viernes, 8 de abril de 2011

20- I was made for loving you (Fui hecha para amarte)

Buenas!!!! Pues aquí está el capítulo de hoy Viernes. Tengo que avisar que este cap tiene un pelín de lemmon, si os asusta lo que leéis decírmelo para el próximo resaltarlo de otro color los momentos XXX. Besuquis, que disfrutéis de la lectura y, como siempre, gracias por todo el apoyo que me dais con vuestros comentarios.




Antes de llegar al coche, Jacob se agachó para que bajara. Le entregué la mochila, se escondió detrás de unos árboles y salió convertido en su cuerpo humano. Cuando llegamos, me quité las deportivas, la chaqueta y me puse los botines. Nos metimos en el coche y puso rumbo a casa de los Cullen. Aparcó en la puerta de casa y bajamos. Cuando entremos en el salón, todos los Cullen me dieron una gran bienvenida, me sentí totalmente acogida por esa familia.

- ¿Qué habéis hecho en el bosque?, ¡eh!- Le dijo Emmet a Jacob dándole con el codo en el brazo.

- Pues dar un paseo y comer, ¿porqué? – Le contestó Jacob. Emmet se acercó a mi lado y me tocó la cabeza.

- Tenéis que ser más discretos. – Dijo enseñándome una hoja que tenía en el pelo, no se hicieron esperar las risas.

Me toqué la cabeza, tenía todo el pelo revuelto y enredado, lleno de hojas y ramitas. Jacob me acompañó a su cuarto de baño en donde me aseé, me quité parte de la vegetación que había robado al bosque e intenté desenredar y peinar el pelo. Me pareció que el espejo era más grande que la otra vez. Cuando bajamos todos los Cullen estaban sentados en los sillones, esperándonos, fuimos con ellos. Comenzó hablar Carlisle.

- Lluna, en nombre de todos te quiero dar la bienvenida a esta casa que ahora es también la tuya. Antes de comenzar a explicarte cómo irán las cosas, ¿quieres continuar con esto?

- Por supuesto. - Le contesté apretando la mano de Jacob. Cuando lo miré, en sus ojos no había rastro de la alegría de esta tarde.

- Bien, quiero que sepas que te expones a ciertos peligros, pero no debes preocuparte, todos nosotros te cuidaremos para que no pase nada. Alice estará vigilando cualquier decisión de los Vulturis. – La mano de Jacob comenzó a temblar con sólo escuchar ese nombre. – Recibimos visitas de ellos dos o tres veces al año. Como nos acabamos de mudar, no creo que la recibamos hasta dentro de tres o cuatro meses para que verifiquen que nuestro secreto está a salvo. Cuando esto ocurra, romperás cualquier tipo de comunicación y contacto con nosotros, incluido con Jacob. Cuando ellos regresen a Volterra y Alice verifique que Aro está conforme con lo que le dicen sus enviados, todo volverá a la normalidad.

- Pero es mucha responsabilidad para Alice. No quiero que pases todos tus días de vigilante y amargarte la vida. –Le dije

- No te preocupes, estoy acostumbrada hacer esto. Estate tranquila, no he fallado ninguna vez. –Dijo lanzándome una sonrisa.

- Entonces, cuando vengan los Vulturis, mientras vosotros estáis jugándoos la vida por mí, lo único que debo hacer yo es estar alejada, sin saber si el plan está funcionando o no. ¿Es eso? – Les dije molesta. ¿Cómo demonios iba a saber yo que todo iba bien? ¿Qué sus vidas y la mía no corría peligro alguno?

- Lluna, vienen a investigarnos, nosotros estaremos vigilados las 24 horas del día. Observan todos nuestros movimientos, palabras, actitud… No podremos tener ningún tipo de contacto contigo, eso nos delataría y estaríamos en riesgo. – Dijo Edward.

- ¿Cómo sabré si el plan está funcionando?

- Si cuando pasen unos días sigues viva, es que todo está saliendo a la perfección. – Contestó Rosalie. Jacob le gruñó y comenzó a temblar más fuerte.

- ¿Cuántos días serán? –Quería saber cuánto tiempo tendría que vivir con esa tortura.

