lunes, 14 de febrero de 2011

11- Conociendo a Lluna POV Jacob

Me adentré en el bosque y, quitándome los pantalones, entré en fase. Llegué a casa, me cambié con la ropa que había dejado en la parte trasera, cogí un ramo de violetas del jardín y me fui a casa de Lluna. De camino, estuve recordando lo preciosa que era, su cuerpo era espectacular, sus caderas me hipnotizaron cuando se movían al ritmo de la música. Tenía unos ojos marrones grandes llenos de luz, piel suave, y unos labios que deseaba besar. Su fragancia hacía que mi cuerpo se estremeciera de placer.

Llegué a su casa y piqué al timbre, abrió la puerta un hombre, enseguida supe que se trataba de su padre, tenían las facciones de la cara muy parecidas. Me miraba de arriba abajo, estaba intimidándome.

- Hola, ¿está Lluna?

- ¿Quién pregunta?

- ¡Oh, perdone! Me llamo Jackson. – Después de tanto tiempo utilizando dos nombres, sabía perfectamente cuando tenía que decir uno u otro según con la persona que hablara.

- Paloma, hay un chico que pregunta por Lluna, ¿la puedes llamar?

- Está en la cama, ahora se lo digo. – Dijo una voz femenina dentro de casa. Lluna estaba durmiendo, no la quería despertar por culpa de mi desesperación.

- No se preocupe, ya vendré en otro momento, no la despierte.
- Tranquilo, no está durmiendo, hace rato que la escucho remover las sabanas.

El padre de Lluna me invitó a pasar dentro de casa. Dejé el ramo de violetas encima de la mesa, el hombre recogió unas cosas que había en el recibidor y se puso una chaqueta, vino al comedor y se sentó en un butacón.

- ¿De qué conoces a Lluna? – Me preguntó su padre en tono grave.

- Nos conocimos en la discoteca – Nunca pensé que diría esta frase, había ligado en una discoteca.

- ¿Vives por aquí? Nuca te he visto.

- Hace poco que me he mudado, vivo a las afueras de la ciudad. – No le podía dar más detalles de mi hogar, eran las normas que los Cullen habían hecho.

¡La madre de Lluna! Tenían los mismos ojos, por eso supe que era ella, vino al salón y me dijo que ellos se iban y que Lluna bajaría ahora. Se fueron sus padres mientras se escuchaban los pasos de Lluna andar muy deprisa en el piso de arriba. En la casa, sólo estábamos ella y yo, no se escuchaban más ruidos. Bajó las escaleras muy deprisa y se paró enfrente mío, pudiendo recrearme con la vista que tenía. Iba vestida con el pijama, el pelo lo llevaba recogido y no llevaba maquillaje, pero aún así, estaba preciosa. Se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo. Bella tenía razón, Lluna tenía tantas ganas de verme como yo a ella, sus ojos estaban tan desesperados como los míos en vernos.

- Perdona si te he despertado, pero no podía estar más tiempo separado de ti.

- Tranquilo, estaba despierta, sólo que no quería levantarme de la cama y enfrentarme a un mundo donde tú no existieras – No se creía que yo era real.

- ¿Todavía piensas que no soy real? – me contestó que sí con la cabeza- ¿Qué puedo hacer para qué dejes de pensar eso?

- Podrías contestarme algunas preguntas, hay muchas cosas que no entiendo.

Preguntas, no había pensado en eso; si le contaba toda mi historia, le tendría que contar todo lo que había pasado con Nessie. Recordarla me hizo sentir una pequeña punzada de dolor en el pecho, ¿es que nunca iba a poder ser feliz? Sabía que siempre tendría esa espina clavada en mi corazón.

- Preferiría no hablar de eso ahora.

- Entonces, demuéstrame que estas ahora aquí, conmigo, en mi casa, y que todo esto no es una fantasía de mi cabeza. –Eso sí que se lo podía demostrar sin tener que contestarle a nada, le di un pequeño pellizco en el brazo.- ¡Auch!, eso ha dolido, ¿por qué has hecho eso?

