jueves, 31 de marzo de 2011

18. Despedidas

Muy buenas a todo el mundo, en las votaciones (que no han sido muchas :( ) la opción ganadora ha sido la B. Mañana Viernes la publicaré, aunque no se ha qué hora porque esta noche salgo de fiesta y mañana creo que tendré una gran, grandísima resaca. Como la opción A ya la tenía hecha la he colgado, ya que había hecho el trabajo... Al final de este capítulo está el avance del próximo. Saludos y nos leemos mañana con resacón incluido.




Desperté desorientada. Estaba tumbada en una cama. Mi pecho subía y bajaba frenéticamente a causa de mi acelerada respiración. Cuando la vista se acostumbró a la luz artificial que daba una lámpara, supe dónde me encontraba. Estaba en una habitación que conocía bien; hace tan sólo unos días pasé unos momentos allí pero podía reconocer esa estancia aunque pasaran mil años. Aquí, en esta cama, fue dónde besé apasionadamente a Jacob. Estaba en su cuarto. Desesperada, comencé a buscar con las manos a Jacob; intenté incorporarme pero no pude, mi cuerpo estaba muy debilitado. Seguí palpando la cama en busca de Jacob, sentí un pinchado mi muñeca y, a continuación, unas manos heladas cogiéndome el brazo, impidiéndome movimiento alguno. Giré la cabeza hacia el brazo inmovilizado, una mano pálida me frenaba. Mi cuerpo rechazaba ese contacto gélido, necesitaba calor, estaba congelada.

- Tranquila, Lluna, te has desmayado por una hipotermia. No te muevas o harás que se te salga la sonda del goteo. – Reconocí que la suave voz que intentaba tranquilizar era de Carlisle.

Poco me importaba que me hubiera pasado, me era bien igual el porqué tenía puesto un goteo. Sólo quería saber una cosa, dónde estaba Jacob. No me había dado oportunidad de hablar con él, no quiso escucharme. Si sólo le importaba como una imprimación más, no me importaba, lucharía, no pararía hasta conseguir que él me viera como algo más, hasta que se enamorara de mi, tanto como yo lo estaba de él.

Saqué las fuerzas que no tenía y me incorporé en la cama, comencé a gritar su nombre; esa era mi intención, pero sólo salieron lamentos con su nombre, la voz se me quebraba, me faltaba aire. Mis sollozos desesperados fueron escuchados por el aludido y, abriendo la puerta exaltado entró en la habitación. Con paso cauteloso se acercó, Carlisle se hizo a un lado. Jacob, tembloroso, se sentó en el borde de la cama y comenzó acariciarme el rostro. Sus caricias era todo lo que necesitaba, su calor hizo revivir mi cuerpo. Con la mano que tenía libre de agujas toqué su cara, limpiando las lágrimas que tenía.

- ¿Cómo está, Carlisle? – Le preguntó Jacob sin separar su mirada entristecida de la mía.

- Ahora iba hacerle una exploración, pero creo que no corre peligro alguno. Necesito que se siente.

Jacob me ayudó a incorporarme y sentarme al filo de la cama. Vi que me habían cambiado las ropas empapadas por un pijama. Carlisle comenzó hacerme el chequeo. Me estudió profundamente tomándome la tensión, azúcar, reflejos, temperatura, respiración… Cuando terminó de examinarme, me tumbaron de nuevo en la cama, tapándome con una gruesa manta.

- Su temperatura corporal todavía está baja, pero va remontando. Necesita descansar. Lluna, ¿eres alérgica a algún medicamento? – Le respondí que no.- Entonces voy a ponerte unos calmantes para que te ayuden a relajarte.

Yo no quería dormir, si me dormía no tendría posibilidad de hablar con Jacob, se iría otra vez sin escucharme.

- No quiero calmantes. –Contesté con un hilo de voz.

- Lluna, ya has escuchado a Carlisle, necesitas dormir para recuperarte.

- No quiero dormir, no quiero que te vayas. – Dije con la voz rota.

Jacob comenzó hablar muy bajo, puse gran atención, pero no escuché nada, sólo escuchaba el aire que salía por su boca. Respiró profundamente.

- Mañana por la mañana seguiré aquí. –Dijo soltando el aire que había cogido. Beso mi mano confiándome que sus palabras eran ciertas.

En ese momento, Carlisle administró el medicamento en el bote de suero y se fue dejándonos solos. Hasta ese momento, no me di cuenta que mis dientes castañeaban de frío. Jacob comenzó a frotarme por los hombros con la intención que entrara antes en calor. Me destapó y se estiró a mi lado, con cuidado de no aplastar los tubos de la sonda y tapándonos de nuevo. Me acurruqué en su cuerpo cálido que tanto necesitaba. Cada vez me encontraba mejor, pero los ojos comenzaron a pesarme muchísimo, no quería dormirme, quería hablar con Jacob, hacerle entrar en razón. Aunque no tenía ni idea de lo que le iba a decir. Por mi cara comenzaron a caer lágrimas de impotencia.

- ¿Lluna, te duele algo? –Preguntó Jacob asustado, negué con la cabeza.- Mañana por la mañana seguiré aquí, aunque esto no ha cambiado nada. Mi decisión sigue siendo la misma.

- Pero, pero… - Le dije tartamudeando.

- Pero nada, todo sigue igual. Mañana, si te encuentras bien, te llevaré a trabajar; yo y todos los Cullen nos iremos. No sigas presionándome, por favor. – Dijo con la voz rota.

Todo seguía igual, Jacob se iría y nunca más lo volvería a ver. Esto sólo había sido un capricho que me había ofrecido el destino para poder pasar unas pocas horas más con él. Miré el reloj para saber cuánto tiempo nos quedaba para estar juntos, eran las 2 de la madrugada, mis padres deberían estar preocupados.

- Tengo que llamar a mis padres y decirles…

- No te preocupes, Edward les ha enviado un mensaje por ti diciendo que te quedabas aquí a dormir. – Me contestó acariciándome el pelo para tranquilizarme.

Dejé la cabeza apoyada en su pecho, escuchando los latidos fuertes de su corazón. Quería aprovechar las horas que nos quedaban para estar juntos, aunque no pudiera convencerlo, quería hablar con él, poder recordar mejor su voz en mi memoria para siempre. Los párpados me pesaban cada vez más; intenté hablarle pero no tenía fuerza ni para eso. Los medicamentos comenzaron hacer total efecto y, en contra de mi voluntad, me quedé dormida.


____________________ Desperté cuando la suave luz de un día nublado comenzaba a entrar por la ventana. No me hizo falta mirar si Jacob había cumplido la promesa de permanecer a mi lado, sentí el calor de su cuerpo debajo del mío. Intenté hacerme la dormida para alargar más el momento, pero los fuertes latidos de mi corazón me delataron.

- Es muy pronto todavía; si quieres, puedes seguir durmiendo. – Me dijo con voz suave.

- No quiero dormir más, sería tirar el poco tiempo que me queda a tu lado. – Jacob sopló.

- Voy a llamar a Carlisle para que examine como estás.

Fue a levantarse, pero me agarré a su cintura desesperada para que no se fuera de mi lado, tenía que aprovechar el poco tiempo que teníamos juntos.

- Voy avisar a Carlisle, ahora vengo. –Acarició mi cara.- Nos ha escuchado, ya sube él.

Carlisle entró en la habitación y comenzó hacerme un chequeo en profundidad como el de ayer. Jacob no se separó de mi lado en todo momento, tampoco lo dejé. El doctor me dijo que estaba 100% recuperada, no me creí eso, el dolor que sentía en el pecho me indicaba todo lo contrario.

- Lluna, si quieres, te podría facilitar un justificante para que te ausentaras hoy del trabajo. – Me dijo Carlisle.

- No, no hace falta. – Le contesté.- Sólo necesito una ducha para despejarme.

A los pocos segundos de decir esto, Alice entró en la habitación y me entregó unas toallas y un neceser con utensilios de higiene. Las ropas que llevaba ayer no me las podía poner, todavía estaban mojadas. Me dio a elegir entre un traje chaqueta oscuro o un conjunto casual compuesto por un tejano y un suéter. El traje era precioso pero no me apetecía nada llevar esas ropas; cogí las otras y fui a ducharme al cuarto de baño de Jacob, no sin antes asegurarme que él todavía estaría ahí cuando saliera. Me dijo que me duchara tranquila, me dio la palabra que me llevaría al trabajo.

Me quité el pijama y entré en la ducha, intenté ducharme lo más rápido posible, no quería perder el poco tiempo que tenía para estar con Jacob. Cuando salí de la ducha me vestí y me cepillé los dientes, vi que mi cara estaba espantosa, necesitaba poner grandes dosis de maquillaje, sino iba a asustar a cualquiera que se pusiera delante, pensaría que estaba viendo un muerto viviente. Salí del baño y le pregunté a Alice, que todavía estaba en la habitación con Jacob, si me podía prestar un poco de maquillaje.

- Rosalie tiene un montón de cosméticos en su cuarto. Vamos a preguntarle si te puede dejar algunos. – Me contestó Alice.

Yo no quería estar más tiempo separada de Jacob, estaba tirando los minutos a la basura. Me dijo que él también tenía que ducharse; lo vi muy decaído, sus ojeras eran tan pronunciadas como las mías. Seguramente no durmió en toda la noche, alarmado por mi estado de salud. Cuando Jacob se metió en el cuarto de baño, Alice me llevó hasta el dormitorio de Rosalie, ella estaba sentada en un taburete cepillándose el pelo delante de un gran tocador, como el de las estrellas de Hollywood que tienen en sus camerinos. Alice fue a buscarme calzado y me dejó a solas con Rosalie. Ella se levantó del taburete y me dijo que me sentara en su lugar, hice lo que me dijo sin rechistar, Rosalie me parecía una persona muy intimidante. Cogió un peine de púas y comenzó a peinarme mientras ponía espuma en mis ondas, después, con el secador y el difusor, secó mi pelo.

- Bien, ya he terminado con tu pelo. ¿Cómo te quieres maquillar? – Me preguntó apagando el secador.

- No mucho, sólo quiero tapar un poco las ojeras. – Le dije.

- Va a ser un milagro si lo consigo.- Dijo mientras cogía maquillaje y lo aplicaba en una esponja.

Cerré los ojos y comenzó a maquillarme. Sus manos iban muy rápidas, haciendo incisión en la zona de las ojeras.

- Lluna, siento que las cosas hayan terminado así. En un principio no me hizo gracia la idea que vinieras a esta casa pero, luego, con tu presencia, llenaste este hogar de alegría. Hacía mucho tiempo que no veía a Emmet tan feliz y chistoso. No sé que prefiero: la idea de ser destruida por los Vulturis o vivir en una casa llena de vampiros depresivos y un licántropo arrastrándose por los suelos.

- Me gustaría que hubiera una solución diferente, pero no la hay. – Le contesté entristecida.

Nos quedamos un largo rato en silencio, Rosalie comenzó a pintarme los parpados y después los labios.

- Bueno, he obrado el milagro. – Abrí los ojos y me miré en el espejo del tocador, no tenía rastro de ojeras por ningún lado, el maquillaje lo había esparcido tan bien que parecía que no llevara nada puesto.


– Gracias, Rosalie, por todo.

Alice entró en el cuarto y, de nuevo, me dio a elegir entre varios tipos de calzados, escogí las deportivas. No le gustó mucho mi decisión, pero no me presiono para que me pusiera otra cosa. Alice, después de acompañarme hasta la entrada de la cocina, que era donde me esperaba Jacob, se fue. Cuando entré en la estancia, vi a un Jacob totalmente derrumbado por la tristeza, estaba apoyado en la encimera de la cocina, sujetándose con las manos la cara, tapando sus ojos. Cuando escuchó que entraba, intentó recomponerse y, aunque intentó fingir mostrándome una cara inexpresiva, no lo consiguió, en sus ojos se podía ver toda la tristeza que sentía. Me invitó a sentarme en la mesa donde estaba preparado el desayuno, el simple olor de las tostadas hizo que mi estomago se revolviera, tragué saliva.

Jacob se sentó enfrente, tenía la mirada perdida, miré hacia dónde observaba él, estudiaba atentamente como pasaban las horas del reloj, contaba mentalmente, como yo, los minutos que nos quedaban por estar juntos. Notó que le vigilaba y agachó la cabeza, mirando la comida que había en la mesa.

