lunes, 30 de mayo de 2011

AVISO: Parrafada total

AVISO, parrafada importante; tomáoslo con tiempo

Hola preciosidades!!!!!!!!!!!!!!!


Ante todo mil mil mil perdones por no dar señales de vida, lo siento de verdad. Cuando leo fics en otras páginas me da mucha rabia cuando la escritora desaparece sin más y a veces vuelve a dar señales de vida y otras no . Perdonarme, yo no quería hacerlo, me comprometí a publicar cada viernes y ya hace dos o tres semanas que no cumplo, perdón.

Perdonarme por…: dejaros olvidadas, tener descuidado este blog, no pasar a ver las invitaciones de otros blogs; perdiendo el hilo de muchas historias (vampiresa, Mari, Mariia, Gïxiie, Loli… y no sé cuantas más) perdón por no visitaros.

Hace cosa de 7 meses o así comencé a escribir esta historia, era la primera vez que hacia una cosa así. Siempre he sido una chica con un montón de pajarillos en la cabeza, con mucha imaginación, loquilla (por qué negarlo). Me imaginaba historias, montaba personajes en mi cabeza, una trama con principio y final…

En Septiembre del año pasado comencé a estudiar después de tenerlo olvidado durante 2 años. En esos dos años que estuve trabajando me di cuenta que quería ser algo más que una auxiliar por el resto de mis días, una persona a veces con voz pero siempre sin voto, la que se carga más responsabilidades que las que le toca. Trabajé cómo auxiliar en un centro ocupacional con personas con discapacidad física y psíquica. Es un trabajo que me encanta, pero me gustaría llegar a ser educador. Muchas veces tuve que sustituir a educadores, y me encantaba pero veía que muchas cosas se me escapaban de las manos por falta de formación, al año con la experiencia aprendí muchas cosas pero otras me gustaría trabajarlas más. No tengo bachillerato así que comencé a estudiar para superar una prueba de acceso a grado superior para poder entrar y hacer integración social. Busqué un centro para estudiar cerca del curro (que lo tenía a una hora y media de casa)y me cogieron. Salía de casa a las 8:00 de la mañana y llegaba a las 21:30. No descansaba, mi momento de relax era el metro. En Octubre me cumplió el contrato laboral, sólo hacen al 70% de la plantilla fija, y tuvieron que elegir entre hacer fijo a una educadora o a mí, y claro, es más fácil encontrar a una auxiliar que una educadora. De no tener nada de tiempo me encontré con todo el tiempo del mundo; cogí el paro y aproveché para meterme de lleno en los estudios. Quise cambiarme a un instituto más cerca de casa pero no había plazas -no me importó-, como era por la tarde podía coger el coche porque no había tanto tráfico, eran 25 minutos cada día pero valía la pena, he conocido personas fantásticas en ese instituto y espero que estén conmigo por muchos años y que esta ajetreada vida no nos separe.

Al tener tanto tiempo libre comencé a leer fics. La Saga Crepúsculo que encantó y muchísimos fics que leí también; sobre todo aquellos donde salían lemmon’s light o más fuertes, para mi gusto le faltó eso a la Saga. Mi cabeza loca comenzó a pensar en diferentes historias y siempre suspiraba por pensar que me pasara, o que existieran en la vida real, entonces se me ocurrió la idea de hacerlo “real” –voy a traer los personajes de la Saga al mundo real-. En mi cabeza monté unos personajes, una trama, como traer unos personajes ficticios a la vida cuotidiana… Me gustó como estaba quedando en mi cabeza y un día comencé a plasmarlo en papel. Me di cuenta que no se me daba tan mal como pensaba, y me iba bien para repasar ortografía y expresión para el instituto. Un día se lo enseñé a unas amigas lo que estaba haciendo y… para mi sorpresa ¡les gustó! Querían saber más de la historia, de los personajes, de TODO… me hizo muchísima ilusión que les gustara mi trabajo, que me ayudaran a corregir mis errores léxico/gramaticales y ortográficos, tanto me gustó que decidí que formaran parte de la historia para, de alguna forma, agradecerles su apoyo por una cosa que me estaba encantando y que quería continuar haciéndolo. Algunas anécdotas que hay en el fic son ciertas (maldita Laura, casi morimos de un infarto la pobre Nury y yo volando en el coche), otras no, un poco de todo XDDD.

La historia cada vez me gustaba más y a mis amigas también, cada semana o cada dos tenía listo un capitulo. Ellas me dieron valentía para publicarlo en la red. Aunque me costó lo mío hacerme con el blog (gracias MaRiia por ayudarme T’estimuuuuu), conseguí domarlo.
Personalmente comencé a pasar por malos momentos, y claro, si psicológicamente no estás bien es muy difícil concentrarse para escribir. Dejé por muchos días, casi meses de un lado la historia y comencé a centrarme más en los estudios. Problemas, estudios, fic, otros fics, el blog, otros blogs… demasiadas cosas. Decidí restringir algunas cosas, eran demasiadas para mi cabeza. Ahora que los problemas parecen que se están arreglando y que ya terminé los estudios (9,10 notaza que lo flipas) vuelvo a recoger las cosas que dejé olvidadas por un tiempo.

Al no poder escribir durante semanas me estáis pillando en capítulos. Me tomo tiempo con ellos y no me gusta publicar si no estoy conforme con lo que he hecho. Unas veces cuesta más escribir que otras, te quedas encasquillada y hasta que vuelves a arrancar y que te guste tardo un tiempecito.

Por todo lo que he pasado me merezco unas vacaciones, que las tengo bien merecidas, necesito urgentemente ordenar el desorden emocional que hay en mi cabeza (no es que esté loca, es que la vida y sobre todo las personas somos muy complicadas y todo se complica más cuando comienzas a replantearte un futuro sola o acompañada).

Voy a tomarme 3 semanas de vacaciones. Eso quiere decir que no publicaré durante esas semanas y que no sé si podré ponerme al día de las actualizaciones de mis nenas preferidas. Aprovecharé todo ese tiempo para mí, mi pareja, el fic, amigos… El Miércoles voy a Menorca y espero que la isla me de toda la energía que he dejado escapar por el camino.

Bueno tesoros, perdón por toda la parrafada pero me he sentido fatal por dejarlas olvidadas. Quiero que sepan que las tengo en mente y que os quiero a cada una de vosotras, que os parecerá mentira pero cada comentario, visita, seguidora, regalo… me llena de alegría.


Un BeSazo enorme. Áuryn

¡ahhhh! Qué no se os olvide, hay nuevo capítulo, jejeje. …que después de todo el royo que he metido…. Sus querooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Nuevo capitulo

26. Linea fronteriza

Durante el trayecto a la Push estuvimos hablando sobre qué me habían parecido Charlie y Sue. La verdad es que me parecieron una pareja muy simpática, donde se veía a distancia que entre ellos dos no tenían muchos temas en común; Sue, era una mujer muy entrañable y cercana, por el contrario, Charlie, era un hombre poco afectuoso y distante. Ellos sólo tenían posiblemente un tema en común que era que se amaban y, con eso, ya hacían una gran pareja.

- Sue, te quiere mucho. – Le dije afirmando lo que hacía un momento acababa de presenciar.

- Sí. La he tenido preocupada durante mucho tiempo a causa de mi falta de noticias, se ha alegrado mucho al verme. Espero que la manada me reciba de igual forma.

- ¿Por qué no se iban a alegrar?

- Es complicado. – Dijo, cambiando su semblante a uno preocupado- Soy un prófugo, abandoné a mi manada como un cobarde. Soy un licántropo y debo proteger al poblado de cualquier amenaza, en vez de hacer eso, me fui como todo un traidor al bando enemigo. - Su voz fue menguando hasta que calló.

Como toda una estúpida me quedé callada sin saber que decir. Quería ayudarle, que se sintiera mejor, pero no sabía cómo hacerlo y, mi silencio, no le iba a ayudar.

Jacob giró el volante y salió de la carretera, estacionando el coche en la calzada, cerca de un puente donde cruzaba un rio. Dejó caer la cabeza en el volante y fijó la mirada en sus rodillas. Me quité el cinturón y me arrimé a él, apoyando la cabeza en su brazo y acariciando su pelo; si no sabía que decirle al menos quería que el sintiera todo mi apoyo.

- No sé lo que ellos piensan acerca de mí; me verán como un desconocido, un intruso, un estafador…

- Yo no he visto que Sue te sintiera de esa forma. Lo que sí he podido apreciar es que la tenías muy preocupada y se ha alegrado muchísimo al verte. Estoy segura que los demás te recibirán igual, “la familia es la familia” – Le dije haciéndole una mala imitación del padrino la cual hizo que se le escapara una pequeña risa.

- Vas a tener que ayudarme para que no piensen que soy un traidor. – Dijo incorporándose en el asiento.

- Ya sabes que tienes toda mi ayuda. ¿Qué tengo que hacer? – Le pregunté sintiéndome útil por fin.

- Necesito que te vean conmigo para que confíen en mí y sepan que aún respeto a la raza humana.

- ¿Tan desconfiados son?

- Si yo fuera Sam, no me fiaría de un tipo que ha estado rondando con vampiros durante tanto tiempo.

- ¡Pues a qué estamos esperando! – Dije animada.- ¿Necesito ponerme algún tipo de letrero identificador donde ponga la especie a la que pertenezco?, nombre: Lluna, sexo: hembra, especie: humana. – Le dije consiguiendo que se riera de nuevo.

- ¡Anda, vamos homo sapiens! – Contestó divertido, me besó y salió del coche.


- ¿Qué hacemos aquí?– Le pregunté cuando salí afuera con él.

Nunca había estado en la Push pero dudaba que ya estuviéramos, pues no había señales de que hubiera rastro de población cercana.

- Estamos en la línea fronteriza, antes de pasar quiero certificar que vamos a ser bien recibidos.

Comenzamos adentrarnos en el bosque, fuera del alcance de cualquier mirón. A Jacob se le veía nervioso, por su boca no salía ninguna palabra y, estoy segura, que era porque su mente no paraba de pensar en lo que iba a pasar a continuación, haciéndose múltiples hipótesis. Estos silencios tensos me incomodan bastante y sus comeduras de olla también, lo que tuviera que pasar pasaría y, por más que le diera vueltas a la cabeza, no solucionaría nada, es más, le pondría más nervioso.

- ¿Tienes manada? – Le pregunté, no sólo por romper el silencio, sino porque hacía rato que me rondaba esa pregunta.

- No, ya no. Desde que Ne… desde que e… -comenzó a tartamudear a causa del dolor que le trasmitía esos recuerdos, le di un apretón en la mano y una mirada llena de coraje para darle valor y que continuara hablando, funcionó y pudo seguir.- Cuando las cosas comenzaron a no ir bien, yo no tenía fuerzas para lidiar con mi vida y, menos, para ser el Alfa de una manada, así que denegué de mi cargo y las dos manadas se juntaron.

- ¿Así que ahora estás bajo las órdenes de Sam?

