viernes, 18 de marzo de 2011

16. La huida POV Jacob


Dos días separados, esta es la tercera noche que voy a estar sin ti desde que te dije adiós. Cada paso que intento dar para separarme de ti me resulta una tortura; las cuerdas que nos unen tensan, haciéndome imposible caminar y, por mucho que lo intento, me es imposible avanzar. Intento romper las cuerdas que están totalmente adheridas a ti, pero son muy fuertes, cuanto más lo intento, más fuertes se hacen.


Quiero dar zancadas enormes, pero no puedo, lo único que consigo es arrastrar las pezuñas en el bosque, dejando un surco de dolor en el suelo igual que en mi corazón. El dolor es tan intenso que me impide respirar, estoy agotado, sin fuerzas y muy cansado, cansado de estar siempre huyendo de mis verdaderos sentimientos; primero, con Bella; luego, con Nessie y, por ultimo, tú, mi verdadero amor, Lluna. Sólo deseo volver a tu lado para que me ayudes a curar las heridas de mi corazón, porque sé que tú eres la única que las podrá sanar, pero no puedo. Por tu seguridad y por la de todos tengo que borrar estas ideas de mi cabeza. Aunque el plan de los Cullen es tentador, podría salir mal, y la consecuencia serían vidas perdidas, incluso la tuya. No, esto no va a pasar, no voy a dejar que nadie te haga daño.

El causante de que estés en peligro soy yo, por eso tengo que alejarme. ¡Vamos Jacob, levántate del suelo, CAMINA DE UNA VEZ, NO TE QUEDES PARADO, CAMINA!; me grita una y otra vez la conciencia, pero mi cuerpo no respondía, no quería obedecer esas órdenes. Mordí fuertemente mi pata, para ver si con un estimulo conseguía hacerla funcionar, pero no fue así, comencé a sangrar; la hemorragia a los pocos segundos cicatrizó. Intenté recomponerme, pero no pude, caí nuevamente al suelo gimiendo por el dolor que sentí en el corazón.
Cuando me alejé de Nessie no fue ni una cuarta parte de doloroso de lo que estoy sintiendo ahora, seguramente sería porque no la amaba y porque la imprimación estaba casi desvanecida.


Hacía rato que estaba escuchando una tormenta acerarse, el olor a humedad cada vez era más presente, no se hicieron esperar las gotas de lluvia. La tormenta era muy intensa, los fuertes truenos hacían temblar todo el suelo. Olfateé un olor bien familiar, el de Bella; vendría otra vez a intentarme convencer de que el plan era bueno y, para nada era así. Alice podría confundir sus visiones o, que cuando vinieran los Vulturis, el olor de Lluna siguiera en casa y ellos lo notaran o, peor aún, podría venir el miserable de Aro y con sólo tocar la mano de alguien sabría de la existencia de Lluna en nuestras vidas. Viera como viera el plan, sólo encontraba cosas negativas y que pondrían en peligro sus vidas, la mía me daba igual sino estaba con Lluna, ya era ahora un ser sin vida, volvía a ser Jacob zombi.


Bella llegó a mi lado y fue directa a inspeccionar la mordedura de la pata, aunque ya no había rastro de cicatriz, había dejado una gran marca de sangre en mi pelaje que ni el agua de la lluvia hizo desaparecer. Empezó a sermonearme, pensaba que había intentado herirme, y aunque fue así, no lo hice con la intención de suicidarme. Bella pensaba que quería quitarme la vida como las otras veces, sólo por ella no hacia esto, la hundiría todavía más en pena. Quise desconectar y no escuchar la regañina de Bella, pero un olor hizo despertar todos mis sentidos; era el de Edward, pero no venia solo, no me hizo falta estudiarlo mucho, ese magnífico olor lo distinguiría en cualquier lugar. Me puse en pie, escuché como los pasos rápidos de Edward se acercaban, y con ellos la agitada respiración de Lluna.


Comencé a gruñirle enfadado a Bella, ¿por qué demonios habían hecho esto?


- Tranquilo Jacob, tienes que escuchar a Lluna; lo está pasando fatal, me recuerda tanto aquella vez que perdí a Edward. No puede vivir sin ti Jacob.


- Me da igual Bella. Sí qué podrá vivir sin mí. Estar con ella eso sí que sería una muerte segura para Lluna.- Me hubiera gustado que en este momento me pudiera entender o leer mi mente, no entendió nada de mi aullido.


- Jacob, habla con ella, si supieras por todo lo que está pasando sabrías que no puedes separarte de su lado, la estás matando minuto a minuto con vuestra separación. Lluna está sufriendo tanto como tú. –Comencé a gimotear, no era posible que Lluna sintiera el mismo dolor que yo, eso era imposible, su cuerpo humano no lo podría resistir. Su olor cada vez estaba más cerca, atrayéndome, hipnotizándome. Todo el esfuerzo que había hecho estos días no había valido para nada, estaba totalmente atado a ella. Estaba tan cerca de estar con mi sanadora, podía ver hasta su figura entre la oscuridad de la noche. Tenía que irme, me era imposible estar más tiempo separado de ella sintiéndola tan cerca. – Además, Jacob, ella está conforme con el plan, Lluna confía en nosotros, igual que deberías hacerlo tú.


Me enfadé muchísimo con Bella, comencé a gruñirle. No le importaba para nada la seguridad de Lluna, como dijo Rosalie; eran capaces de cualquier cosa con tal de ver al chucho feliz. ¡Y tú, sanguijuela chupa sangre, sé que puedes oírme, lárgate ahora mismo y llévala inmediatamente a su casa! La única forma de mantenerla a salvo es estar lejos de ella, ¡lleváosla lejos de aquí, lejos de vosotros y lejos de mí! –Gruñí a Edward salvajemente, escuché como él le decía a Lluna que no se asustara-. Me estremecí de dolor por haberle hecho sentir miedo, se tenían que llevar a Lluna. Nuevamente gruñí, pero esta vez más bajo, no quería asustar otra vez a Lluna, se la tenían que llevar a casa.


- Jacob, yo no voy a ser la responsable de romperle más el corazón. Si de verdad quieres que se aparté de nuestras vidas, vas a tener que decírselo tú. – Dijo enfadada entregándome unos pantalones que llevaba detrás en una mochila.


Cuando Bella se dio la vuelta, salí apresuradamente de fase; quise meter en mi mente que las prisas que tenía eran por hablar con Lluna para que se alejara de nosotros ya y para siempre, pero en el fondo sabía que, lo que en realidad hizo que mi transformación de nuevo a un cuerpo humano fuera tan rápida, fue mi urgencia de verla y estar con ella. Me vestí con el pantalón y fui en busca de Lluna. Cuando estuve cerca salió corriendo a mis brazos, la abracé fuerte, con necesidad de sentirme cerca de ella. No tardé en unirme a sus lloros. Lluna estaba temblando en mis brazos, estaba empapada de agua, estaba helada. Desabroché su chaqueta mojada y pegué todo su cuerpo al mío para que entrara en calor. Su tacto en mi piel hizo que comenzara a temblar y mi corazón se sintiera un poco aliviado de dolor, pero no podía ser así, tenía que ser fuerte y alejarme de ella, tenía que luchar por su seguridad ya que parecía que a nadie más le importaba.


- Debes irte, no puedes estar cerca de nosotros. Ahora te llevaran a casa. – Rompí nuestro abrazó con una gran convulsión, mi cuerpo se negaba a estar separado al suyo.


- No, no puedo irme, tengo que explicarte, los Cullen tienen un pl…


- Es un estúpido plan, saldrías herida o muerta.


- Eso no es verdad, puede funcionar, ellos están muy convencidos que todo saldrá bien.


- No pienso arriesgar tu vida por egoísmo de retenerte a mi lado.

Lluna intentó abrazarme, pero con gran dolor rechacé su contacto, no podía estar cerca de ella, me tenía que alejar por su seguridad.


- Jacob, te necesito. No puedo imaginarme un futuro donde tú no existas.


- Ninguno de los dos existirá si seguimos con esto Lluna. Debemos separarnos para siempre.


- ¡Jacob, te quiero!


- Yo también y, por eso, debemos estar separados. – Le dije entre lágrimas.


- Eso es totalmente absurdo – Me dijo molesta retrocediendo un paso.


La única forma de hacer que Lluna se fuera, era haciéndole más daño, quizás así me recordaría como un ser despreciable y nunca se acercaría a un ser odioso cómo yo.


- La absurda eres tú por querer seguir con esto, debes irte ya a casa. –Le dije muy enfadado.


- ¡No pienso irme a ningún lado sin ti!


Todo esto estaba llegando demasiado lejos, tenía que romper esta situación aunque le hiciera daño.


- ¡Lluna aléjate de mí, no quiero verte nunca más!


- Eso no es cierto – Me dijo entre lágrimas. –Yo no puedo estar separada de ti, ni tú de mí.


- Una vez ya sobreviví y lo volveré hacer. Tú eres fuerte Lluna, lo conseguirás, lo sé.


- Tú no sabes nada.

- Sé que ya pasé por esto cuando se fue Nessie, y lo volveré hacer. – Sabía que esto era falso, con ella no fue tan doloroso ni traumático.


- ¿Eso significo para ti?, ¿una imprimación más? - Me dijo con odio.


- ¡Si pensando eso te es más fácil olvidarme, piénsalo! – Le dije furioso, ella pensaba que no la amaba, ¡pero la amaría toda la vida!


La dejé dando grandes zancadas hasta donde me permitió mi cuerpo. Llegó un punto donde las cuerdas que me atan a ella no me dejaron avanzar más, el mismo dolor en el pecho lo volví a sentir, impidiéndome respirar. Me escondí detrás de unos arbustos, esperando que dejara de buscarme, se marchara, y yo pudiera transformarme para poder seguir con mi partida. Lluna se paró a pocos metros, aguanté la respiración para que no me escuchara, lo que sí que escuché fue como se desplomó en el suelo.


Salí de mi escondite y corriendo me acerqué a ella, estaba empapada y helada de frío, su piel estaba bien pálida. Su corazón iba muy despacio, sentí miedo de perderla para siempre. Edward y Bella aparecieron enfrente nuestro, él se agachó e intentó cogerle la mano, le impedí esto, ahora que Lluna estaba débil serían capaces de hacer cualquier cosa para que no se fuera, incluso convertirla para que no tuviéramos problemas con los Vulturis.

- Sólo quiero tomar su temperatura.-Le dejé que lo hiciera, Edward era hijo de un doctor, tenía más idea de medicina que yo seguro, aún así, no quité vista de sus movimientos. – Tiene su temperatura corporal muy por debajo de lo normal, hay que hacerle entrar en calor y llevarla, cuanto antes, con Carlisle para ver si puede hacer algo para que mejore su estado de salud.


Con cuidado la levanté en mis brazos y se la entregué a Bella.


- Súbela encima de mí, yo la llevaré, así entrará antes en calor. Sujétala bien fuerte para que no caiga. – Le dije y entré en fase sin quitarme el pantalón, lo escuché como se desgarraba.


Bella se subió encima de mí dejando a Lluna recostada, cuando me aseguré que estaban las dos bien sujetas comencé a correr desesperado. Seguí a Edward hasta un bosque cerca de la autovía, allí tuve que salir de fase para ir al aparcamiento. Cuando me trasformé cogí a Lluna en brazos, su temperatura estaba más baja, el aire frío que le había dado cuando corría a toda velocidad la había helado más. Entramos en el coche, Edward encendió el motor, la calefacción al máximo y salió chirriando ruedas. Toda la ropa de Lluna estaba chorreando agua y helada, la desnudé dejándola sólo en ropa interior para que entrara antes en calor. La pegué toda a mi cuerpo, sujetándola como si fuera un bebé. Edward llamó a Carlisle para informarle de la situación de Lluna y comenzara a preparar el tratamiento. Después cogió el móvil de Lluna y envió por ella un mensaje a sus padres diciendo que no iba a dormir a casa.


