corto. Las dos se parecían mucho en su color pálido de piel, las facciones perfectas, un cuerpo hermoso y ambas tenían los ojos del mismo color. Era un color que jamás había visto, eran de color miel muy clara, casi dorados. Esos ojos solo me los había imaginado cuando leía… ¿Crepúsculo? No podía ser, estaba alucinando otra vez. Pero se parecían demasiado a las personas que yo imaginaba del libro. Las dos chicas salieron de la tienda, la del pelo largo no dejo de mirarme con la misma cara de repulsión hasta que salió por la puerta.
- ¿Lluna estas bien?, estas pálida, parece que hayas visto un fantasma.- Comenzó a zarandearme por los hombros.- Lluna, contéstame.
- Perdona, si estoy bien.
- Te quedaste pasmada cuando viste a la chica esa, ¿tienes problemas con ella? – Dijo mi hermana preocupada.
- No, no las conozco. Creo. – aunque seguía teniendo la misma sensación, me eran familiares. “Deja de alucinar Lluna” pensaba mientras sacudía la cabeza olvidando teorías fantásticas.
Me quite los botines y los metí en la caja. Fuimos a pagar al mostrador. Mi hermana preguntó a la dependienta si conocía a las chicas que habían pagado antes.
- Son extranjeras, se han mudado hará una semana por motivos laborales. Viven a las afueras, pero no sé exactamente donde. Me parece que son hermanas porque se parecen muchísimo. Son muy buenas clientas ya han pasado por aquí dos veces haciendo grandes compras y encargos.
Lo ves Lluna, son dos chicas normales y corrientes, normales y corrientes. Me repetí mentalmente esta frase varias veces de camino a casa, pero ni yo misma me creía eso. De normales y corrientes no tenían nada, ni las modelos que salen en la tele son tan hermosas. Cualquier revista o diseñador pagaría un dineral porque sus cuerpos y sus caras salieran en la portada o llevaran puesto sus diseños.
Al llegar a casa fui directa a mi habitación. La teoría que tenía en la cabeza sobre que las chicas de la tienda fueran los personajes de Crepúsculo me tenía intrigada - sé que suena a locura- pero habían demasiadas similitudes para comenzar a creer que las especulaciones eran ciertas.
Dediqué la tarde a investigar el tema. Cogí el primer libro de la Saga y busqué la pagina donde Bella ve por primera vez a los Cullen. Después, escudriñé los libros restantes en busca de descripciones de los personajes. Por último, fui a internet. La chica del pelo corto podría ser Alice. El chico de facciones perfectas y cabello despeinado podría ser Edward. Y la chica con mirada asesina era Bella, según mis hipótesis. Todo esto sonaba a disparate, ni yo misma me lo creía, pero toda la investigación llegaba al mismo punto, las personas que había visto eran vampiros.
Comencé a ponerme nerviosa, me estaba creyendo la paranoia. Tenían que ser casualidades y, por mi fanatismo a Crepúsculo, estaba llevando las suposiciones demasiado lejos. Si seguía pensando de esa forma me creería mis propias fantasías y terminaría en un psiquiátrico. El teléfono comenzó a sonar, era Laura.
- Dime.-le contesté muy seca, mi cabeza seguía dándole vueltas a la historia.
- Lluna, en 10 minutos voy a buscarte, espero que estés lista porque llegamos tarde.
– ¿Tarde?, había estado investigando y no me había dado cuenta de la hora.
- ¿A qué hora hemos quedado?
- Hace 5 minutos que deberíamos estar en el centro, ya he enviado un mensaje a la Raquel diciéndole que llegaríamos tarde. Nos vemos ahora, no te entretengas.- y colgó.
Mire el móvil, tenía un mensaje de Raquel donde decía que habíamos quedado a las 8 en el parque del centro. Eran las 8 y 5 minutos, llegábamos tarde y yo todavía no me había arreglado para salir. Me peiné poniendo un poco de espuma en el pelo y me maquillé con tonos claros grises. De ropa, elegí los pantalones tejanos oscuros, la camiseta azul eléctrico de manga larga y la chaqueta fina de punto negra. Hoy no iba a estrenar mis fabulosos botines nuevos, los dejaría para una ocasión especial, me puse las botas altas negras. A los 15 minutos llegó Laura, yo ya estaba preparada esperándola en la entrada, me subí a su coche. Todavía no había cerrado la puerta del copiloto cuando Laura aceleró el coche.