- Sí –contestó sin muchos ánimos- por una parte está bien, no tener que mandar a nadie y esas cosas. – Dijo, parecía que había dejado la frase inacabada.

- Pero… - Se paró y me miró.

- ¡Me conoces demasiado bien! – Exclamó divertido- Odio que me den ordenes, la sensación de no poder decidir tus actos, el estar obligado a seguir a alguien… -le entró un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, sacudió la cabeza, pasó su brazo por mis hombros y continuamos con la marcha.

Llegamos a un pequeño claro, Jacob paró y comenzó a coger aire por la nariz, pensé que estaba respirando para tranquilizarse, luego me di cuenta (por como cogía aire y movía su cabeza despacio en todas direcciones) que lo que estaba haciendo era rastrear con el olfato.

- No están cerca, tendré que transformarme para poder comunicarme con ellos.

- Eso quiere decir que van a venir unos lobos gigantescos hasta aquí. –Le dije nerviosa.

Había superado mis miedos a los canes gracias a Jacob, lo que no estaba segura era si podía resistir mi miedo habiendo más de un licántropo a mi alrededor.

- Si no te sientes bien con esto puedo acompañarte hasta el coche y te esperas allí hasta que haya hablado con ellos. – Me dijo en plan “coñazo” protector.

- Tranquilo, estaré bien, no te preocupes, vamos a solucionar este problema juntos, soy tu prueba A, tu homo sapiens. – Parloteé a causa de los nervios. Le di una sonrisa tranquilizadora la cual no le convenció mucho.

- ¿Estás segura?

- Estoy segurísima, voy a estar bien, no te preocupes por mí.

- Venga, vamos al coche, ya buscaremos otra solución. –Dijo cogiendo mi mano y arrastrándome por donde habíamos venido.

- ¡No! –le dije seria, parándome en seco.- No eres el único a quien no le gusta que le den órdenes. Vamos a seguir con lo que habías planificado –fue a recriminarme, pero no le dejé- y no se hable más.

Se cruzó de brazos y me miró enfadado.

- Bien, como tú quieras, luego no quiero reclamaciones de ningún tipo.

Comenzó a quitarse las ropas, no sé si me dijo algo más relacionado con mi seguridad o no, quedé embobada viendo su hermosa desnudez. Me entregó las prendas que se acababa de quitar y se distanció unos metros. Cuando su cuerpo comenzó a convulsionar cerré los ojos, ver como se transformaba era una cosa que todavía no había asimilado. Los abrí lentamente, acostumbrándome a la visión que tenía ahora delante. Jacob lentamente se acercó y en sus gestos y mirada lupina pude entender un “ya te lo advertí”.

Jacob se tensó e irguió sus orejas puntiagudas. Se apartó de mi lado, levantó su cabeza y aulló fuerte, su aullido rebotó en mis tímpanos. A los pocos segundos otro aullido se escuchó en la lejanía, el cual respondió de igual forma. Se distanció más y comenzó a moverse de lado a lado nervioso, meneando su larga cola peluda.

Los aullidos desconocidos comenzaron a escucharse más cerca, con más fuerza. Fijé mi vista en donde procedían, pocos segundos después las copas de los arboles que habían más allá comenzaron a moverse, al instante vi un borrón marrón como se lanzaba encima de Jacob.

Quedé paralizada por el pánico, no podía respirar ni hablar, ni gritar, el estomago comenzó a revolverse. Los dos lobos estaban revolcándose por el suelo, poniendo sus grandes pezuñas uno encima de otro. No podía apartar mi vista de ellos, quería ayudar a Jacob, ese lobo le estaba dando una paliza. El plan no estaba resultando nada bien, iban a matar a Jacob y, seguramente, luego a mí. Quería parar la pelea, salvar a Jacob, pero iba ser imposible que pudiera luchar yo con ese gran lobo de color marrón oscuro. Cavilando planes para frenar la lucha, buscando puntos por donde poder atacar, aunque fuera tirándole piedras, me di cuenta que no estaban peleando, se estaban saludando. Fue entonces cuando fui capaz de volver a respirar.

El “saludo” cada vez fue volviéndose menos efusivo y parando de revolcarse por los suelos, dejando de destruir toda la vegetación que se encontraban al paso. Jacob me miró y el otro lobo dio un salto, se puso en pie en sus patas traseras, después dejó caer sus pezuñas delanteras al suelo, quedando de nuevo a cuatro patas, y me miró. Jacob comenzó a gemir muy suave y se acercó en donde yo estaba, pude leer su preocupación en su mirada, el otro lobo alzó sus cejas. Cuando Jacob estuvo delante de mí me sentí más segura, rozó su morro en mi brazo y acaricié su cabeza, dándole a entender que me encontraba bien (aunque el susto todavía no me lo había quitado de encima). Jacob giró su cabeza hacia atrás gruñendo, puso su lomo delante de mis narices, tapándome la visión. Gruñó más fuertes en plan defensivo. De nuevo dejé de respirar, quizá el otro lobo no se fiaba que yo fuera humana, que todo esto fuera una estrategia para atacarlos. Poco después, cuando escuché la cremallera de un pantalón subirse, entendí que lo único que estaba haciendo Jacob era que no viera como se trasformaba el otro licántropo en su cuerpo humano y lo pudiera ver desnudo.

Escuché como unos pasos apresurados se acercaban en mi dirección, giré mi cabeza a la derecha pues delante de mí sólo veía el pelaje marrón rojizo de Jacob. Allí, parado, me encontré a un chico alto y musculoso. Quizá no era tan alto como Jacob, pero sí que sus hombros eran más anchos y sus músculos más desarrollados. Jacob comenzó a dar pequeños gruñidos.

- Que sí, que sí, Jacob, tranquilo. – Le dijo el chico mientras le palmeaba el lomo.

- ¿Le has entendido? – Le pregunté intrigada. Si era así, debía de enseñarme la formula.

- No, pero le doy la razón como los locos para que deje de refunfuñar. – Dijo divertido, dando una gran carcajada que se unió con el aullido de Jacob. – Hola, yo soy Quil Ateara.

- Encantada, yo soy Lluna. – Le dije estrechándole la mano y, de nuevo, escondiéndola debajo de las ropas de Jacob que tenía sujetas para que no se notara el temblor de mis manos.

No hacía falta que me dijera que él también era un licántropo, aunque no le hubiera visto transformado hace instantes en un gran lobo, su elevada temperatura corporal le delataba.

- ¡Vaya, Jacob! Cada vez te las buscas más guapas. ¡Si es que estás hecho todo un galán! –Le dijo dándole un manotazo en el trasero que le movió del sitio.

Terminado que Quil dijera esto y Jacob le respondiera con un aullido parecido a una risa se comenzaron a escuchar en la lejanía otros aullidos, puse atención y escuché que eran de dos tipos diferentes, eso quería decir que otros dos grandes lobos se dirigían a nuestro encuentro.

- Sam me va a dar un par de mordiscos bien merecidos –dijo Quil nervioso- Lluna, date la vuelta, no quiero que Jacob también me muerda porque me veas desnudo.

Hice lo que me dijo sin rechistar, di media vuelta y cerré los ojos, a los pocos segundos escuché como a los aullidos lejanos se unían los aullidos de Jacob y de Quil, fue entonces cuando abrí los ojos y me giré. Quil se había posicionado delante de Jacob, con una separación de unos 4 metros aproximadamente, se miraban nerviosos. Allí, entre medio de ellos dos, seguro que se encontraba la línea divisoria.
Las copas de los arboles de delante comenzaron a moverse y, esta vez, era diferente a cuando había parecido Quil. Ahora se acercaban dos grandes lobos a marcha lenta, desconfiados. Uno de ellos era muy grande, casi tanto como Jacob y de color negro. El otro lobo era un poco más pequeño y de pelaje gris muy oscuro.

Los dos recién llegados se posicionaron junto a Quil, le dieron un fuerte gruñido amenazador el cual respondió con un gemido de disculpa, agachó la cabeza y se sentó. Los dos lobos fijaron la vista en mí, con los ojos entrecerrados, con recelo. Jacob respondió a esto con un gruñido tremendo, enseñó los dientes y se puso en posición de ataque. El gran lobo negro y el otro gris oscuro le respondieron de igual forma. Mis ojos se abrieron como platos, iba a presenciar una pelea, una gran pelea. Estaba muerta de miedo, y no sólo por la pelea, sino porque iban a hacer daño a Jacob. Eran tres contra uno y yo no podía hacer nada, ¡menuda ayuda era la mía!

Estaba paralizada, las ropas que tenía en las manos cayeron al suelo, no fue hasta ese entonces que no me había percatado que había dejado de respirar. Jacob me miró asustado, deshizo su posición de ataque y a paso lento vino a mi lado, se sentó y me abracé a su cuello, buscando protección y protegiéndole a él. Su respiración estaba muy agitada y no paraba de soltar bufidos seguido de más gruñidos. Si nos atacaban, primero me llevarían a mí, no podría presenciar una lucha con el final de su muerte, no podría resistir verlo sufrir, no podría vivir sin él aunque sólo fueran unos segundos antes de que acabaran con mi vida.

Jacob y Quil comenzaron a gimotear, entonces los gruñidos de los otros dos cesaron. Se hizo un silencio enorme, donde sólo se escuchaba la respiración de los lobos y mis intentos de coger aire. La respiración de Jacob, poco a poco, se fue relajando, lo cual me calmó ya que me daba a entender que las cosas iban bien, o no tan mal como antes. Fui capaz de volver a respirar a un ritmo normal aunque sería más acertado decir que fui capaz coger aire para no caer en una parada respiratoria.

Me concentré en escuchar los latidos del corazón de Jacob. Cada vez que escuchaba un aullido, un gruñido, o cualquier sonido lobuno que no perteneciese a los de Jacob cerraba más fuerte los ojos y me abrazaba más a su cuello. Suerte que mi fuerza humana no le hacía daño, sino creo que le hubiera estrangulado. De vez en cuando Jacob acariciaba mi pelo con su cabeza para tranquilizarme.

Se levantó un aire frío y húmedo, el cual me hizo estremecer y pegué todo mi cuerpo al suyo para entrar en calor. Dejé mi mente en blanco, no quería pensar en lo que estaba sucediendo, no quería ver si los otros lobos todavía estaban en posición de ataque. Me odiaba por el miedo que estaba pasando ahora mismo, por la inseguridad que no me dejaba actuar, pero no podía hacer nada, el pánico no me dejaba ni pensar. Mis pensamientos y todos mis sentidos estaban pendientes de Jacob; escuchando su respiración, los latidos de su corazón, el tacto de su pelaje, en su agradable olor…

Intentó zafarse de mi abrazo prisionero pero no le dejé, todavía no estaba preparada para lidiar con lobos gigantescos enfurecidos, mi miedo no me dejaba.
Al cabo de unos instantes, o lo que creí que era eso, Jacob me dio un lametazo en la cara que me hizo salir de mi trance. Abrí los ojos y sólo conseguí ver los ojos de Jacob que brillaban en la oscuridad de la noche. Salí de mi aturdimiento y me concentré en mi alrededor, saliendo del mundo que había creado donde sólo existíamos él y yo. No escuchaba nada, sólo a él. Lentamente me giré y vi que ya no había nadie, sólo oscuridad. Fue entonces cuando dejé marchar toda mi frustración con un gran llanto.