- Cuando tomen la decisión de venir comenzaremos con esta farsa. Tendremos el tiempo suficiente para borrar tu olor de esta casa y los alrededores. Después de que ellos hagan la visita y vayan a contarle a Aro, me aseguraré que todo ha salido bien y podremos volver a retomar nuestra vida cuotidiana. No creo que todo este proceso dure más de una semana. – Dijo Alice. ¿Una semana?, ya me estaba poniendo nerviosa de sólo imaginarme cómo sería la espera.

- Hay una solución para que no tengamos que escondernos de nadie. –Dijo Emmet, todos nos quedamos mirando, menos Edward que se tocó el pelo y negaba con la cabeza – Si fueras convertida no tendríamos que hacer nada. No me importaría tenerte como hermanita.

No sé qué mirada fue más letal, si la de Jacob o la de Rosalie. Ni siquiera me planteé esa sugerencia, no creo que mi relación con Jacob funcionara. Él ya había tenido una “relación” con un ser medio vampiro y humano. Dudaba que fuera a funcionar con un vampiro 100%. ¿De qué me valía perder todo lo que tenía ahora sino podía pasar el resto de la eternidad con él?

- Estamos esperando que nos lleguen unos teléfonos. Te daremos uno a ti y otro a Jacob para que os podáis comunicar tranquilamente cuando no estén los Vulturis. Son móviles donde no quedan registradas las llamadas, así no habrá peligro de que vean que él está teniendo una relación con alguien de fuera de esta familia. ¿Tienes alguna duda Lluna? – Dijo Carlisle.

- No… - Nos quedamos todos en silenció, hasta que volví hablar. No sabía si quería saber la respuesta, pero era necesario. - ¿Qué tipo de castigo nos podríamos enfrentar si sale mal todo lo que hemos planificado? – Le pregunté a Carlisle

- Pueden suceder muchas cosas, pero ninguna es segura. Podríamos morir todos por no cumplir las leyes, podrían darnos una oportunidad y ofrecernos lo mismo que cuando pasó con Bella y obligarnos a convertirte… No lo sabemos y esperamos nunca saberlo si todo resulta cómo lo hemos planificado.

- ¿Mi familia se vería involucrada? – Pregunté en un susurro, si la simple idea de ver sufrir a los Cullen ya me dejaba sin aliento, la de ver a mi familia en esa situación no me la podía ni imaginar.

- Si nadie de tu alrededor sabe nada de nuestro secreto, no les tiene porque pasar nada.

Dejé la cabeza apoyada en el respaldo del sofá y cerré los ojos, asimilando todo lo que me acababan de decir. Ahora entendí lo que me dijo ayer Jacob sobre que se sentía un egoísta. Si algo salía mal, estaríamos todos en peligro, tenía que mantener bien a salvo el secreto de Jacob y los Cullen para que nadie de mis allegados sufriera las represalias de los Vulturis.

Los Cullen estaban en grave peligro por mantener nuestro secreto a salvo de los Vulturis, pero, aunque detestaba todas esas ideas y no quería que a nadie le ocurriera nada malo, no podía hacer nada. La única solución que había era separarme de Jacob para siempre, pero me era imposible. Estuvimos sólo unos días distanciados, pensando que jamás nos volveríamos a ver, lo hicimos por la seguridad de todos, pero cuando pensamos en el daño que nos estábamos haciendo y que el dolor del corazón sólo se nos curaría si estábamos juntos, dejamos los demás a un lado y todos los problemas y nos centramos en nuestro amor. Las consecuencias por mantener esta relación podrían ser nefastas para todos, pero la idea de separarme de Jacob me era imposible de soportar.

Jacob se levantó del sofá y desapareció por la puerta de la cocina sin decir a nadie nada. Bella y yo nos miramos y nos pusimos en pie para ir detrás de él. Edward le impidió el avance a Bella y la sentó junto a él, yo seguí con mi marcha. Entré en la cocina que estaba totalmente a oscuras, no sabía dónde se encontraba el interruptor de la luz, avancé guiándome con las manos por la pared. Al final de la cocina vi la figura de Jacob que estaba sentado en el suelo con la cabeza entre las piernas, me acerqué y me senté junto a él, dejando la cabeza apoyada en su hombro. Escuché como absorbía por la nariz y se limpió las lágrimas con la manga de la camiseta. Sabía perfectamente cómo se sentía, porque yo estaba igual, pensando sobre las consecuencias de nuestra relación. Teníamos que dejar atrás esos pensamientos. Me puse en pie y ayudé a Jacob a levantarse, cuando lo tuve de frente y vi sus ojos oscuros sin brillo me aterraron.