Lluna, aunque había conseguido entrar un poco en calor, todavía seguía fría. Su precioso color de piel canela ahora era pálido amarillento. Tenía los labios y las uñas amoratadas por el frío. Entrelacé nuestras manos y comencé a besar todo su rostro, haciendo presión en sus labios morados. Limpiaba mis lágrimas que caían en su cuerpo para que no sintiera más cosas frías y húmedas.


Llegamos a casa de los Cullen, en todo el camino nadie dijo palabra, estaba demasiado preocupado por el estado de salud de Lluna. Entramos en casa y seguí a Carlisle, que me llevó hasta mi cuarto. Dejé a Lluna tumbada en la cama, la veía muy frágil. Comencé a convulsionar violentamente al ver tal imagen.
Todos nos reunimos alrededor de mi cama viendo como Carlisle trabajaba en el cuerpo debilitado de Lluna. No me percaté que estaba desnudo hasta que Esme me entregó unos pantalones, me los puse. Vi que Lluna también estaba medio desnuda, le dije a Alice que la vistiera con ropa de abrigo y saqué fuera a todos los mirones, incluido yo, no podía ver más el cuerpo helado de mi amada. Yo era el culpable porqué estuviera así, pero los realmente culpables de esta situación eran Edward y Bella por llevarla donde yo estaba sin preocuparse del estado de salud de Lluna.

- Si le pasa algo grave a Lluna, los únicos responsables vais a ser vosotros. – Les dije amenazante.


- Jacob, le dimos una chaqueta, no pensamos que tuviera tanto frío. – Me dijo Edward defendiéndose de mi ataque. Bella no dijo nada, tenía la mirada triste perdida en el suelo.


- ¡Me importa una mierda la chaqueta!, ¡no tuvisteis que llevarla hasta allí, es peligroso que esté cerca de nosotros y ahora está sufriendo por vuestra culpa!


- Jacob, Lluna ya estaba sufriendo por vuestra separación, como tú. –Me dijo Bella apenada.


- ¡A ti Lluna te importa bien poco, lo único que quieres es que yo esté feliz con ella, para así no tenerme que soportar depresivo!

- ¡Eso no es cierto! – Me contestó en un tono de voz elevado haciéndome enfadar más.


- Sabes que si, ¡al precio que sea, incluso la vida Lluna!, ¡eres una interesada qué sólo piensa en ti misma sin mirar las consecuencias! – Le dije arrinconándola en la pared.


- ¡No hables así a mi mujer! – Dijo Edward entre poniéndose en medio de Bella y yo, defendiéndola.


- Sabes que es verdad Bella, te conozco para saber que es cierto todo lo que he dicho. – Le dije separándome de ellos y mirándola a los ojos.


- Sí, al principio sí, -me dijo Bella avergonzada- pero cuando la vi tan derrumbada me recordó a cuando Edward se fue y… y…, la única solución que hay para que no estéis así es estando juntos.


- ¡No podemos estar juntos, pondría su vida en peligro!


- ¡La matarás de dolor si te separas de ella!


Me hubiera gustado contestar a Bella, aunque no tenía ninguna frase para poderme defender de sus ataques, pero Lluna comenzó a llamarme y salí disparado hacia la habitación. Cuando entré, la vi tan frágil que me rompió aún más el corazón así que, con cuidado de no hacerle daño, me senté a su lado y comencé acariciarle la cara que todavía estaba fría y seguía teniendo ese color espantoso amarillento. Le pregunté a Carlisle cuál era el estado de salud de Lluna.


- Ahora iba hacerle una exploración, pero creo que no corre peligro alguno. Necesito que se siente.


Ayudé a Lluna a incorporarse en la cama. Carlisle comenzó hacerle la exploración. En todo momento no le aparté la vista, se veía tan débil que parecía que en cualquier momento se iba a desplomar de nuevo. Cuando Carlisle terminó la exploración, la tumbé de nuevo en la cama y la tapé con una manta para que entrara de nuevo en calor, Lluna estaba temblando de frío.


- Su temperatura corporal todavía está baja, pero va remontando. Necesita descansar. Lluna, ¿eres alérgica a algún medicamento? – Le respondió que no.- Entonces voy a administrarte unos calmantes para que te ayuden a relajarte.


- No quiero calmantes. –Contestó en un hilo de voz.


- Lluna, ya has escuchado a Carlisle, necesitas dormir para recuperarte. – Si seguía así podría empeorar.


- No quiero dormir, no quiero que te vayas. – Dijo con la voz rota. Lluna tenía que descansar para recuperarse. La única forma que ella aceptaría tomar los medicamentos sería prometiéndole que me no me iría, de momento.


- Carlisle, voy a intentar convencerla, si no resulta se lo pondremos a la fuerza. – Le cuchicheé, imposible que lo escuchara Lluna. - Mañana por la mañana seguiré aquí. –Le dije, besé con cuidado su mano vendada a causa de las agujas del goteo que tenía puesto por mi culpa.



Lluna confió en mis palabras y dejó que Carlisle le administrara el medicamento sin rechistar. Me hubiera gustado poderle prometer que nunca me iría de su lado, que siempre estaríamos juntos, pero esto no podía ser así, con mucho dolor que sintiera por la idea, por su seguridad, no podíamos estar juntos.
Cuando Carlisle se fue, comencé a frotarle los hombros con delicadeza para que entrara en calor, pero seguía temblando de frío, la única forma de hacerle entrar rápido en calor sería tumbándome con ella, haciendo de estufa. Con cuidado de no chafar los tubos del goteo me tumbé junto a ella y nos tapé. Lluna se giró a mi lado, quedando su cabeza encima de mi pecho. Allí sentí las húmedas y frías lágrimas de Lluna.

- ¿Lluna, te duele algo? – le pregunté asustado, negó con la cabeza. Lluna estaba llorando por la idea que me fuera, igual que estaba llorando mi corazón.- Mañana por la mañana seguiré aquí, aunque esto no ha cambiado nada. Mi decisión sigue siendo la misma.


- Pero, pero…


- Pero nada, todo sigue igual. Mañana, si te encuentras bien, te llevaré a trabajar, yo y todos los Cullen nos iremos. No sigas presionándome, por favor. – Le dije roto de dolor por la verdad de las palabras.
Aunque sabía que esto sólo iba a ser un acercamiento espontáneo, la simple presencia de Lluna había hecho comenzar a cicatrizar las heridas de mi corazón. Mañana, cuando de nuevo nos separáramos, volverían a abrirse. Lluna, exaltada, levantó la cabeza de mi pecho, mirando el reloj de la mesa.


- Tengo que llamar a mis padres y decirles…


- No te preocupes, Edward les ha enviado un mensaje por ti diciendo que te quedabas aquí a dormir. – Le contesté acariciándole el pelo para que se tranquilizara y volviera a descansar.


Dejó la cabeza apoyada en mi pecho, su respiración cada vez era más lenta y pausada, los tranquilizantes habían hecho total efecto dejando a Lluna dormida en un profundo sueño. Pasé toda la noche velando por su salud, vigilando como, poco a poco, su temperatura iba aumentando, disfrutando del tacto de su piel y pelo, recreándome en su dulce olor. Me mentí pensando que siempre sería así, deseé que se parara el tiempo, así siempre estaríamos juntos, me hizo tan feliz esa mentira. La realidad era demasiado amarga, mañana me iría cuando la dejara, nos iríamos para siempre, no haría la estupidez de los días pasados retorcijándome de dolor en el boque. Le pediría a Carlisle que me diera una sobredosis de calmantes para dormirme y, cuando me despertara, ya estuviera lejos de ella, así no pasaría otra vez lo mismo, no habría vuelta atrás.


Según iban pasando las horas, su respiración fue volviéndose más irregular, los medicamentos estaban dejando de hacer efecto. Dejé la mentira y volví a la realidad, forcé a mis manos para que dejaran de acariciar su cuerpo, me obligué a respirar por la boca para no oler su aroma hipnotizador. Lluna se despertó.


- Es muy pronto todavía; si quieres, puedes seguir durmiendo. – Le dije, así podría seguir viviendo unos minutos más la mentira.


No quiero dormir más, sería tirar el poco tiempo que me queda a tu lado. –Volví al mundo real, un mundo amargo dónde volvía a ser Jacob zombi sin sentimientos, sólo dolor.


Quise levantarme pero no me dejó, tenía que avisar a Carlisle para que evaluara su estado de salud.


- Voy avisar a Carlisle, ahora vengo. –Acaricié por última vez su rostro, disfrutando por última vez su tacto. Oí los pasos del doctor como sonaban en la escalera.- Nos ha escuchado, ya sube él.


Carlisle entró en la habitación y la examinó, dijo que ya estaba recuperada, pero aún así, si no se sentía bien, podría facilitarle un justificante, ella le dijo que no, sólo necesitaba una ducha para despertarse. Estaba actuando como una orgullosa, aunque lo poco que la conocía sabía que lo era, nunca pensé que llegara a tales extremos.


Alice entró en la habitación y le entregó ropa y utensilios de higiene. Lluna se quedó parada mirándome, en sus ojos pude ver el miedo a que me fuera, le aseguré que no haría esto hasta que la dejara en el trabajo, después de esto entró en el cuarto de baño. Carlisle dándome un fuerte apretón en el hombro, dándome apoyo, se fue. Alice se sentó conmigo en la cama.


- ¿Qué vas hacer Jacob?


- Lo que debería haber hecho hace varios días, irnos.


Alice fue a contestarme, pero tuvo que ver algo en mi semblante porque se paró de golpe, se cruzó de brazos y sopló. Dejé mi espalda caer en la cama, al hacer este movimiento levanté aire y, con él, todo el aroma de Lluna que estaba camuflado entre las sabanas llegó al fondo de mis pulmones. Exigiéndome más, contuve el aliento para denegar a mi cuerpo esa petición. Cuando sentí que me faltaba oxigeno comencé a coger aire poco a poco por la boca, los pulmones comenzaron de nuevo a exigir ese olor, haciéndomelo saber con un dolor que se fue expandiendo hasta mi corazón. Bella ayer me dijo que Lluna lo estaba pasando tan mal como yo; esto no podía ser cierto, si lo fuera, no creo que lo pudiera resistir.


- Jacob, antes de que se vaya nos gustaría podernos despedir de ella.


- Creo que a ella también le gustaría.


Nos quedamos en silencio el tiempo suficiente para que me diera tiempo a pensar demasiadas cosas; aunque tenía que dejarla ir, mi cuerpo y parte de mi mente odiaba eso, no podía hacerme la idea de estar separado de ella. Me dolía la cabeza, el pecho, los pulmones… Mi vida ahora sería una tortura llena de dolor, pero no me importaba morir de sufrimiento con tal de salvar la de Lluna. Deseaba y rogaba que su futuro fuera mejor.


- Alice, ¿cómo será la vida de Lluna a partir de ahora? – Le pregunté cuando el dolor me dejó hablar.


- No lo sé, Jacob, está muy cerca de ti, cuando se aparte de tu vida comenzaré a indagar en su futuro y a descifrar las pistas. Lluna no tardará en salir del baño, no creo que sea bueno que te vea de esta guisa.


Como pude me incorporé de la cama; Lluna, a los pocos minutos, abrió la puerta preguntándole a Alice por maquillaje, me hizo un favor llevándosela fuera de la habitación, así tendría unos minutos para conseguir recomponerme. Me cambié de ropa para llevar a Lluna al trabajo; cuando entré en el baño, el calor del vapor del agua había hecho concentrar el aroma de Lluna, llegando hasta el fondo de mi ser, hipnotizándome, cerré los ojos por el placer que sentí y lo relajado que se sintió mi cuerpo. Cuando fui consciente de lo que estaba haciendo abrí de golpe los ojos, viendo en el espejo el ser indeseable y débil que era. Le di un puñetazo haciendo añicos el espejo. Bella, asustada por mi golpe y los temblores entró en el baño y me envolvió con una toalla la mano que estaba sangrando. Caí convulsionando al suelo sintiendo una gran presión en el pecho. Bella me cogió la cara obligándome a mirarle a los ojos.