Las fuerzas me fallaron cuando desapareció toda la tensión acumulada. Caí de rodillas al suelo y me tapé la cara con las manos.

Cuando sentí las manos de Jacob que me sujetaban los brazos me lancé directa a su pecho. Lloré hasta quedarme sin lágrimas. Él acariciaba mi cabello en un intento de tranquilizarme pero no lo conseguía. Me sentía fatal por mi total ausencia de ayuda, idiota por haber actuado de esa forma tan cobarde. Hubiera querido cumplir con mi parte, intervenir de alguna forma pero el maldito miedo no me dejó.

- Siento mucho, Lluna, haberte hecho pasar por esto. –Susurró Jacob en mi oído con pena.

- Perdóname, he actuado como una idiota, inútil, cobarde…

Me apartó de su pecho y levantó mi barbilla con el pulgar. Intenté seguir disculpándome pero silenció mis labios con un dedo y limpió mis lágrimas con sus labios.

- Es completamente comprensible lo que has hecho. Deberías haber visto a Bella cuando nos vio aparecer por primera vez, salió por patas. Tú te has quedado, es todo lo que quería, es todo lo que necesitaba.

- Al menos, dime que todo ha salido bien.

- Todo ha salido a pedir de boca. En un principio Sam se pensó que era una trampa pero luego estuvimos hablando y… - Le corté su discurso.

- ¿!Hablando!? Pensé que querían pelea, pensé que iban a matarte.

- ¿!Matarme!? ¡Ja!, no me hagas reír. – Dijo en mofa.- Sólo estábamos discutiendo. Lo que pasa es que Paul se altera enseguida.

- ¿Entonces esos últimos lobos eran Sam i Paul?

- Sí, por cierto, la próxima vez que veas a Paul quizá se meta un poco contigo, pero tranquila, estaré yo allí para callarle todas sus tonterías.

- ¿meterse conmigo? ¿por qué? –Quise saber.

- Por cómo has actuado. – Cómo una cobarde pensé.

- No te preocupes, si la próxima vez que le veo no es como un lobo gigante sabré defenderme yo sola.

- Y si no es así, no te preocupes, le daré yo su merecido. Me he quedado con ganas de patearle su peludo trasero.

Terminado de decir esto Jacob se puso en pie y me ayudó a levantarme. Fue a vestirse; averigüé que era eso porque escuché como se subía la cremallera del pantalón y se enfundaba la camiseta, porque lo que era ver no veía más de dos palmos, la noche había caído encima de nosotros sin yo darme cuenta.

De camino al coche, Jacob me explicó como fue la conversación. En un principio, cuando Sam nos vio, se pensó que todo era un engaño para atacar el poblado (tal y cómo adivinó Jacob), después, cuando le contó quien era yo se alegró muchísimo. Ellos sabían que Jacob no les estaba mintiendo, pues al leerse sus pensamientos no era posible esconder ningún tipo de secreto.

Aunque ya no me sentía tan mal por haber sido una cobarde, todavía tenía esa espinita clavada. Me prometí que debía quitarme ese miedo de encima. Ellos eran licántropos como Jacob, aunque les hubiera visto transformados en lobos gigantescos seguían siendo personas y no iban hacerme ningún tipo de daño. Pensé en Quil; primero lo había visto en fase y luego como humano. Si volvía a encontrarme con ese lobo marrón debía de pensar en él como Quil y no como un feroz lobo. Igual que superé mi miedo con Jacob debía superarlo con los demás, aunque me llevara tiempo.

domingo, 22 de mayo de 2011

25. El viaje

Los días pasaban sin darme cuenta, porque el tiempo vuela cuando se pasa en buena compañía.

Hacer planes le gustó a Jacob, pues no había día que no planificáramos lo que íbamos hacer al siguiente; esto fue una cosa que agradeció mi madre y Esme, así sabían si tenían que preparar nuestra cena o no. Unos días los pasábamos en mi casa, otros en casa de los Cullen. Si hacía buena temperatura, aprovechábamos para ir a nuestra laguna o a mi colina secreta que ahora se había convertido en un secreto de los dos.

Los asientos traseros de su coche tomaron una nueva utilidad, ya que no teníamos otro sitio donde intimar, bueno, en realidad sí que lo teníamos, porque me encantaba hacer el amor al aire libre, pero Jacob se negaba al decir que hacía mucho frío para mí. Esperábamos con ansias que los Cullen se fueran de caza o que mi casa se quedara sola, pero mientras no pasara esto, seguiríamos haciéndolo en la parte trasera del coche.

Estamos a mediados de noviembre y no recordaba un otoño tan frío y a la vez tan cálido. Los meteorólogos decían que hacía años que no se veían temperaturas tan bajas y, si miraba la temperatura exterior les daba toda la razón pero, si miraba la que había ahora en el interior del coche no les podía creer. Después de una larga sesión de sexo donde se juntaron el amor, la pasión, el cariño y la lujuria, los cristales del coche quedaron empañados por el contraste de temperatura. Era tal la condensación que caían gotas de agua por los cristales. Bajé la ventanilla para que el aire frío me refrescara un poco, Jacob, la subió a los pocos minutos, decía que ese contraste de temperatura no le iba nada bien a mi salud.

A veces, su extremado afán de protegerme llegaba a agobiarme, pero otras veces me parecía muy dulce. Aunque nunca se lo había consentido a nadie, sólo a mis padres y odiaba cuando lo hacían, me encantaba que me cuidara Jacob. Me hacía sentir, no sé, ¿especial? Porque cada día me decía que era lo más importante de su vida, y me lo hacía sentir protegiendo a su tesoro más preciado; queriéndome, amándome, haciéndome reír… Con Jacob todas mis necesidades estaban cubiertas, Maslow podía poner más escalones en su pirámide que aún así los subiría.

- ¿Tienes días de vacaciones? – Me preguntó cuando nos vestimos y salimos a tomar un poco de aire fresco.

- Me queda una semana y unos días sueltos, los estaba guardando para navidad, ¿por?

- Ah.- Fue todo lo que respondió, borrando de su cara la sonrisa ilusionada con que me hizo la pregunta.

- ¿Por qué me lo has preguntado? – Le dije intrigada por su cambio de humor.

- Es que quería pasar Acción de gracias con mi familia, pero sí tú no puedes venir…

- Un momento, -le dije antes de que terminara su frase- ¿tu quieres qué conozca a tú familia?

- Sí – Respondió como si le hubiera preguntado la cosa más obvia del mundo “el cielo es azul y el agua moja”

- ¿!Y tu familia está en la Push!?

- La última vez que los vi vivían allí.

- En la Push está la manada y los conoceré.

- Ellos forman parte de mi familia.

- Espera, - le dije separándome de su abrazo y poniendo en orden las respuestas que me acababa de dar- me estás diciendo que: vamos a ir a la Push, voy a conocer a tu familia y, de ella, forma parte la manada.

- Sí, eso mismo te acabo de decir. – Dijo. Me sentía tonta “el negro es negro y el blanco es blanco”, pero es que no acababa de asimilar.

- Entonces voy a conocer a Seth, Leah, Sam, Quil, Paul… – Comencé a nombrar los licántropos.

- Entre mucha más gente. – Dijo riéndose de mi actitud. –Pero no importa, tienes guardados esos días para vacaciones.

¿!Qué!? ¿Y desperdiciar la oportunidad de conocer a la manada? Que le den por c…. a las vacaciones de navidad.

- Jacob, que sí, que sí que quiero ir. – Le dije sonando a súplica.

- ¿De verdad? – Me preguntó ilusionado.

- ¡Claro que quiero ir! – Le dije eufórica.

Riéndose me abrazó y volé mientras daba vueltas. Cuando me dejó en el suelo mi cabeza comenzó a pensar y a caer en la cuenta de lo que me había pedido. Iba a conocer a toda su familia, ¿no tuve suficiente en conocer a la familia Cullen? Recordé la primera vez y fue todo un desastre.

- ¿Qué te pasa? – Me preguntó, haciéndome salir de mis pensamientos.

- ¿Y si no les caigo bien? ¿y si no me aceptan? ¿y si…?

- ¿Por qué demonios no les ibas a caer bien? – me encogí de hombros- Lluna, cuando sepan que tú eres el motivo por el cual les voy a visitar, créeme que te van aceptar como una más.

- Un momento ¿ellos no saben de nosotros dos?

- No, hace años que no saben de mí.

- ¿Por qué? – Le pregunté entristecida. No podía imaginarme dos años sin tener contacto con mi familia y amigos/as.

- ¿Qué les iba a contar? ¿Lo deprimente qué era? Pero ahora que estás tú, tengo muchísimas ganas de contarles a todos lo feliz que soy.

Le abracé con todo mi amor, otra vez me estaba haciendo sentir la persona más especial del mundo.

- ¿Y cuando nos vamos? – Le pregunté.

- Los billetes están comprados para el fin de semana que viene.

- ¿!Qué!? ¿!ya están comprados!? –Le dije exaltada, tomé aliento para sonar más tranquila- Es decir, dentro de una semana vamos a tomar un vuelo.

- Sí, ¿tienes más preguntas?

- Bastantes, pero mi cabeza todavía está asimilando

Me abrazó mientras se reía de mi actitud. Cuando mi cabeza fue asimilando que dentro de poco más de una semana estaría conociendo a todas los personajes que leí en la saga Crepúsculo, me vinieron mil preguntas a la cabeza las cuales ni la mitad me supo responder, pues él hacía muchísimo tiempo que no sabía de ellos.
Internamente agradecí a mis padres que me apuntaran a una academia de inglés cuando era pequeña, así tenía un problema menos del que preocuparme “el idioma”. A los 10 años odiaba ir a inglés, lloraba todos los días porque quería ir a jugar a con mis amigas al parque pero no podía, tenía que ir a esas malditas clases. Ahora entendía lo que me decían “algún día te hará falta y nos lo agradecerás”. Ese día, ya había llegado.

Al día siguiente de saber lo que había planeado Jacob, envié una solicitud a RRHH, a las pocas horas habían contestado aceptando mi petición.

Esa semana la pasé entera preparando la maleta con la ayuda de Alice. Jacob decía que de paso me llevara el armario, exagerado. Quizá la maleta estaba llena de “por si acaso” pero nunca se sabe lo que puedes utilizar. Alice trajo más fotos de Renesme a mi casa y las veía mientras preparábamos la maleta. No pudo explicarme cosas de ella, pues Jacob estaba en el piso de abajo charlando con mis padres pero siempre pendiente de lo que pasaba con nosotras dos en mi cuarto. Quería saber que era de Nessie ahora, pero no le podía preguntar a nadie, Jacob siempre estaba cerca y no quería que él se enterara, sabía que esos recuerdos le hacían mucho daño y, lo que menos quería, era hacerle sentir dolor.