- ¿No vas a comer nada? – Me preguntó con la voz apagada.

- No.

- Tienes que comer, Lluna, sino caerás enferma de nuevo.

- ¿Y tú no comes nada?

Jacob resopló, cogió dos tostadas y las untó con mermelada.

- Yo como, si tú comes. – Me dijo entregándome una tostada.

El suave roce que tuve de su mano cuando cogí la rebanada de pan hizo que mi mano prendiera de calor, tenía tanto frío que su piel cálida ardía en mi cuerpo helado.

Comencé a comer muy despacio, masticaba la comida hasta que se convertía en puré dentro de mi boca. Cada vez que tragaba, la comida caía en mi estomago como si fuera ácido. Bebí un vaso bien grande de zumo de naranja recién exprimido con tal de calmar el ardor del estomago. Jacob, al contrario que yo, cogió la tostada y en dos grandes bocados se la comió.

Hoy sería la última vez que estaría en esta casa, sería la última vez que vería a la familia Cullen, la última hora que pasaría con Jacob. Nunca más volvería a verlos. Nunca. Quería llevarme un recuerdo agradable en mi memoria de ellos. Cuando terminé de desayunar, Jacob se levantó y comenzó a recoger la mesa. Si quería despedirme de los Cullen y disfrutar de los últimos minutos con la compañía de Jacob, debía darme prisa.

- Jacob, antes de irnos me gustaría despedirme de todos. – Le dije con un nudo en la garganta.

- Sí, a ellos también les gustaría poderse despedir de ti. Vamos, te acompaño.

Jacob salió de la cocina, yo le seguí. Mi cuerpo me pedía, rogaba y suplicaba que le cogiera de la mano, pero denegué ese pensamiento, eso sólo empeoraría las cosas, debía de acostúmbrame a nuestro alejamiento. Ahora sólo nos separaban unos pocos centímetros pero, dentro de unos minutos, nos separarían kilómetros y, posiblemente, dentro de unos días, océanos.

Llegamos al despacho de Carlisle, Jacob picó a la puerta y entramos. El otro día, cuando vine de visita, no lo vi. Era un despacho enorme, muy bien iluminado, lleno de estanterías casi vacías y una gran mesa de escritorio. A un lado había un sofá de piel negro con cajas amontonadas. Carlisle y Esme estaban empaquetando una montaña de libros en cajas de cartón, preparando la mudanza. Mis ojos vieron la realidad, los Cullen se iban, quedé paralizada, el corazón comenzó a latirme muy fuerte.

- ¿Va todo bien, Jacob? – Le preguntó Carlisle.

- Lluna viene a despedirse.

Esme se acercó a mí y me dio un abrazo. Puede ser que su cuerpo estuviera duro y frío como el hielo pero, su abrazo, me trasmitió una ternura enorme, envolviéndome de un amor acogedor y afectuoso. Esme, cuando comenzó a sollozar en mi hombro, se apartó dándome la espalda, con sus manos abrazó su propio cuerpo. Carlisle se acercó a su mujer y le dijo unas palabras al oído, acompañadas de un beso de amor. Sentí envidia de ellos, de cómo se apoyaban el uno al otro, en los buenos y en los malos momentos. Carlisle dejó a Esme sentada en uno de los butacones que había delante del escritorio y vino a mi lado.

- Lluna, ¿estás segura que quieres y puedes ir a trabajar?- Le contesté que sí. No tenía ninguna ganas de ir, ni tenía fuerzas para afrontar la realidad, pero así iban a ser las cosas a partir de ahora, debía de comenzar lo antes posible.- Entonces, Lluna, te deseo todo lo mejor. –Dijo dándome un compasivo abrazo.

Salí llorando del despacho, cogí una bocanada bien grande de aire antes de ir al comedor que era donde me esperaba el resto de la familia.

Al principio me sentí un poco cohibida, no sabía cómo despedirme de ellos; un hasta nunca, un apretón de manos, un abrazo… pensé que mi contacto y olor les podía resultar molesto, no quería que se sintieran incómodos. Esa sensación pronto desapareció cuando Bella se lanzó a mis brazos, nos dimos un fuerte abrazo; entre llantos, le dije que cuidara de Jacob y me lo prometió. Después, me despedí de igual forma con todos los demás. Con quien peor pasé la despedida fue con Emmet; el otro día, cuando lo conocí, me pareció un hombre alegre, festivo, chistoso… hoy sólo era un hombre entristecido. Entendí lo que me comentó Rosalie. Les dije adiós a todos de nuevo antes de salir por la puerta, sintiendo un gran dolor y vacío en mi corazón.

Jacob no dijo nada en toda la despedida, tenía el mismo semblante inexpresivo. Nos metimos en silencio en el coche, ninguno de los dos hablaba, mi llanto fue el único causante de romper el silencio. Conducía por el camino que llevaba a la carretera, no corría mucho pero el simple traqueteo que daba el coche al coger los pequeños baches hacía que mi estomago se revolviera. Intenté aguantar el vomito pero no pude; lo único que me dio tiempo fue a decirle que frenara y abrir la puerta para no ensuciar la tapicería. Dentro de mi estomago no había mucha cosa, pero las arcadas no remitían. Jacob, sobresaltado, salió del coche, yo también salí, necesitaba aire fresco. Dejé apoyado todo mi peso en el tronco de un árbol, cogiendo aire despacio y esperando que se pasaran las arcadas. Jacob, con sus manos temblorosas, ayudó a que me sentara en el suelo.

- Voy avisar a Carlisle, ahora vengo. – Dijo cogiéndome la cara con sus grandes manos. De un manotazo me las quité de encima, aunque deseaba su contacto más que otra cosa en el mundo, no podía permitirme esa clase de roces. Él pronto se iría, me dejaría sola con todo este dolor. Si estando a mi lado, ya me dolía la idea de que se fuera, no quería ni pensar lo que sería estar lejos de él. Debía de acostumbrarme ya a su distanciamiento; cuanto antes, mejor.

- ¡No hace falta que llames a nadie! –Le dije sacando las fuerzas inexistentes y poniéndome en pie- Estoy bien, vámonos. Me metí en el coche dando un portazo; Jacob, después de coger un tronco y estrellarlo en el suelo haciéndolo mil trozos, entró en el coche. Llegamos a la carretera, pocos kilómetros después, le dije que parara en la próxima gasolinera, quería comprar agua y chicles de menta para quitarme el sabor amargo de la boca.

Cuando entré de nuevo en el coche, mi móvil comenzó a sonar, era mi padre, le colgué y le escribí un mensaje: Aunque lo he intentado, no encontré la felicidad. No me apetece hablar ahora, nos vemos esta noche. Besos, Lluna. Si algo me gustaba de mis padres era que me respetaban. Aunque se preocupaban mucho, sabían que necesitaba tiempo para asimilar las cosas y, ellos, me dejaban ese espacio y me hacían saber que me apoyaban en todas mis decisiones. Aunque el cuentakilómetros no sobrepasaba de los 80 km/h parecía que íbamos al triple de velocidad, llegamos demasiado pronto al trabajo. Aparcó el coche en la acera de enfrente, no apagó el motor, eso quería decir que la despedida iba a ser corta. Quizás él no quería que fuera así, quizás yo tampoco; pero, por el bien de los dos, teníamos que hacerlo de esta forma, sería menos doloroso. Jacob dejó caer la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. Apretaba fuertemente las manos en el volante del coche; cuando comenzaron a temblar, las escondió en su pecho cruzando los brazos. Por mis ojos no paraban de caer lágrimas silenciosas.

- Adiós, Lluna. – Dijo con gran dolor. Sus palabras se clavaron en mi corazón haciéndolo mil pedazos, creándome una tortura.

- Adiós, Jacob. – Sólo cuando salí del coche pude decir la palabra que verdaderamente quería nombrar. – Te quiero.

Crucé corriendo la calle, no veía por donde andaba, las lágrimas me nublaban la vista. Cuando llegué a la puerta de la oficina, me di cuenta de lo que acababa de hacer, el gran error que había cometido. El destino me había regalado la oportunidad de despedirme de Jacob como es debido, y yo, la estaba desaprovechando. Aunque nuestro amor era imposible, quería recordarlo como eso, como el gran amor de mi vida, algo bueno. Cuando giré, ya no estaba, se había ido, y para siempre. Comencé a hiperventilar, sintiendo una gran presión en el pecho. Puse mi mano en el corazón, apretando, con la intención que no callera al suelo en pedazos.

Lucas giró la esquina; en cuanto me vio, vino corriendo a socorrerme.

- ¿¡Lluna, qué te pasa!? – Dijo asustado.

- Llévame dentro.

Las arcadas volvieron a repetirse, por suerte, llegué a la taza del váter. Cuando terminé de devolver, Lucas me dio un trozo de papel para limpiarme la boca.

- ¿Quieres que llame a tus padres o a un médico?

- No hace falta. –Esto era lo que se había convertido mi vida, iba ser así siempre.

- ¿Necesitas algo?

- ¿Me puedes traer el neceser que tengo en el cajón? – El sabor amargo de la boca estaba produciéndome más arcadas, necesitaba lavarme los dientes.

Lucas no tardo en regresar con el neceser, me cepillé los dientes a conciencia.

- ¿Podrías hacerme un favor, Lucas?

- Lo que quieras.

- ¿Puedes esconderme de Mariano? No me apetece nada verlo hoy y tener que escuchar sus comentarios.

- Haré lo que pueda, espérame aquí.

Cuando Lucas salió, me senté en el banco de madera que había en el baño, enfrente estaba el espejo. El maquillaje que había puesto Rosalie había casi desaparecido, daba miedo mirarme la cara.

El dolor del pecho era insoportable, dudaba que fuera capaz de poder resistirlo por mucho más tiempo. Lucas llegó dándome buenas noticias, había inventado la escusa que le tenía que ayudar a organizar informes en su despacho, así pasaría todo el día fuera de la vista de Mariano.

Lucas salió primero del baño, me dio la señal que no había nadie y salí. Me cogió de la mano y me llevó hasta su despacho; no sé si esto lo hizo por mostrarme apoyo o porque no confiaba en que pudiera llegar sola, mis pasos no eran muy estables. Lucas cerró la puerta, fui a sentarme al butacón de enfrente del escritorio. Ahí fue donde dejé caer todas las lágrimas y el dolor. Lucas estuvo conmigo en todo momento, pasándome pañuelos y acariciándome los brazos. Cuando dejé de llorar; no porque no quisiera, sino porque me era imposible, Lucas me pregunto si quería hablar, le dije que no, prefería trabajar y ocupar mi mente con otras cosas. Me puse a guardar y clasificar una pila de informes que tenía amontonados en las estanterías. Aunque la tarea era entretenida, sólo ocupaba una parte de mi mente, la otra no paraba de pensar en Jacob y lo tonta que había sido al despedirme de esa forma.

Aunque me negué, Lucas pidió al restaurante que prepararan una sopa de arroz. Al medio día fue a buscarla, comimos en su despacho.

- ¿Hablaste con él, verdad? – Me preguntó Lucas cuando terminamos de comer.

- Más o menos. No quiso escucharme.

- Siento mucho que las cosas no funcionaran, pero lo intentaste, al menos no te quedará ese remordimiento por dentro. – Eso era cierto, sabía que por mi parte había hecho todo lo posible por mantenerlo a mi lado.

- ¿Sabes lo que más me duele?, que no me pude despedir de él como me hubiera gustado.

- ¿Por qué? – Preguntó desconcertado.

- Fui muy brusca, ahora sólo guardo de él un gran dolor, quisiera que no fuera así.

- Siempre podrás recordar los buenos momentos. – Eso era cierto, Jacob me había hecho sentir cosas inexplicables; querida, amada, enamorada, deseada… como nunca me había sentido con otros hombres. – Piensa eso, no vale la pena meter el dedo en la herida.

Cuando terminamos de comer, seguí haciendo las tareas. En un día normal habría terminado de clasificar informes a media mañana pero, hoy, dudaba que me diera tiempo a terminarlos.