- ¿Qué pasa con tantas prisas? -dije
- Perdona me entretuve hablando con Jesús y no me di cuenta que era súper tarde. Mira la hora que es y tenemos que pasar a buscar a la Nury. La pobre Rakel lleva esperando un montón de tiempo, nos va a matar, siempre llegamos tarde. –Mi amiga hablaba muy deprisa, pero más deprisa llevaba el coche.
- Laura, por mucho que corras, llegamos tarde. – Parecía que estábamos en una carrera de coches. Comparada su forma de conducir con la mía cuando iba por las mañanas al trabajo, yo era una abuelita al volante indefensa.
- Pobre Rakel, lleva más de 20 minutos esperando, pobre Rakel, está sola esperándonos, pobre Rakel.
- Vale, que sí, pobre Rakel pero tú pon atención a la carretera, nos vamos a matar.- Laura repetía y repetía la misma frase “pobre Rakel, llegamos tarde, nos está esperando”. El coche se inclinaba en las curvas estampándome la cara en la puerta del copiloto. Llegamos a casa de Nury, ella ya estaba esperándonos en su portería. Cuando se subió al coche nos dijo que Rakel la acababa de llamar preguntando si íbamos a tardar mucho.
- ¡Ya vamos Rakel! – gritó Laura y salimos a velocidad de cohete. No paraba de repetir el discurso.
- ¡Cuidado Laura con los saltos! – Dijo Nury. Iríamos a unos 60 km/h en el centro de la ciudad. El ayuntamiento hacia poco había puesto unos badenes para que los conductores redujeran la velocidad en los pasos de viandantes, pero Laura parecía que ignoraba cuál era su uso-.
- ¡FRENA LAURA, FRENA, AAAAHHHHHH! – La conductora no nos hacía caso y acelero más. Nury y yo comenzamos a gritar esperando el gran salto, parecía una atracción de feria. En el salto, Laura también se unió a nosotras en el grito. El coche salió disparado por los aires como sólo se ven en las películas, las ruedas quedaron sin agarrarse al asfalto. Cuando los neumáticos tocaron el suelo los ocupantes rebotamos en los asientos -.
- ¡ESTAS LOCA LAURA, NOS VAMOS A MATAR! – A Nury casi se le caían las lágrimas del miedo, yo le di un manotazo en el hombro y le di una charla sobre la conducción responsable.
Al llegar –sanas y a salvo- aparcamos el coche cerca de donde habíamos quedado. Raquel nos estaba esperando con cara de aburrimiento y sentada en un banco, la saludamos y le pedimos disculpas por el retraso, también le contamos que había estado a punto de darnos un ataque en el corazón a casusa de la temeraria conductora. Nos fuimos a tomar unas cervezas.
Después de hablar de penas y desgracias en el bar fuimos a cenar a un restaurante Italiano, no muy elegante, pero se comía muy bien y a un precio económico. Nos lo pasamos muy bien durante la cena dejando atrás los problemas, aunque yo todavía no me quitaba de la cabeza la historia de los vampiros, mi conclusión era que estaba demente, debía de dejar de leer historias por un tiempo.
- Lluna, ¿has escuchado lo que hemos dicho? – Raquel me estaba hablando, pero no sabía de qué.
- Perdona, ¿qué decíais?
- Que podríamos ir a bailar un rato al Paradise, hace tiempo que no pasamos por allí.
- Sí, sí, me parece bien.
- ¿Qué te pasa Lluna? Estás muy distraída esta noche, parece que tengas la cabeza puesta en otro sitio. –Dijo Nury
- Nada, no sé. – nada, que me parece que me estoy volviendo loca.
- Yo sé lo que le pasa – respondió Raquel – está enamorada, mirar cómo le brillan los ojos de felicidad.
- No hay ningún chico, de verdad, no me pasa nada. – Ninguna de las tres se creyó lo que dije, pero no les podía decir la verdad, pensarían que estoy chiflada. – el brillo que tengo en los ojos es porque soy así de guapa – dije moviendo mis pestañas arriba y abajo.