El martes al medio día cuando salí de trabajar Jacob, Edward y Bella me fueron a buscar para ir al aeropuerto. La idea de ir a celebrar Acción de gracias allí fue de ellos, Bella hacía mucho tiempo que no veía a su padre y tenía muchísimas ganas de estar con él. Le comentaron a Jacob la idea de que nosotros dos les acompañáramos y, como Jacob también hacía muchísimo tiempo que no sabía nada de su familia, pues en su estado depresivo no quería saber nada de nadie, ahora que se encontraba bien y tenía buenas noticias (yo) que contar a su familia, no tardó en aceptar la idea y en contármela.

Llegamos al aeropuerto y sacamos las maletas del coche de Emmet; nos lo prestó para poder ir al aeropuerto, era el único vehículo donde cabían todas las maletas. Quizá Jacob tenía razón, mis maletas (dos maletas y el equipaje de mano) eran las más grandes, a lo mejor había llevado más ropa de lo necesario.

Dentro del aeropuerto Jacob y yo fuimos a comer algo mientras Edward y Bella facturaban las maletas. Primero cogimos un avión hasta Londres, allí otro hasta Washington, después otro hasta Seattle y finalmente una avioneta que nos llevaría a Port Angeles. Gracias a todo que compraron asientos en primera clase, si no hubiera sido por eso no quiero ni imaginarme como habría terminado mi trasero. El último vuelo fue el que más me gustó, volaba a poca altura y se podía visualizar un paisaje hermoso; grandes montañas, algunas con los picos nevados y las faldas llenas de frondosa vegetación. Jacob iba haciéndome de guía turístico, me dijo los nombres de todos los ríos y lagos que sobrevolábamos, nombres de montañas famosas, pueblos…

Llegamos a Port Angeles y estiré todos los músculos que estaban entumecidos después de tantas horas de vuelo. No tenía ni idea de cuantas horas en total fue las que pasamos en los aires, con tantos cambios horarios me hice un cacao impresionante. Lo que sabía es que salimos un Martes pasado el medio día y llegamos el Miércoles a las 12. Llamé a mis padres diciéndoles que el viaje fue bien. Quedamos en que sólo los llamaría cuando llegara, no quería a la vuelta tener que entregar mi nomina a la compañía móvil. No tuve mucho tiempo en poder disfrutar de suelo firme, ya que a los pocos minutos apareció Edward con un todoterreno que había alquilado para estos días. El coche nos lo quedaríamos Jacob y yo, Edward y Bella preferían que no les viera mucha gente y los pudiera reconocer.

Primero iríamos los cuatro hasta la casa de Bella, allí vivían Charlie y Sue; ellos dos eran pareja hacía más de 6 años. Cuando llegáramos, después de saludarlos, Jacob y yo nos marcharíamos con el coche hasta la Push que era donde pasaríamos estos días.

De camino hasta Forks Jacob siguió haciendo de guía explicándome cada lugar por donde íbamos. Jacob se le veía muy ilusionado de estar ahí después de tanto tiempo, en cambio, Edward y Bella se les veía tensos, no sabía si sería por miedo a ser descubiertos o por estar en un lugar donde años atrás ocurrieron tantas cosas. Sufría porque a Jacob los recuerdos desagradables le inundaran y no disfrutara este viaje, hacia muchísimo tiempo que no veía a toda su familia y manada, quería que se llevara esta vez recuerdos entrañables que pudiera recordar con alegría. En la hora de trayecto de Port Angeles a Forks no paraba de hablar y explicar cosas cuando Jacob no decía nada, si lo mantenía distraído quizá lograba mi objetivo de hacer un viaje agradable para él.

Di un pequeño grito de histeria cuando vi el cartel “The city of Fork, welcomes you”, todos se quedaron mirándome, riéndose divertidos de mi actitud. Lo sé, suena raro, estaba saliendo con uno de los protagonistas principales de mi novela preferida, se habían convertido en parte de mi familia los vampiros que formaban la historia y, en ningún momento actué como una fan pero, cuando vi ese cartel fui consciente de que estaba en el lugar que tantas veces me había imaginado. Le dije a Jacob que parara; primero hice una foto del cartel, después Edward nos tomó una foto a nosotros dos y por último, después de convencer entre los tres a Bella, nos hicimos una foto los cuatro. Subimos al coche y miré las fotografías que acababa de tomar; alucinante, en Forks con Jacob, Edward y Bella. Guardé la cámara y seguí mirando por la ventanilla.

- Lluna, cálmate, no es tan emocionante Forks. – Dijo Bella en tono burlón.

Me giré a ella y me quedé mirándola en plan “¿cómo puedes decir eso?”, se encogió de hombros y comenzó a reírse negando con la cabeza.

Seguí mirando la calle, estábamos en una zona de pequeñas casas rodeadas de bosque, me imaginé que estaríamos cerca de la casa de Bella, en mi cabeza siempre imaginé que sería algo así y, efectivamente, Jacob estacionó pocos metros más adelante, avisándome que habíamos llegado.

Bajamos del coche, Edward y Bella fueron delante, Jacob cogió mi mano y los seguimos.

- ¿También vas a tomar una fotografía ahora de esto?- Me preguntó Edward chistoso.

- No. – Le respondí por vergüenza, aunque la verdad, lo estaba deseando.

Llegamos a la puerta de casa y Bella llamó al timbre, a los pocos segundos salió a recibir una mujer de avanzada edad, imaginé que era Sue. Se quedó mirando a Bella y sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa, la abrazó con gran emoción y Bella le respondió igual. Después de que estuvieron un largo rato abrazadas se separaron y abrazó a Edward. Cuando se separó de él vio a Jacob, pues antes no se había fijado que estaba allí. Sue tapó su boca con las manos, se quedó sin palabras al verlo, por sus ojos comenzaron a caer grandes lágrimas, le temblaban las manos de la emoción. Jacob abrió los brazos y la mujer fue inmediatamente a ellos. Me emocioné muchísimo al ver esa imagen, había mucho sentimiento en ese abrazo. Sue se separó un poco de su abrazo y comenzó acariciar el rostro de Jacob, certificando que estaba ahí de verdad. Jacob limpió las lágrimas de Sue.

- Jacob Black, pensaba que nunca más te volvería a ver. – Dijo la mujer emocionada.

- Sue, te quiero presentar a alguien, -dijo Jacob haciéndose a un lado- ésta es Lluna, mi impronta.

Sue se quedó mirándome por un segundo, luego a Jacob y lo volvió a abrazar, se separó de sus brazos y limpiándose las lágrimas que no paraban de salir fue a saludarme. Pensé que me iba a estrechar la mano, pues no nos conocíamos de nada, me pilló de sorpresa cuando me dio un gran abrazo. Puede ser que fuera una mujer mayor pero tenía gran fuerza. Su abrazo estaba lleno de ternura y no pude negarme a él, así que le respondí de igual manera.

Nos invitó a pasar dentro y a sentarnos en el pequeño salón, después, nos trajo unas bebidas para Jacob y para mí. Edward se levantó y le cedió el sitio a Sue. El salón era muy pequeño y solamente había un sofá de tres plazas estrecho y un sillón donde se sentó Bella.

- ¿Dónde está mi padre?- Le preguntó Bella a Sue.

- Se ha ido a pescar, hay cosas que nunca cambian. No creo que tarde en llegar. ¿Cómo está toda tu familia? – Le preguntó a Edward

- Bien, están todos bien gracias. –Le respondió sonriente.

Sue, con una sonrisa de lado a lado, volvió a abrazar a Jacob y él lo acepto encantado. Nunca le había visto actuar de esa forma tan afectuosa con otra persona que no fuera yo. Jacob me daba la espalda y no podía ver su cara pero seguramente tenía la misma sonrisa llena de cariño que tenía Sue.

- ¿Cómo te encuentras Jacob? – Le preguntó cuando se separó de sus brazos.

- Genial, mejor que nunca. – Le respondió. Sue me dio una cariñosa mirada.

Bella comenzó a moverse nerviosa en el sillón. Edward se sentó a su lado en el reposabrazos y acarició su mejilla con la palma de la mano, Bella lo miró y suspiro intranquila.

- ¡Ya llega el jefe! – Dijo Jacob animado. Intuí que ese era el motivo por el que Bella actuaba así.

Poco después de que dijera esto se escuchó cómo se aproximaba un vehículo y estacionaba cerca de la casa. Edward se puso en pie y cogió la mano a su esposa, dándole coraje. Bella se levantó del sillón y comenzaron a caminar los dos hasta la entrada del recibidor. El repicoteo de las llaves sonó en la puerta de la entrada antes de que se abriera.

- ¡Ya estoy en casa! – Anunció una voz grave masculina.

El hombre “Charlie” llegó a la entrada del salón. Se quedó como una estatua al ver a su hija y dejó caer los artilugios de pesca que llevaba en las manos. No fue hasta que él dijo su nombre que Bella no fue a saludarlo a una velocidad imposible para una persona normal. Los dos se abrazaron con ternura. Charlie apretaba a Bella a su cuerpo y acariciaba su cabello. Jacob limpió mis lágrimas por la emoción de la imagen. Bella y Charlie comenzaron a dirigirse unas palabras, distraje mi atención mirando el fuego de la chimenea, era un momento muy íntimo entre un padre y una hija y había demasiada gente presenciándolo. Cuando Charlie y Bella dejaron de abrazarse fue a saludar a Edward que estuvo en todo momento al lado de ellos dos. Se saludaron con un fuerte apretón de manos y Charlie le dio unos golpecitos en la espalda.

- ¿A mí no me dices nada? – Dijo Jacob divertido mientras se ponía en pie.

Charlie se le quedó mirando aturdido y cuando reaccionó avanzó riéndose totalmente decidido a saludarlo. Se dieron un fuerte abrazo y manotazos en la espalda, de éstos que suenan y te hacen casi sentir el dolor.

- ¡Está sí que es una sorpresa! – Le dijo Charlie a Jacob mientras le daba un golpe en el hombro. Si seguía dándole manotazos, de esta casa iba a salir lesionado.

- He venido a presentaros a alguien, Charlie esta es Lluna, mi novia. – Le dijo señalándome.

Me levanté del sofá y estiré la mano para presentarme a Charlie. Aunque no lo conocía de nada, solamente de los libros, no hacía falta saber que era un hombre poco afectuoso, aunque lo que acababa de ver me diera a entender todo lo contrario. Charlie era una persona de estás que te trasmiten respeto. Cordialmente nos estrechamos la mano mientras nos presentábamos.

- ¡Qué sorpresa! –exclamó Charlie a sus conocidos recién llegados. - ¿Ha venido también mi Nessie?

Todos los presentes nos quedamos de piedra, Jacob borró su sonrisa y le comenzaron a temblar ligeramente las manos.