A la hora de salir, esperamos a que se fuera primero Mariano y, cuando éste se marchó, nos fuimos nosotros. Lucas se fue despidiéndose con un fuerte abrazo, dándome apoyo. Le hubiera gustado quedarse más rato conmigo, pero había quedado con Álvaro y yo no quería estropear sus planes. Fui a buscar mi coche para irme a casa, ¡mierda!, me había traído Jacob, tendría que coger el bus. Fui a la parada que estaba cuatro calles más abajo y me senté a esperar en el banco, hasta dentro de una hora no volvía a pasar el siguiente; es lo malo de vivir a las afueras de la ciudad, no hay buena combinación de trasporte público. El cielo comenzó a abrirse, dejando pasar débiles rayos de sol, cegándome la vista que la tenía debilitada por las lágrimas; pero le iba bien a mi corazón, el calor ayudó aminorar el dolor, me recordaba al contacto cálido de Jacob. El ritmo cardiaco comenzó aumentar, parecía que se me iba a salir el corazón por la boca. Enseguida comprendí porqué mi cuerpo había reaccionado así, Jacob estacionó el coche delante de donde estaba sentada. Me hice ilusiones fácilmente, pensé que quizás había cambiado de idea pero, cuando vi su semblante serio, comprendí que todo seguía igual. Bajó del coche y yo fui a su lado, nos quedamos en silencio mirándonos, sus ojos estaban más tristes que esta mañana.

- ¿Cómo te encuentras?, ¿has vuelto a vomitar o marearte?

- No – Le dije para que no se preocupara. Negó con la cabeza, no me creyó.

- ¿Estás esperando a alguien?

- Estoy esperando el autobús para irme a casa.

- Ven, sube, te llevo a casa. No estás en condiciones para esperar aquí sola. Cuando subí al coche, me entregó una bolsa con la ropa que llevaba ayer; Alice las había secado y planchado. También me dijo que Alice me regalaba las que me había prestado hoy, así tendría un regalo para que me recordara a ella. Ahora era mi oportunidad para guardar un buen y agradable recuerdo de Jacob.

- ¿Podrías hacerme un favor? – No me contestó, seguramente pensaría que según cual fuera lo podría hacer o no. - Antes de entrar en mi pueblo hay un mirador, me gustaría que te pararas un momento allí.

Siguió sin contestarme, pero sabía que no le había parecido mala idea, si no fuera así me la habría negado ya. Quería llevar a Jacob a un lugar especial para mí, ahora sería un lugar especial para los dos, donde podría pensar en él y acordarme de los buenos momentos.

Llegamos al mirador, cogí el bolso y nos bajamos del coche, comencé a caminar.

- Lluna, el mirador está en la otra dirección.

- Te he dicho que te pararas en el mirador, no que fuéramos allí. – Se me escapó una sonrisa que hacía días que no aparecía por mi rostro; a él, también pero pronto la borró, demasiado pronto, aunque me dio tiempo de memorizarla.

Seguí andando, Jacob me siguió sin rechistar. Comenzamos a adentrarnos en el bosque, aunque no había sendero, me conocía bien el camino, era un sitio donde acostumbraba a ir en los días que hacía buen tiempo para pensar y, ahora, lo visitaría a menudo para pensar en Jacob. Las piedras estaban resbaladizas por las lluvias de ayer, mis pies patinaron en una de ellas; por suerte, Jacob me pudo sujetar gracias a sus rápidos reflejos. Nos quedamos mirando, el simple toque hizo que mi respiración y mi corazón se aceleraran. Él se quedó mirando su mano, que estaba en mi brazo.

- Te puedes caer, dame la mano. – Me dijo molesto.

Entrelacé mi mano con la suya sin rechistar y continuamos andando. Esta mañana eliminé de mi mente y rechacé cualquier contacto, fui una estúpida. Este sería otro precioso momento que recordaría siempre.

Llegamos al destino, era una pequeñísima pradera de pastos verdes al borde de un acantilado. Las vistas eran magníficas; te hacían sentir insignificante, igual que los grandes problemas. Se podía ver todo el valle, las praderas, bosques, la ciudad y, si el día estaba claro, hasta se podía ver el mar. Por eso me gustaba ir, era un lugar donde te hacía ver las cosas desde otro punto de vista. Saqué del escondite privado que había en medio de dos rocas la esterilla que traje hace ya varios años, un día me cansé de llevarla siempre arriba y abajo y la escondí aquí. No pasaba mucha gente o, más bien, nadie para que la pudieran robar. La extendí en el suelo.

- ¿Qué hacemos aquí, Lluna?

- Esta mañana no me gustó cómo nos despedimos. Ya que nunca más nos vamos a volver a ver, me gustaría guardar un buen recuerdo de ti. – más lágrimas comenzaron a bañarme el rostro, Jacob dejó de respirar, intentó hablar, pero no pudo – Sólo quedémonos en silencio, sólo quiero eso, nada más, hasta que anochezca, por favor.

Me cogió la mano y nos sentamos en la esterilla, mi cuerpo comenzó a inclinarse al suyo; cuando quise darme cuenta, ya tenía la cabeza apoyada en su hombro. Jacob dejó caer su cabeza en la mía, pasó su mano temblorosa por detrás de mi espalda y me cogió por la cintura, acercándome más a su cuerpo. Sentí como sus lágrimas se unían a las mías. No quería que se sintiera triste, también quería que él guardara un bonito recuerdo.

- Ahora viene la parte más bonita, cuando el sol comienza a esconderse. Si tenemos suerte podremos ver los rayos de sol iluminando el mar. – No quería que llegará el momento, significaba que comenzaba a anochecer, pero sería una preciosa imagen para memorizar.

- Este lugar hace que te sientas insignificante en el mundo.

- Por eso me gusta venir aquí, hace ver las cosas más fáciles.

- ¿Incluso parar el tiempo? – Dijo con una risa amarga.

- Ojalá.

Mi móvil comenzó a sonar, Jacob me pasó el bolso, mi madre me llamaba. Lo descolgué, aunque no me apetecía hablar con ellos, no quería que se preocuparan más.

- ¿! Dónde estás Lluna!? ¡Acabo de llegar a casa y no estás, pero tu coche sigue aparcado en la puerta!- Me dijo preocupada.

- Necesitaba estar a solas mamá, necesito pensar.

- ¿Cómo te encuentras cariño?

- Estoy.

- ¿Quieres que te prepare algo especial para cenar?

- No, no hace falta. Te quiero mamá, hasta luego.

- Hasta luego, cariño.

Cuando colgué, desconecté el teléfono, no quería que nadie más nos molestara. Jacob se quedó mirándome y acarició mis mejillas, limpiándome las lágrimas que no paraban de salir. Un sol naranja comenzó a iluminarnos, avisándonos de su marcha, avisándonos que era la hora de decirnos adiós. El sol se estaba poniendo, el día estaba claro y parecía que se adentrara en el mar.

- Esto es precioso, Lluna, gracias por traerme aquí.

- Gracias a ti por querer venir, ahora siempre que vuelva recordaré este momento y te recodaré a ti. El recuerdo a veces será bueno y otros malo. – Él no entendió lo que le quería decir- Cuando piense en todos los momentos agradables que hemos pasado juntos, los recordaré con mucho amor pero, cuando venga a mi mente la despedida, la recordaré con tristeza. – Jacob me limpió de nuevo las lágrimas. – ¿Cómo me recordarás tu? – Le pregunté, yo no podía seguir hablando.

- No hará falta que te recuerde, tú siempre estarás presente en mi memoria, en cualquier momento.

- Como una imprimación más. – Dije apenada.

- Tonta, quítate eso de la cabeza, lo dijiste tú, no yo. – Contestó dándome con dos dedos en la frente. Sonrió sinceramente, me abracé a su cintura y dejé la cabeza apoyada en su pecho, sintiendo los latidos de su corazón. – Lluna, cuando te conocí, descubrí que nunca había estado enamorado, sólo lo he estado de ti. Con Nessie fue más como una relación de amistad muy fuerte, como la que mantengo con Bella. Quizá, si ella no se hubiera ido, podría haberme enamorado, no sé.

La voz de Jacob iba decreciendo, no quería que se sintiera así. En mi memoria ya guardé muchos recuerdos, aunque me hubieran gustado más, ya tenía suficientes.

- Está anocheciendo.- Le dije con tristeza.

- Sí, pero, hasta que no sea más tarde, no nos vamos. Los Cullen no pueden salir con la luz que hay. ¿Hasta que salgan las estrellas?

- Hasta que salgan las estrellas. – Concluí.

Jacob dejó caer su espalda en la hierba, puso una mano detrás de su cabeza y la otra en mi cintura, cogiendo mechones de mi pelo. Yo seguí apoyada en su pecho y aproveché este momento para retener más información como, por ejemplo, el calor que desprendía su cuerpo y el suave tacto de su piel. Las estrellas comenzaron a salir, una por una, dándonos tiempo para estar juntos, aún así, insuficiente. Aunque el cielo ya estaba todo estrellado, seguimos tumbados, disfrutando de esta oportunidad que nos había otorgado el destino para estar de nuevo juntos, aunque fuera sólo unas horas.

Jacob suspiró y, haciéndome a un lado con delicadeza, se puso en pie. Ayudó a levantarme, recogí la esterilla y la guardé bien en el escondite, en los próximos días y hasta no sé cuando, la utilizaría bastante. Fui al lado de Jacob, él me cogió por la cintura y me apretó a su cuerpo, quedando de cara, pudiendo ver ese brillo en sus ojos que tanto me gustaba.

- Lluna, quiero que me seas sincera, ¿cómo has estado estos días que no he estado contigo? – Me preguntó abrazándome fuerte, su dulce aliento me dio de lleno en el rostro. Suspiré

- Mi cara creo que te dirá que no he pasado muchas horas de sueño, las que estaba despierta las pasaba la mayoría llorando.

- Pero tú eres fuerte, Lluna, eres una chica muy valiente que puede con todo.

- ¿Crees que no lo he intentado? Intenté seguir, aunque sabía que nunca volvería a ser la que era, a ser la Lluna que era cuando estaba contigo. Lo hice lo mejor que pude y, aún así, no lo conseguí, ni lo conseguiré. Sabía que no había solución, tú te habías ido para siempre, bueno, te irás, y nunca te volveré a ver. Aunque lo intento, no puedo, mi cuerpo no me deja. Estar lejos de ti hace que toda mi piel esté helada, igual que mi corazón. El dolor que siento en el pecho es tan intenso que me dificulta la respiración. He intentado luchar por mí, por mi familia, por mis amigos y amigas y no puedo, Jacob, te juró que lo intenté y no puedo. Lo único que conseguía era acordarme de ti y, eso, no es nada bueno para mi corazón si tú no estás presente. - Me entristecí con sólo pensarlo, pronto volvería a estar igual. Mi ánimo se fue bajo en picado.

- ¿Que sientes en el corazón? – Me preguntó poniendo la mano en el pecho. Se la sujeté con las dos manos, sintiéndolo más cerca.

- Ahora que estas aquí, nada, sólo un corazón latiendo lleno de felicidad, amor y calidez que inunda todo mi cuerpo. Pero, cuando de nuevo te separes, volveré a sentir lo mismo; vacío y frío. Las mismas punzadas clavándose, haciéndome estremecer, impidiéndome respirar… - Cerré los ojos, no quería pensar todavía en eso, ya tendría tiempo en sentir de nuevo todo ese dolor.

- Siento mucho haberte hecho pasar por eso. – Quitó las manos de mi pecho y me sujetó por los hombros.- Voy a odiarme siempre por eso y por ser un maldito egoísta.

No entendí del todo sus palabras, mi respiración se aceleró, haciéndose ilusiones. Abrí los ojos y vi que los suyos brillaban de felicidad, una gran sonrisa sincera apareció en sus labios que tenía bien cerca. Quise hablar para que me explicara sus palabras, pero no pude, un beso selló mis labios. Un beso de compromiso. Jacob no se iría y, el día que se fuera, yo me iría con él. Con ese beso lleno de amor me despedí para siempre del dolor.



EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE LAGUNA NOCTURNA………………. Me quité los botines y me puse las deportivas y la chaqueta. Cuando terminé, Jacob cerró el coche, se puso la mochila, me dio la mano y comenzamos adentrarnos en el bosque. El día estaba gris, pero no se percibía mucha humedad en el aire, con lo cual no había signos de que fuera a llover y estropearnos el paseo. Llegamos a un punto donde los matorrales se hacían más espesos, haciéndonos difícil el paso y la visibilidad. Paramos cerca de donde se juntaban las faldas de dos montañas y hacían una especie de cueva natural. - ¿Ya hemos llegado?- Le pregunté. La intriga me estaba corroyendo por dentro. - Todavía no. Quiero que conozcas lo que soy, si sientes miedo sólo tienes que decírmelo. – Me dijo mirándome a los ojos, dejándome hipnotizada. Me dio un beso y se adentró en la oscura cueva, dejándome sola en medio del bosque. Me senté en un tronco que estaba caído, esperando a que regresara. Sentía las piernas cansadas de la caminata y el duro día de trabajo de hoy. - ¡Lluna, coge la mochila y póntela! – Me gritó Jacob desde la oscuridad, tirándome la mochila dónde yo estaba. Me levanté del tronco e hice lo que me dijo. Fue entonces cuando comprendí sus palabras, Jacob iba a transformarse, iba a conocer al lobo que era.

viernes, 25 de marzo de 2011

17- Soy un maldito egoísta

Habían pasado años desde la última vez que la vi, mi vida sin ella no tenía sentido alguno. Tenía que recuperarla fuera como fuera, seguiríamos el plan de los Cullen, me mudaría con ella y dejaría a mi familia de acogida para siempre si era necesario. Lo único que quería era estar con Lluna, no soportaba vivir más tiempo con este dolor. Intenté seguir con un estilo de vida más o menos digno, al estilo Jacob zombi, pero me fue imposible.

Llegué a su casa, todo estaba muy cambiado y su olor no estaba por ningún lado. Llamé a la puerta y contestó su padre diciéndome que ella ya no vivía allí, me dio su nueva dirección. Fui donde me dijo, era a las afueras de la ciudad, cerca de una iglesia antigua de piedra. Allí no había casa alguna, ni signos de que Lluna estuviera cerca. Volví a dar vueltas con el coche para ver si me había confundido, miré el mapa varias veces más y todas las veces volvía a parar al mismo sitio. Quizá su padre me había dado la dirección incorrecta, o tal vez no. En ese momento en mi cabeza se escuchó como se encendía un interruptor, entonces comprendí que estaba en el lugar correcto, no podía ser. Salí del coche y fui detrás de la iglesia, al cementerio. Las puertas estaban cerradas con un candado, lo rompí y entré dentro a buscar lo que no quería encontrar. Mi corazón iba a mil por hora igual que mi respiración. Leía todos los nombres de las lápidas, me estremecía con cada nombre que comenzaba por la letra L, al acabarlo de leer y ver que no era el suyo sentía pequeñas esperanzas. Busqué su nombre y, por suerte, no apareció por ningún lado. Me sentí aliviado, seguramente me habría confundido al mirar el mapa, lo volvería a mirar. Cuando iba a salir por la puerta del cementerio, me fijé en una lapida que no había visto antes, con pauso cauteloso me acerqué. Según avanzaba, mi respiración se iba volviendo más irregular y, mi corazón, igual que mi cuerpo, helado. Helado como el granito de la estatua del ángel de la lápida. No era un ángel cualquiera, era Lluna, mi ángel salvador en piedra; con las alas desplegadas y caídas, con la mirada triste perdida en el suelo y sujetándose con las manos el pecho. Mis piernas comenzaron a temblar y caí delante de la representación, leí la inscripción que había en el pie de la estatua; Lluna Fernández Puig, la fecha de nacimiento y la de defunción (meses después de que yo me fuera). Si no me hubiera ido ella posiblemente seguiría viva. No sabía de que había muerto; si por un accidente, una enfermedad… una voz en mi interior me dio la respuesta; murió de pena, de dolor y de odio, su corazón humano no pudo soportar tanta tristeza. Aunque quise que mi corazón muriera de pena y de dolor igual que el de ella, no lo conseguí, seguí allí debajo de Lluna convertida en ángel de piedra, sintiendo todo el daño que le hice. Sin saber cómo conseguí levantarme y abracé la figura fría y helada. Le miré a los ojos, no pude soportar su mirada triste y los cerré. Sus brazos se movieron y comenzó a zarandearme por los hombros, no sabía que estaba pasando, tampoco conseguía abrir los ojos. Un olor comenzó a quemarme la nariz y entonces fue cuando fui capaz de abrirlos y darme cuenta que sólo había sido una horrible pesadilla.

Bella era quien me zarandeaba por los hombros, la sensación de frío era por el cuerpo de Bella y no por la representación de Lluna. Me entró una crisis de histeria, empujé a Bella a un lado y la tiré al suelo, me levanté de la cama, quería olvidar de mi mente esa pesadilla. Todos los vampiros intentaron pararme el único que lo consiguió fue Emmet haciéndome un placaje y tirándome al suelo. Estaba a punto de entrar en fase para quitármelo de encima cuando Edward me cogió la cara con las dos manos.

- ¡Jacob, tranquilo, sólo ha sido una pesadilla, Lluna está bien, no le ha pasado nada, está viva!

Jasper se puso a nuestro lado, mandándome olas de tranquilidad que fueron poco a poco funcionando. Cuando comprendí que todo seguía igual que antes, que nada había cambiado, me calmé. Emmet se quitó de encima y todos los demás me dieron espacio para respirar. Edward me ayudó a levantarme ya que, del susto, no conseguía coordinar las piernas, después me acompañó de nuevo a mi habitación.

- Llevamos una hora intentándote despertar, Edward nos ha contado todo lo que has vivido en la pesadilla, tranquilo, no ha pasado nada de eso, sólo ha sido una pesadilla. – Me dijo Carlisle. – Si no te hubieras tomado toda la medicación de golpe, seguramente no habría pasado esto, no lo vuelvas hacer.

Después de que todos los vampiros me vieran más tranquilo, se fueron y me quedé a solas con Bella, que era con quién me apetecía estar. Lloré como ya era costumbre en el hombro de ella, le conté cómo había vivido la pesadilla.

- Jake, acostúmbrate a eso, va ser así a partir de ahora. – Me dijo cuando terminé de contarle la historia.

- ¿Siempre serán así de intensas? – Le pregunté, ella tenía experiencia en esto cuando se marcho Edward. No hizo falta que me contestara, sabía cuál era la respuesta.

Después que pasara un rato comenzamos a empaquetar las cosas de mi cuarto. Más tarde, cuando estábamos terminando, entró Alice y me dio una bolsa.

- Me gustaría entregársela a Lluna, pero no puedo salir, hace sol.

Miré dentro de la bolsa y estaban las ropas que ayer llevaba puesta Lluna. Aunque me gustaría dárselas; no por devolverle algo que es suyo, sino por verla de nuevo y asegurarme de que Lluna estaba bien y que lo que había vivido hace unas horas sólo fue una pesadilla, no sabía si luego iba a ser capaz de poder regresar de nuevo a casa. ¡Click! se encendió de nuevo el interruptor. Dejé las cajas que estaba cerrando y me puse en pié.

- ¿Qué pasa Jacob?- Dijo Bella alarmada por mi nerviosismo.

- Lluna no puede volver a casa, no tiene coche, la he llevado esta mañana a trabajar.

- Quizá ha llamado a alguien para que la vaya a recoger. –Me contestó Bella tranquilizándome.

- O puede ser que no. – Dijo Alice, haciéndose la interesante.

- Dime qué pasa Alice. – Le dije amenazante, creo que me pase un poco porque reculó asustada.

- No he podido averiguar mucho, pero no me gusta lo que he visto.

No hizo falta que me dijera nada más, salí disparado por la puerta, Alice me paró antes de entrar al garaje.

- Te olvidas de la bolsa, dile que le doy las que le he prestado hoy, será como un regalo para que se acuerde de mí.

Me metí en el coche y salí a toda prisa, era muy tarde y Lluna no tardaría en salir de trabajar. Suerte que Rosalie había hecho la revisión al coche, porque no creo que hubiera aguantado estas velocidades. Aunque me repateaba, debía de reconocer que Rosalie era toda una experta en el mundo del motor.

Llegué en la mitad de tiempo al trabajo de Lluna, pero era tarde y ella ya había salido, seguí su olor que todavía estaba presente en el ambiente hasta ella. Estaba sentada en un banco, su piel estaba más pálida que esta mañana. Bajé del coche y fui a su lado, tuve que obligarme a no salir corriendo en busca de su contacto. Su semblante demacrado me dio grima, su mirada estaba triste, perdida, todo era por mi culpa.

- ¿Cómo te encuentras?, ¿has vuelto a vomitar o marearte?

- No – No le creí, parecía que en cualquier momento iba a desplomarse.

- ¿Estás esperando a alguien? – Le pregunté, quizá había llamado algún conocido para que fuera a buscarla.

- Estoy esperando el autobús para irme a casa. -¿Qué?, ¿Ella sola?, no podía consentir eso.

- Ven, sube, te llevo a casa. No estás en condiciones para esperar aquí sola.

Le abrí la puerta, entré en el coche, le di la bolsa con la ropa y el mensaje que me dio Alice, después conduje en dirección a su casa. En el trayecto no fui capaz de mirarla ni una sola vez, sabía que si lo hacía no iba a ser capaz de alejarme de ella de nuevo. En mi mente metí el mensaje de que sólo la llevaba a casa y me aseguraba de que llegara bien. Lluna fue quién rompió el silencio, música para mis oídos.

- ¿Podrías hacerme un favor? Antes de entrar en mi pueblo hay un mirador, me gustaría que te pararas un momento allí. – Me dijo en súplica, no pude negarme.

Seguí conduciendo y paré dónde había un cartel que indicaba mirador del Fitu. Bajamos del coche, me paré cuando vi que Lluna iba en por el camino contrario.

- Lluna, el mirador está en la otra dirección.

- Te he dicho que te pararas en el mirador, no que fuéramos allí. – Vi en sus labios una sonrisa, la cual hizo que mi corazón latiera de alegría por unos instantes.

Lluna comenzó adentrarse por el bosque, caminaba con prisa, yo la seguí. No tenía ni idea donde me llevaba, iba a preguntarle pero ella resbaló y casi cae al suelo, por suerte, pude sujetarla antes que callera en las afiladas piedras. Hice este gesto por reflejo, estaba esperando que ella rechazara el contacto como esta mañana, no quería que sucediera lo mismo, no quería sentir todo su odio hacia mí, no creo que lo pudiera soportar de nuevo mi corazón.

- Te puedes caer, dame la mano. – Le dije, ella aceptó y entrelazó nuestras manos.

Continuamos andando cogidos de la mano, en ningún momento comentó nada de nuestro agarre, a ella parecía no molestarle. Este simple roce hizo que de nuevo mi corazón brincara de alegría, de felicidad, haciéndose ilusiones imposibles.

Llegamos a un pequeño descampado al borde de un acantilado, me soltó la mano; se alejó sólo unos pasos pero yo sentí como si nos separaran kilómetros. Fue a sacar una esterilla que había entre medio de unas rocas, después la extendió en el suelo, no entendía nada.

- ¿Qué hacemos aquí Lluna?

- Esta mañana no me gustó cómo nos despedimos. Ya que nunca más nos vamos a volver a ver, me gustaría guardar un buen recuerdo de ti. –Dijo cayéndole lágrimas de dolor. Quise hablar, decirle cualquier cosa, pero sus lágrimas de tristeza se clavaron en mi pecho impidiéndome hablar. – Sólo quedémonos en silencio, sólo quiero eso, nada más, hasta que anochezca, por favor.

No pude negarme a eso, yo también deseaba estar más tiempo con ella; aunque sabía perfectamente que no debía hacerlo, después sería mucho más dura la despedida. Entrelacé nuestras manos y nos sentamos en la esterilla, todo mi ser suplicaba su contacto. Mandé mi conciencia lejos de aquí. Ahora, este momento, sólo sería nuestro, de nadie más. De regreso ya volvería hablar con mi conciencia y de los dilemas que me presentaba. Cuando quise darme cuenta estaba totalmente pegado a su cuerpo, tampoco me di cuenta que estaba llorando hasta que comenzaron a caerme lágrimas de las mejillas y se juntaban con las de Lluna. Quise secar su cara empapada de lágrimas, de nuestras lágrimas, pero temía que rechazara mi consuelo como esta mañana.

- Ahora viene la parte más bonita, cuando el sol comienza a esconderse. Si tenemos suerte podremos ver los rayos de sol iluminando el mar. –Dijo con la voz entrecortada, intentando animar la situación.

Miré el paisaje que hasta ahora no me había fijado. Era precioso, una pequeña pradera donde se podía visualizar todo el valle. Su vista humana no lo podía ver, pero yo ya estaba divisando el mar y como las olas rompían en las rocas. Parecía que no existiera nadie más, sólo ella y yo.