- ¡Jacob, Jacob para, tranquilízate! – Aunque no quería transformarme, mi espíritu lobo lo pedía a gritos para poderse desprender del dolor del pecho. – Jacob, cálmate, no puedes transformarte ahora y aquí, Lluna está en la otra habitación, creo que no se sentiría bien viendo a un lobo descontrolado e irritado.
El sólo pensar cómo se sentiría Lluna hizo que mis convulsiones fueran menos violentas. Ayer, cuando me escuchó gruñir, sintió miedo, no quería que ella se sintiera así. Las convulsiones se trasformaron en temblores. El dolor del pecho era tan grande que me impedía respirar. Por mis ojos comenzaron a salir lágrimas de impotencia. Bella se tumbó conmigo en el suelo y me abrazó fuerte.


- Jacob, siento mucho por todo lo que te hecho pasar, perdóname, por favor. – Me dijo con voz desgarrada.


Dejé la cabeza apoyada en su hombro llorando desconsoladamente como nunca lo había hecho. Bella estuvo apoyándome hasta que me tranquilice.


- Jacob, me tienes aquí para lo que necesites, no estás solo en esto ¿Para qué están los amigos si no es para ayudarse? –Dijo limpiándome las lágrimas.


- Siento no poder cumplir la promesa de hacerte de nuevo feliz, Bella. Te voy a necesitar a mi lado más que nunca.


- Voy a apoyarte en todas tus decisiones. Yo seré feliz cuando de nuevo lo seas.– Esto iba a ser imposible, seríamos dos infelices en esta vida.


Me ayudó a levantar, limpié la mano de sangre con agua, la piel ya había cicatrizado dejando los cristales clavados dentro. Fuimos al piso de abajo, Carlisle extrajo los cristales de dentro cortando con un bisturí la piel y sacando los trozos de cristal. Me tragué los gritos de dolor cuando Carlisle extraía cada cristal, el dolor que sentía en mi mano no era nada comparado con el dolor que sentía en mi corazón. Bella sujetaba mi otra mano y me dejaba que la apretara para descargar la tensión y el dolor. Poco después de que Carlisle terminara de curarme, entró Esme avisándome de que bajaba Lluna. Fui a la cocina, Esme nos había preparado el desayuno, llené mis pulmones de aire antes de que entrara Lluna.


Esquivé su mirada en todo el desayuno, no podía soportar ver sus ojos tristes. Tuve que chantajearla para que comiera algo, tenía miedo de que volviera a caer enferma.


Cuando terminamos de desayunar me pidió despedirse de toda la familia Cullen. Primero, fuimos al despacho de Carlisle que se encontraba él y Esme; después, fuimos al salón que era donde estaban todos los demás. En toda la despedida no pude mirar a nadie, había un ambiente desolador en toda la sala y yo no podía admitir más pena y tristeza.


Cuando por fin terminó la dura despedida, fuimos al coche y puse rumbo al trabajo de Lluna. Ahora vendría la parte más dura, la hora del adiós definitivo. Me partía el corazón verla llorar: quería limpiarle las lágrimas, abrazarla, consolarla; ¿cómo iba hacer esto si sabía que el causante de toda su tristeza era yo? Me odiaba por hacerle sentir esto. Por el rabillo del ojo vi el semblante de Lluna, estaba deshecha en pena y, por momentos, más pálida. Me pidió que parara el coche, frené y ella abrió la puerta. Comenzó a vomitar, cuando salí del coche para socorrerla, ella también salió y fue dando tumbos hasta parar a un árbol. No sabía qué hacer, me puse muy nervioso; tenía que avisar a Carlisle, pero la vi muy débil y no quería dejarla sola, yo no podía hacer nada, él era un gran médico y sabría qué hacer para mejorar el estado de salud de Lluna. Tenía miedo de irme y que se desmayara, pero no podía hacer otra cosa. Ayudé a que se sentara, entraría en fase y en poco más de tres minutos ya estaría de regreso con Carlisle.

- Voy avisar a Carlisle, ahora vengo. – Le dije sujetando su cara pálida y fría.
En ningún momento me imaginé como reaccionó, me quitó las manos de su cara, rechazando mi caricia, mi consuelo. Yo era él causante que se sintiera así, de todo su dolor, me odiaba.


- ¡No hace falta que llames a nadie! Estoy bien, vámonos. – Dijo con resentimiento, se puso en pie, dando tumbos fue al coche y cerró la puerta dando un portazo.


Lluna me odiaba, no me quería cerca de ella, rechazaba mi contacto, me despreciaba, y no era para menos; todo lo que le había hecho sentir, todo el dolor por mi culpa y, ahora, sólo sentía odio. Sus sentimientos me irritaron más de lo que me habría imaginado. Hace horas hubiera hecho cualquier cosa para que sintiera eso y se fuera de mi vida para siempre, pero ahora, sin saber el por qué, su actitud hacia mí me dolió muchísimo. Me sentí enfurecido por no entender mis sentimientos, ni yo sabía lo que quería que sintiera ella por mí. Intenté desahogarme con lo primero que encontré, cogí el tronco donde había dejado antes sentada a Lluna y lo lancé, estalló contra el suelo haciéndose añicos.

Me metí en el coche y conduje irritado hasta una gasolinera donde me indico Lluna que parara. A través de los cristales del coche seguí todos sus movimientos, me preocupaba que se fuera a marear de nuevo. Compró una botella de agua y algo más que no supe que era, parecían unos caramelos o algo parecido. Cuando se metió de nuevo en el coche, sonó su teléfono móvil, no respondió a la llamada, envió un mensaje a quien fuera que le estuviera llamando.


En todo el camino estuve analizando mis sentimientos por Lluna. Yo sabía a la perfección que sentía un gran amor por ella. Llenaría de besos y caricias todo su cuerpo para que se sintiera la mujer más amada del mundo, y yo, deseaba que me hiciera sentir un hombre en todos los sentidos y, con el tiempo, rebosar de felicidad al construir con ella una familia. Haría lo que fuera para hacerle sonreír en cada momento, todo para que fuera feliz día a día. Estaba haciendo todo lo contrario de lo que quería; nunca la volvería a besar ni acariciar y no podía planificar un futuro juntos, tampoco la podría hacer feliz. Nuestra separación le estaba produciendo una gran tristeza y odio hacia mí; esto era bueno para ella, porqué así me olvidaría más rápido -o eso pienso yo-. Lo que realmente no comprendía era que si yo quería que Lluna me olvidara, ¿por qué demonios me dolía tanto la idea de que me odiara? ¿Por qué no quería que me olvidara? Ni yo mismo me entendía.


Dejé todos estos dilemas e irritación para más tarde, estábamos llegando al trabajo de Lluna y, en consecuencia, la despedida. Aunque no quería, ni sabía si iba poder alejarme de ella otra vez, por la seguridad de Lluna, debía de ser así. Por mi cabeza pasó la idea de raptarla y llevármela algún sitio escondido del mundo, así podríamos pasar toda la vida juntos. Luego recapacité y me di cuenta que estaba teniendo ideas de psicópata. Dejé el coche estacionado en una zona de carga y descarga, no iba a molestarme en buscar un sitio mejor para estacionar, de esta forma tendría otro motivo para que la despedida fuera corta y no volvieran a parecer más ideas lunáticas por mi cabeza. Vi las lágrimas de Lluna caer por sus mejillas que me rompieron el corazón. Mi forma de proteger a Lluna era produciéndole dolor, ¡qué gran guardián que soy!


Sin ser consciente, una parte de mi cerebro estaba planificando más ideas psicópatas, tenía que despedirme de Lluna antes de que las efectuara. Cerré los ojos, no era capaz de despedirme de ella y verla de nuevo llorar.


- Adiós, Lluna. –Fueron las únicas palabras que lograron salir de mi garganta.


- Adiós, Jacob. – Dijo en un susurro, salió del coche. – Te quiero. – Pronunció con la voz rota cuando cerró la puerta.


Escuché como se alejó del coche. Con los ojos cerrados pisé el embrague, metí primera y aceleré, sólo cuando me distancié unos metros fui capaz de abrir los ojos, me obligué a no mirar por el retrovisor. De camino a casa dejé parte de mi ira en el pedal del acelerador.


Llegué a casa y metí el coche en el garaje, tenía que hacerle la revisión al coche; hace una semana que le hice más de 5000 Km y, en las próximas horas, debería de hacer de nuevo. En el garaje estaban Emmet y Rosalie haciendo la puesta a punto de todos los coches de la familia. Salí del coche y abrí el capó, cuando destapé el tapón del aceite salió un chorro de éste directo a mi cara.


- Es lo que pasa si no dejas que se enfríe el motor. – Me dijo Rosalie entregándome un trapo para limpiarme.


Me limpié la cara; normalmente, en esta situación, Emmet estaría tirado por los suelos de la risa, pero seguía con la mirada perdida en el suelo igual que esta mañana. Miré a mí alrededor y vi que los coches no estaban preparados con el equipaje.


- ¿Cuándo nos vamos? – Les pregunté.


- Hoy va hacer un día despejado, no podemos salir hasta que sea de noche. – Me contestó Rosalie, Emmet seguía en su mundo.


- ¡Genial, me parece estupendo! – Dije sarcástico.


Crispado entré en casa y le dije a Carlisle que me marchaba ahora, tenía que alejarme de este país cuando antes. Esme no me permitió eso, me dijo que no estaba en condiciones de hacer un viaje tan largo; a cambio, le pedí a Carlisle unos somníferos para dejarme dormido hasta la hora de la marcha. Me dio un pote de pastillas, me dijo que me tomara dos y, si a la media hora seguía despierto, me tomara otras dos.


Fui a mi cuarto, y me tomé todo el frasco de pastillas de golpe para que pudieran hacer efecto los somníferos antes que mi cuerpo los quemara. Me tumbé en la cama esperando que hicieran efecto. Me cogí fuerte a los barrotes del cabecero, impidiendo que mis pies salieran corriendo en busca de Lluna. Tenía que dormirme ya, sino mi mente comenzaría de nuevo a inventar estrategias estúpidas para regresar con Lluna. Si estaba todavía aquí, era por Esme, se que si me fuera ahora le haría sufrir muchísimo, estaría muy preocupada. Ella se comportaba conmigo como una madre, aunque yo no recordaba mucho cómo era una, sentía como si ella lo fuera.


Comencé a marearme, el cuerpo cada vez lo sentía más debilitado. Cerré los ojos esperando que la sobredosis de somníferos hiciera efecto, y así fue.

EN EL PROXIMO CAPITULO DE LAGUNA NOCTURNA.....



Habían pasado años desde la última vez que la vi, mi vida sin ella no tenía sentido alguno. Tenía que recuperarla fuera como fuera, seguiríamos el plan de los Cullen, me mudaría con ella y dejaría a mi familia de acogida para siempre si era necesario. Lo único que quería era estar con Lluna, no soportaba vivir más tiempo con este dolor. Intenté seguir con un estilo de vida más o menos digno, al estilo Jacob zombi, pero me fue imposible.