- ¿Tenéis hambre? – Preguntó Sue nerviosa.- Seguro que Charlie a traído un montón de pescado para comer.

- ¡Sí, muchísima hambre! - Dije exaltada, todos se me quedaron mirando. –Jacob vamos a ayudarle a preparar la comida.

Cogí a Jacob de la mano y seguí a Sue hasta la cocina. Internamente le agradecí que distrajera a Jacob con otra cosa que no fuera pensar en Nessie.

Sue cogió la bolsa con el pescado que había traído Charlie y comenzó a limpiarlo. Yo ayudé preparando la ensalada mientras Jacob ponía la mesa.

- ¿Dónde os quedaréis a dormir? – Preguntó Sue.

- Pues no lo sé, Jacob no me ha comentado nada. – Respondí ya que Jacob no decía nada.

- ¿Jacob, dónde vais a pasar estos días? – Volvió a preguntar Sue.

La respuesta siguió siendo el silenció. Giré a ver el porqué no contestaba, quizá se había ido y no nos habíamos cuenta y, efectivamente, aunque Jacob estaba de cuerpo presente, su mente estaba muy lejos de aquí, bueno, mejor dicho, sus oídos estaban en otro lugar y podría asegurar que estaban en el salón escuchando la conversación que tenían Bella, Edward y Charlie. Comencé hacerle señales con las manos pero siguió con la mirada fija en la puerta de la cocina que estaba cerrada. Al sentirme totalmente ignorada le tiré el trapo de cocina que había en la encimera, le di en toda la cara y se sobresaltó.

- ¿Sabes que es de mala educación no contestar a las preguntas que te están haciendo? – Le dije chistosa. Aunque estaba segura que no contestó porque estaba escuchando conversaciones ajenas, preferí no sacar el tema.

- Estaba distraído, -dijo en modo disculpa- ¿Qué querías?

- ¿Dónde vais a dormir? – Volvió a preguntar Sue, cansada de repetir lo mismo.

- No había pensado en eso todavía, quizá en mi antigua casa.

- No creo que quepan más personas en esa casa con tu hermana, Paul y tus dos sobrinos.

- ¿Tienes sobrinos? – Le pregunté al enterarme de esa nueva información.

- Sí, dos pequeñajos. – Contestó Jacob.

- De pequeños nada, -le corrigió Sue- son casi dos adolescentes. Quedaros mejor en mi casa, allí sólo está Seth. Podréis dormir en mi antiguo dormitorio.

- ¿No vendrá Leah? – Preguntó Jacob.

- No creo. –Contestó repentinamente entristecida. Sue se quedó un rato sumergida en sus pensamientos y esforzó una sonrisa para continuar hablando.- Espero que Seth tenga recogida la casa, la última vez que fui allí estaba hecha un desastre.

Cuando estuvo hecha la comida nos sentamos todos alrededor de la pequeña mesa a comer. Aunque Edward y Bella no comieron (obviamente), nos acompañaron. Charlie me hizo un pequeño cuestionario para conocerme que se pareció más a un interrogatorio, pero no me molestó, no hubo ninguna pregunta que me incomodara. Después Charlie siguió hablando sobre el incremento de la delincuencia en Forks a causa de la avalancha de turistas. Jacob no paraba de hacer bromas y contar chistes, Sue le regañaba cada vez que interrumpía. Me conmovió como Sue actuaba de esa forma tan maternal con Jacob, se veía que entre ellos dos había un hilo muy especial y afectuoso.

Terminamos de comer, nos despedimos de todos y después de que Sue nos diera un juego de llaves de su casa nos fuimos Jacob y yo a la Push.

sábado, 14 de mayo de 2011

24. Promesas rotas

Hola preciosidades, ayer intenté publicar pero blogger ha tenido problemas estos últimos días y no permitía actualizar entradas, comentarios...


Espero que os guste este nuevo cap. Un BeSaZo y como siempre espero vuestros comentarios.












Me desperté con más vitalidad que nunca y unas ganas de vivir enormes. Doblé la manta que tuve que sacar del armario a media noche y la guardé. Sentí frío por la noche al no tener el cuerpo de Jacob cerca. Después de preparar la ropa que hoy me pondría fui a la ducha. Cuando salí, me sequé el pelo y me maquillé un poco. Fui a la habitación y miré por la ventana, en la ducha tuve la extraña sensación de que Jacob había llegado y, efectivamente, allí estaba apoyado en el capó de su coche. Me quedé como una tonta mirándole, me saludó con la mano y yo le respondí de igual manera. Nunca me cansaría de mirar su belleza, ¡MIERDA!, Jacob me está esperando, me di la vuelta rápido para vestirme y mi pie chocó contra la pata de la cama ¡MIERDA; qué dolor, qué dolor!



Cojeando, fui hasta la silla donde estaba la ropa y me vestí con los leggins negros, la minifalda tejana y el suéter negro con cuello en forma de pico; como todavía no había llegado el invierno, tenía que aprovechar para ponerme esas ropas. Me puse los botines marrones sintiendo una pequeña punzada de dolor en el dedo gordo del pie por culpa del golpe. Cuando salí por la puerta de mi habitación derrapé y retrocedí en busca de los accesorios. Elegí la cadena de plata con el llamador de ángeles y salí zumbando escaleras abajo. Me despedí de mi padre que estaba preparándose el desayuno en la cocina y cogí el tupper con la comida. Fui al recibidor, me puse la chaqueta, cogí el bolso y salí a la calle donde me esperaba Jacob con los brazos abiertos y una sonrisa enorme en su precioso rostro.



- ¿Te duele el pie? – Preguntó cuando dejamos de besarnos. –He escuchado el golpe.



- Ya ha pasado el dolor.



Me separé de sus brazos y fui hasta la puerta del copiloto, pude sentir como me seguía con la mirada. Apoyé mis brazos en el techo del coche y me quedé mirándolo divertida.



- ¿Me estabas mirando el trasero? – Jacob enrojeció, me encantaba.



- No. –Dijo tragando saliva y metiéndose en el coche.



Me reí y entré con él. Me incorporé en el asiento y pegué mi cuerpo al suyo. Jacob buscaba nervioso el contacto.



- Puedes mirarlo todo lo que desees, es todo tuyo, soy toda tuya. –Le susurré en su oído mientras cogía su mano y la ponía en mi trasero.



Nos besamos con pasión mientras sus manos buscaban el camino por debajo de la falda. Sus dedos tocaron las finas telas del tanga y por su pecho salió un gruñido. Me hizo girar y quedé sentada en el asiento del copiloto, ahora era él quien estaba reclinado en mi dirección. Sus fuertes manos me cogían el rostro mientras me besaba con furia. Pasé mis manos por debajo de su camiseta y acaricié su abdomen y sus pectorales, sintiendo todo el calor de su cuerpo que tanto necesité esta noche. Soltó una mano de mi cara y la pasó por la rodilla y siguió subiendo por debajo de la falda. Sus dedos tocaron mi entrepierna, su contacto me hizo estremecer de placer. Pegué más sus labios a los míos, Jacob perdió el equilibro y su muslo chocó contra el clacson del coche, haciéndonos sobresaltar por el ruido. Después de dejar de reírnos y recomponer nuestras ropas, arrancó el motor del coche y nos dirigimos al trabajo.



Cuando llegamos, aparcó el coche y fuimos a desayunar a la cafetería de enfrente del trabajo. Después de hacer nuestro pedido estuvimos discutiendo quien tenía que pagar la cuenta.



- Jacob, ese tipo está mirando mucho tu coche. – Cuando se giró a ver aproveché su distracción y le di el billete a la camarera.



- ¡Eres una tramposa!



- No, lo que soy es ingeniosa. –Le dije, devolviéndole la broma de ayer.



A los pocos minutos llegó nuestro desayuno. Yo me había pedido un café con leche y una tostada, Jacob un refresco y un bocadillo grande de beicon con queso.



- ¿Ese no es Lucas? – Me dijo mientras masticaba.



Miré hacia dónde me dijo y, efectivamente, era Lucas quien estaba pidiendo en la barra del bar. Lo llamé y vino a sentarse con nosotros.



- ¡Vaya!, este chico se alimenta bien. – Dijo después de saludarnos y mirando el gran bocadillo de Jacob.



- Tengo que recuperar fuerzas. – Contestó.



Me quedé mirándolo y sentí fuego en mis mejillas. Jacob rió y siguió comiendo. Lucas se giró a mirarme y se quitó las gafas de sol con una sonrisa pilla –cotilla-. Cuando sus ojos quedaron al descubierto me fijé que tenía unas espantosas ojeras.



- ¿Qué te ha pasado? Te ves horrible. – Le dije tocando sus ojeras.



- ¡Oh, Lluna, una desgracia! – Dijo dejando caer la frente en la mesa, tan teatrero como siempre. Jacob se le quedó mirando extrañado. - Este fin de semana Álvaro ha hablado con sus padres y quiere que pasemos las navidades con ellos.



- ¿Y qué problema hay? – Le pregunté.



- Mi suegro me odia, cree que soy el culpable que su hijo no esté casado con una mujer, van a ser las navidades menos navidades e incómodas de toda mi vida.



- Busca temas que tengáis en común, así habrá comunicación y más confianza. –Dijo Jacob sabiendo bien de lo que hablaba. Lucas levantó la cabeza de la mesa y pegó la espalda en el respaldo de la silla.



- No tengo nada en común con mi suegro. – Dijo con tristeza.



- Piensa como él y ya verás como encuentras de qué puedes hablar. – Le dije, cerró los ojos y empezó a hablar con voz muy varonil.



- Soy un macho, un verdadero macho ibérico, el mejor, todos los demás son unos maricones. Me paso todos los días del año limpiando mierda de vaca. -Sopló- No tengo nada en común con él. –Dijo volviendo a su voz normal. Jacob comenzó a reírse de su actuación.



- ¿No tiene hobbies? – Le pregunté.



- Limpiar mierda de vaca.



- ¿Qué hace en su tiempo libre?



- Limpiar mierda de vaca. – Dijo de nuevo cuando daba el último mordisco de mi tostada, que desagradable.



- ¡Algo hará, algo que le guste! Y no me digas mierda de vaca. – Se quedó pensando un rato.



- Como buen macho ibérico le gusta el futbol, me parece que también sigue la F1.



- Pues ya está, esa es la solución. – Le dije una vez resuelto el problema.



- Hay un problema, no tengo ni idea de eso. – Dijo moviendo sus manos.



- Pues infórmate, yo si quieres te puedo ayudar con la F1.



- ¿De verdad me vas a ayudar? – Preguntó ilusionado.



- Claro, además quedan dos meses para navidad. Ya verás que cuando llegue la fecha te vuelves un experto en la materia.



- ¡Gracias, Lluna! Eres mi salvadora. – Dijo y me abrazó.



- Vais a llegar tarde a trabajar. – Nos dijo Jacob, miré el reloj y era casi la hora de fichar.