- Este lugar hace que te sientas insignificante en el mundo. – Le dije.

- Por eso me gusta venir aquí, hace ver las cosas más fáciles.

- ¿Incluso parar el tiempo?

- Ojalá. – Dijo suspirando, deseando tanto como yo de que esto se pudiera hacer realidad.

Su móvil comenzó a sonar, haciéndonos recordar que no estábamos solos en el mundo y que los problemas seguían existiendo. Era su madre, escuché la conversación, estaba muy preocupada y, aunque Lluna intentó recomponer su voz para no preocuparla más, no lo consiguió. Cuando descolgó, desconectó el móvil, así no volvería a molestarnos nadie, sólo existíamos nosotros dos. Lluna tenía la mirada perdida al horizonte, sus mejillas estaban empapadas de lágrimas. Moví la mano y sequé sus mejillas, mi cuerpo parecía no preguntar a mi mente y se movía a su propia voluntad. Esperé un desprecio por su parte que nunca llegó. Los últimos rallos de sol dejaron que memorizara este momento, yo también me llevaría un buen recuerdo de ella para toda la vida.

- Esto es precioso, Lluna, gracias por traerme aquí.

- Gracias a ti por querer venir, ahora siempre que vuelva recordaré este momento y te recodaré a ti. El recuerdo a veces será bueno y otros malo. Cuando piense en todos los momentos agradables que hemos pasado juntos, los recordaré con mucho amor pero, cuando venga a mi mente la despedida, la recordaré con tristeza. – Cuando nombró esto comenzó a llorar de nuevo, acaricié su cara recordándome que, aunque no iba a ser por mucho tiempo, todavía estaba aquí. – ¿Cómo me recordarás tu? – Me preguntó.

- No hará falta que te recuerde, tú siempre estarás presente en mi memoria en cualquier momento.

- Como una imprimación más. – Dijo apenada, Lluna se había creído mis mentiras. Ella estaba siendo totalmente sincera conmigo, yo le debía lo mismo por haberle hecho sufrir.

- Tonta, quítate eso de la cabeza, lo dijiste tú, no yo. Lluna, cuando te conocí, descubrí que nunca había estado enamorado, sólo lo he estado de ti. Con Nessie fue más como una relación de amistad muy fuerte, como la que mantengo con Bella. Quizá, si ella no se hubiera ido, podría haberme enamorado, no sé. – Recordé como había pasado mis últimos años de vida, mis últimos años de tristeza y dolor.

- Está anocheciendo.- Me dijo, avisándome que era la hora de despedirnos de nuevo.

- Sí, pero, hasta que no sea más tarde, no nos vamos. Los Cullen no pueden salir con la luz que hay. ¿Hasta que salgan las estrellas? – Me mentí a mí mismo. En realidad, si nos íbamos ahora, cuando llegara a casa ya sería de noche y nos podríamos marchar, pero no me sentía con las fuerzas suficientes para dejar a Lluna.

- Hasta que salgan las estrellas. – Me dijo entregándome una sonrisa.

Dejé mi espalda caer en la hierba, mi cuerpo se encontraba totalmente relajado al lado de Lluna, las heridas del corazón estaban sanándose por momentos. Se apoyó en mi pecho, yo dejé que mi mano se enredara en su precioso pelo. Con cada estrella que salía me sentía más atado a ella, tuve que buscar y sacar todas las energías y fuerzas para tomar la decisión que, era la hora de irnos, de despedirnos para siempre. Cuando de nuevo regresó la conciencia me puse en pie, ayudé a Lluna a levantarse. Recogió la esterilla y la guardó de donde la había sacado. Cuando regresó a mi lado la pegué toda a mi cuerpo que tanto la necesitaba. Miré sus preciosos ojos marrones que tanto me recordaron a los de Bella, era imposible que Lluna se sintiera igual que ella, tan triste, sola, llena de pena…

- Lluna, quiero que me seas sincera, ¿cómo has estado estos días que no he estado contigo?

- Mi cara creo que te dirá que no he pasado muchas horas de sueño, las que estaba despierta las pasaba la mayoría llorando.

- Pero tú eres fuerte, Lluna, eres una chica muy valiente que puede con todo.

- ¿Crees que no lo he intentado? Intenté seguir, aunque sabía que nunca volvería a ser la que era, a ser la Lluna que era cuando estaba contigo. Lo hice lo mejor que pude y, aún así, no lo conseguí, ni lo conseguiré. Sabía que no había solución, tú te habías ido para siempre, bueno, te irás, y nunca te volveré a ver. Aunque lo intento, no puedo, mi cuerpo no me deja. Estar lejos de ti hace que toda mi piel esté helada, igual que mi corazón. El dolor que siento en el pecho es tan intenso que me dificulta la respiración. He intentado luchar por mí, por mi familia, por mis amigos y amigas, y no puedo Jacob, te juró que lo intenté y no puedo. Lo único que conseguía era acordarme de ti y, eso, no es nada bueno para mi corazón si tú no estás presente. – Bella tenía razón, Lluna lo estaba pasando tan mal como yo en nuestro distanciamiento.

- ¿Que sientes en el corazón? – Su mirada me recordó a la estatua de la pesadilla, tuve que poner mi mano en su pecho para sentir los latidos y verificar que no era el ángel de piedra.

- Ahora que estás aquí, nada, sólo un corazón latiendo lleno de felicidad, amor y calidez que inunda todo mi cuerpo. Pero, cuando de nuevo te separes, volveré a sentir lo mismo; vacío y frío. Las mismas punzadas clavándose, haciéndome estremecer, impidiéndome respirar… -Lluna cerró los ojos al acordarse de todo el dolor.

Me estremecí al saber que ella sentía lo mismo que yo. Sabía que su cuerpo humano no podría resistir mucho tiempo ese dolor, la pesadilla se haría realidad sino hacía algo para solucionar esto y, aunque una pequeña parte de mi consciencia me decía que debía separarme de Lluna por su seguridad, la otra le gritaba haciéndole callar, diciéndome que la única solución que había para que Lluna no sufriera era quedándome a su lado.

- Siento mucho haberte hecho pasar por eso. – Quité las manos de su pecho y la sujeté por los hombros, acercándola más a mi cuerpo.- Voy a odiarme siempre por eso y por ser un maldito egoísta.

Lluna comenzó a respirar muy fuerte, abrió los ojos, pude ver mi felicidad y esperanza reflejado en los suyos. Fue a decir algo, no le dejé, ahora que no me iba a separar de su lado jamás, besé sus labios que tanto anhelaba y deseaba. Nos besamos con amor, pasión, deseo, lujuria, pero sobretodo fue con desesperación. Nuestros cuerpos demandaban todos los besos y caricias que no nos dimos estos días que estuvimos separados y negamos estas últimas horas. Lluna se cogió a mi cuello, poniéndose de puntillas para llegar mejor a mis labios. La cogí por las caderas y enredé sus piernas en mi cintura, la sujeté por la espalda, pegándola toda a mi pecho, sintiendo los rápidos y vivos latidos de su corazón junto con los míos.

Lluna comenzó a llorar, sus lloros fueron tan fuertes que tuvo que dejar de besar mis labios. Desenredó las piernas de mi cintura y bajó al suelo dándome la espalda, su respiración era entrecortada, se abrazó con los brazos el pecho. Cuando quise girarla para mirarla y preguntarle que le pasaba, despreció mi contacto y me encaró. Las piernas comenzaron a flaquearme cuando sentí todo el dolor y odio hacia mí en su mirada.

- ¿Porqué me haces esto?, ¡deja ya de hacerme daño!, -el dolor que sentí por sus palabras me dejaron sin habla, Lluna se había creído todas mis mentiras, me odiaba por todo el dolor que le había hecho pasar. -¡no hace falta que me mientas para luego irte de nuevo!

- ¡No me voy a ir!-Le cogí por los brazos que se resistían a ser sujetos- Si me quieres, no me iré de tu lado jamás. – Al oír esto dejó de retorcerse.

- ¿Cómo sé qué no me estás mintiendo? – Me preguntó con los ojos cerrados mientras caían lágrimas por su cara.

- Porque te amo, porque no podemos vivir separados, porque sin ti no soy nada, eres quién hace qué me sienta vivo. El dolor que sentimos al no estar juntos nos está matando, no puedo permitir eso.

- ¿Qué hay de los Vulturis? –Preguntó cerrando fuertemente los parpados.

- Si tú quieres, seguiremos el plan de los Cullen, es arriesgado, pero moveré cielo y tierra, lucharé con mi vida para que no te hagan daño. Todo lo que quieras para que seas feliz junto a mí.

- Estás mintiéndome. – Dijo derrumbándose en mis brazos, la sujeté en mi pecho como si fuera un bebe.

- Lluna, no te miento, por favor mírame y sabrás que todo lo que te estoy diciendo es cierto.

Abrió lentamente los ojos encontrándose con mi mirada. Con su mano limpió las lágrimas que no sabía que estaban bañándome el rostro. Lentamente, acercó sus labios a los míos y los besó con cautela.

- Te quiero Lluna. –Al decirle esto creyó del todo mis palabras y nos fundimos en un beso que juraba amor eterno. Sus besos curaron del todo mi corazón, cosiendo herida por herida.

Era muy tarde, aunque no quería irme de este lugar que era sólo nuestro, los padres de Lluna y toda la familia Cullen estarían muy preocupadas e impacientes por nuestro retraso. Me separé de sus labios y suspiré, no hizo falta que le explicara nada, dejó la cabeza apoyada en mi pecho y comencé andar. En el trayecto, Lluna se había quedado dormida, la dejé sentada en el asiento y puse rumbo a su casa. Cuando llegamos, la volví a coger en brazos, no quería despertarla, piqué al timbre. Su padre abrió la puerta, pude observar toda su preocupación cuando puso los ojos en su hija.

- Está bien, se ha quedado dormida y no he querido despertarla. – Le dije en voz baja.

Fue a decirme algo acompañado de un dedo acusatorio pero la madre de Lluna le hizo callar. Paloma me guió hasta la habitación de Lluna, fui seguido en todo momento por Manuel que me enviaba miradas llenas de desprecio, “si las miradas mataran…”

Llegamos a la habitación, Paloma entró y destapó la cama; la tumbé en la cama, le quité los zapatos, la arropé con el edredón y le di un beso en los labios deseándole buenas noches.

- Si se despierta, díganle que mañana a primera hora pasaré a buscarla para acompañarla al trabajo. –Le dije a Paloma, su padre dudaba que me quisiera escuchar.

- Creo que preferirá que se lo digas tú. A nosotros no nos creerá. – Me dijo su madre.

- Será mejor que no la despierte, hace días que no duerme bien. – Le contestó Manuel a su mujer.

- Pues entonces que se lo diga él si se despierta, buenas noches Jackson. – Dijo su madre y cerró la puerta dejando a Manuel con las palabras en la boca.

Me quedé parado, me acababan de dar permiso para que me quedara a dormir, bueno, en realidad, sólo su madre fue la que consintió que me quedara, pero con eso ya me bastaba.

Fui al rincón más apartado de su habitación y llamé a Bella. Antes de que terminara el primer toque cogió el teléfono.

- ¿Va todo bien Jacob?- Preguntó alarmada.

- Todo genial. –Se comenzaron a escuchar gritos de felicidad al fondo. –Me quedo en casa de Lluna a dormir, mañana hablamos. – colgué con los gritos de alegría de Bella y toda la familia Cullen.

Me quité las deportivas y me tumbé al lado de Lluna, como un imán se pegó a mi cuerpo, haciéndome presa con sus brazos y piernas. Me sentía tan bien, tan feliz de estar de nuevo con Lluna que me olvidé por completo del dolor que había sentido al estar separado de ella y el motivo por el cual nos habíamos tenido que distanciar. Estaba tan relajado que no tardé en unirme a sus sueños.
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¡HOLA, HOLA! Espero que les haya gustado el desenlace de esta parte de la historia. La historia en si no acaba más que empezar. Primero de todo dar las gracias a todas aquellas que habéis dejado comentarios que tanto me gustan y me alegran el día. Para mostrar mi agradecimiento quisiera implicaros decidiendo, es decir, hay dos opciones, votaréis y la opción ganadora será la elegida. Sigo explicando: cuando hice estos últimos capítulos seguí el mismo patrón que siempre; primero explicaba Lluna y luego el POV Jacob, pero, a la hora de publicarlos los hice diferentes (Primero Lluna, luego Jacob y desenlace Jacob). LA cuestión es que ahora me queda el desenlace explicado por Lluna suelto y no sé qué hacer, por eso quiero implicaros decidiendo lo que más os guste. Las dos opciones son las siguientes.