- ¿Nos vamos?- Le dije tendiéndole la mano.

- Vámonos. – Contestó con la voz apagada y entrelazando nuestras manos.

Nos despedimos de todos los Cullen y pusimos rumbo a casa. Ninguno dijo palabra en todo el trayecto, tampoco tuve el valor para mirar sus ojos llenos de tristeza. Tenía que arreglar como fuera esta situación, teníamos que olvidar todos esos pensamientos, y conocía el sitio perfecto para hacerlo. Aunque la tarde estaba completamente gris, sería una preciosa puesta de sol anaranjada.

- ¿Te gustaría que antes de dejarme en casa viéramos el atardecer como ayer? - Le pregunté

- No creo que podamos ver las estrellas. – Dijo con un hilo de voz.

- No importa.

Aparcó el coche en el mirador y nos dirigimos en silencio a mi pradera. Cuando llegamos, Jacob fue a sacar la esterilla pero lo paré.

- Jacob, sé perfectamente cómo te sientes.

- Lo dudo –Me respondió con una risa amarga.

- Sé que estás recapacitando sobre nuestra relación y los problemas que acarrea mantenerla. – Jacob se apartó, una espina se clavó en mi corazón al decir en voz alta lo que realmente pensaba Jacob.

- Soy demasiado egoísta para hacer lo que estoy pensando.

- Lo somos. – Jacob, desconcertado, me miró. Le cogí las dos manos, poniendo sus palmas hacia arriba. Me agaché al suelo y recogí varias piedras. - Nuestra relación tiene muchos inconvenientes y problemas. – Le dije dejando las piedras más pequeñas en una de sus manos. – Pero lo nuestro es más fuerte que todo lo demás. – Le dije poniendo la piedra más grande que había cogido en la otra mano, inclinando la balanza. – Ahora, quiero que lances todos los problemas, que nos olvidemos de ellos, sé que regresarán, pero hasta que no lleguen podemos disfrutar de nuestro amor.

Jacob miró sus manos, guardo la piedra grande en su bolsillo y lanzó las demás con fuerza, olvidándose de todos los problemas. Después se agachó al suelo y cogió unas piedras e hizo lo mismo; me puso unas pequeñas en una mano y en la otra una grande. Me guarde la grande y con un grito lancé las demás. Después, nos abrazamos. Éramos dos puros egoístas que no podían vivir separados y, aunque sabíamos que poníamos vidas en riesgo con nuestra relación, seguíamos juntos. No es que no nos importaran los demás, es que no podíamos asimilar ni concebir el estar separados.

Vimos el atardecer, el cielo pasó del gris oscuro a un color naranja rosado; después, pasó al negro. No veía nada, sólo los ojos y la sonrisa de Jacob brillar en la noche, pero con eso me bastaba. Casi sentí como una piedra de las que había tirado me daba en la cabeza, recordándome que el problema de hablar con mi padre estaba presente.

- Tengo que ir a casa. – Le dije a Jacob y dejé salir un suspiro.

Me puse a caminar, pero estaba tan oscuro, que no sabía si estaba yendo por el camino correcto o me estaba dirigiendo hacía el barranco. Jacob se dio cuenta de mi torpeza y me cargó en sus brazos. De camino al coche, me entretuve dejando besos en el cuello de Jacob.

Llegamos a casa, Jacob me dijo que más tarde me llamaría desde una cabina para saber si había solucionado el problema. Entré con miedo, esperándome encontrar con la cara larga de mi padre, por suerte, todavía no había llegado. Fui a la cocina donde se encontraba mi madre, la pillé con las manos en la masa, y nunca mejor dicho, estaba preparando croquetas para cenar. Le abracé y ella besó mi mejilla con gran ternura. Le pregunté por mi padre, me dijo que llegaría para la hora de la cena. Después, ella comenzó con el interrogatorio sobre lo sucedido ayer, aunque estaba contenta por mi reconciliación con Jacob, quería saber que era lo que había ocurrido.

