viernes, 6 de mayo de 2011

23. Por el interés...

Nuevo capítulo, espero que os guste a todas. Muchísimas gracias, estoy súper contenta, está historia ya cuenta con 50 seguidoras, muchísimas gracias otra vez por ser como sois y darme ánimos en cada comentario. Os quiero un montón y no os podéis ni imaginar lo feliz que soy de a veros conocido.


Un besazo enorme Áuryn



Llegamos a casa antes de lo que deseaba; el tiempo, junto a Jacob, me pasaba volando. Aunque la idea no le hizo mucha gracia, le dije que me acompañara dentro de casa para saludar a mis padres.



Antes de entrar le pregunté porque se sentía tan incómodo, me contestó que era porque no le gustaba las contestaciones de mi padre, le dije que no se preocupara, que ya me encargaría yo de que no pasara eso.



Entramos al salón y estaban mis padres viendo una película del programa cine de barrio, parecían un par de abuelos, sólo faltaba que mi madre hiciera ganchillo. Los saludamos y nos sentamos con ellos en el sofá.



- Vaya fiesta tenéis montada. – Les dije cuando vi los ánimos que habían.



- ¿Qué quieres que hagamos? Estamos los dos solos.- Dijo mi padre grotescamente.



- Es que hoy hacía mucho frío y no nos apetecía salir. –Contestó mi madre.- ¿Tú no tienes frío, Jackson?



- No, he encendido la calefacción en el coche y me he quitado la chaqueta. – Le dijo nervioso.



Miré a Jacob, iba en manga corta. Posiblemente hoy hiciera frío, normal a finales de octubre, aunque yo no lo había notado estando con Jacob todo el día a mi lado, hasta creo que hoy en su cuarto había sudado más que en pleno Agosto.



- ¿Y no tienes un jersey?- Insistió mi madre.



- No, me lo olvidé en casa.



- Cualquier día olvidarás la cabeza… o a mi hija. – Le contestó mi padre sin apartar la vista del televisor.



Casi vi como los puñales iban en dirección a Jacob. Le di una mirada de advertencia a mi padre, me miró, agachó la mirada y siguió viendo la película.



- ¿Jackson te quedas a cenar? – Le preguntó mi madre.



- No quiero molestar.



- No es ninguna molestia. Lluna, acompáñame a preparar la cena. -Dijo mi madre.

Nos levantamos del sofá y fuimos a preparar la cena.



- Voy a hacer sopa y unas croquetas. ¿Le gustará a Jackson o preparo otra cosa?



- Eso está bien. Mamá, voy al salón, no me gusta que estos dos estén solos.



- Ellos dos estarán bien, se tienen que conocer. Pero si te vas a quedar más tranquila estando con ellos, ve.



Ni le contesté, fui a paso apresurado hasta el salón y era cierto, Jacob estaba conociendo algo a la perfección, no a mi padre, sino el complicado guión de Paco Martínez Soria. Me senté a su lado e intenté romper el hielo con un tema de interés común para los dos.



- ¿Papá, has visto hoy el programa de automoción?



- No, pero lo he grabado, si quieres lo podemos ver ahora, si a Jackson no le importa.- Dijo con tirria, otra vez los cuchillos volaron dirección a Jacob.



- Seguro que no le importa, es un apasionado del mundo del motor y un entendido en mecánica. – Le contesté a mi padre presumiendo de novio.



- ¿Eso es cierto, chico?- Le preguntó mi padre ingenuo de esa habilidad.



- Bueno, algo entiendo.



- ¡No seas modesto! ¿Sabías que construyó su primer coche pieza por pieza?



- Eso está muy bien, entonces no te importará darle un vistazo a mi coche y decirme que le pasa.



- No es ninguna molestia. – Le contestó relajado y seguro de sí mismo.



Nos levantamos los tres del sofá al mismo tiempo y fuimos hasta el garaje. Encendí las luces y mi padre abrió el capó del coche.



- ¿Qué le pasa?- Le preguntó Jacob a mi padre mientras echaba un vistazo al motor.



- El otro día fui al taller porque hacía tiempo que me patinaba el embrague. El mecánico me dijo que había que cambiarlo, pero todavía no ha hecho ni la mitad de kilómetros que tenía que hacerle para cambiarlo.