OPCIÓN A: El Viernes que viene publico desenlace explicado por Lluna (me quedó muy bonito XD)


OPCIÓN B: El Viernes que viene publico la continuación de la historia (que ya será explicada por LLuna)

Pues ahí lo dejo, a decisión vuestra, es que no tengo ni idea. A mí me gustaría publicar el desenlace explicado por Lluna, pero no quiero que se os haga pesada la historia. Porque quizá penséis – esto ya lo he leído antes, ya sé lo que pasa, me aburro…- (yo creo que no es así porque cada uno lo ve de una manera diferente) Pero lo que yo crea o no crea ahora no importa, lo que me importa es saber qué queréis leer vosotras.


No puedo dejar un avance del próximo capítulo porque hasta que no votéis no se cual voy a publicar. A mitad de la semana que viene dejaré el avance de la opción ganadora.


¡Vaya parrafada he metido! Puffff!!!!! Me tenéis que parar los pies (bueno, las manos) que comienzo a enrollarme y no paro.


Gracias por todo, de verdad os quiero un montón. Un BeSazo enorme. Áuryn

viernes, 18 de marzo de 2011

16. La huida POV Jacob


Dos días separados, esta es la tercera noche que voy a estar sin ti desde que te dije adiós. Cada paso que intento dar para separarme de ti me resulta una tortura; las cuerdas que nos unen tensan, haciéndome imposible caminar y, por mucho que lo intento, me es imposible avanzar. Intento romper las cuerdas que están totalmente adheridas a ti, pero son muy fuertes, cuanto más lo intento, más fuertes se hacen.


Quiero dar zancadas enormes, pero no puedo, lo único que consigo es arrastrar las pezuñas en el bosque, dejando un surco de dolor en el suelo igual que en mi corazón. El dolor es tan intenso que me impide respirar, estoy agotado, sin fuerzas y muy cansado, cansado de estar siempre huyendo de mis verdaderos sentimientos; primero, con Bella; luego, con Nessie y, por ultimo, tú, mi verdadero amor, Lluna. Sólo deseo volver a tu lado para que me ayudes a curar las heridas de mi corazón, porque sé que tú eres la única que las podrá sanar, pero no puedo. Por tu seguridad y por la de todos tengo que borrar estas ideas de mi cabeza. Aunque el plan de los Cullen es tentador, podría salir mal, y la consecuencia serían vidas perdidas, incluso la tuya. No, esto no va a pasar, no voy a dejar que nadie te haga daño.

El causante de que estés en peligro soy yo, por eso tengo que alejarme. ¡Vamos Jacob, levántate del suelo, CAMINA DE UNA VEZ, NO TE QUEDES PARADO, CAMINA!; me grita una y otra vez la conciencia, pero mi cuerpo no respondía, no quería obedecer esas órdenes. Mordí fuertemente mi pata, para ver si con un estimulo conseguía hacerla funcionar, pero no fue así, comencé a sangrar; la hemorragia a los pocos segundos cicatrizó. Intenté recomponerme, pero no pude, caí nuevamente al suelo gimiendo por el dolor que sentí en el corazón.
Cuando me alejé de Nessie no fue ni una cuarta parte de doloroso de lo que estoy sintiendo ahora, seguramente sería porque no la amaba y porque la imprimación estaba casi desvanecida.


Hacía rato que estaba escuchando una tormenta acerarse, el olor a humedad cada vez era más presente, no se hicieron esperar las gotas de lluvia. La tormenta era muy intensa, los fuertes truenos hacían temblar todo el suelo. Olfateé un olor bien familiar, el de Bella; vendría otra vez a intentarme convencer de que el plan era bueno y, para nada era así. Alice podría confundir sus visiones o, que cuando vinieran los Vulturis, el olor de Lluna siguiera en casa y ellos lo notaran o, peor aún, podría venir el miserable de Aro y con sólo tocar la mano de alguien sabría de la existencia de Lluna en nuestras vidas. Viera como viera el plan, sólo encontraba cosas negativas y que pondrían en peligro sus vidas, la mía me daba igual sino estaba con Lluna, ya era ahora un ser sin vida, volvía a ser Jacob zombi.


Bella llegó a mi lado y fue directa a inspeccionar la mordedura de la pata, aunque ya no había rastro de cicatriz, había dejado una gran marca de sangre en mi pelaje que ni el agua de la lluvia hizo desaparecer. Empezó a sermonearme, pensaba que había intentado herirme, y aunque fue así, no lo hice con la intención de suicidarme. Bella pensaba que quería quitarme la vida como las otras veces, sólo por ella no hacia esto, la hundiría todavía más en pena. Quise desconectar y no escuchar la regañina de Bella, pero un olor hizo despertar todos mis sentidos; era el de Edward, pero no venia solo, no me hizo falta estudiarlo mucho, ese magnífico olor lo distinguiría en cualquier lugar. Me puse en pie, escuché como los pasos rápidos de Edward se acercaban, y con ellos la agitada respiración de Lluna.


Comencé a gruñirle enfadado a Bella, ¿por qué demonios habían hecho esto?


- Tranquilo Jacob, tienes que escuchar a Lluna; lo está pasando fatal, me recuerda tanto aquella vez que perdí a Edward. No puede vivir sin ti Jacob.


- Me da igual Bella. Sí qué podrá vivir sin mí. Estar con ella eso sí que sería una muerte segura para Lluna.- Me hubiera gustado que en este momento me pudiera entender o leer mi mente, no entendió nada de mi aullido.


- Jacob, habla con ella, si supieras por todo lo que está pasando sabrías que no puedes separarte de su lado, la estás matando minuto a minuto con vuestra separación. Lluna está sufriendo tanto como tú. –Comencé a gimotear, no era posible que Lluna sintiera el mismo dolor que yo, eso era imposible, su cuerpo humano no lo podría resistir. Su olor cada vez estaba más cerca, atrayéndome, hipnotizándome. Todo el esfuerzo que había hecho estos días no había valido para nada, estaba totalmente atado a ella. Estaba tan cerca de estar con mi sanadora, podía ver hasta su figura entre la oscuridad de la noche. Tenía que irme, me era imposible estar más tiempo separado de ella sintiéndola tan cerca. – Además, Jacob, ella está conforme con el plan, Lluna confía en nosotros, igual que deberías hacerlo tú.


Me enfadé muchísimo con Bella, comencé a gruñirle. No le importaba para nada la seguridad de Lluna, como dijo Rosalie; eran capaces de cualquier cosa con tal de ver al chucho feliz. ¡Y tú, sanguijuela chupa sangre, sé que puedes oírme, lárgate ahora mismo y llévala inmediatamente a su casa! La única forma de mantenerla a salvo es estar lejos de ella, ¡lleváosla lejos de aquí, lejos de vosotros y lejos de mí! –Gruñí a Edward salvajemente, escuché como él le decía a Lluna que no se asustara-. Me estremecí de dolor por haberle hecho sentir miedo, se tenían que llevar a Lluna. Nuevamente gruñí, pero esta vez más bajo, no quería asustar otra vez a Lluna, se la tenían que llevar a casa.


- Jacob, yo no voy a ser la responsable de romperle más el corazón. Si de verdad quieres que se aparté de nuestras vidas, vas a tener que decírselo tú. – Dijo enfadada entregándome unos pantalones que llevaba detrás en una mochila.


Cuando Bella se dio la vuelta, salí apresuradamente de fase; quise meter en mi mente que las prisas que tenía eran por hablar con Lluna para que se alejara de nosotros ya y para siempre, pero en el fondo sabía que, lo que en realidad hizo que mi transformación de nuevo a un cuerpo humano fuera tan rápida, fue mi urgencia de verla y estar con ella. Me vestí con el pantalón y fui en busca de Lluna. Cuando estuve cerca salió corriendo a mis brazos, la abracé fuerte, con necesidad de sentirme cerca de ella. No tardé en unirme a sus lloros. Lluna estaba temblando en mis brazos, estaba empapada de agua, estaba helada. Desabroché su chaqueta mojada y pegué todo su cuerpo al mío para que entrara en calor. Su tacto en mi piel hizo que comenzara a temblar y mi corazón se sintiera un poco aliviado de dolor, pero no podía ser así, tenía que ser fuerte y alejarme de ella, tenía que luchar por su seguridad ya que parecía que a nadie más le importaba.


- Debes irte, no puedes estar cerca de nosotros. Ahora te llevaran a casa. – Rompí nuestro abrazó con una gran convulsión, mi cuerpo se negaba a estar separado al suyo.


- No, no puedo irme, tengo que explicarte, los Cullen tienen un pl…


- Es un estúpido plan, saldrías herida o muerta.


- Eso no es verdad, puede funcionar, ellos están muy convencidos que todo saldrá bien.


- No pienso arriesgar tu vida por egoísmo de retenerte a mi lado.

Lluna intentó abrazarme, pero con gran dolor rechacé su contacto, no podía estar cerca de ella, me tenía que alejar por su seguridad.


- Jacob, te necesito. No puedo imaginarme un futuro donde tú no existas.


- Ninguno de los dos existirá si seguimos con esto Lluna. Debemos separarnos para siempre.


- ¡Jacob, te quiero!


- Yo también y, por eso, debemos estar separados. – Le dije entre lágrimas.


- Eso es totalmente absurdo – Me dijo molesta retrocediendo un paso.


La única forma de hacer que Lluna se fuera, era haciéndole más daño, quizás así me recordaría como un ser despreciable y nunca se acercaría a un ser odioso cómo yo.


- La absurda eres tú por querer seguir con esto, debes irte ya a casa. –Le dije muy enfadado.


- ¡No pienso irme a ningún lado sin ti!


Todo esto estaba llegando demasiado lejos, tenía que romper esta situación aunque le hiciera daño.


- ¡Lluna aléjate de mí, no quiero verte nunca más!


- Eso no es cierto – Me dijo entre lágrimas. –Yo no puedo estar separada de ti, ni tú de mí.


- Una vez ya sobreviví y lo volveré hacer. Tú eres fuerte Lluna, lo conseguirás, lo sé.


- Tú no sabes nada.

- Sé que ya pasé por esto cuando se fue Nessie, y lo volveré hacer. – Sabía que esto era falso, con ella no fue tan doloroso ni traumático.


- ¿Eso significo para ti?, ¿una imprimación más? - Me dijo con odio.


- ¡Si pensando eso te es más fácil olvidarme, piénsalo! – Le dije furioso, ella pensaba que no la amaba, ¡pero la amaría toda la vida!


La dejé dando grandes zancadas hasta donde me permitió mi cuerpo. Llegó un punto donde las cuerdas que me atan a ella no me dejaron avanzar más, el mismo dolor en el pecho lo volví a sentir, impidiéndome respirar. Me escondí detrás de unos arbustos, esperando que dejara de buscarme, se marchara, y yo pudiera transformarme para poder seguir con mi partida. Lluna se paró a pocos metros, aguanté la respiración para que no me escuchara, lo que sí que escuché fue como se desplomó en el suelo.


Salí de mi escondite y corriendo me acerqué a ella, estaba empapada y helada de frío, su piel estaba bien pálida. Su corazón iba muy despacio, sentí miedo de perderla para siempre. Edward y Bella aparecieron enfrente nuestro, él se agachó e intentó cogerle la mano, le impedí esto, ahora que Lluna estaba débil serían capaces de hacer cualquier cosa para que no se fuera, incluso convertirla para que no tuviéramos problemas con los Vulturis.

- Sólo quiero tomar su temperatura.-Le dejé que lo hiciera, Edward era hijo de un doctor, tenía más idea de medicina que yo seguro, aún así, no quité vista de sus movimientos. – Tiene su temperatura corporal muy por debajo de lo normal, hay que hacerle entrar en calor y llevarla, cuanto antes, con Carlisle para ver si puede hacer algo para que mejore su estado de salud.


Con cuidado la levanté en mis brazos y se la entregué a Bella.


- Súbela encima de mí, yo la llevaré, así entrará antes en calor. Sujétala bien fuerte para que no caiga. – Le dije y entré en fase sin quitarme el pantalón, lo escuché como se desgarraba.