Le ayudé a preparar la cena, esta noche sólo estaríamos nosotros tres, Olga ya se había marchado a pasar el fin de semana a su piso con Javier. Poco después de poner la mesa llegó mi padre, entró en la cocina y saludó a mi madre, a mi ni siquiera me miró, se dio media vuelta y se fue.

- ¡Manuel, la cena ya está lista! – Le gritó mi madre.

- ¡Voy a ducharme, no tengo hambre ahora! – Dijo con tirria.


Cené con mi madre, sabía que mi padre no iba a bajar hasta que yo no me fuera de la cocina, y así fue; en cuanto fui a mi habitación y cerré la puerta, escuché como bajaba él las escaleras. Me sentí irritada, nunca había tenido un problema así con mi padre, estaba actuando como un niño pequeño que tiene una rabieta, no tenía ni idea de cómo solucionar esto.


Encendí el ordenador y miré el correo. Todas mis amigas habían contestado el e-mail felicitándome por mi reconciliación con Jacob, habían dicho de quedar a comer al día siguiente y celebrarlo. Les contesté a todas confirmando que me iba bien quedar, tenía muchas ganas de contarles a ellas cómo fue todo.

Miré la caja que tenía enfrente del escritorio. Era una preciosa caja de madera rojiza en forma de corazón, con relieves de madera clara que la hacían aún más preciosa. Nunca supe que guardar dentro, siempre la mantuve vacía pensando que algún día guardaría algo importante y, ese día, llegó hoy. Saqué del bolsillo del pantalón la piedra que representaba nuestro amor y con un beso la guarde dentro. Allí estaría seguro, nuestro amor estaría a buen recaudo siempre que lo cuidáramos.

Antes de meterme en la ducha me depilé a conciencia, ahora que tenía pareja tenía que estar preparada para cuando llegaran los momentos íntimos. Me duché con agua fría para mitigar el calentón que tenía. Cuando terminé me sequé, desenredé el pelo y me puse la ropa interior; fui a ponerme el pijama pero mi madre lo habría puesto a lavar. Cuando salí del cuarto de baño fui al armario para buscar algo para ponerme. Escuché como picaban, abrí la puerta, esperándome encontrar a mi padre, pero no había nadie, cuando la volví a cerrar y me giré vi que Jacob estaba fuera de la ventana, dándome un susto de infarto. Fui corriendo abrirle, cuando entró la cerró, yo salí disparada a poner el pestillo a la puerta de mi habitación, como entrara mi padre en este momento nos iba a caer una de bien grande.

- ¿Qué haces aquí? – Le dije en voz baja mientras me acercaba.

- Te he estado llamando para ver si habías hablado con tu padre, pero me salía que el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura y, como estaba cerca de tu casa, he decidido venir aquí. – Jacob no paraba de tartamudear y desviar su mirada- Como no sabía si me iban a dejar pasar, cuando he escuchado que estabas en tu cuarto, he subido por el árbol hasta tu ventana y… y perdona, pero no sabía que… que estabas desnuda. – Jacob, colorado, cerró los ojos cuando dijo esto.

Fui a vestirme, aunque a mí no me importaba que él me viera en ropa interior. Me puse lo primero que encontré, aunque no hacía tiempo de ponerse un camisón corto de tirantes, me pareció muy sexy. Me excitaba mucho ver como se sonrojaba cada vez que me ponía sensual. Miré mi móvil y, efectivamente estaba apagado, se había quedado sin batería. Me senté en la cama e invité a Jacob a que se uniera conmigo, crucé las piernas, su mirada fue a parar a los muslos donde terminaba el vestido, nuevamente se sonrojó y apartó la mirada, haciéndome reír. Mis padres estaban en el piso de abajo pero no temía que entraran, el pestillo estaba puesto, si quería entrar alguien, antes les tendría que abrir, y Jacob tendría tiempo de salir huyendo por la ventana.

- ¿Has solucionado el problema con tu padre? – Me preguntó aún sonrojado.