Jacob, después de un rato de inspeccionar el motor le pidió las llaves a mi padre y lo puso en marcha. Mi padre abrió la puerta del garaje y salimos los tres a dar una vuelta con el coche para ver si lo que había dicho el mecánico era cierto o no. Fuimos hasta la carretera y Jacob aceleró al máximo el motor y a subir y bajar marchas. Cada vez que raspaban las marchas o costaban meterlas mi padre le decía “¡ves, ves, a eso me refiero!”. Después de unos kilómetros Jacob dio media vuelta y fuimos dirección a casa.



- Manuel, siento decirle que le han querido estafar. –Le dijo Jacob cuando llegamos a casa.



- ¿Por qué?- Le preguntó mi padre mientras cerraba la puerta del garaje.



- No hay que cambiar el embrague, lo único que hay que hacer es tensar el pedal de éste. Si quiere, mañana cuando traiga a Lluna de trabajar, lo podría hacer yo.



- Pues me harías un gran favor, no me fío de llevarlo otra vez al mecánico ese.

A los pocos minutos vino mi madre a buscarme para que pusiera la mesa. Cuando terminé de ponerla fui a buscar a Jacob y a mi padre que hablaban animadamente en el garaje.



Cenamos viendo el programa de automoción, así que no hubo problema en elegir un tema de conversación. Terminamos de cenar y entre los cuatro recogimos la mesa, después nos sentamos en el sofá para continuar viendo el programa. Una vez finalizó, Jacob se despidió de mis padres antes de irse a casa.



- Muchas gracias por la cena. Mañana vendré a arreglar el coche. – Le dijo a mi padre mientras le estrechaba la mano.



- Si tienes alguna otra cosa que hacer no te preocupes, ya lo arreglaras otro día o lo llevaré a otro taller. – Creo que mi padre le dijo esto para no parecer demasiado desesperado pero, en realidad, estaba deseando que aceptara.



- No se preocupe, mañana por la tarde arreglaremos el embrague y otras cosillas que he visto que habría que cambiarlas.




Después que mi padre le hiciera “la pelota” descaradamente a Jacob, lo acompañé para despedirme.



- No es necesario que arregles el coche de mi padre sólo para darle buena impresión. –Le dije cuando salimos del portal de casa.



- Ya lo sé, - dijo no dándole importancia- pero funciona.



- Bueno, tú sabrás. – Sonrió y me abrazó por la cintura, dejando apoyada su cabeza en mi hombro.



- Te echaré a faltar esta noche. –Dijo pegando sus labios en mi cuello, haciéndome cosquillas.



- Yo también. Me parece que es la primera vez que deseo que sea lunes por la mañana.



Estuvimos un buen rato abrazados y besándonos, después nos dedicamos a mirarnos mientras él acariciaba mis mejillas y yo su nuca. No nos hacían falta las palabras para decirnos lo mucho que nos amábamos, sus ojos me decían todos los te quiero que necesitaba para saber que me quería. Podía pasar horas, incluso días así, con sentirlo a mi lado ya tenía suficiente.



- Es tarde y debería irme a casa, tienes que descansar, mañana trabajas.



- Cinco minutos más. –Le dije en un susurro, rozando mi nariz con la suya.

Sus besos suaves me dieron a entender que le parecía buena idea. Quizá pasaron los cinco minutos acordados, quizá fueron más, pero para mí seguían siendo insuficientes.



- Buenas noches. –Dijo besando mi frente, me abracé fuerte a su cintura para que no se fuera todavía. –Si no me voy ya, estaré tentado a escalar hasta tu ventana y pasar contigo la noche.



- ¡Estás loco!- Le dije deshaciendo mi abrazo y retrocediendo un paso.- ¡Si nos descubriera no volverías a entrar en esta casa!



Aunque hoy Jacob había hecho grandes avances con mi padre, no podía poner un pie en falso porque, si no, sería como retroceder al principio, o peor. Jacob se rió de mi actitud alarmista, me dio un beso rápido y se despidió dándome la espalda.



Me quedé parada, lo había hecho a propósito para no seguir insistiéndole y que me fuera a descansar.



- ¡Eres un tramposo!- Le dije en voz alta y chistosa.



- No, lo que soy es ingenioso. Mañana te paso a buscar. – Se despidió con la mano, saltó la verja de casa y se fue.