Bella se subió encima de mí dejando a Lluna recostada, cuando me aseguré que estaban las dos bien sujetas comencé a correr desesperado. Seguí a Edward hasta un bosque cerca de la autovía, allí tuve que salir de fase para ir al aparcamiento. Cuando me trasformé cogí a Lluna en brazos, su temperatura estaba más baja, el aire frío que le había dado cuando corría a toda velocidad la había helado más. Entramos en el coche, Edward encendió el motor, la calefacción al máximo y salió chirriando ruedas. Toda la ropa de Lluna estaba chorreando agua y helada, la desnudé dejándola sólo en ropa interior para que entrara antes en calor. La pegué toda a mi cuerpo, sujetándola como si fuera un bebé. Edward llamó a Carlisle para informarle de la situación de Lluna y comenzara a preparar el tratamiento. Después cogió el móvil de Lluna y envió por ella un mensaje a sus padres diciendo que no iba a dormir a casa.


Lluna, aunque había conseguido entrar un poco en calor, todavía seguía fría. Su precioso color de piel canela ahora era pálido amarillento. Tenía los labios y las uñas amoratadas por el frío. Entrelacé nuestras manos y comencé a besar todo su rostro, haciendo presión en sus labios morados. Limpiaba mis lágrimas que caían en su cuerpo para que no sintiera más cosas frías y húmedas.


Llegamos a casa de los Cullen, en todo el camino nadie dijo palabra, estaba demasiado preocupado por el estado de salud de Lluna. Entramos en casa y seguí a Carlisle, que me llevó hasta mi cuarto. Dejé a Lluna tumbada en la cama, la veía muy frágil. Comencé a convulsionar violentamente al ver tal imagen.
Todos nos reunimos alrededor de mi cama viendo como Carlisle trabajaba en el cuerpo debilitado de Lluna. No me percaté que estaba desnudo hasta que Esme me entregó unos pantalones, me los puse. Vi que Lluna también estaba medio desnuda, le dije a Alice que la vistiera con ropa de abrigo y saqué fuera a todos los mirones, incluido yo, no podía ver más el cuerpo helado de mi amada. Yo era el culpable porqué estuviera así, pero los realmente culpables de esta situación eran Edward y Bella por llevarla donde yo estaba sin preocuparse del estado de salud de Lluna.

- Si le pasa algo grave a Lluna, los únicos responsables vais a ser vosotros. – Les dije amenazante.


- Jacob, le dimos una chaqueta, no pensamos que tuviera tanto frío. – Me dijo Edward defendiéndose de mi ataque. Bella no dijo nada, tenía la mirada triste perdida en el suelo.


- ¡Me importa una mierda la chaqueta!, ¡no tuvisteis que llevarla hasta allí, es peligroso que esté cerca de nosotros y ahora está sufriendo por vuestra culpa!


- Jacob, Lluna ya estaba sufriendo por vuestra separación, como tú. –Me dijo Bella apenada.


- ¡A ti Lluna te importa bien poco, lo único que quieres es que yo esté feliz con ella, para así no tenerme que soportar depresivo!

- ¡Eso no es cierto! – Me contestó en un tono de voz elevado haciéndome enfadar más.


- Sabes que si, ¡al precio que sea, incluso la vida Lluna!, ¡eres una interesada qué sólo piensa en ti misma sin mirar las consecuencias! – Le dije arrinconándola en la pared.


- ¡No hables así a mi mujer! – Dijo Edward entre poniéndose en medio de Bella y yo, defendiéndola.


- Sabes que es verdad Bella, te conozco para saber que es cierto todo lo que he dicho. – Le dije separándome de ellos y mirándola a los ojos.


- Sí, al principio sí, -me dijo Bella avergonzada- pero cuando la vi tan derrumbada me recordó a cuando Edward se fue y… y…, la única solución que hay para que no estéis así es estando juntos.


- ¡No podemos estar juntos, pondría su vida en peligro!


- ¡La matarás de dolor si te separas de ella!


Me hubiera gustado contestar a Bella, aunque no tenía ninguna frase para poderme defender de sus ataques, pero Lluna comenzó a llamarme y salí disparado hacia la habitación. Cuando entré, la vi tan frágil que me rompió aún más el corazón así que, con cuidado de no hacerle daño, me senté a su lado y comencé acariciarle la cara que todavía estaba fría y seguía teniendo ese color espantoso amarillento. Le pregunté a Carlisle cuál era el estado de salud de Lluna.


- Ahora iba hacerle una exploración, pero creo que no corre peligro alguno. Necesito que se siente.


Ayudé a Lluna a incorporarse en la cama. Carlisle comenzó hacerle la exploración. En todo momento no le aparté la vista, se veía tan débil que parecía que en cualquier momento se iba a desplomar de nuevo. Cuando Carlisle terminó la exploración, la tumbé de nuevo en la cama y la tapé con una manta para que entrara de nuevo en calor, Lluna estaba temblando de frío.


- Su temperatura corporal todavía está baja, pero va remontando. Necesita descansar. Lluna, ¿eres alérgica a algún medicamento? – Le respondió que no.- Entonces voy a administrarte unos calmantes para que te ayuden a relajarte.


- No quiero calmantes. –Contestó en un hilo de voz.


- Lluna, ya has escuchado a Carlisle, necesitas dormir para recuperarte. – Si seguía así podría empeorar.


- No quiero dormir, no quiero que te vayas. – Dijo con la voz rota. Lluna tenía que descansar para recuperarse. La única forma que ella aceptaría tomar los medicamentos sería prometiéndole que me no me iría, de momento.


- Carlisle, voy a intentar convencerla, si no resulta se lo pondremos a la fuerza. – Le cuchicheé, imposible que lo escuchara Lluna. - Mañana por la mañana seguiré aquí. –Le dije, besé con cuidado su mano vendada a causa de las agujas del goteo que tenía puesto por mi culpa.



Lluna confió en mis palabras y dejó que Carlisle le administrara el medicamento sin rechistar. Me hubiera gustado poderle prometer que nunca me iría de su lado, que siempre estaríamos juntos, pero esto no podía ser así, con mucho dolor que sintiera por la idea, por su seguridad, no podíamos estar juntos.
Cuando Carlisle se fue, comencé a frotarle los hombros con delicadeza para que entrara en calor, pero seguía temblando de frío, la única forma de hacerle entrar rápido en calor sería tumbándome con ella, haciendo de estufa. Con cuidado de no chafar los tubos del goteo me tumbé junto a ella y nos tapé. Lluna se giró a mi lado, quedando su cabeza encima de mi pecho. Allí sentí las húmedas y frías lágrimas de Lluna.

- ¿Lluna, te duele algo? – le pregunté asustado, negó con la cabeza. Lluna estaba llorando por la idea que me fuera, igual que estaba llorando mi corazón.- Mañana por la mañana seguiré aquí, aunque esto no ha cambiado nada. Mi decisión sigue siendo la misma.


- Pero, pero…


- Pero nada, todo sigue igual. Mañana, si te encuentras bien, te llevaré a trabajar, yo y todos los Cullen nos iremos. No sigas presionándome, por favor. – Le dije roto de dolor por la verdad de las palabras.
Aunque sabía que esto sólo iba a ser un acercamiento espontáneo, la simple presencia de Lluna había hecho comenzar a cicatrizar las heridas de mi corazón. Mañana, cuando de nuevo nos separáramos, volverían a abrirse. Lluna, exaltada, levantó la cabeza de mi pecho, mirando el reloj de la mesa.


- Tengo que llamar a mis padres y decirles…


- No te preocupes, Edward les ha enviado un mensaje por ti diciendo que te quedabas aquí a dormir. – Le contesté acariciándole el pelo para que se tranquilizara y volviera a descansar.


Dejó la cabeza apoyada en mi pecho, su respiración cada vez era más lenta y pausada, los tranquilizantes habían hecho total efecto dejando a Lluna dormida en un profundo sueño. Pasé toda la noche velando por su salud, vigilando como, poco a poco, su temperatura iba aumentando, disfrutando del tacto de su piel y pelo, recreándome en su dulce olor. Me mentí pensando que siempre sería así, deseé que se parara el tiempo, así siempre estaríamos juntos, me hizo tan feliz esa mentira. La realidad era demasiado amarga, mañana me iría cuando la dejara, nos iríamos para siempre, no haría la estupidez de los días pasados retorcijándome de dolor en el boque. Le pediría a Carlisle que me diera una sobredosis de calmantes para dormirme y, cuando me despertara, ya estuviera lejos de ella, así no pasaría otra vez lo mismo, no habría vuelta atrás.


Según iban pasando las horas, su respiración fue volviéndose más irregular, los medicamentos estaban dejando de hacer efecto. Dejé la mentira y volví a la realidad, forcé a mis manos para que dejaran de acariciar su cuerpo, me obligué a respirar por la boca para no oler su aroma hipnotizador. Lluna se despertó.


- Es muy pronto todavía; si quieres, puedes seguir durmiendo. – Le dije, así podría seguir viviendo unos minutos más la mentira.


No quiero dormir más, sería tirar el poco tiempo que me queda a tu lado. –Volví al mundo real, un mundo amargo dónde volvía a ser Jacob zombi sin sentimientos, sólo dolor.


Quise levantarme pero no me dejó, tenía que avisar a Carlisle para que evaluara su estado de salud.


- Voy avisar a Carlisle, ahora vengo. –Acaricié por última vez su rostro, disfrutando por última vez su tacto. Oí los pasos del doctor como sonaban en la escalera.- Nos ha escuchado, ya sube él.


Carlisle entró en la habitación y la examinó, dijo que ya estaba recuperada, pero aún así, si no se sentía bien, podría facilitarle un justificante, ella le dijo que no, sólo necesitaba una ducha para despertarse. Estaba actuando como una orgullosa, aunque lo poco que la conocía sabía que lo era, nunca pensé que llegara a tales extremos.


Alice entró en la habitación y le entregó ropa y utensilios de higiene. Lluna se quedó parada mirándome, en sus ojos pude ver el miedo a que me fuera, le aseguré que no haría esto hasta que la dejara en el trabajo, después de esto entró en el cuarto de baño. Carlisle dándome un fuerte apretón en el hombro, dándome apoyo, se fue. Alice se sentó conmigo en la cama.


- ¿Qué vas hacer Jacob?


- Lo que debería haber hecho hace varios días, irnos.


Alice fue a contestarme, pero tuvo que ver algo en mi semblante porque se paró de golpe, se cruzó de brazos y sopló. Dejé mi espalda caer en la cama, al hacer este movimiento levanté aire y, con él, todo el aroma de Lluna que estaba camuflado entre las sabanas llegó al fondo de mis pulmones. Exigiéndome más, contuve el aliento para denegar a mi cuerpo esa petición. Cuando sentí que me faltaba oxigeno comencé a coger aire poco a poco por la boca, los pulmones comenzaron de nuevo a exigir ese olor, haciéndomelo saber con un dolor que se fue expandiendo hasta mi corazón. Bella ayer me dijo que Lluna lo estaba pasando tan mal como yo; esto no podía ser cierto, si lo fuera, no creo que lo pudiera resistir.


- Jacob, antes de que se vaya nos gustaría podernos despedir de ella.


- Creo que a ella también le gustaría.


Nos quedamos en silencio el tiempo suficiente para que me diera tiempo a pensar demasiadas cosas; aunque tenía que dejarla ir, mi cuerpo y parte de mi mente odiaba eso, no podía hacerme la idea de estar separado de ella. Me dolía la cabeza, el pecho, los pulmones… Mi vida ahora sería una tortura llena de dolor, pero no me importaba morir de sufrimiento con tal de salvar la de Lluna. Deseaba y rogaba que su futuro fuera mejor.


- Alice, ¿cómo será la vida de Lluna a partir de ahora? – Le pregunté cuando el dolor me dejó hablar.


- No lo sé, Jacob, está muy cerca de ti, cuando se aparte de tu vida comenzaré a indagar en su futuro y a descifrar las pistas. Lluna no tardará en salir del baño, no creo que sea bueno que te vea de esta guisa.