- No he tenido oportunidad, pero no quiere hablar conmigo, ni siquiera me ha mirado cuando ha llegado a casa. Tampoco ha querido cenar, hasta que no he subido a la habitación no ha bajado él a cenar. – Le dije, Jacob suspiro.

- Ya verás como todo se solucionará. –Dijo sonriendo y dándome ánimos- ¿Sabes tocar?- Me dijo señalando la guitarra.

Me levanté, la cogí y me senté a su lado.

- ¿Alguna petición?

- La dejo a tu gusto.

Estuve un rato pensando que canción le gustaría. Me crucé de piernas para apoyar mejor la guitarra, su precioso sonrojo al ver mis piernas me dieron una pista para saber que cantar. En toda la canción los colores de Jacob no disminuyeron, su sonrojo cada vez me estaba resultando más sexy.


Cuando terminé de cantar, dejé la guitarra en la cama y me lancé a besar apasionadamente sus labios. Estaba excesivamente caliente, lo empujé para que quedara tumbado en la cama y me senté a horcajadas sobre sus caderas. Mis labios no paraban de moverse al compás de los suyos, abriendo nuestras bocas para que jugaran con pasión nuestras lenguas, que no hicieron otra cosa que hacerme enloquecer más. Le quité la camiseta que tanto me estorbaba, Jacob me cogió por la cintura y levantó la espalda de la cama para que se la quitara mejor, cuando hizo esto, nuestras caderas chocaron pudiendo sentir su dura excitación, gémimos a la vez. Sus manos pasaron por debajo del vestido y me agarró con fuerza los muslos, empujándome más a su excitación; cuando los dejó de empujar y los empezó a acariciar, comencé yo a mover rítmicamente mi pelvis. Sus labios dejaron mi boca para dedicarse a mordisquear mi cuello, arañé su espalda dejando salir todo el deseo. Sentía como mi intimidad cada vez estaba más empapada, rogando calmar el deseo de sentir algo dentro. Cuando Jacob dejó de besar mi cuello, selló mis labios por los cuales no dejaban de salir gemidos con un beso apasionado que me excitó a límites insospechados. Empujé su pecho y lo tendí en la cama. Bajé a besar sus pectorales y abdomen. Sus manos ya no llegaban a acariciarme el trasero, se las cogí y las puse en mis pechos los cuales estaba deseando que tocara. Sus dedos rozaron mis pezones duros a través de la ropa del sostén y tuve que morderle para ahogar el grito de placer. Ya no podía aguantar más, sentía mi vagina palpitar, gritando, invitando a que sintiera el miembro de Jacob. Comencé a desabrochar su pantalón, su ropa interior ya estaba mojada, Jacob estaba tan excitado como yo. Rocé con la yema de los dedos su duro miembro, preparado para la acción. Quise quitarme el camisón para sentir toda su piel junto a la mía, pero me lo impidió, me cogió fuerte por las manos y pegó mis brazos a los costados, impidiendo que los moviera. Quise preguntarle porque hizo esto, pero estaba tan excitada que no pude, mi respiración estaba tan desbocada que no me permitía hablar. Me hizo a un lado y se sentó en la cama dándome la espalda.

- Lo siento, Lluna, no puedo continuar escuchando a tus padres en el piso de abajo.

- No te preocupes, la puerta está cerrada con pestillo, no van a entrar. – Le dije acercándome y besándole el cuello. Por un momento pensé que lo había convencido para terminar lo que habíamos comenzado pero, nuevamente, me rechazó.

- No me preocupa eso, es que yo… yo… soy virgen.

- ¿Cómo? – Tapé mi boca cuando las palabras salieron solas.

- Lo sé, suena patético. – Dijo Jacob tapándose la cara- Tengo 32 años y soy virgen, pero es que nunca he tenido una relación con una mujer como la tengo ahora contigo. Cuando estaba en la edad del despertar de la sexualidad, me enamoré perdidamente de Bella, pero claro, tenía la gran competencia de Edward y no pudo ser. Después quedé imprimado de Nessie, ella sólo era una niña y no pensaba en ella de otra forma que no fuera como lo que era, una niña. Cuando se hizo más grande se fue, dejándome el corazón roto en mil pedazos, y, en los años siguientes, en lo que menos pensaba era en satisfacer mi apetito sexual.