Llegué a su casa, todo estaba muy cambiado y su olor no estaba por ningún lado. Llamé a la puerta y contestó su padre diciéndome que ella ya no vivía allí, me dio su nueva dirección. Fui donde me dijo, era a las afueras de la ciudad, cerca de una iglesia antigua de piedra. Allí no había casa alguna, ni signos de que Lluna estuviera cerca. Volví a dar vueltas con el coche para ver si me había confundido, miré el mapa varias veces más y todas las veces volvía a parar al mismo sitio. Quizá su padre me había dado la dirección incorrecta, o tal vez no. En ese momento en mi cabeza se escuchó como se encendía un interruptor, entonces comprendí que estaba en el lugar correcto, no podía ser. Salí del coche y fui detrás de la iglesia, al cementerio.

viernes, 11 de marzo de 2011

15. Reencuentro

Llevábamos una hora metidos en el coche. Edward conducía por la autovía velozmente, decía que el tiempo jugaba en nuestra contra, cuanto más tiempo tardáramos en llegar, Jacob estaría más convencido a marcharse lejos de mí.
El plan de la familia Cullen era el siguiente: Alice estaría vigilando las decisiones de los Vulturis; cuando pensaran hacer una visita a la familia para controlar si cumplían con las normas, yo permanecería lejos de Jacob y de toda la familia Cullen hasta que los Vulturis regresaran a Volterra e informaran que los Cullen cumplían las reglas. Esta idea no le agradaba a Jacob ya que había un inconveniente: si en la visita de los Vulturis venía Aro, con sólo tocar la mano de alguien sabría de mi relación con Jacob y la familia Cullen y, además, que ellos me han revelado la verdad de su existencia. Este último punto era el que tenía que discutir con Jacob. Bella y Edward le habían hablado del plan, pero él no lo aceptaba, les dijo que era exponerme en peligro y que era un riesgo que no iba aceptar.

Aunque Bella me dijo que Aro nunca sale de Volterra a no ser que sea por un motivo realmente necesario, a mí, tampoco me gustaba el plan de la familia Cullen. Si algo salía mal, no sólo yo me hallaría en peligro, pondría en riesgo la vida de Jacob y todos los Cullen.

Edward condujo el coche hasta un área de descanso y aparcó. Miré por la ventanilla a ver si veía el coche de Jacob, pero no estaba por ningún lado.

- ¿Dónde está Jacob? – Les pregunté.

- Detrás de este bosque hay unas montañas. Jacob está por ellas a unos 30 km aproximadamente. – Contestó Edward. Podía ver el bosque pero era una noche muy oscura y no conseguía ver las montañas.

- ¿Cómo y porqué está Jacob allí?

- Ha llegado a cuatro patas, bueno, en realidad, arrastrándose. Está intentado alejarse lo máximo de ti posible y, hasta ahí, es dónde ha conseguido llegar.

Bella salió del coche y sacó del maletero una chaqueta, abrió la puerta trasera del coche donde me encontraba y me la entrego.

- Lluna, no podemos perder más tiempo. Tenemos que ir a buscar a Jacob, ponte este anorak. – Me dijo Bella. Salí del coche y me puse la chaqueta tal y como me dijo.
–Edward, voy delante buscando a Jacob, sigue mi rastro, nos vemos ahora- Dijo nerviosa, le dio un beso fugaz a Edward y desapareció de mi vista.
- ¿Tenemos que ir andando?- Era de noche y no veía más de donde iluminaban las luces del parking.

- Tranquila, yo te guío una parte, de la otra ya me encargo yo de andar. – Me dio una sonrisa de medio lado que me dejó aturdida.

Todavía no había logrado salir de mi confusión, cuando Edward me cogió por el codo y empezó a guiarme por el bosque que teníamos enfrente. Era una noche negra, no había rastro ni de luna ni de estrellas, las nubes la cubrían. Caminamos a oscuras unos metros, hasta donde llegaban el reflejo de las luces de la carretera, metiéndonos en la negrura de la arboleda nocturna. Cuando mis ojos se acostumbraron a las sombras, pude comprobar que unos pasos más adelante se acababa el bosque, comenzaban unos pastos y, después de ellos, unas montañas. Edward era mis ojos, me decía cuando había un obstáculo para esquivarlo. Atravesamos el pasto, la luz de un rayo que abrió el cielo en dos me dejó ver las montañas que teníamos en frente. Nos adentramos en la arboleda.

- Bueno, Lluna, hasta aquí puedes llegar andando, ahora me encargo yo. –Volvió a ofrecerme otra sonrisa que me dejó de nuevo aturdida.- Antes de continuar, me gustaría preguntarte una cosa.

- Dime.- Dije apresurada, quería ver ya a Jacob, aunque no tenía ni idea que le iba a decir para convencerlo para que se quedara a mi lado.

- ¿Quieres continuar con esto?, quiero que sepas que te expones a ciertos riesgos al estar cerca de nosotros. Por lo que he podido descifrar de tu mente, he entendido que tienes dudas sobre nuestro plan. Lluna, no estás obligada hacer esto si no quieres, puedes decidir.

- Edward, mi decisión es que quiero estar con Jacob, él es mi… todo, no sé, no sé cómo explicarlo, pero sin él estoy perdida en este mundo.

- ¿Entonces de qué dudas?, no logro entender tu mente. – Me preguntó Edward confuso.

- Lo que no quiero es poner en peligro a nadie por mi causa, no soportaría que os castigaran los Vulturis. – Dije con lágrimas en los ojos al pensar la idea.

- Lluna, eso no va a pasar, estaremos alerta para que no ocurra. Toda la familia está de acuerdo para seguir con este proyecto. Jacob forma parte de nuestra familia y, para nosotros, lo más importante es conseguir que todos los miembros estén felices. No tenemos ninguna duda que la felicidad de Jacob es estar contigo. Pero la que no tiene que tener ninguna duda eres tú.

Ahora que sabía que todos los Cullen estaban a favor de la idea, me sentí más tranquila. Si ellos, que ponían su vida en juego, no tenían ninguna duda de que el plan iba a funcionar a la perfección, me sentí con todas las fuerzas necesarias y más para seguir adelante.

- Edward, nunca en la vida he estado más segura de algo, quiero estar con Jacob.

- Pues entonces no hablemos más, sigamos con la búsqueda del fugitivo. –Dijo entre risas y agachándose para poderme subir en su espalda.

- ¿Me vas a llevar? – Le pregunté abochornada.

- ¿No pensarías andar monte a través hasta encontrarlo?, al paso que llevas llegaríamos tardísimo. Además, se aproxima una tormenta. ¿Te da miedo que un vampiro te lleve de paseo por el bosque?, no voy hacerte nada descortés – Dijo con una sonrisa picara.

- ¿Miedo, yo?, si me hicieras algo, primero Bella te daría una paliza por haberla engañado y, luego, Jacob, te remataría por hacerme daño. Creo que él que sale perdiendo eres tú. – Le contesté chulesca.

- ¿Y no tienes miedo que beba tu sangre? – Dijo con voz tenebrosa cortando las distancias que nos separaban. Su pose amenazadora me acongojó, pero en su mirada pude reconocer que estaba bromeando.

- Creo que el resultado sería el mismo.

- Me parece que sí. –Dijo tomando de nuevo una actitud relajada- Es hora de irnos, Bella no va a tardar en encontrar a Jacob y, antes de que él decida marcharse sin escucharte, debemos estar allí. – No me dio tiempo a contestarle, me cogió por los brazos y en un movimiento rápido me encontré subida a su espalda. – Ahora, sujétate bien fuerte y no abras los ojos; si te mareas, dímelo y paramos. Si no puedes aguantar, te agradecería que no me vomitaras en la espalda, no es muy agradable.

- Vale, cuando quieras. – Le contesté con la voz temblorosa, escondiendo la cabeza en su espalda y cerrando los ojos.

Sabía que Edward estaba andando deprisa, por como sentía mi pelo volar por el aire. En ningún momento parecía que me estaba llevando en su espalda y estaba corriendo. No escuchaba nada extraño, ni sus pasos, ni ruidos en el bosque… Me moría de ganas por abrir los ojos y ver a qué velocidad íbamos, pero sentí miedo por los mareos y todavía no sabía que le iba a decir a Jacob para convencerlo para que se quedara.

- Edward, ¿crees que Jacob decidirá quedarse?

- No lo sé, todo depende de lo que le digas.

- ¿Y qué se supone que le voy a decir?, el otro día fue muy firme con su decisión, aunque le dolió muchísimo dejarme, estaba seguro de lo que hacía.

- El está seguro en proteger tu vida del ataque de los Vulturis; lo que no está seguro, y creo que pueda, es en alejarse de ti. No puede Lluna, lo ha intentado y no puede. Le come por dentro esa inseguridad.

Jacob había intentado alejarse de mí pero, con toda su voluntad, no lo consiguió. Igual que yo intenté seguir con mi vida y fue un fracaso.

- ¿Qué debo hacer para convencerle?

- Muéstrate firme con tu decisión, hazle ver todo lo que sientes. Va ser difícil que lo consigas Lluna, no te voy a engañar, está muy testarudo con lo de tu seguridad. Sé cómo se siente, no sólo porque puedo leer sus pensamientos, sino porque yo me sentí igual una vez. Era estar con Bella por mi interés, por mi egoísmo de no poder vivir sin ella, o separarme de mi amor por su seguridad. Fue la decisión más dura que jamás he tenido que tomar, no fue nada fácil. Al final me quedé a su lado, porque sabía que mi existencia no tenía ningún sentido lejos de ella.

- Me gustaría que él pensara lo mismo.

- Y lo piensa, por eso se está odiando.

Me quedé en silencio, pensando en todo lo que me había dicho Edward. Jacob lo estaba pasando mal, no podía vivir sin mí, ni yo sin él. Sabía que nuestra relación no iba a ser nada fácil, siempre escondiéndonos de los Vulturis.

- Edward, ¿a qué clase de castigo nos enfrentaremos si nos descubren? –Le pregunté apretando fuerte mis ojos cerrados. Moría de curiosidad por abrirlos y ver a qué velocidad íbamos.

- En el caso que nos descubrieran, podrían tomar dos decisiones; una, sería matarnos a todos por quebrantar las normas y, la otra, sería pagar nuestra falta de respeto a las leyes con tu vida convirtiéndote en vampiro.

No me esperaba esa última respuesta, de la impresión que me dio abrí los ojos como platos, no me podía imaginar convertida en un vampiro viviendo toda la eternidad junto a Jacob. Pero, más me impresionó lo que vieron mis ojos; pasábamos entre los arboles a gran velocidad. Edward zigzagueaba entre los matorrales del bosque sin ninguna dificultad.

- ¿Lluna, estás bien? Tú corazón se ha disparado de ritmo. ¿Te da miedo la idea de convertirte en vampiro?

- La verdad, no me imagino convertida en un vampiro.

- Tranquilízate, eso no tiene por que pasar. No temas, estaremos a tu lado protegiéndote para que eso no ocurra. Ponte la capucha de la chaqueta, no tardará en llover.

Hice lo que me dijo, a los pocos segundos comenzó a llover, los rayos seguían haciéndose presentes con más frecuencia. Seguía con los ojos abiertos, hipnotizada con el paisaje que estaba viendo, dejábamos los arboles atrás a velocidad vertiginosa. Uno de ellos pasó a escasos dos centímetros, di un respingo, intenté disimular con tos el pequeño grito de espanto.

- ¿Qué pasa, Lluna?, ¿quieres que dejemos el plan?

- ¡No, no! Es que tengo los ojos abiertos y acabo de ver un árbol casi estampándose en mi cara.

- ¿Se puede saber por qué haces tal estupidez? No tenemos tiempo para pararnos y esperar que te recuperes de la fatiga si quieres ver a Jacob. Bella está a punto de encontrarse con él. Cierra los ojos y traga saliva. – Dijo en tono autoritario.

- No pienso cerrarlos. – Le dije molesta por sus advertencias.

- ¿Te gusta la sensación de mareo?

- No estoy mareada. Lo que pasa es que me gusta saber por dónde voy. –Le contesté sacando la cabeza por el hombro de Edward.