Como pude me incorporé de la cama; Lluna, a los pocos minutos, abrió la puerta preguntándole a Alice por maquillaje, me hizo un favor llevándosela fuera de la habitación, así tendría unos minutos para conseguir recomponerme. Me cambié de ropa para llevar a Lluna al trabajo; cuando entré en el baño, el calor del vapor del agua había hecho concentrar el aroma de Lluna, llegando hasta el fondo de mi ser, hipnotizándome, cerré los ojos por el placer que sentí y lo relajado que se sintió mi cuerpo. Cuando fui consciente de lo que estaba haciendo abrí de golpe los ojos, viendo en el espejo el ser indeseable y débil que era. Le di un puñetazo haciendo añicos el espejo. Bella, asustada por mi golpe y los temblores entró en el baño y me envolvió con una toalla la mano que estaba sangrando. Caí convulsionando al suelo sintiendo una gran presión en el pecho. Bella me cogió la cara obligándome a mirarle a los ojos.


- ¡Jacob, Jacob para, tranquilízate! – Aunque no quería transformarme, mi espíritu lobo lo pedía a gritos para poderse desprender del dolor del pecho. – Jacob, cálmate, no puedes transformarte ahora y aquí, Lluna está en la otra habitación, creo que no se sentiría bien viendo a un lobo descontrolado e irritado.
El sólo pensar cómo se sentiría Lluna hizo que mis convulsiones fueran menos violentas. Ayer, cuando me escuchó gruñir, sintió miedo, no quería que ella se sintiera así. Las convulsiones se trasformaron en temblores. El dolor del pecho era tan grande que me impedía respirar. Por mis ojos comenzaron a salir lágrimas de impotencia. Bella se tumbó conmigo en el suelo y me abrazó fuerte.


- Jacob, siento mucho por todo lo que te hecho pasar, perdóname, por favor. – Me dijo con voz desgarrada.


Dejé la cabeza apoyada en su hombro llorando desconsoladamente como nunca lo había hecho. Bella estuvo apoyándome hasta que me tranquilice.


- Jacob, me tienes aquí para lo que necesites, no estás solo en esto ¿Para qué están los amigos si no es para ayudarse? –Dijo limpiándome las lágrimas.


- Siento no poder cumplir la promesa de hacerte de nuevo feliz, Bella. Te voy a necesitar a mi lado más que nunca.


- Voy a apoyarte en todas tus decisiones. Yo seré feliz cuando de nuevo lo seas.– Esto iba a ser imposible, seríamos dos infelices en esta vida.


Me ayudó a levantar, limpié la mano de sangre con agua, la piel ya había cicatrizado dejando los cristales clavados dentro. Fuimos al piso de abajo, Carlisle extrajo los cristales de dentro cortando con un bisturí la piel y sacando los trozos de cristal. Me tragué los gritos de dolor cuando Carlisle extraía cada cristal, el dolor que sentía en mi mano no era nada comparado con el dolor que sentía en mi corazón. Bella sujetaba mi otra mano y me dejaba que la apretara para descargar la tensión y el dolor. Poco después de que Carlisle terminara de curarme, entró Esme avisándome de que bajaba Lluna. Fui a la cocina, Esme nos había preparado el desayuno, llené mis pulmones de aire antes de que entrara Lluna.


Esquivé su mirada en todo el desayuno, no podía soportar ver sus ojos tristes. Tuve que chantajearla para que comiera algo, tenía miedo de que volviera a caer enferma.


Cuando terminamos de desayunar me pidió despedirse de toda la familia Cullen. Primero, fuimos al despacho de Carlisle que se encontraba él y Esme; después, fuimos al salón que era donde estaban todos los demás. En toda la despedida no pude mirar a nadie, había un ambiente desolador en toda la sala y yo no podía admitir más pena y tristeza.


Cuando por fin terminó la dura despedida, fuimos al coche y puse rumbo al trabajo de Lluna. Ahora vendría la parte más dura, la hora del adiós definitivo. Me partía el corazón verla llorar: quería limpiarle las lágrimas, abrazarla, consolarla; ¿cómo iba hacer esto si sabía que el causante de toda su tristeza era yo? Me odiaba por hacerle sentir esto. Por el rabillo del ojo vi el semblante de Lluna, estaba deshecha en pena y, por momentos, más pálida. Me pidió que parara el coche, frené y ella abrió la puerta. Comenzó a vomitar, cuando salí del coche para socorrerla, ella también salió y fue dando tumbos hasta parar a un árbol. No sabía qué hacer, me puse muy nervioso; tenía que avisar a Carlisle, pero la vi muy débil y no quería dejarla sola, yo no podía hacer nada, él era un gran médico y sabría qué hacer para mejorar el estado de salud de Lluna. Tenía miedo de irme y que se desmayara, pero no podía hacer otra cosa. Ayudé a que se sentara, entraría en fase y en poco más de tres minutos ya estaría de regreso con Carlisle.

- Voy avisar a Carlisle, ahora vengo. – Le dije sujetando su cara pálida y fría.
En ningún momento me imaginé como reaccionó, me quitó las manos de su cara, rechazando mi caricia, mi consuelo. Yo era él causante que se sintiera así, de todo su dolor, me odiaba.


- ¡No hace falta que llames a nadie! Estoy bien, vámonos. – Dijo con resentimiento, se puso en pie, dando tumbos fue al coche y cerró la puerta dando un portazo.


Lluna me odiaba, no me quería cerca de ella, rechazaba mi contacto, me despreciaba, y no era para menos; todo lo que le había hecho sentir, todo el dolor por mi culpa y, ahora, sólo sentía odio. Sus sentimientos me irritaron más de lo que me habría imaginado. Hace horas hubiera hecho cualquier cosa para que sintiera eso y se fuera de mi vida para siempre, pero ahora, sin saber el por qué, su actitud hacia mí me dolió muchísimo. Me sentí enfurecido por no entender mis sentimientos, ni yo sabía lo que quería que sintiera ella por mí. Intenté desahogarme con lo primero que encontré, cogí el tronco donde había dejado antes sentada a Lluna y lo lancé, estalló contra el suelo haciéndose añicos.

Me metí en el coche y conduje irritado hasta una gasolinera donde me indico Lluna que parara. A través de los cristales del coche seguí todos sus movimientos, me preocupaba que se fuera a marear de nuevo. Compró una botella de agua y algo más que no supe que era, parecían unos caramelos o algo parecido. Cuando se metió de nuevo en el coche, sonó su teléfono móvil, no respondió a la llamada, envió un mensaje a quien fuera que le estuviera llamando.


En todo el camino estuve analizando mis sentimientos por Lluna. Yo sabía a la perfección que sentía un gran amor por ella. Llenaría de besos y caricias todo su cuerpo para que se sintiera la mujer más amada del mundo, y yo, deseaba que me hiciera sentir un hombre en todos los sentidos y, con el tiempo, rebosar de felicidad al construir con ella una familia. Haría lo que fuera para hacerle sonreír en cada momento, todo para que fuera feliz día a día. Estaba haciendo todo lo contrario de lo que quería; nunca la volvería a besar ni acariciar y no podía planificar un futuro juntos, tampoco la podría hacer feliz. Nuestra separación le estaba produciendo una gran tristeza y odio hacia mí; esto era bueno para ella, porqué así me olvidaría más rápido -o eso pienso yo-. Lo que realmente no comprendía era que si yo quería que Lluna me olvidara, ¿por qué demonios me dolía tanto la idea de que me odiara? ¿Por qué no quería que me olvidara? Ni yo mismo me entendía.


Dejé todos estos dilemas e irritación para más tarde, estábamos llegando al trabajo de Lluna y, en consecuencia, la despedida. Aunque no quería, ni sabía si iba poder alejarme de ella otra vez, por la seguridad de Lluna, debía de ser así. Por mi cabeza pasó la idea de raptarla y llevármela algún sitio escondido del mundo, así podríamos pasar toda la vida juntos. Luego recapacité y me di cuenta que estaba teniendo ideas de psicópata. Dejé el coche estacionado en una zona de carga y descarga, no iba a molestarme en buscar un sitio mejor para estacionar, de esta forma tendría otro motivo para que la despedida fuera corta y no volvieran a parecer más ideas lunáticas por mi cabeza. Vi las lágrimas de Lluna caer por sus mejillas que me rompieron el corazón. Mi forma de proteger a Lluna era produciéndole dolor, ¡qué gran guardián que soy!


Sin ser consciente, una parte de mi cerebro estaba planificando más ideas psicópatas, tenía que despedirme de Lluna antes de que las efectuara. Cerré los ojos, no era capaz de despedirme de ella y verla de nuevo llorar.


- Adiós, Lluna. –Fueron las únicas palabras que lograron salir de mi garganta.


- Adiós, Jacob. – Dijo en un susurro, salió del coche. – Te quiero. – Pronunció con la voz rota cuando cerró la puerta.


Escuché como se alejó del coche. Con los ojos cerrados pisé el embrague, metí primera y aceleré, sólo cuando me distancié unos metros fui capaz de abrir los ojos, me obligué a no mirar por el retrovisor. De camino a casa dejé parte de mi ira en el pedal del acelerador.


Llegué a casa y metí el coche en el garaje, tenía que hacerle la revisión al coche; hace una semana que le hice más de 5000 Km y, en las próximas horas, debería de hacer de nuevo. En el garaje estaban Emmet y Rosalie haciendo la puesta a punto de todos los coches de la familia. Salí del coche y abrí el capó, cuando destapé el tapón del aceite salió un chorro de éste directo a mi cara.


- Es lo que pasa si no dejas que se enfríe el motor. – Me dijo Rosalie entregándome un trapo para limpiarme.


Me limpié la cara; normalmente, en esta situación, Emmet estaría tirado por los suelos de la risa, pero seguía con la mirada perdida en el suelo igual que esta mañana. Miré a mí alrededor y vi que los coches no estaban preparados con el equipaje.


- ¿Cuándo nos vamos? – Les pregunté.


- Hoy va hacer un día despejado, no podemos salir hasta que sea de noche. – Me contestó Rosalie, Emmet seguía en su mundo.


- ¡Genial, me parece estupendo! – Dije sarcástico.


Crispado entré en casa y le dije a Carlisle que me marchaba ahora, tenía que alejarme de este país cuando antes. Esme no me permitió eso, me dijo que no estaba en condiciones de hacer un viaje tan largo; a cambio, le pedí a Carlisle unos somníferos para dejarme dormido hasta la hora de la marcha. Me dio un pote de pastillas, me dijo que me tomara dos y, si a la media hora seguía despierto, me tomara otras dos.


Fui a mi cuarto, y me tomé todo el frasco de pastillas de golpe para que pudieran hacer efecto los somníferos antes que mi cuerpo los quemara. Me tumbé en la cama esperando que hicieran efecto. Me cogí fuerte a los barrotes del cabecero, impidiendo que mis pies salieran corriendo en busca de Lluna. Tenía que dormirme ya, sino mi mente comenzaría de nuevo a inventar estrategias estúpidas para regresar con Lluna. Si estaba todavía aquí, era por Esme, se que si me fuera ahora le haría sufrir muchísimo, estaría muy preocupada. Ella se comportaba conmigo como una madre, aunque yo no recordaba mucho cómo era una, sentía como si ella lo fuera.


Comencé a marearme, el cuerpo cada vez lo sentía más debilitado. Cerré los ojos esperando que la sobredosis de somníferos hiciera efecto, y así fue.

EN EL PROXIMO CAPITULO DE LAGUNA NOCTURNA.....



Habían pasado años desde la última vez que la vi, mi vida sin ella no tenía sentido alguno. Tenía que recuperarla fuera como fuera, seguiríamos el plan de los Cullen, me mudaría con ella y dejaría a mi familia de acogida para siempre si era necesario. Lo único que quería era estar con Lluna, no soportaba vivir más tiempo con este dolor. Intenté seguir con un estilo de vida más o menos digno, al estilo Jacob zombi, pero me fue imposible.


Llegué a su casa, todo estaba muy cambiado y su olor no estaba por ningún lado. Llamé a la puerta y contestó su padre diciéndome que ella ya no vivía allí, me dio su nueva dirección. Fui donde me dijo, era a las afueras de la ciudad, cerca de una iglesia antigua de piedra. Allí no había casa alguna, ni signos de que Lluna estuviera cerca. Volví a dar vueltas con el coche para ver si me había confundido, miré el mapa varias veces más y todas las veces volvía a parar al mismo sitio. Quizá su padre me había dado la dirección incorrecta, o tal vez no. En ese momento en mi cabeza se escuchó como se encendía un interruptor, entonces comprendí que estaba en el lugar correcto, no podía ser. Salí del coche y fui detrás de la iglesia, al cementerio.