Entré riendo a casa, aunque en el fondo de mi corazón sentía tristeza por no estar con Jacob. Yo siempre había sido una chica bastante independiente, que necesitaba su espacio y que le gustaba la soledad; ahora, sentía que no podía vivir sin él, porque Jacob era quien me completaba, quien me daba felicidad y las ganas de vivir, sin él me sentía vacía. Por suerte, mañana lo volvería a ver.

Fui al comedor y me quedé mirando a mi padre que seguía viendo la tele, me senté a su lado en el reposabrazos del sillón.



- Papá, ¿cómo era el dicho ese por el interés…?



- Te quiero, Andrés. – Respondió a mi pregunta sin apartar la vista del televisor.



- No. Ahora es: por el interés te quiero, Jackson.



- ¿Qué insinúas?- Dijo girándose y mirándome con una ceja alzada.



- Nada, nada. Voy a deshacer la maleta y acostarme, buenas noches.- Le dije dándole un beso en la frente.



Fui a la cocina y ayudé a mi madre a preparar los tuppers con la comida del día siguiente. Cuando terminamos, le deseé buenas noches, cogí la maleta y subí a mi cuarto a deshacer el equipaje.

Lo primero que hice al llegar a la habitación fue sacar de la caja el precioso vestido que me había regalado Alice. Cada vez que lo veía me parecía más precioso. Olí la prenda y el olor a rosas me llenó de bellos recuerdos. Cerré los ojos y hermosas imágenes vinieron a mi cabeza, porque nunca podría olvidar como me hizo sentir en sus brazos, haciéndome suya, sintiéndolo dentro de mí… Abracé el vestido y pasé las manos por donde habían pasado las suyas cuando lo llevaba puesto, una risa tonta salió de mis labios cuando mis dedos tocaron la cremallera, sentí un cosquilleo en mi espalda al recordar como el vestido cayó al suelo, dejándome desnuda a los ojos de Jacob...



- Lluna, ¿qué haces? – Preguntó mi hermana parada en el marco de la puerta.



- Hola Olga… ¿ya estás aquí?- Le dije nerviosa, me había metido tanto en el papel que parecía que estaba reviviendo aquel momento con Jacob a mi lado.



Olga entró en mi habitación y se sentó en la cama. Me preguntó por el vestido, le dije que me lo había regalado una compañera de Jackson. Guardé el vestido en el armario y seguí deshaciendo la maleta.



- ¿Cómo van las reformas del piso?- Le pregunté a mi hermana.



- Parece que nunca van a terminar, cuando arreglamos una cosa sale otra que hay que arreglar.



Olga y Javier habían comprado un piso en el centro hace poco más de un año. El piso era muy espacioso pero estaba para reformar entero, era la única forma que tenían de adquirir una propiedad. No quisieron nuestra ayuda para reformar la vivienda pero, al parecer, con todos los preparativos de la boda, el tiempo se les estaba echando encima.



- Si queréis, el fin de semana siguiente os podríamos echar una mano.



- Ya sabes que no me gusta, papá se pone a mandar y mamá quiere hacer todo a su manera. – Esto era bien cierto.



- Pues iremos Jackson y yo. –La idea le gustó.



- Nos haríais un gran favor, hay que quitar todas las baldosas del baño y la cocina. – En su voz se podía escuchar la súplica.



Espero que no le molestara a Jacob porque en menos de 5 minutos ya había planeado nuestro próximo fin de semana. Seguí guardando la ropa que no había utilizado.



- ¿No has utilizado el pijama?- Me dijo Olga con una sonrisa pícara cuando saqué éste de la maleta, negué con la cabeza. - ¡Eres una cochina!



- ¿Cochina? He pasado el fin de semana más romántico de toda mi vida.



- ¿Cómo de romántico?



- Preparó una cena especial en el salón, enfrente de la chimenea. Su habitación la adornó con una alfombra de pétalos de rosa y velas por todos los rincones. Después me llevó directamente al cielo.



- Pues sí que es romántico.



- Y más tarde nos expulsaron del cielo por lujuriosos.



- ¿Lo ves? Eres una cochina. – Dijo lanzándome un cojín de la cama. Envidiosa. – Me voy a dormir, hasta mañana.

Olga salió de mi habitación y después terminé de guardar toda la ropa. Me puse el pijama que no había utilizado. Me fui a la cama añorando a Jacob y deseando dormir para volverlo a ver a la mañana siguiente.