Lucas y yo dimos un bote de la silla, le di un beso rápido a Jacob y salí corriendo, era asombroso lo que podía llegar a correr con tacones cuando tenía prisa, en mitad de la calle adelanté a Lucas, entré primera a la oficina y fiché antes que él con el tiempo justo. Lucas fichó cuando justo acababa de dar la hora. Empecé a hacer el baile de la victoria a grito de suerte, suerte, la suerte me quiere.



- La suerte es pasajera y en algún momento termina. – Dijo Mariano saliendo de su despacho y dejando trabajo en mi mesa. No sé si me enrojecí de vergüenza o por contenerme a contestarle. De nuevo, suerte para mí que se metió en su despacho y no pude contestarle y meterme en problemas.



Lucas cabizbajo entró en su despacho, yo fui a mi escritorio a comenzar la faena. A media mañana ya me había puesto al día de mis tareas atrasadas, no había ningún papel en mi escritorio, hice el baile de la victoria, me lo merecía por ser tan buena trabajadora. Mariano me pilló otra vez en mi momento feliz.



- ¡Qué contenta estás hoy! – No le contesté, en su tono de voz había algo que no me gustaba. – Te dije que la suerte no duraba siempre. – Dijo poniendo una pila de carpetas encima de la mesa y se fue riendo.



A sus espaldas le hice burla y, cuando salió por la puerta, levanté el dedo de mi mano que se merecía. Miré los informes y eran para entregar para el día siguiente. Era hora de comer, cogí la comida y fui a buscar a Lucas, esta tarde ya me pondría al día otra vez.



Entré en el despacho de Lucas y lo vi con los pelos alborotados y mirando unos papeles estresado, ni se dio cuenta que entré.



- ¿Qué haces? – Le pregunté intrigada, se sobresaltó.



- Informándome. – Dijo enseñándome los papeles.



Me acerqué a mirar, el título era: Normativa y reglas de juego. Estaba estudiando. Le quité los papeles y los escondí en su cajón, la pantalla de su ordenador estaba llena de pestañas de internet con información futbolística.



- Vamos a comer y te doy clases particulares de F1. – Le dije cogiendo su fiambrera y dirigiéndome a la sala de reuniones.



La hora de comer pasó rápida igual que la tarde. Estuve tan metida en mi trabajo que no me di cuenta que era la hora de plegar, estaba concentrada en terminar la faena y lo conseguí. Mariano cuando salió se quedó alucinando al ver mi escritorio limpio de informes.



Me despedí en la calle de un Lucas estresado y con los deberes debajo del brazo. Miré en todas direcciones y me pareció extraño que Jacob no estuviera. Escuché el motor de una moto rugir cuando giraba la esquina, aceleró y se paró enfrente de mí. El motorista se quedo mirándome y levantó la visera de su casco negro; ¡era Jacob! Me acerqué a él mientras se quitaba el casco.



- ¿Qué te parece? La han traído hoy con las cosas que faltaban de la mudanza- Me preguntó ilusionado.



- Es preciosa. – Y no mentía, era una gran moto de color negra y plateada. - ¿Qué moto es?



- Tiene tantas modificaciones y piezas de otras motos que no se sabe. En realidad es una BMW F 650 GS.



- ¿La has arreglado tú?



- Sí. –respondió orgullosos.- Sube, te doy una vuelta antes de ir a casa.



Me dio un casco que llevaba sujeto en el manillar y me lo puse. Una vez se aseguró de que estuviera bien puesto me ayudó a subirme en la moto. Quedé levantada en los reposapiés, Jacob no entendía porque no me sentaba, le señalé la falda y entendió que no me iba a sentar hasta que él estuviera delante y me tapara cuando me sentara, así la gente que había mirando la moto no vería debajo de mi falda. Cuando se sentó me dio su chaqueta de cuero para que me la pusiera, estaba tan calentita y olía tan bien a él.



- ¿Estás preparada? – Me preguntó cuando encendió el motor.



- Preparada. – Le dije gritando para que me escuchara, aunque seguro que no hacía falta, esta mañana había escuchado el golpe que me di en el pie.



Jacob dio tres acelerones parado en el sitio, toda la gente que había por la calle se giró a mirar. Metió primera y salió chirriando ruedas. Dejamos atrás la civilización a los pocos minutos y fuimos por una carretera de curvas. Jacob llevaba una camiseta estrecha de tirantes y cada vez que aceleraba o frenaba los músculos del brazo se le tensaban.



Terminamos de bajar el puerto de montaña y una gran recta apareció delante de nosotros.



- ¿Vas bien? –Me preguntó.



- ¡Genial, aprovecha la recta y acelera al máximo! – Le dije gritando.



Pensé que no lo iba hacer por mi seguridad y bla, bla, bla… pero no fue así. Se inclinó hacia delante y yo pegué mi pecho a su espalda.



- ¡Cógete fuerte! – Le logré escuchar antes que su voz se fuera con el viento.



Me abracé bien fuerte a su cintura, redujo una marcha y aceleró el motor. La moto salió disparada, cuando subió la marcha fuimos todavía más deprisa. El paisaje se volvió borroso a mí alrededor, sentía que volaba, me sentía libre. A la velocidad que íbamos mi adrenalina estaba por las nubes, los problemas volaban de mi mente y, por mucho que corrieran, no me iban a alcanzar. La recta terminó, Jacob frenó y volvió a conducir a una velocidad razonable. A los pocos metros hizo un cambio de sentido.



Comenzamos a subir el puerto de montaña que antes habíamos bajado, yo me sentía súper relajada con la cabeza apoyada en su espalda. Llegamos a la carretera principal y puso rumbo a mi casa, irguiendo la espalda y poniendo una postura más relajada.



Sentí mis manos frías, con las altas velocidades se me habían quedado heladas. Metí las manos por debajo de su camiseta y las pegué a su abdomen para que entraran en calor.



- La próxima vez te traigo unos guantes.



- Sí, por favor.



Ahora que íbamos despacio no hacía falta que me cogiera a su cintura, dejé que mis manos andarán libres por su abdomen y la espalda. Sentía como se cortaba su respiración cada vez que mis dedos tocaban su ombligo y el primer botón de su pantalón. Bajé mis manos un poco más y sentí su dura excitación.



Soltó una mano del manillar y puso las mías en su cintura. Redujo dos marchas y frenó, mi cuerpo se fue hacia delante y se pegó totalmente al suyo, la falda se me subió hasta los muslos. Giró la moto por un estrecho camino sin asfaltar, después se desvió de éste y comenzó a conducir por medio del bosque. Paró la moto, se bajó de ella y, mientras ponía el caballete, se quitó el casco. A través de la visera de mi casco pude ver su mirada lujuriosa que me excitó por completo.



Jacob desabrochó la hebilla de mi casco, me lo quitó de la cabeza y lo lanzó al suelo. Me hizo girar y quedé sentada en el sillín de la moto enfrente suyo mientras él estaba de pie. Comenzamos a besarnos con la pasión y el deseo de esta mañana. Mis manos querían tocar su cuerpo pero también quería sentir su piel cerca de la mía. Me quité las dos chaquetas que llevaba puestas mientras Jacob se deshacía de su camiseta.



Estampé mis labios con los suyos y los comencé a mover con deseo, su lengua me pidió paso y yo, por supuesto, no se lo negué. Mientras mis manos fueron a su espalda las suyas pasaron por debajo de mi suéter y fueron a parar a mis pechos, los masajeaba con fuerza y, a mí, me encantaba. Me quité los botines con los pies y entrelacé mis piernas a su cintura pegándolo a mí. Pasé mis manos por su pecho y abdomen hasta llegar a los botones de su pantalón, los quité y su excitación quedó al descubierto, no llevaba ropa interior. La apreté en mi puño y la bombeé rítmicamente, sintiendo como cada vez se iba poniendo más dura.



Levantó mi falda y, cuando quise darme cuenta, estaba sacando los leggins y el tanga por mis tobillos. Se pegó a mi cuerpo y sentí su excitación pegada a la mía, haciéndome estremecer de placer. Solté un pequeño gemido cuando pensé que me iba a penetrar, pero no fue así, comenzó acariciar mis piernas de los muslos a los tobillos. No sé si lo hacía para verme sufrir o para que no tuviera frío; ¿frío? ¿Qué es eso? Estaba tan caliente que podía freír un huevo en mi espalda o cocerlo en mi entrepierna.



Entrelacé mis piernas en sus caderas y lo pegué a mí, entrando de golpe, haciéndome gritar de placer. Nuestros gemidos iban al compás de sus embestidas. Cuando sintió que mi vagina se contraía me levantó del sillón, cogió mi trasero y empezó a balancearme hacia él con fuerza. Sus gritos se unieron a los míos cuando alcanzamos el orgasmo.



Dejé mi cabeza caer en su hombro esperando que se calmara mi respiración. Me sentó en el sillín y comenzó acariciar todo mi cuerpo para que no pasara frío.
Pasados los minutos nos vestimos y fuimos a mi casa para que arreglara el coche de mi padre.


En la esquina de casa Jacob me dijo que le entregara su chaqueta para que mis padres no le preguntaran el porqué iba a finales de Octubre en tirantes. Cuando llegamos, mi padre nos esperaba en el garaje con la puerta de éste abierta. Jacob entró y la aparcó ahí, mi padre se quedó embobado mirando la espectacular moto. Lo normal que haría un padre sería regañar a su hija por subirse en un vehículo tan peligroso, pero nadie ha dicho que mi padre fuera un tipo normal. En vez de echarme la bronca cogió a Jacob por banda y comenzó hacerle preguntas sobre la moto: cilindrada, potencia, el peso… Mi padre era un gran apasionado del motor y, sobretodo, de las motocicletas. De joven, su sueño era tener una buena moto con mucha potencia y lo consiguió poco antes de casarse. Cuando fue padre, vendió la moto y el coche pequeño que tenían ellos para comprar un coche familiar. Mi padre comenzó a contarle historietas de su experiencia con las motos, Jacob le escuchaba muy atento y se le veía encantado de hacer buenas migas con mi padre, yo estaba muy contenta de que tuvieran un tema en común que les apasionara a los dos, estaba segura que, si seguían así, mi padre no tardaría en coger confianza con Jacob.



Después de su charla apasionada, Jacob sacó del departamento de la moto una bolsa con piezas de recambio para el coche y herramientas para poder trabajar en éste. Abrió el capó del coche y comenzó a trabajar con mucha traza. Mi padre hacía de ayudante, pasándole los materiales y las herramientas que iba necesitando. Jacob de verdad entendía lo que hacía porque en ningún momento dudó en lo que estaba haciendo. Cuando llevaba una hora aproximadamente trabajando, fui a la cocina a preparar la merienda para todos.