Me pareció alucinante lo que vi. Edward esquivaba los obstáculos como si nada. La sensación era parecida a cuando vas en coche y miras pasar el paisaje por la ventanilla. Mientras estuve con la cabeza apoyada en su espalda no lo pude notar pero, ahora, que veía por dónde íbamos, me daba cuenta como encorvaba todo su cuerpo para poder pasar entre los densos matorrales.

- Edward, esto es... in-cre-i-ble. – Dije articulando cada monosílabo de la palabra para hacerle notar mi fascinación.

- Si esto te lo parece, no te puedes ni imaginar lo que es ir a máxima velocidad. – Dijo fanfarreando de sus habilidades.

- ¿Y a qué velocidad puedes ir? – Le pregunté por curiosidad, pero se pareció más a un reto.

- No te la puedo mostrar, no creo que tu cuerpo humano pudiera soportar tanta presión.

- Sólo un poco más rápido, así llegaré antes para hablar con Jacob, aunque no tengo ni idea que le voy a decir para convencerlo de seguir con el plan, pero ardo en deseos en verlo.

- Eres una temeraria. Jacob va a matarme por hacer esto, ¡sujétate fuerte! – Dijo cruzándome los brazos en su cuello y agarrándome por los codos.

Edward aumentó la velocidad el doble aproximadamente. Del retroceso, mi cuerpo fue separándome de la espalda de Edward. Para sentirme más segura me pegué aun más a su cuerpo cruzando las piernas en su abdomen. Los árboles del bosque y toda la vegetación se convirtió en borrones negros. El aire hacía que llorara y me escocieran los ojos. El agua de la lluvia me estaba calando hasta los huesos, estaba helada y el contacto gélido del cuerpo de Edward no me estaba ayudando. Su pelo, a causa del aire, bailaba por mi cara, dejando un aroma embriagador, aturdiéndome. Hizo confundir mi conciencia y la dejó atrás con el aire. Mis ideas eran como si estuvieran desordenadas. Su olor penetró hasta el fondo de mi subconsciente, haciéndome dejar la preocupación de la inminente conversación con Jacob de lado. Ahora sólo deseaba verlo, estar con él, oír su voz, oler su aroma, volver a notar su calor que tanto necesitaba, igual que sus besos. Todos mis sentidos urgían de él. Jacob, en pocos días, se había convertido para mí como un fármaco para una persona que tiene una enfermedad crónica. Jacob era mi vida, sin él, estos días no fui nada, creo y hasta puedo afirmar que no podría ser nada en un futuro.

Mi mente salió de la confusión cuando Edward me dijo que Bella estaba con Jacob y le contaba que yo iba de camino. Un gran aullido retumbó en las montañas, un aullido de lamento que se clavó en mi corazón.

- Como no puedas convencerle para que se quede contigo, Jacob me matará por exponerte a tantos peligros.

- ¿Crees que querrá escucharme? – Le pregunte atemorizada.

- Escuchar tu voz, créeme que sí. Lo que no estoy tan seguro es que quiera escuchar lo que le vas a decir.

Edward descendió la velocidad gradualmente hasta llegar a pararnos. Liberó su agarre de mis brazos, yo deshice mi agarre dejando caer las piernas al suelo. Me tambaleé un poco, Edward tuvo que sujetarme para no caer al suelo, mis piernas estaban entumecidas de hacer tanto esfuerzo. Cuando recuperé el equilibro, estiró de mí con delicadeza haciéndome caminar.

Según me iba acercando escuchaba unos gruñidos feroces que me hicieron estremecer, recordé la fobia que tuve a los perros cuando era pequeña. Sus gruñidos se parecían a los que años atrás retumbaban en mi mente. A los 6 años, me perdí por el bosque y un perro salvaje me atacó, dejando todavía hoy, una señal en la cadera. De siempre había sido una gran amante del mundo animal, después de aquello les cogí fobia, pero con el tiempo fui perdiendo el miedo y volviendo a ser la misma apasionada por los animales. Pero un lobo gigante no sé si lo podría soportar.
Con cada paso que daba, los gruñidos se fueron convirtiendo en lamentos. Un lamento que me conmovió. Estaba alterada por ellos. Cada vez se escuchaban más cerca y fuertes. Los llantos de aquel lobo estaban atormentándome, y eran de Jacob. Con cada lamento me trasmitía descargas de dolor a mi corazón. Jacob estaba sufriendo, sentí una gran urgencia por consolarlo. La luz de un rayo nuevamente me dejó ver un poco más lejos, por pocos instantes, pude observar como una figura enorme se movía nerviosa a pocos metros. Un gruñido salvaje se escuchó allí. Me aferré al brazo de Edward, un movimiento en busca de protección. Estaba aterrorizada porque tenía a un lobo gigante a poca distancia, aún sabiendo que era Jacob, me estremecía la idea. Escuchaba como el gran lobo cogía aire nervioso y lo escupía en forma de gruñidos. Me abracé totalmente a Edward. Era una reacción ilógica, me aferraba al cuerpo de un vampiro para aliviar el miedo que sentía a un lobo gigante. Edward me cogió por los hombros para que me tranquilizara.

- No es contigo con quién está enfadado. No tengas miedo, no te va hacer nada. – Cuando Edward dijo esto los gruñidos se convirtieron en lamentos.

Se clavaba en mi corazón cada quejido que daba aquel gran lobo. Me estremecí de dolor, el mismo dolor que estaba pasando Jacob. Me sacudí de los brazos de Edward, quería salir corriendo para mitigar aquellos lamentos. Edward me paró en seco.

- ¡Espera!, Jacob va a transformarse para hablar contigo. – Dijo animado.


La lluvia comenzó a bañarme en torrente. Estaba empapada, del pelo me caían gotas de agua en los ojos. Abracé mi cuerpo con la intención de calentarlo. Entre las sombras de la noche pude ver cómo se movía una silueta; conforme se acercaba, vi que era Bella y, detrás de ella, otra sombra, deduje que ese era Jacob y salí corriendo en su búsqueda. Cuando estuve enfrente, me lancé a él, sujetándolo bien fuerte, en un intento desesperado de aferrarlo. Todo Jacob estaba temblando. Mis sollozos se unieron a los suyos cuando me abrazó.

- Lluna, no deberías estar aquí, además estás empapada. – Dijo con la voz echa un nudo.

Con una mano desabrochó la cremallera de la chaqueta y la abrió. Me pegó a su pecho. Que estuviera sólo vestido son un pantalón corto y el pecho desnudo, ayudó a que entrará fácilmente en calor. Pegué todo mi cuerpo al suyo, no sólo para refugiarme del frío, sino porque también necesitaba del calor de Jacob, mi cuerpo pedía de él. Jacob me pegó más a él, sentí como sus puños se cerraban fuertes detrás de mi espalda. Comenzó a convulsionar violentamente; en un temblor que me sacudió, se separó de mí.

- Debes irte, no puedes estar cerca de nosotros. Ahora te llevaran a casa.

- No, no puedo irme, tengo que explicarte, los Cullen tienen un pl… - No dejó que terminara de hablar.

- Es un estúpido plan, saldrías herida o muerta.

- Eso no es verdad, puede funcionar, ellos están muy convencidos que todo saldrá bien.

- No pienso arriesgar tu vida por egoísmo de retenerte a mi lado.

Las cosas no estaban yendo bien. Jacob rechazaba mi abrazo cada vez que intentaba acercarme a él.

- Jacob, te necesito. No puedo imaginarme un futuro donde tú no existas.

- Ninguno de los dos existirá si seguimos con esto Lluna. Debemos separarnos para siempre. – La última frase retumbó en mi cabeza dejándome confusa, no sabía con que contestarle para hacerle entrar en razón.

- ¡Jacob, te quiero!

- Yo también y, por eso, debemos estar separados. – Dijo entre lágrimas.

- Eso es totalmente absurdo – Le dije dando un paso hacia atrás y mirándolo a la cara, apartó su mirada.

Su aspecto era espantoso. Tenía unas grandes ojeras que hacían ver sus ojos hundidos y muy oscuros.

- La absurda eres tú por querer seguir con esto, debes irte ya a casa. – Dijo a la defensiva.

- ¡No pienso irme a ningún lado sin ti! – Le dije furiosa, mi cuerpo reaccionó tambaleándose, pero saqué fuerzas para mantenerme en pie.

Jacob comenzó a convulsionar más fuerte, apretaba fuertemente los puños en los costados. Su respiración era rápida.

- ¡Lluna aléjate de mí, no quiero verte nunca más! – Dijo con voz autoritaria.

- Eso no es cierto – Le dije en un intento desesperado para no creerme sus palabras.
–Yo no puedo estar separada de ti, ni tú de mí.

- Una vez ya sobreviví y lo volveré hacer. Tú eres fuerte Lluna, lo conseguirás, lo sé.

- Tú no sabes nada.

- Sé que ya pasé por esto cuando se fue Nessie, y lo volveré hacer. – Dijo con la voz rota.

- ¿Eso significo para ti?, ¿una imprimación más? - Le dije con odio.

- ¡Si pensando eso te es más fácil olvidarme, piénsalo! – Dijo furioso dándome la espalda y alejándose a grandes zancadas.


Quedé inmóvil, paralizada por la fuerza de sus palabras. Mi mente no reaccionaba, se negaba a admitir la idea que Jacob me dejaba para siempre. Mi cuerpo se negaba a sentir lo mismo que los días posteriores a su partida. Necesitaba de él, mi cuerpo helado requería de su calor para seguir funcionando. Tambaleándome fui corriendo por donde él se había alejado. Mis piernas no reaccionaban y se doblaban con cada paso que daba. Aunque necesitaba aire para poder respirar, mis pulmones no me dejaban, el dolor que sentía en el pecho no se lo permitían. Perdí su rastro, paré en seco para poder ver mejor, la vista la tenía nublada por la lluvia. Solo oía las gotas de agua chocar contra el suelo, no escuchaba los pasos de Jacob ni de nadie por ningún lado. Desorientada, giré sobre mí; en ese instante, perdí la consciencia y caí desplomada al suelo. Aún estando en un estado inconsciente, podía seguir sintiendo el dolor del corazón, el frío calaba más hondo en mi cuerpo, llegando hasta él, congelándolo.





Hola chicas, espero que os haya gustado el nuevo capítulo. Como siempre espero sus comentarios para saberlo.
He creado un nuevo apartado en el blog “Reflexiones & Pensamientos”, pasen y descubran lo que se esconde detrás de ese título.


Mil beSos, abrazos y gracias por todas las visitas y comentarios.
Saludos Áuryn



EN EL PROXIMO CAPITULO DE LAGUNA NOCTURNA......

- La partida. POV Jacob:

La dejé dando grandes zancadas hasta donde me permitió mi cuerpo. Llegó un punto donde las cuerdas que me atan a ella no me dejaron avanzar más, el mismo dolor en el pecho lo volví a sentir, impidiéndome respirar. Me escondí detrás de unos arbustos, esperando que dejara de buscarme, se marchara, y yo pudiera transformarme para poder seguir con mi partida. Lluna se paró a pocos metros, aguanté la respiración para que no me escuchara, lo que sí que escuché fue como se desplomó en el suelo.
Salí de mi escondite y corriendo me acerqué a ella, estaba empapada y helada de frío, su piel estaba bien pálida. Su corazón iba muy despacio, sentí miedo de perderla para siempre. Edward y Bella aparecieron enfrente nuestro, él se agachó e intentó cogerle la mano, le impedí esto, ahora que Lluna estaba débil serían capaces de hacer cualquier cosa para que no se fuera, incluso convertirla para que no tuviéramos problemas con los Vulturis.

jueves, 10 de marzo de 2011

La Nada

Está es una reflexión en que todo el mundo alguna vez o otra en la vida se ha encontrado.