Me acordé de cuando yo lo era y el miedo que tenía a mi primera vez. No sabía lo que se sentía y, aunque la teoría me la sabía de memoria, no tenía ni idea de cómo ponerla en práctica.

- No te sientas mal, me esperaré hasta que estés preparado. – Le dije sentándome a su lado y bajándome lo máximo la falda del camisón. Me sentía fatal por haberle estado seduciendo todo el rato.

- ¿Crees que no estoy preparado? Estoy haciendo grandes esfuerzos por no arrancarte la ropa, me vuelven loco todas tus curvas, con sólo recordar cómo me has excitado hace unos momentos, me arrepiento de no haber continuado, pero me acabo de dar cuenta que soy un cursi y me gustaría que nuestra primera vez fuera especial. ¡Qué triste que soy, doy pena! – Dijo muerto de vergüenza, tapándose la cara y dejando caer la espalda en la cama.

- No creo que seas un cursi, me parece muy romántico. – Le dije tumbándome a su lado y destapando su cara, abrió los ojos.- Yo también quise que mi primera vez fuera especial, soñaba con comer fresas con chocolate, bebiendo cava enfrente de una chimenea y, después, hacer el amor en una cama llena de pétalos de rosa alumbrada a la luz de las velas.

- ¿Y no fue así?

- No, fue en una fiesta en casa de una amiga, en la habitación de su hermano llena de posters de coches y tías en pelotas. Hablando de amigas, mañana he quedado para comer con ellas. ¿Te parece bien si quedamos nosotros por la tarde? – Le dije para zanjar el tema, no quería seguir hablando del chasco que me llevé a descubrir lo que era practicar sexo por primera vez, sino, deprimiría a Jacob. Suerte que el tiempo hace la experiencia y con ella el placer, porque si no fuera así, creo que no hubiera practicado más sexo en toda mi vida.

- Vale, ¿a qué hora te pasó a buscar?

- Para las 5 seguro que ya estaré en casa. – Con ellas siempre se me pasaba el tiempo volando, más valía quedar con Jacob tarde para no hacerle esperar. Me tapó la boca para que no siguiera hablando. Se quedó escuchando, aunque puse atención, no oía nada.

- Tu padre está hablando con tu madre, quiere subir a hablar contigo.

- ¡Eres un cotilla!, ¿de qué están hablando? – Jacob me podía dar alguna pista para solucionar las cosas con mi padre.

- ¿Y el cotilla soy yo, no? – Dijo haciéndome reír.- Me voy antes de que suba. ¿Quieres que vuelva luego?- La idea me gustaba, pero no quería que nos descubrieran y hacer que mi padre tuviera otro motivo para enfadarse.

- Mejor te cuento mañana.

- Pues, entonces, me voy ya, tu padre está subiendo las escaleras.


Jacob se levantó de la cama y se puso la camiseta, abrió la ventana y, después de mirar que no le viera nadie, dio un salto y con agilidad cayó al cuelo de cunclillas, apoyando sus manos en el suelo. Me lanzó un beso y saltó la verja. Cerré la ventana y picarón a la puerta de mi habitación, recompuse mis ropas y fui abrir, efectivamente, era mi padre. - ¿Puedo pasar?- Preguntó en tono grosero. Me dieron ganas de cerrarle la puerta en las narices, pero ese no era buen comienzo para solucionar las cosas. Me tragué mi arrebato de rebeldía y le deje pasar.

Mi padre cogió la guitarra que estaba en la cama y se sentó. Comenzó a tocar unas notas, sin seguir una melodía, sabía perfectamente lo que quería conseguir con esto, porque yo hacía lo mismo cuando estaba nerviosa, intentar que la música le calmara. Pareció que funcionó porque su cara se fue relajando, borrándose las arrugas que se le hacían en la frente cuando estaba enfadado. Se levantó de la cama y dejó la guitarra apoyada en la pared al lado del armario; después, se quedó un largo rato mirando las fotografías que tenía de pequeña pegadas en la puerta de éste, dio un suspiro y se giró mirándome fijamente. En sus ojos pude percibir nostalgia. Me acerqué al armario y despegué la fotografía que más me gustaba, en la que sólo salíamos él y yo.