Los sándwiches que preparé tenían muy buena pinta pero no eran nada comparado con la lasaña de verduras que estaba preparando mi madre para cenar. Les llevé los sándwiches y les pregunté que les apetecía para beber; mi padre me pidió una cerveza, Jacob otra y yo, como me dieron envidia, me cogí otra. Después que ellos se lavaran las manos, merendamos hablando, como no, de la moto de Jacob, y él, súper orgulloso que el tema de conversación fuera su creación, o como él la llamaba “mi pequeña”.



Terminamos de merendar y seguimos cada uno con lo que estaba haciendo antes; Jacob arreglando el coche, mi padre de ayudante, y yo observando a Jacob. Me asombraba que con las manos tan grandes que tenía pudiera manejar con tanta delicadeza piezas diminutas. El ayudante, es decir, mi padre, no paraba de hacerle preguntas, Jacob las respondía sin titubear ni una sola vez. Se hacía explicar muy bien, incluso aprendí varias cosas. Aunque mi padre estaba atento de lo que le explicaba Jacob y en lo que estaba trabajando, de vez en cuando levantaba la vista y se quedaba embobado viendo la moto.



Cuando estuvo arreglado el coche fuimos a probarlo haciendo unos cuantos kilómetros por carretera. El coche funcionaba perfectamente, las marchas entraban sin problemas y de los ruidos molestos que se escuchaban hace unos días ya no quedaba rastro.



Llegamos a casa y mi padre agradeció una y otra vez el trabajo de Jacob. Comenzaron a “discutir” sobre lo que le tenía que pagar por su trabajo. Jacob se negó por completo a que le pagara, decía que esto lo hacía como hobby.



- Jackson, ¿cuánto te debo? Me voy a sentir mal si no me dices cuánto te han costado los materiales y cuánto quieres que te pague por la mano de obra.



- De verdad, Manuel, no es necesario que me pague nada, lo único que le voy a dejar es pagarme los materiales si usted….



- ¿Si yo qué? – Preguntó mi padre confundido.



- Si se da una vuelta en la moto, alguien que aprecia el motociclismo como usted merece que conduzca a “mi pequeña”.



- Yo… no sé… - dudó un momento mi padre, pero sólo un momento.- Está bien, trato hecho. – Le contestó acordando el trato estrechando sus manos. - ¡Jackson, tienes las manos ardiendo!, ¿te encuentras bien?- Dijo mi padre tocándose su mano que todavía conservaba el calor de las de Jacob.



Yo tragué saliva y creo que hasta me puse pálida. En menos de un segundo por mi mente comenzaron a pasar miles de escusas que fueran lógicas para explicar que Jacob tenía una temperatura superior a 42 grados.



- Siempre las tengo muy calientes cuando hago trabajos como éste y necesitan mucho movimiento manual. – Contestó muy seguro. Yo respiré tranquila.

Mi padre fue a buscar su chupa de cuero para conducir, después de 20 años, como era de esperar, le quedaba estrecha. Intentó abrochársela, pero fue en vano. Se puso el casco y se subió a la moto. Jacob le enseñó el funcionamiento aunque no hacía falta, mi padre sabía el manejo perfectamente. Quedé alucinada cuando mi madre cogió el otro casco y se subió con mi padre, los dos estaban recordando sus años locos. Pulsó el autoarranque y muy despacio salió a la calle, a velocidad de tortuga desapareció por la esquina pero no engañó a nadie, poco después de girar la esquina se escuchó como aceleró y avanzaba a gran velocidad.



Jacob estaba nervioso y no paraba de mirar por la calle para ver si aparecían mis padres de vuelta, mejor dicho, si aparecía su moto sana y a salvo.



- Si no querías que la cogiera, ¿porqué se lo has dicho? – Le pregunté.



- Porque no quería que me pagara y, desde que hemos llegado, no ha parado de hablar de la moto, sé que le hacía mucha ilusión, así gano puntos.



- Ganarás puntos y una moto devuelta a pedazos.



- ¡No me digas eso!- Dijo poniendo la mano en el corazón, haciendo un drama de lo que no había ocurrido.



A los 10 minutos -lo sé porque Jacob no paraba de contarlos y decirlo en alto- aparecieron mis padres. Jacob se relajó cuando vio que su moto llegaba de toda una pieza.

Fuimos dentro a poner la mesa. Antes de sentarnos, llegó Olga y nos acompañó en la cena. Vi a Jacob muy extraño en toda la cena; aunque los demás no se dieron cuenta porque disimulaba muy bien, a mí no me podía engañar, en sus ojos había desaparecido ese brillo especial que tanto me gustaba.



Después de cenar nos sentamos todos en el sofá a ver una serie, no tenía ni idea de que iba el argumento pero tampoco le presté atención para coger el hilo. No paraba de mirar a Jacob y preguntarme qué era lo que le preocupaba. Su mirada estaba perdida, observando la nada. En el primer anuncio Jacob se despidió de todos con la escusa de que estaba cansado.



Lo acompañé hasta el garaje en silencio, preguntándome que era lo que pasaba por su cabeza. Cogió la moto por el manillar y la empujó hacia la calle, yo lo seguí y, cuando estuvimos fuera, cerré la puerta del garaje, así tendríamos más intimidad. Iba a preguntarle por su cambio de actitud, pero se me adelantó antes de que lo hiciera.



- ¿Se puede saber porqué has hecho planes con tu hermana? –Me dijo muy molesto.



Me había olvidado por completo de decírselo a Jacob, supongo que Olga se me adelantó y se lo dijo en la cena sin yo darme cuenta.



- Lo siento, Jacob; si ya habías hecho planes, anulo lo de mi hermana para otro día.



- ¡Es eso lo que me ocurre, no me gusta hacer planes! – Dijo con voz alzada y más enfadado que antes.



- ¿Por qué?- Le pregunté, pues no tenía ni idea que problema había en eso.



- Lluna, ni siquiera sé si mañana nos podremos ver, en cualquier momento podría llamar Alice y decir que nos vienen a visitar. ¿Cómo demonios quieres que piense en el fin de semana que viene si ni siquiera sé que podría ser mañana de nosotros?- Me dijo apretando fuertemente sus manos en el manillar, intentando esconder los temblores.



En el corazón sentí una punzada de dolor y mis ojos amenazaban con salir las lágrimas. Hace días hicimos la promesa de olvidarnos de los problemas y él estaba infringiendo esa regla por completo.



- ¡Tú haz lo qué quieras! Yo, el sábado, he quedado para ayudar a mi hermana. –Le dije señalándole con un dedo acusador. Jacob iba a responderme pero no me apetecía para nada escuchar sus estúpidos argumentos- Que disfrutes de la noche. –Le dije dejándolo con las palabras en la boca.



Di media vuelta y fui para la entrada de casa. Jacob puso en marcha la moto y se fue acelerando al máximo. Cuando llegué a las escaleras del porche tuve que sentarme, el dolor que estaba sintiendo en el pecho era insoportable, como aquel dolor que tuve aquellos días en que pensé que no volvería ver a Jacob. Porque lo que me molestaba no era que no estuviera cumpliendo su promesa, lo que realmente me dolía es que él le diese vueltas a la cabeza sobre nuestros problemas. Tenía miedo en que pensara demasiado y volviera a marcharse como aquella vez. Sujeté el pecho con las rodillas para aliviar la presión y las punzadas que sentía al pensar que aquello pudiera pasar otra vez, tenía miedo de que pasara, porque sabía que si volvía a ocurrir no tendría la suerte de que Jacob recapacitara y regresara.



Escuché acercarse la moto de Jacob y, a los segundos, pararse en la puerta de casa, se bajó de ella y, a paso lento, se acercó hasta donde yo estaba. Aproveché el momento en el que se sentó a mi lado para limpiarme las lágrimas y que no me viera. Sabía que estaba sacando mi lado más orgulloso, pero nunca había dejado que me vieran llorar cuando me hacían daño y, ahora, tampoco lo iba hacer. Cogió mi cara con sus grandes manos y me obligó a mirarle, al ver sus ojos llenos de culpa por los míos no tardaron en aparecer de nuevo las lágrimas, quise girar mi cara para que no me viera llorar, pero sus fuertes manos me lo impidieron. Lentamente fue acercando sus labios a los míos; por orgullo, quise desperdiciar ese beso pero lo amaba demasiado para hacer eso. Me besó lentamente y sentí sus labios temblar cuando vio que no le respondía el beso. Se separó de mis labios con una mirada llena de dolor, me sentía fatal por hacerle sentir así, ya había pagado demasiado el daño que me había hecho por no cumplir su promesa. Me lancé a sus labios con desesperación, como si hiciera años que no nos besábamos, después nos fundimos en un abrazo y lloré en su hombro dejando salir el miedo que sentí por perderlo otra vez.



- Siento haberme comportado así. – Me susurró mientras acariciaba mi pelo para calmarme. Cogió mi barbilla con delicadeza y me miró a los ojos. – El sábado vamos a ayudar a tu hermana si el domingo vamos a nuestro lago, ayer me prometiste que haríamos esa excursión. – Dijo con una sonrisa que llegó hasta mi corazón y me hizo olvidar el dolor.



Nos volvimos a besar una y otra vez hasta que Jacob volvió a amenazarme con subir a escondidas a mi cuarto si no me iba a descansar ya. Me despedí de él sin tener ganas de hacerlo, pues podía pasar con él todo el tiempo del mundo que nunca sería suficiente.

viernes, 6 de mayo de 2011

23. Por el interés...

Nuevo capítulo, espero que os guste a todas. Muchísimas gracias, estoy súper contenta, está historia ya cuenta con 50 seguidoras, muchísimas gracias otra vez por ser como sois y darme ánimos en cada comentario. Os quiero un montón y no os podéis ni imaginar lo feliz que soy de a veros conocido.


Un besazo enorme Áuryn



Llegamos a casa antes de lo que deseaba; el tiempo, junto a Jacob, me pasaba volando. Aunque la idea no le hizo mucha gracia, le dije que me acompañara dentro de casa para saludar a mis padres.



Antes de entrar le pregunté porque se sentía tan incómodo, me contestó que era porque no le gustaba las contestaciones de mi padre, le dije que no se preocupara, que ya me encargaría yo de que no pasara eso.



Entramos al salón y estaban mis padres viendo una película del programa cine de barrio, parecían un par de abuelos, sólo faltaba que mi madre hiciera ganchillo. Los saludamos y nos sentamos con ellos en el sofá.



- Vaya fiesta tenéis montada. – Les dije cuando vi los ánimos que habían.



- ¿Qué quieres que hagamos? Estamos los dos solos.- Dijo mi padre grotescamente.



- Es que hoy hacía mucho frío y no nos apetecía salir. –Contestó mi madre.- ¿Tú no tienes frío, Jackson?



- No, he encendido la calefacción en el coche y me he quitado la chaqueta. – Le dijo nervioso.



Miré a Jacob, iba en manga corta. Posiblemente hoy hiciera frío, normal a finales de octubre, aunque yo no lo había notado estando con Jacob todo el día a mi lado, hasta creo que hoy en su cuarto había sudado más que en pleno Agosto.



- ¿Y no tienes un jersey?- Insistió mi madre.