Hay días en que recuerdo el pasado y no veo nada, pienso en el futuro y no veo nada. El presente no existe. Mi mente está vacía sin nada en que pensar o en lo que querer pensar. Si me preguntas que me pasa; te responderé que no me pasa nada. Y si yo misma reflexiono sobre mis sentimientos; no averiguo nada. Porque la Nada me absorbe, la Nada me devora y yo sigo sin saber qué me pasa. Y cuando encuentro la respuesta, desconcertada descubro que no me pasa nada.

Pienso que la Nada es mi amiga, la Nada me ayuda a no ver la verdad, porque la realidad es demasiado amarga para querer aceptarla. Me oculto entre la Nada, sin querer pensar, sin querer sentir, sin querer vivir. Llega un punto donde me encuentro a gusto con la Nada, ella me cuida, ella me protege y no quiero dejarla.


Pero la realidad es que la Nada no me deja ver, ella esconde mis sentimientos y no consigo entender que hay detrás. La Nada me absorbe cada rallo de vida y, cuando descubro que ella me engaña, que lo único que quiere de mi es borrar mi personalidad, me es imposible dejarla. La Nada me ha capturado, soy su prisionera y no puedo escapar.


Yo misma me lo busqué, me dejé guiar por ella sin pensar en las consecuencias. Quiero retroceder y no puedo, quiero avanzar y no lo logro.


Encerrada con la Nada estoy, esperando cualquier momento de confusión para dejarla y, cuando lo logre, escaparé de sus redes. No pensaré en ella y solucionaré mis problemas. Volveré a ser aquella quien soy, quien fui o quien quiero ser. Volveré a disfrutar de la vida, a saborear cada instante, deleitarme de los buenos momentos y aprender de las decepciones. Miraré hacía mis metas, lograré mis objetivos, aprenderé de lo vivido, me rodearé de mi gente.


Aunque logre escapar de la Nada ella siempre estará esperando el momento para acechar, esperando mi regreso. Y yo me dejaré caer en sus redes como otras tantas veces lo hice. Porque la Nada forma parte de mí.


Y si me preguntas que me pasa te responderé que nada; porque en la Nada estoy, porque no soy nada.

jueves, 3 de marzo de 2011

14. Si tú no estás

La causa del dolor que sentía no podía ser cierta. No era verdad que Jacob se había ido para siempre, no me lo quería creer pero, cada punzada de dolor que sentía en el pecho, me recordaba que era verdad. Me escocían los ojos cada vez que pestañeaba, no salían más lágrimas para calmar el dolor. Tenía que obligarme a coger aire para poder respirar; cada vez que inhalaba y exhalaba, las punzadas se repetían en mi pecho. Estaba tumbada en la cama y mi padre quitaba el pelo de mi rostro cada vez que me retorcía de dolor entre las sábanas.

- ¿Lluna, cariño, qué te pasa, qué te duele? - Preguntaba mi padre con preocupación.
Mi madre y Olga estaban en la puerta de la habitación nerviosas por mi actitud. Estaba destrozada, muriéndome de dolor porque Jacob se había ido, nunca más lo volveré a ver, jamás veré esos ojos que me hipnotizan, en la vida volveré a sentir su calor. Un calor que necesitaba, mi cuerpo y mi corazón se habían quedado helados y paralizados.

- Manuel, voy a llamar al médico. – Dijo mi madre con nerviosismo sacando el móvil del bolso.

Un médico es lo que menos necesitaba ahora, alguien a quien dar respuestas que no se las podía contar ni a mi familia.

- ¡No!, no llames mamá. – Le dije incorporándome en la cama.

Del esfuerzo que hice, una espada se clavó en mi estomago dándome arcadas. Como pude me levanté de la cama y fui dando bandazos hasta el váter. Escuché los pasos de mi hermana detrás y me ayudó a recoger mi pelo. Cuando terminé de vomitar, Olga me dio un vaso de agua y una toalla húmeda.

- Paloma, llama al médico. – Dijo mi padre alarmado por mi estado de salud.
- No. – Logré decir.

- ¡Pues, Lluna, hija, cuéntanos qué te pasa!

- Jaco..Jackson. – Al nombrar el causante de mi dolor, fui consciente que esto era real.

- ¿¡Qué te ha hecho ese desgraciado!? - Dijo mi padre con odio.

¿Qué ha hecho?, protegerme y dar puñaladas a mi corazón con su partida.

- Nada – Dije protegiendo a mi único amor.

- ¿Cómo que nada? ¿Algo te habrá hecho para estar así?

- Se ha ido. – Caí al suelo a causa del dolor al reconocer la verdad.

- ¿Dónde se ha ido? – Le contesté encogiendo los hombros. Esa pregunta no se la podía responder a mi padre porque ni yo misma sabía cuál era su paradero y, aunque lo supiera, no podría ir a buscarlo. Si hacía esto, pondría en peligro a Jacob, a toda la familia Cullen y a mí.

- ¿Le han cambiado el destino de trabajo? –Esa era una buena farsa. Le contesté que sí a mi hermana.

Todos nos quedamos en silencio, cada uno absorto en sus propios pensamientos. Supongo que mis padres estarían reflexionando el porqué de mi actitud. Había pasado por muchas rupturas, pero ninguna tan intensa como esta. Olga, no sé lo que pensaría, con sus cambios de actitud constantes era muy difícil de saber. Y yo, ahora que tenía una buena cuartada sobre la marcha de Jacob, me adentré en una espiral de tortura y angustia.

- Papá, mamá, si queréis, iros a preparar la cena, yo me quedo con Lluna. Le irá bien un buen baño caliente para relajarse. – Mis padres se miraron no muy convencidos con el comentario de Olga pero, la verdad, es que quería que se fueran y me dejaran a solas para no tener que responder a más preguntas.

Olga empujó a mis padres fuera del baño y salió con ellos cerrando la puerta. No presté mucha atención a lo que estaban hablando, estaba demasiado ocupada intentando respirar, pero estoy segura que Olga les estaba convenciendo para que nos dejaran a solas. Escuché como la puerta de mi habitación se cerró y, luego, Olga abrió la puerta del baño. No habló ni me pregunto nada, se acercó y me levantó. Me quitó la ropa y me ayudó a ducharme. Cuando tenía puesto el pijama y el pelo seco, me acompañó a la cama y me arropó. El agua caliente había ayudado a calentar mi cuerpo, pero todavía seguía sintiendo frío. Nuevas lágrimas volvieron a caer por mis mejillas al pensar qué tipo de calor necesitaba, el calor de Jacob.

- Lluna, mañana lo verás todo diferente. Ahora estás mirando el lado más pesimista, pero ya verás cómo todo volverá a ser como antes. – Yo no quería que fuera como antes, lo que quería y necesitaba era estar con Jacob, pero esto, era imposible.- Ya has superado muchas rupturas, seguro que lo volverás a conseguir. Ya sabes, un clavo saca a otro clavo.

¿Clavo?, Jacob no había sido como mis antiguas parejas, yo era su imprenta, algo más fuerte que el amor. Él había entrado en mi vida como un tornillo con doble rosca de seguridad y, al salir, había arrancado parte de lo que era, parte de mi corazón.

- No va ser tan fácil, Olga.

- ¿Qué tenía él en especial que no tuvieran los demás? – Tuve que obligarme a coger aire para contestarle.

- Él era el hombre de mi vida, él era mi amor, estábamos hechos el uno para el otro. –Más lágrimas comenzaron a salir, recordando los momentos vividos con él. Jacob era mi imprimación, el destino quería que estuviéramos juntos.

Mi madre asomó la cabeza por la puerta.

- La cena está lista. – Dijo en voz baja.

- Sí, ya vamos. – Contestó mi hermana por las dos. Mi madre cerró de nuevo la puerta y se fue.

- ¿Quieres bajar? – Le contesté que no con la cabeza. – Lluna, tienes que ser fuerte. Quedándote aquí no vas a resolver nada.

Me giré en la cama y le di la espalda. No quería ser fuerte, no quería levantarme y salir de mi habitación si no era para resolver las cosas con Jacob y, esto, era imposible. Olga tapó mi cuerpo con una manta, me dio un beso en la frente y, dando un suspiro, salió de mi habitación.

Ahora que me había quedado sola, podía analizar bien la situación. Jacob se había ido para siempre, nunca más lo volveré a ver. ¿El motivo?, por mi seguridad, por la de los Cullen y por la suya propia. La mía poco importaba, estaba muriendo de dolor, pero el dolor que estaba sufriendo valía la pena para que Jacob y la familia Cullen pudieran vivir en paz.

Jacob me dijo que lo olvidara, que no pensara en él ni en todo lo que habíamos vivido juntos, pero él se había ido, lo único que me quedaba eran los recuerdos y, éstos, no los iba a borrar de mi memoria jamás.

En mi pecho sólo sentía dolor, frío y un vacío imposible de llenar por nada ni por nadie. Sabía que iba a ser imposible, por mucho tiempo que pasara.
Una mano en mi espalda hizo que me sobresaltara, no me di cuenta que mi padre había entrado en la habitación.

- Hija, te he traído una tila para que te ayude a dormir.

- No me apetece papá, no quiero comer nada.

- Por favor, Lluna, bébetela. – La cara de preocupación de mi padre me rompió más el corazón. Con que sufriera yo ya había suficiente. Me tomé la taza que me ofrecía mi padre sin rechistar. Cada sorbo que daba a la infusión bajaba por mi estomago como si fuera hierro ardiente. Aguanté las arcadas que me dieron para no alarmar más a mi padre. – ¿Te cuento un secreto? Cuando conocí a Jackson, me pareció que era el chico perfecto para ti y eso me dio mucho miedo, sentía que él iba a ser el hombre por el que te irías de casa y dejarías de ser mi niña pequeña. Fui un egoísta pensando que, si se iba, no ocurriría nada de eso, pero no es cierto. –Sus palabras me desconcertaron.

- No te entiendo.

- Pensaba que, si él se te dejaba, te quedarías aquí en casa por más tiempo, todavía no estoy preparado para verte ir. Pero prefiero un millón de veces el miedo que sentía por verte marchar, que el verte así. Lluna, lucha por lo que quieres, lucha por él si es lo que crees que te va hacer feliz.

Me abracé a mi padre dejando de nuevo todo el dolor y la impotencia.

- No puedo hacer nada papá, no puedo hacer nada, él se ha ido y nunca va a volver.
– Le dije entre llanto.

- Consumiéndote en tu propio dolor, sí que no conseguirás nada. –Me cogió por los hombros y me miró fijamente- Tienes que sacar fuerzas para conseguir lo que quieres.

- No me quedan fuerzas. – Las estaba gastando todas para soportar el dolor.

- Duerme cariño, duerme para recuperarlas y luchar por lo que quieres. – Me tumbó en la cama y me arropó. Le cogí de la mano cuando se levantó.

- No te vayas, papá, no quiero quedarme sola.

- Me quedaré contigo toda la noche si hace falta.

- Gracias. – Dije besándole la mano. Mi padre comenzó acariciarme las mejillas. Sentía todo su cariño.

Estaba agotada, los ojos me dolían de tanto llorar, la única forma de apaciguar el dolor era cerrando los parpados. Comenzó a cantarme la nana que me cantaba cuando era pequeña y me ayudaba a dormir (scarborough fair). Escuchando las suaves notas me dormí.

-------------------------------------

- Buenos días, cariño, ¿cómo te encuentras esta mañana? – Preguntó mi madre poniendo su mano en mi frente, tomándome la temperatura.

- Estoy despierta.

La noche por fin había terminado. Pensé que nunca iba acabar. A mitad de la noche, me había levantado con un dolor tremendo de estomago. Fui directa al baño, por suerte, mis padres no me escucharon. Olga sí que me escucho y estuvo toda la noche en vela pendiente de mis cuidados. Mi estomago estaba vacío y no me molestaba tanto. Lo que no podía soportar era las punzadas que me daba el corazón.