- Ésta es mi preferida. – Le dije enseñándole la foto.

- Sí, la mía también. ¿Te acuerdas de lo que pasó ese día? – Me dijo mientras acariciaba la imagen con las yemas de sus dedos.

- No, pero me lo has contado tantas veces que es como si me acordara.

Era la primera vez que íbamos a visitar a mi abuela de Barcelona, yo tenía unos 2 años y medio. Entramos todos al museo de cera pero a mí me dio miedo y salí con mi padre a la calle mientras la abuela, mi madre y Olga terminaban de visitarlo. Dimos un paseo por Les Rambles y nos hicimos la foto cuando llegamos a la estatua de Cristóbal Colón. La foto la hizo mi padre mientras me sujetaba con la otra y yo dejaba un beso en su mejilla, él salía sonriendo con gran ternura. Después de hacer la foto me bajó al suelo y comencé a perseguir las palomas que había en la plaza, nunca había visto de tantas. Intentaba cogerlas pero salían volando antes de lograrlo. Mi padre compró una bolsa que vendían para darles de comer, intentó quitarle el nudo que la ataba pero no pudo, yo quise ayudarlo y, cuando se la quité de las manos, la bolsa se rompió y nos llenó de comida. Lo que paso a continuación era de esperar; todas las palomas vinieron a alimentarse, creo que todas las palomas de Barcelona se concentraron en ese lugar. Mi padre las apartaba para que no me picotearan, me abrazó para que no me hicieran daño, y yo, lo que hacía, era desprenderme de su agarre para coger alguna aprovechando que estaban tan cerca. Cuando la comida se terminó se fueron, quedando nosotros llenos de picotazos, arañazos y la ropa llena de excrementos. Al ir otra vez al museo, mi abuela puso el grito en el cielo al ver nuestras ropas. Me hacía mucha gracia cuando mi padre la imitaba con el acento catalán “!Oh Manuel, mira cómo está la niña, tota bruta! ” Entonces mi abuela me cogió en brazos y dio un grito “!ah, però si és merda!”. A mi madre no le hacía mucha gracia esta imitación porque se metía con su acento. Cuando la abuela murió, mi padre dejó de imitarla por respeto, aunque a mi hermana y a mí a veces nos lo hacía. A los dos se nos escapó una risa al acordarnos de aquellos tiempos.

- ¿Sabes porque estoy molesto contigo? – Dijo mi padre repentinamente entristecido.

- Lo siento, papá, no volverá a pasar, lo de ayer fue una excepción, no volverá a quedarse a dormir en casa.

- ¡No estoy enfadado por eso! –Dijo en tono de burla- No me hizo gracia, he de reconocerlo, pero no es ese el motivo.

- ¿Entonces qué es? – Le pregunté muy confusa.

- Lluna, nunca te había visto tan triste, no eras mi hija. Quise apoyarte y darte los mejores consejos, los que creí que necesitabas. Anteayer por la tarde te fuiste a hablar con Jackson, estuve muy orgulloso de ti, ibas a afrontar los problemas de cara y buscar una solución. Esa noche me envías un mensaje diciendo que no venias a dormir, pensaba que ya estaba todo solucionado, cuál fue mi sorpresa al llamarte al día siguiente y descubrir que no era así.

- ¡Pero ya está todo bien!, estoy bien papá.

- Eso es lo que me preocupa. Estás confiando demasiado en ese chico, lo acabas de conocer y ya te ha roto el corazón. ¿Cómo sabes que no lo volverá hacer? – Me dijo con los ojos vidriosos.

- Porque nos amamos. – Le contesté sin dudar ni un solo segundo. Porque sabía que nunca iba a ocurrir lo mismo, nos amábamos demasiado para separarnos.

- Ese no es motivo suficiente para creer en una persona.

- Para mí lo es, por amor se hacen grandes locuras. – Yo misma estaba arriesgando mi vida y la de otros por eso, sólo por amor. - ¿Tú confías en él?