- Si claro, si no nos lo quieres contar no pasa nada, pero no nos mientas. Tú tienes un hombre en tu vida. –Laura también pensaba lo mismo.
Después de un rato de interrogatorio por el novio fantasma, fuimos al Paradise a bailar. La música me distrajo bastante, me dejé llevar por el ritmo y sólo pensaba en las letras de las canciones. El local era muy grande, pero había mucha gente y todos bailábamos pegados, comenzó a sonar la canción Can’t take my eyes off you, definitivamente los años 80 volvían a estar de moda. Hacía muchísima calor pero por mi columna sentí frio, como un cubito de hielo cayendo por mi espalda. Me quedé en shock, esa sensación sólo la notaba cuando veía a los causantes de mi locura – y, efectivamente- allí, a 2 metros de distancia, estaban ellos y, al segundo después, desaparecieron. Estaba petrificada en el sitio, mi enajenación mental estaba llegando demasiado lejos. Mis amigas no notaron mi reacción, no les quería preocupar, así que les dije que iba a la barra a buscar una bebida, así podría poner en orden mis pensamientos.
Me senté en un taburete lejos del bullicio de la gente ¿Qué me estaba pasando?, la saga Crepúsculo me gustaba mucho, pero no era una obsesión tal como para crearme un desequilibrio mental. Por mi cabeza comenzó a pasar una lista de diferentes enfermedades psíquicas, tenía delirios y otra vez los estaba volviendo a tener. Las dos vampiras y el vampiro se situaron enfrente, los ojos se me abrieron como platos y mi cuerpo se puso rígido, cerré los ojos esperando que al abrirlos hubieran desaparecido, sentí una ráfaga de aire a mí alrededor. Al abrir los ojos no solo habían desaparecido, sino que ya no me encontraba en el mismo lugar, estaba en el otro extremo de la discoteca, cerca de las puertas de la terraza. Miré a mí alrededor y los vampiros se encontraban ahora detrás de un chico moreno muy alto, a quien la vampira con el pelo corto negro empujó y chocó contra mí, haciéndome perder el equilibrio. Cerré los ojos esperando una gran caída, la cual nunca sucedió porque unas manos sujetaron mi cintura impidiendo el desplome. No quería abrir los ojos y volver a ver esas visiones que ahora se habían vuelto agresivas, cada vez mi locura iba a peor, tenía miedo.
- ¿Chica, estás bien? - el chico que me estaba sujetando me estaba hablando con la voz más dulce que nunca había oído.
- No – mi voz sonó temblorosa, seguía con los ojos cerrados.
- ¿Te puedo ayudar? – Qué amable, qué pronto me soltaría la cintura si supiera que era una loca que tenía alucinaciones. –estás temblando, ¿Qué te pasa?, ¿necesitas algo?- , estaba muerta de miedo.
- ¿Puedes hacer que desaparezcan los vampiros? – ahora era el momento en el que el chico me soltaba, iba avisar a los porteros de la discoteca para que llamaran a una ambulancia, y seguramente, pensaran que sufría sobredosis de drogas alucinógenas. Pero no pasó, en vez de salir corriendo me agarró más fuerte y me acercó a su cuerpo, pude sentir como sus manos temblaban.
- Te juro que he intentado que desaparezcan muchas veces, pero son muy insistentes- soltó una risa nerviosa, su aliento llego a mi cara, era un olor muy dulce. - ¿había entendido él mi pregunta?, ¿había escuchado bien su respuesta?
Esa cariñosa voz me tranquilizó, me sentía muy segura en los brazos de ese chico, no quería abrir los ojos y encontrarme de nuevo con la realidad, pero estaba intrigada en conocer al chico al que había confesado mis alucinaciones y no había salido corriendo.
Relajé los parpados y poco a poco abrí los ojos, me encontré a unos 50 centímetros de la cara del chico. Él tenía el rostro más bello que nunca había visto. Su sonrisa era preciosa, adornada con unos perfectos y blancos dientes que contrastaban con su piel morena. Lo siguiente en que me fijé fue en sus ojos oscuros, preciosos, brillantes y mágicos. En ese preciso momento, me di cuenta que nunca podría quitar mis ojos de él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)