- ¿Vas a ir a trabajar?; si te encuentras mal, puedo llamar a la oficina diciendo que hoy no podrás ir.

- No te preocupes, mamá, puedo ir a trabajar.

Tenía que mirar a delante. Las cosas no iban a cambiar, nunca más volvería a ver a Jacob. No podía estar siempre en estado depresivo, aunque ahora no tuviera ningún motivo para salir de la cama, tenía que seguir con mi vida; aun sabiendo que siempre me acompañaría este dolor y que nunca volvería a ser tan feliz como con los días que pasé con Jacob. Volveré a ser aquella Lluna con un corazón vacío.

- Tu hermana y yo nos vamos a la universidad. Tu padre está en la cocina preparando el desayuno. Si decides no ir a trabajar, me llamas y vengo a casa.

- Iros tranquilas, mamá. Me encuentro bien. –Mentira, pero por una más, no iba a pasar nada.

- Está bien, llámame o mándame un mensaje al mediodía diciéndome como te encuentras. Y ponte ropa de abrigo, estás helada. – Me dio un beso y salió de mi habitación.

Todo mi cuerpo estaba helado, había dormido con dos mantas, pero éste no parecía querer entrar en calor. Yo ya sabía el tipo de calor que necesitaba, pero ese, era imposible de podérselo dar.

Me levanté muy débil de la cama. Fui al baño y cuando me miré en el espejo, me asusté, tenía los ojos hinchados y unas grandes ojeras. Mi mirada estaba triste, sin luz. Después de cepillarme los dientes, intenté esconder las ojeras detrás del maquillaje pero, hoy, mi cara parecía no reaccionar a los productos cosméticos. Para que me viera un poco decente, tenía que invertir un largo tiempo en mis ojeras y no tenía nada de ganas en entretenerme en eso. Me puse unos tejanos y un jersey bien grueso de lana.

Cuando bajé a desayunar mi padre ya había terminado el desayuno. Había preparado tortitas con miel, mi desayuno preferido. Me senté en silencio a comer y él me acompañó. Los trozos de comida los corté muy pequeños y los mordía con tranquilidad un buen rato. Normalmente las devoraba; a los 5 minutos ya habían desaparecido de mi plato y estaba repitiendo. Pero, hoy, me había comido una y estaba haciendo grandes esfuerzos por mantenerla en mi estomago.

- ¿No vas a comerte más?

- No, todavía no tengo el estomago asentado. Guárdame las que sobren para merendar.

- Tu madre te ha preparado para comer un poco de arroz hervido y pavo a la plancha. Ya verás como eso te va bien. ¿Vas a ir a trabajar? No tienes muy buen aspecto.

- Tengo que luchar, papá, para seguir adelante, quedándome en casa no voy a conseguir nada.

- Tómatelo con calma, necesitas descansar para tener energías y seguir con la lucha.

- Cuando antes empiece, mejor.

Recogimos el desayuno y nos fuimos cada uno a su puesto de trabajo. Por suerte hoy en la oficina estaría todo el día sola. Lucas y Mariano tenían reuniones con los superiores.

Estuve todo el día pasando informes a limpio, era un trabajo que, por desgracia, no necesitaba esfuerzo y me mantenía la mente libre. La ocupé recordando a Jacob. Llené el teclado de lágrimas con cada recuerdo. Cuando llegué a casa, me tumbé en el sofá y dejé que pasara la tarde viendo programas de televisión basura. Llegó mi madre y Olga, las dos se sentaron conmigo y me acompañaron viendo la televisión. Las tres no hablamos mucho, de vez en cuando, hacíamos algún comentario de los famosos que salían en el programa de corazón. El teléfono de casa sonó, mi madre contestó a la llamada.

- Hola Nury, sí, está aquí, ahora se pone. Lluna, es para ti. – Cogí el teléfono.

- Hola Nury. – Le dije sin ánimos.

- ¿Dónde te metes?, te estoy llamando al móvil para saber si has leído los mails.

- No escuchado el móvil, no sé dónde lo tengo. ¿Qué quieres? – Le sentía frenética.

- Ya, supongo que no los has leído porque, sino, estarías como yo de histérica. ¡Michael Bublé acaba de confirmar su gira por Europa! Dentro de tres meses viene hacer un concierto a Barcelona, va ser el único que hará aquí en España. – En otro momento estaría dando saltos en el sofá y estirándome de los pelos, hacía mucho tiempo que esperamos esto. Pero ahora, lo que menos me apetecía era meterme en un pabellón lleno de gente y escuchar letras de amor. En tres meses tampoco sabía si me iba a encontrar de ánimos, aunque lo dudaba- Estoy buscando precios de aviones, de trenes y de gasolina, es súper caro. A esto, hay que sumarle el alojamiento, la comida y las entradas. Salé por un dineral, yo no tengo tanto dinero ahorrado, que gran putada, hace cinco años que no viene de gira por España y, ahora que viene, no puedo ir. ¿Tú que vas hacer?

- No sé.

- ¿Qué te pasa? , te noto triste.

- Es que no me encuentro bien del estomago. Esta noche he dormido fatal. – Más mentiras, estaba llenando el saco.

- Perdona, cariño, te dejo descansar, ya hablaremos otro día. Besitos y que te recuperes pronto.

- Gracias, adiós, besitos.

Me sentía fatal por haber mentido a una de mis amigas. En la vida les había ocultado cosas, nunca les había mentido. Siempre eran las primeras que se enteraban de las novedades y acontecimientos que me pasaban.

Poco después, llegó mi padre, el cual se unió en silencio a la tertulia del corazón. Según iba terminando la tarde cada uno se fue hacer sus tareas, yo me quedé siguiendo el cotilleo de los famosos.

- Lluna, la cena está lista.

- No tengo hambre.

- Tienes que comer algo, sino, caerás enferma.

- Antes de irme a dormir tomaré algo.

Mi madre me dejó sola sin seguir insistiendo. ¿Qué extraño? Cuando pasó un rato picaron al timbre de casa.

- ¿Puedes abrir tú, Lluna?, estamos cenando. – Dijo mi padre en un grito desde la cocina.

Rechistando fui abrir la puerta. Detrás de ella, estaban mis 3 amigas, que mal sabían actuar, intentaban poner cara chistosa pero, en realidad, estaban muertas de preocupación.

- Hola Lluna, venimos a sacarte de casa para hacer una cena anticrisis en el parque. Hemos hecho tortilla de patatas, carne rebozada y ensalada. De postre, la Nury a preparado el mousse de limón que tanto te gusta. – Decía Raquel intentando sonar alegre.

- No me encuentro muy bien, tengo el estomago revuelto. – Les contesté.

- Pues, si tú no quieres cenar, vente; tenemos hambre. – Dijo Nury.

- No me apetece, lo siento, iros sin mí. Ya nos veremos otro día. Buenas noches. – Lo siento, mis niñas, pero no puedo seguir con esta farsa con vosotras.

- ¿Dónde vais a cenar?- Les preguntó mi madre metiéndose en la conversación.

- Vamos al merendero. – Le contestó Laura a mi madre.

- ¿Ahora de noche y con el frío que hace?

- Sí, es que la economía no está para tirar cohetes. – Dijo Laura

- Quedaos aquí, nosotros nos vamos al despacho a mirar coches para la boda de Olga. Podéis cenar tranquilas en el comedor. – Mi madre me hizo a un lado, dejándoles pasar. Vi una extraña sonrisa en los labios de todas.

- ¿Tú no tendrás nada que ver con esto, verdad, mamá?

- ¿Yo?, ¿cómo iba a llamar a tus amigas diciéndoles que vinieran apoyarte? – Dijo guiñándome un ojo. – Nosotros estamos arriba, no hagas esperar a tus amigas, y no les hagas el feo de no cenar nada, han preparado cena para ti.

Fui al comedor, dónde estaban todas ellas esperando que llegara. Fuimos a la cocina y pusimos la mesa, comenzaron a sacar tuppers con comida. No tenía hambre, pero tuve que hacer un esfuerzo para no preocuparlas más.

- ¿Cómo van las cosas con Jackson? – Preguntó Laura mientras fregábamos los platos.

- ¡Será que no os ha informado mi madre de la ruptura!

- Sí que no los ha contado, pero no somos tan tontas para creernos eso. – No me gustaban las mentiras y tampoco sabía decirlas.

Me quedé en silencio, no les podía contar la verdad; si se lo contaba a ellas, también les pondría en peligro y, seguramente, no me creerían. La historia era bastante irreal.

- Lluna, a nadie le pueden cambiar de trabajo sin avisar antes. ¿Qué ha pasado realmente? Las últimas noticias que nos distes fue que Jackson había conocido a tus padres y que, al día siguiente, conocerías a sus compañeros de trabajo. ¿Qué ha pasado para que la cosa terminara? – Dijo Rakel.

No pude aguantar más el dolor, sufría muchísimo al pensar en él. La armadura que llevé puesta todo el día cayó a mis pies, me desplomé en la silla llorando.

- Lluna, cariño, no te podemos ver así. Te queremos ayudar, pero si no nos dices que ha pasado no te podemos echar una mano en el asunto. – Dijo Nury.

Comencé a llorar más fuerte, el dolor cada vez era más insoportable. No podía respirar. Laura, muy preocupada, me dio una bolsa de papel para que respirara.

Nadie me podía ayudar, no había ninguna solución. Tenía que aprender a soportar el dolor y la soledad.

- ¿Qué podemos hacer para ayudarte?- Preguntó Laura.

- ¡Nada, nadie puede hacer nada!, él se ha ido y nunca volverá. – Le contesté gritando.

Laura me miró sorprendida por mi reacción. Nunca les había tratado tan mal. Me disgustaba tratarlas así, ellas no tenían ninguna culpa de lo que había pasado. Quería estar sola y no hacer sufrir a las personas que me rodeaban e intentaban ayudarme. Ellas no podían aportar ninguna solución, nadie podía. Quería ir a mi cuarto, estirarme en la cama, dormir y levantarme al día siguiente de esta pesadilla. Pero no me iban a dejar sola hasta que les diera una respuesta convincente, siempre eran igual de insistentes, yo sabía que lo hacían para ayudarme pero ahora lo que necesitaba era estar sola.

Mis tres amigas esperaban a que les diera una respuesta que no se la podía dar. No le podía contar a nadie la verdad de la partida de Jacob. Él se fue para protegerme; si les contaba la verdad, las pondría en peligro. Decidí contarles la verdad a medias, necesitaba desahogarme y contar lo que había pasado.

- Chicas, siento mucho esto, me gustaría contaros la verdad, pero no puedo. –Cogí aire para poder decir la “media - verdad” en voz alta. -Solo os puedo contar que se fue porque su pasado no le dejaba avanzar. – Las palabras me dieron un puñetazo en el estomago dándome arcadas, tragando saliva las pude controlar.

Los malditos Vulturis le habían atormentado durante muchos años y, cuando por fin vio un poco de luz en su vida, volvieron atacar los fantasmas del pasado.

- ¿Está metido en problemas de drogas? – Preguntó Nury. Negué con la cabeza.- ¿Problemas con la justicia?

- No, yo creo que suena más a problemas con alguna chica. – Dijo Rakel.

- Sí, en parte. – Era cierto que Nessie estaba involucrada en esta historia.

- Pues, demuéstrale la mujer que eres, pisotea a la otra. Hazle ver que cómo tu no hay otra. Que se dé cuenta de lo que pierde si te deja marchar.

- Laura, no puedo hacer eso, él ya se ha ido y nunca volverá. – Rompí a llorar de nuevo por la verdad de mis palabras.

- Tranquila, Lluna, siempre puedes hablar con él y solucionar las cosas. – Me dijo Nury dándome un abrazo.

No podía hablar con él, no sabía dónde estaba. Y si lo supiera, no podría hacer nada, esto nos pondría en peligro.