- No sé qué pensar, al principio me agradó; luego, cuando te dejó, le odie a más no poder por hacerte sentir todo ese dolor. Ayer, cuando hablaste con tu madre, escuché la conversación, tu voz se sentía tan triste. Desconectaste el teléfono, pasamos las tres horas más largas de angustia de nuestra vida, sufriendo por ti, no teníamos ni idea que era lo que había ocurrido ni dónde estabas. Cuando picaron al timbre salí disparado a la puerta esperándome lo peor, mis sospechas se hicieron ciertas cuando te vi en los brazos de ese, sólo porque tú estabas allí no le rompí la cara en ese preciso instante.

- ¡Papá!, no hables así de él, me quiere, nos queremos. – Le dije para defender a Jacob.

- Sé que te quiere, sólo por eso no le saqué de esta casa a guantazos. Te mira con un amor increíble, cómo si no existiera otra cosa en el mundo más preciada que tu.

- ¿Volverás a darle otra oportunidad para confiar en él?

- Intentaré, pero te juró que, como vuelva hacerte sufrir, no me arrepentiré de hacerle el saludo de los Fernández.

- Me prometiste que no lo volverías hacer.

- Es cierto pero, si la ocasión lo requiere, no pensaré dos veces en romper la promesa. – Me dijo dándome un gran abrazo de reconciliación. Se separó de mí y con la palma de su mano tocó mi frente.- ¿Te encuentras bien? Estás un poco caliente.

- Sí, sí, sólo tengo calor. – Mis mejillas comenzaron arder al darme cuenta del porqué de mi alta temperatura.

- Me imagino, si tuvieras frío no creo que llevarás ese vestido.- Me tapé con los brazos la falda y el escote, era un camisón demasiado sexy para que viera mi padre puesto. Se rió de mi actitud. – Bueno, cariño, que descanses, me voy a dormir, estoy agotado. Tu madre también debe de estar cansada de estar escuchando detrás de la puerta. – Dijo subiendo el volumen de su voz. “Eso es mentira” se escuchó decir a mi madre, los dos nos reímos y se fue dándome un beso de buenas noches.

Me sentí más feliz y relajada que nunca, todos los problemas habían terminado, sabía que no era para siempre, pero me engañé pensando que sí. Antes de apagar la luz, cogí la caja que guardaba nuestro amor y la llevé conmigo a la cama. Una cosa tan valiosa la tenía que vigilar hasta en sueños para que nadie ni nada pudiera hacerle daño. Su color rojizo me recordó al moreno de la piel de Jacob, quizá se me estaba yendo la cabeza pero sentía como si él estuviera conmigo aunque, en realidad, era así, su corazón y todo su amor lo tenía yo, de igual forma que él tenía por completo el mío.





EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE LAGUNA NOCTURA…. Cuando estaba llegando a casa, reconocí el coche azul de Jacob, salí corriendo para verle, cuál fue mi sorpresa al ver que no estaba él allí. Miré en todas direcciones pero no lo vi por ningún lado. Lo esperé un rato, estaba empezando a preocuparme y ponerme muy nerviosa, la palabra Vulturi apareció por mi mente haciendo que mi cuerpo se estremeciera. Fui corriendo a casa con miedo de esperarme malas noticias dentro, sufriendo porque mi familia se encontrara en peligro. Cuando llegué a la puerta de casa comencé a buscar las llaves en el bolso que, como siempre, se escondían en el fondo, haciéndome difícil cogerlas. Los nervios comenzaron a traicionar haciendo que las llaves resbalaran de mis manos cayendo otra vez en el bolso. Me pareció escuchar las risas de mis padres y también la de… ¿Jacob? Cuando, por fin, fui capaz de coger las llaves, abrí la puerta y me encontré a los tres hablando animosamente en el comedor. Puse la mano en el pecho, cogiéndome el corazón que estaba a punto de salir disparado. Los tres se quedaron mirándome extrañados. Yo, al ver que todo estaba bien, aunque sospechoso, recompuse mi rostro y entré al comedor a enterarme que era lo que me había perdido. """SE QUE ESTE AVANCE NO OS DICE MUCHO, ES QUE DEJO LO MEJOR PARA EL VIERNES SIGUIENTE "