- No, me lo olvidé en casa.



- Cualquier día olvidarás la cabeza… o a mi hija. – Le contestó mi padre sin apartar la vista del televisor.



Casi vi como los puñales iban en dirección a Jacob. Le di una mirada de advertencia a mi padre, me miró, agachó la mirada y siguió viendo la película.



- ¿Jackson te quedas a cenar? – Le preguntó mi madre.



- No quiero molestar.



- No es ninguna molestia. Lluna, acompáñame a preparar la cena. -Dijo mi madre.

Nos levantamos del sofá y fuimos a preparar la cena.



- Voy a hacer sopa y unas croquetas. ¿Le gustará a Jackson o preparo otra cosa?



- Eso está bien. Mamá, voy al salón, no me gusta que estos dos estén solos.



- Ellos dos estarán bien, se tienen que conocer. Pero si te vas a quedar más tranquila estando con ellos, ve.



Ni le contesté, fui a paso apresurado hasta el salón y era cierto, Jacob estaba conociendo algo a la perfección, no a mi padre, sino el complicado guión de Paco Martínez Soria. Me senté a su lado e intenté romper el hielo con un tema de interés común para los dos.



- ¿Papá, has visto hoy el programa de automoción?



- No, pero lo he grabado, si quieres lo podemos ver ahora, si a Jackson no le importa.- Dijo con tirria, otra vez los cuchillos volaron dirección a Jacob.



- Seguro que no le importa, es un apasionado del mundo del motor y un entendido en mecánica. – Le contesté a mi padre presumiendo de novio.



- ¿Eso es cierto, chico?- Le preguntó mi padre ingenuo de esa habilidad.



- Bueno, algo entiendo.



- ¡No seas modesto! ¿Sabías que construyó su primer coche pieza por pieza?



- Eso está muy bien, entonces no te importará darle un vistazo a mi coche y decirme que le pasa.



- No es ninguna molestia. – Le contestó relajado y seguro de sí mismo.



Nos levantamos los tres del sofá al mismo tiempo y fuimos hasta el garaje. Encendí las luces y mi padre abrió el capó del coche.



- ¿Qué le pasa?- Le preguntó Jacob a mi padre mientras echaba un vistazo al motor.



- El otro día fui al taller porque hacía tiempo que me patinaba el embrague. El mecánico me dijo que había que cambiarlo, pero todavía no ha hecho ni la mitad de kilómetros que tenía que hacerle para cambiarlo.



Jacob, después de un rato de inspeccionar el motor le pidió las llaves a mi padre y lo puso en marcha. Mi padre abrió la puerta del garaje y salimos los tres a dar una vuelta con el coche para ver si lo que había dicho el mecánico era cierto o no. Fuimos hasta la carretera y Jacob aceleró al máximo el motor y a subir y bajar marchas. Cada vez que raspaban las marchas o costaban meterlas mi padre le decía “¡ves, ves, a eso me refiero!”. Después de unos kilómetros Jacob dio media vuelta y fuimos dirección a casa.



- Manuel, siento decirle que le han querido estafar. –Le dijo Jacob cuando llegamos a casa.



- ¿Por qué?- Le preguntó mi padre mientras cerraba la puerta del garaje.



- No hay que cambiar el embrague, lo único que hay que hacer es tensar el pedal de éste. Si quiere, mañana cuando traiga a Lluna de trabajar, lo podría hacer yo.



- Pues me harías un gran favor, no me fío de llevarlo otra vez al mecánico ese.

A los pocos minutos vino mi madre a buscarme para que pusiera la mesa. Cuando terminé de ponerla fui a buscar a Jacob y a mi padre que hablaban animadamente en el garaje.



Cenamos viendo el programa de automoción, así que no hubo problema en elegir un tema de conversación. Terminamos de cenar y entre los cuatro recogimos la mesa, después nos sentamos en el sofá para continuar viendo el programa. Una vez finalizó, Jacob se despidió de mis padres antes de irse a casa.



- Muchas gracias por la cena. Mañana vendré a arreglar el coche. – Le dijo a mi padre mientras le estrechaba la mano.



- Si tienes alguna otra cosa que hacer no te preocupes, ya lo arreglaras otro día o lo llevaré a otro taller. – Creo que mi padre le dijo esto para no parecer demasiado desesperado pero, en realidad, estaba deseando que aceptara.



- No se preocupe, mañana por la tarde arreglaremos el embrague y otras cosillas que he visto que habría que cambiarlas.




Después que mi padre le hiciera “la pelota” descaradamente a Jacob, lo acompañé para despedirme.



- No es necesario que arregles el coche de mi padre sólo para darle buena impresión. –Le dije cuando salimos del portal de casa.



- Ya lo sé, - dijo no dándole importancia- pero funciona.



- Bueno, tú sabrás. – Sonrió y me abrazó por la cintura, dejando apoyada su cabeza en mi hombro.



- Te echaré a faltar esta noche. –Dijo pegando sus labios en mi cuello, haciéndome cosquillas.



- Yo también. Me parece que es la primera vez que deseo que sea lunes por la mañana.



Estuvimos un buen rato abrazados y besándonos, después nos dedicamos a mirarnos mientras él acariciaba mis mejillas y yo su nuca. No nos hacían falta las palabras para decirnos lo mucho que nos amábamos, sus ojos me decían todos los te quiero que necesitaba para saber que me quería. Podía pasar horas, incluso días así, con sentirlo a mi lado ya tenía suficiente.



- Es tarde y debería irme a casa, tienes que descansar, mañana trabajas.



- Cinco minutos más. –Le dije en un susurro, rozando mi nariz con la suya.

Sus besos suaves me dieron a entender que le parecía buena idea. Quizá pasaron los cinco minutos acordados, quizá fueron más, pero para mí seguían siendo insuficientes.



- Buenas noches. –Dijo besando mi frente, me abracé fuerte a su cintura para que no se fuera todavía. –Si no me voy ya, estaré tentado a escalar hasta tu ventana y pasar contigo la noche.



- ¡Estás loco!- Le dije deshaciendo mi abrazo y retrocediendo un paso.- ¡Si nos descubriera no volverías a entrar en esta casa!



Aunque hoy Jacob había hecho grandes avances con mi padre, no podía poner un pie en falso porque, si no, sería como retroceder al principio, o peor. Jacob se rió de mi actitud alarmista, me dio un beso rápido y se despidió dándome la espalda.



Me quedé parada, lo había hecho a propósito para no seguir insistiéndole y que me fuera a descansar.



- ¡Eres un tramposo!- Le dije en voz alta y chistosa.



- No, lo que soy es ingenioso. Mañana te paso a buscar. – Se despidió con la mano, saltó la verja de casa y se fue.



Entré riendo a casa, aunque en el fondo de mi corazón sentía tristeza por no estar con Jacob. Yo siempre había sido una chica bastante independiente, que necesitaba su espacio y que le gustaba la soledad; ahora, sentía que no podía vivir sin él, porque Jacob era quien me completaba, quien me daba felicidad y las ganas de vivir, sin él me sentía vacía. Por suerte, mañana lo volvería a ver.

Fui al comedor y me quedé mirando a mi padre que seguía viendo la tele, me senté a su lado en el reposabrazos del sillón.



- Papá, ¿cómo era el dicho ese por el interés…?



- Te quiero, Andrés. – Respondió a mi pregunta sin apartar la vista del televisor.



- No. Ahora es: por el interés te quiero, Jackson.



- ¿Qué insinúas?- Dijo girándose y mirándome con una ceja alzada.



- Nada, nada. Voy a deshacer la maleta y acostarme, buenas noches.- Le dije dándole un beso en la frente.



Fui a la cocina y ayudé a mi madre a preparar los tuppers con la comida del día siguiente. Cuando terminamos, le deseé buenas noches, cogí la maleta y subí a mi cuarto a deshacer el equipaje.

Lo primero que hice al llegar a la habitación fue sacar de la caja el precioso vestido que me había regalado Alice. Cada vez que lo veía me parecía más precioso. Olí la prenda y el olor a rosas me llenó de bellos recuerdos. Cerré los ojos y hermosas imágenes vinieron a mi cabeza, porque nunca podría olvidar como me hizo sentir en sus brazos, haciéndome suya, sintiéndolo dentro de mí… Abracé el vestido y pasé las manos por donde habían pasado las suyas cuando lo llevaba puesto, una risa tonta salió de mis labios cuando mis dedos tocaron la cremallera, sentí un cosquilleo en mi espalda al recordar como el vestido cayó al suelo, dejándome desnuda a los ojos de Jacob...



- Lluna, ¿qué haces? – Preguntó mi hermana parada en el marco de la puerta.



- Hola Olga… ¿ya estás aquí?- Le dije nerviosa, me había metido tanto en el papel que parecía que estaba reviviendo aquel momento con Jacob a mi lado.



Olga entró en mi habitación y se sentó en la cama. Me preguntó por el vestido, le dije que me lo había regalado una compañera de Jackson. Guardé el vestido en el armario y seguí deshaciendo la maleta.



- ¿Cómo van las reformas del piso?- Le pregunté a mi hermana.



- Parece que nunca van a terminar, cuando arreglamos una cosa sale otra que hay que arreglar.



Olga y Javier habían comprado un piso en el centro hace poco más de un año. El piso era muy espacioso pero estaba para reformar entero, era la única forma que tenían de adquirir una propiedad. No quisieron nuestra ayuda para reformar la vivienda pero, al parecer, con todos los preparativos de la boda, el tiempo se les estaba echando encima.



- Si queréis, el fin de semana siguiente os podríamos echar una mano.



- Ya sabes que no me gusta, papá se pone a mandar y mamá quiere hacer todo a su manera. – Esto era bien cierto.



- Pues iremos Jackson y yo. –La idea le gustó.



- Nos haríais un gran favor, hay que quitar todas las baldosas del baño y la cocina. – En su voz se podía escuchar la súplica.



Espero que no le molestara a Jacob porque en menos de 5 minutos ya había planeado nuestro próximo fin de semana. Seguí guardando la ropa que no había utilizado.



- ¿No has utilizado el pijama?- Me dijo Olga con una sonrisa pícara cuando saqué éste de la maleta, negué con la cabeza. - ¡Eres una cochina!



- ¿Cochina? He pasado el fin de semana más romántico de toda mi vida.



- ¿Cómo de romántico?



- Preparó una cena especial en el salón, enfrente de la chimenea. Su habitación la adornó con una alfombra de pétalos de rosa y velas por todos los rincones. Después me llevó directamente al cielo.



- Pues sí que es romántico.



- Y más tarde nos expulsaron del cielo por lujuriosos.



- ¿Lo ves? Eres una cochina. – Dijo lanzándome un cojín de la cama. Envidiosa. – Me voy a dormir, hasta mañana.

Olga salió de mi habitación y después terminé de guardar toda la ropa. Me puse el pijama que no había utilizado. Me fui a la cama añorando a Jacob y deseando dormir para volverlo a ver a la mañana siguiente.