Me dolía todo el cuerpo, me ardía el corazón de dolor, el estomago y la cabeza me iban a estallar. No quería seguir teniendo esta conversación. Sentía que no podía aguantar más el dolor.

- ¿Podemos dejar esta conversación, por favor? – Les dije dejando caer la cabeza en la pared.

- Claro que sí. Pero prométenos que intentarás sonreír. – Dijo Raquel cogiendo mis manos.

- Lo intentaré. – Era lo máximo que podía hacer, intentarlo.

- ¿Lluna, has pensado lo del concierto de Michael Bublé?, yo lo veo imposible.

Nury me hizo una lista detallada de todos los gastos del concierto, costaba un dineral, aunque estuviera de ánimos para ir, sería imposible. Después, cada una de ellas me contó anécdotas que les habían pasado, intentando hacerme sonreír. Aunque pusieron mucho empeño, no lo consiguieron. A media noche se fueron. Todas, al día siguiente, teníamos que madrugar para ir a trabajar. Me fui a dormir agotada, había tenido un día espantoso. Intenté guardar el dolor durante toda la jornada, pero cuando me tumbé en la cama, dejé caer en cada lágrima el sufrimiento que había estado conteniendo.

Al día siguiente, me desperté con los mismos ojos tristes y sin vida, unas ojeras cada vez más pronunciadas y un frío espantoso dentro del cuerpo. Cuando llegué a la oficina y Lucas me vio, se asustó un poco, ni siquiera me preguntó que me había pasado, me tendría que ver muy mal. Me comentó que hoy Mariano me hablaría de la reunión que tuvieron ayer con los superiores. A las 10 de la mañana, Mariano me citó en su despacho para contarme las novedades. Estuvo hablando toda la mañana sobre los nuevos impresos, formularios, protocolos… No entendí nada de lo que me contó; sólo escuchaba blablablá, blablá. Cuando mi cabeza estuviera más despejada, ya le preguntaría a Lucas. Cuando salí de la reunión, ya era la hora de comer, Lucas había cogido mis cosas y me esperaba en la sala de reuniones.

- ¿Cómo te ha ido la reunión? – Preguntó Lucas.

- No he entendido nada de lo que me ha dicho.
- No te preocupes, en realidad casi todo sigue igual que antes. Pero eso no es lo que más te preocupa, ¿verdad?

Otra vez más preguntas, le conté lo mismo que les dije a mis amigas.

- Lluna, por lo que me dices, Jackson lo ha pasado muy mal por culpa de esa chica. Tienes que ayudarlo a mirar hacia delante, necesita tu apoyo.

- ¡Se ha ido, parece que a nadie le entra en la cabeza!, ¡nunca volverá!

- ¡Pues ve a buscarle!

- ¡No puedo, vale, no puedo! – Dije, las punzadas del corazón se volvían a repetir. Lucas se asustó y me dio un gran abrazo.

- Lluna, tienes que arreglar esta situación. Lo estás pasando fatal, déjale bien claro tus sentimientos y, si de verdad te quiere, luchará por lo vuestro.

Que sarta de tonterías estaba diciendo Lucas, si supiera la verdad de porqué Jacob se había ido, no me presionaría.

- Lucas, dejemos esta conversación. No quiero hablar más del tema.

- ¡No puedo, Lluna! Si hablaras con él, podríais solucionar el problema.

- ¡No hay solución, Lucas, déjalo estar!

- Que sepas que estás siendo una cobarde. Si fueras valiente, hablarías con él; lo que pasa es que te da miedo la respuesta.

No le contesté. Sus palabras me habían puesto furiosa, ¿yo, cobarde? Recogí el plato de comida y salí de la sala dejando a Lucas solo. Él no tenía la culpa de nada, no quería pagar mi rabia con él. Todas las cosas que Lucas había dicho tenían sentido si la historia que le había contado fuera cierta.

Esquivé a Lucas todo el día, ni siquiera me despedí de él a la salida, estaba demasiado furiosa por sus palabras. No sabía por qué me sentía así, yo no era una cobarde, si supiera la verdad sabría que no podía hacer nada para solucionar las cosas con Jacob.
Cuando llegué a casa, seguí la misma rutina que el día anterior, me tumbé en el sofá y vi programación basura. A la hora, cuando llegaron mi madre y Olga, seguía en la misma posición.

- ¿Hija, podemos hablar? – No le contesté, no entendió la indirecta- ¿Por qué no nos dijiste la verdad de lo que había pasado con Jackson?

- ¿Qué verdad? – Me puse erguida en el sofá, no podía ser que conociera la historia real de Jacob.

- Ayer, te escuché decirle a tus amigas que se había ido porque todavía tenía a otra chica en mente y, que por eso, no podía estar contigo.

- ¿Cómo escuchaste eso?, ¿estuviste espiándonos? – Le dije furiosa.

- No, pero tus gritos se escucharon en el piso de arriba.

- ¿Grité?

- Bastante. – No me había dado cuenta que había hablado así a mis amigas. Ellas sólo habían intentado ayudarme, no tenía derecho a tratarlas de esa forma. – Cariño, tienen razón, tienes que hablar con él. Creo que tiene miedo de comenzar una relación y que le pase lo mismo. – Otra vez estaba escuchando más tonterías.

- ¡Qué os pasa a todos con los consejos, dejadme tranquila!

- Sólo intentamos ayudarte.

- ¡Pues me ayudarías dejándome en paz! – Otra vez estaba pagando mis problemas con las personas que más quería, no se merecían esto. –Mamá, necesito estar sola, voy a recoger mi cuarto. –Le dije en tono bajo y de disculpa.

Cogí la escoba, el plumero y me fui a limpiar la habitación. Cerré la puerta con cerrojo, no quería que nadie más me molestara. Limpié el polvo de las estanterías, recogí los zapatos que tenía amontonados en un rincón y los guardé en el armario. Dejé en el cesto la ropa sucia que había tirada por el suelo, encima de la guitarra estaba el vestido que me puse el otro día en casa de los Cullen. Las lágrimas no tardaron en salir recordando aquellos hermosos momentos, que hoy me parecían tan lejanos. Con rabia tiré el vestido al cesto de la ropa sucia. Había dejado mal apoyada la guitarra y cayó al suelo haciéndome sobresaltar del ruido. Cuando la cogí, me entraron ganas de tocar, pero no por placer, sino para dejar salir todo ese maldito dolor de una vez. Me senté en la cama y comencé a cantar la primera canción que me vino en mente. (Si tú no estás – Rosana)








Cuando terminé de cantar mi cuerpo reaccionó a todo el dolor que había estado ocultando. Dejé la guitarra en el suelo y me tumbé en la cama a llorar desconsoladamente. Mi cuerpo se estremecía de frío y dolor. Me metí debajo de las sabanas, ocultándome de la realidad. Había hecho una gran tontería al dejarme llevar por los sentimientos. Tenía que ser fuerte, tenía que seguir adelante. Pero hoy no, ahora no podía. Mordí fuerte la almohada para evitar dejar salir los gritos de lamento. Lloré y lloré, hasta quedarme sin fuerzas ni aire. Mi cuerpo seguía helado, un escalofrío recorrió mi columna. Destaparon mi cabeza de debajo de las sabanas, una mano helada y dura se puso en mi boca impidiendo dejar salir el grito de pánico. Cuando me quité el susto de encima, pude comprender lo que estaba pasando. Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, Bella apartó la mano de mi boca y pude abrazarme a ella, dejando salir todo el dolor. Ella me devolvió el abrazo, escuché como sollozaba, aunque por sus ojos no cayeran lágrimas, Bella estaba llorando.

- Lluna, estas destrozada, esto no puede continuar así. – Dijo acariciándome la cabeza.

- ¿¡Qué quieres que haga!? ¡No puedo hacer nada! – Le dije gritando.

- ¡Shh!, baja la voz, tus padres no saben que estoy contigo, he entrado por la ventana. Intenté entrar de una manera normal pero tu madre me dijo que hoy no te encontrabas bien para recibir visitas.

- No me encuentro bien para nada. ¿Qué haces aquí?, debes irte, no quiero causaros más problemas –No entendía que hacía Bella. Jacob me había dicho que se marcharían por la seguridad de todos.

- Lluna, de momento, no estamos en ningún peligro.

- ¿Eso quiere decir que Jacob está aquí?- Dije poniéndome en pie. Quería verlo ya, estaba ansiosa ahora que sabía que los Cullen no se habían ido.

- No está aquí, está buscando valor para poderse separar de ti. – A Jacob también le estaba costando esta situación.

- Pues, debéis iros lo antes posible, no quiero que os pase nada por mi culpa. – Le dije sintiendo como estrangulaban mi corazón.

- Lluna, no vamos a tener problemas, hemos ingeniado un plan para que no ocurra esto.

- ¿Qué plan? – Dije entusiasmada por la idea de estar junto con Jacob.

- Te lo contaré de camino, debemos darnos prisa antes que Jacob tomé una decisión equivocada. Te espero en la calle, no tardes. – Bella me dio un abrazo dándome confianza y desapareció de mi vista.

Jacob todavía no se había ido, sentí grandes esperanzas de poder estar de nuevo juntos. Bajé como un rayo las escaleras, Bella me esperaba para ir a buscar a mi amor. En el último escalón di un salto, mi padre apareció asustado por mis prisas, choqué contra él y nos caímos al suelo.

- ¡Lluna! ¿Qué te pasa, cariño, qué te pasa? – Dijo mi padre asustado, levantándose del suelo. De un salto me puse en pie. Se quedó sorprendido por mi entusiasmo.

- Papá, acabo de encontrar las fuerzas para luchar. Voy a luchar para recobrar mi felicidad. – Le dije dándole un fuerte abrazo.

- Pues ve cariño, ve y encuéntrala. Te doy toda mi fuerza para que la consigas. – Dijo deshaciendo nuestro abrazo- Pero es muy tarde ya, ¿dónde vas a ir?

- No lo sé, voy a remover cielo y tierra si hace falta para encontrarla. – Haré lo que sea para volver a estar con Jacob.

- ¿Vendrás a dormir esta noche?

- No lo sé.

- Bueno, da igual, ve a buscar a Jackson, pero mantenme informado por si quieres que te vaya a buscar algún lado. Suerte cariño.

- Gracias papá, adiós. – Cogí el bolso, le di un beso en la mejilla y salí a la calle.
----------
----

Hola a todo el mundo, perdonar por el retraso de estos últimos días pero he estado súper liada.
- Gracias a todas las visitas de estos días.
- Gracias por soportar la espera.
- Gracias por ser como sois.
He estado muchos días sin escribir, y como no quiero dejaros otra vez semanas sin publicar, he decidido subir los caps sólo los viernes. Para recompensaros he pensado hacer en cada capítulo un adelanto del próximo.


EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE LAGUNA NOCTURNA…

Con cada paso que daba, los gruñidos se fueron convirtiendo en lamentos. Un lamento que me conmovió. Estaba alterada por ellos. Cada vez se escuchaban más cerca y fuertes. Los llantos de aquel lobo estaban atormentándome, y eran de Jacob. Con cada lamento me trasmitía descargas de dolor a mi corazón. Jacob estaba sufriendo, sentí una gran urgencia por consolarlo. La luz de un rayo nuevamente me dejó ver un poco más lejos, por pocos instantes, pude observar como una figura enorme se movía nerviosa a pocos metros. Un gruñido salvaje se escuchó allí. Me aferré al brazo de Edward, un movimiento en busca de protección. Estaba aterrorizada porque tenía a un lobo gigante a poca distancia, aún sabiendo que era Jacob, me estremecía la idea. Escuchaba como el gran lobo cogía aire nervioso y lo escupía en forma de gruñidos.


Espero que os haya gustado este capítulo y que os haya gustado el adelanto del próximo. Espero vuestros comentarios que tanto me animan.

Saludos Áuryn

-------
----
--
-