- Perdona, pero era una manera de probarte que existo y que estoy aquí contigo. Si fuera un sueño no habrías sentido nada. Por cierto, te he traído esto –le di el ramo de violetas-, las recogí de camino, Bella me dijo que si no te las daba no dejarías que entrara en tú casa.

Comenzó a reírse, Bella antes no me había dicho el motivo de las flores.

- ¿De qué te ríes?, ¿qué tienen las violetas de especial y divertido?

- Nada, preferiría no hablar de eso ahora. Gracias por las flores, son preciosa y huelen muy bien.

- Aprendes rápido, “preferiría no hablar de eso” – Imité su voz. Su estomago comenzó a sonar-. Parece que alguien tiene hambre, ¿no has comido?

- Hoy no, me acabo de levantar, –ahora eran mis tripas las que sonaron, desde ayer al medio día que no comía nada- y parece que no soy la única que tiene hambre.

Me cogió de la mano y me llevó a la cocina, preparamos pescado con salsa de almendras. Estaba buenísimo, sabía que era buena cocinera. Cuando le dije que quería conocer más cosas de ella me echó en cara que, si yo no contestaba a sus preguntas, ella tampoco contestaría a las mías. Habló en tono elevado, me puse muy nervioso, yo no quería contarle nada de mi pasado, me recordaba el sufrimiento y mandaba punzadas de dolor a mi corazón. Me puse nervioso y me comenzaron a temblar las manos, tenía que tranquilizarme o, sino, entraría en fase delante de ella y la podría herir, sus gritos no ayudaban. Salí por la puerta de la cocina y me senté en el césped escondiendo la cabeza entre las rodillas con los ojos cerrados; Lluna salió al jardín y quedó de rodillas enfrente de mí. Me quitó las manos de la cara, que ya temblaban menos, y las entrelazó con las suyas.

- Jacob, siento mucho haberte contestado así. Quiero que sepas que, para mí, todo esto resulta muy complicado de creer si no me das ninguna explicación. Aunque no logro entender la razón del porque no respondes a mis preguntas, te voy a respetar, no volveré a preguntarte nada que te pueda incomodar, y yo te contaré cosas sobre mí. –Abrí los ojos y vi una sincera sonrisa, ella respetaba mi decisión, aunque no me sonaba muy convincente su respuesta.

- Lo que me dices suena demasiado bien, ¿hay condiciones?

- Sí, por supuesto, normalmente no dejo que me convenzan tan fácilmente. –Dijo poniendo una sonrisa de medio lado.

- ¿Y qué condiciones son? – Le pregunté intrigado.

- Que, cuando creas que es el momento de responderme, me seas totalmente sincero y todas mis dudas sean resueltas.

- Te prometo que cuando sea el momento, te diré todo lo que tú quieras saber, -solté nuestro agarre y le abracé escondiendo mi cabeza en su cuello – gracias, Lluna.

Lluna respetaba mi decisión y yo respetaría sus condiciones. Entramos a casa y seguimos comiendo. Le hice un montón de preguntas, con ellas conseguí mucha información de Lluna. Era una gran chica. Muy simpática y con genio. Me dijo que trabajaba como administrativa en servicios sociales, eso decía que era una persona que le gustaba tratar con personas. Quería muchísimo a toda su familia y amigas. Me contó un montón de cosas sobre ellos. En un momento del interrogatorio, cuando estábamos hablando de los gustos musicales, se levantó de su silla y se sentó en mis piernas. Comenzó a acariciarme la nuca tal como hizo ayer, mis manos actuaron por instinto propio y se fueron a su cintura. Nuestros cuerpos estaban muy juntos, quería sentir toda su fragancia, le solté el pelo para poder olerla mejor. Estaba preciosa con el pelo suelto.

- Te queda mejor el pelo suelto. Cuando lo llevas así desprende un aroma exquisito.

- Eres un mentiroso, si hoy llevo el pelo horrible. – ¿Horrible?, con esa cara perfecta y hermosa se podría poner un sombrero con antenas de colores que, aún así, seguiría preciosa.

- Eso lo dices porque no tienes la misma perspectiva que yo tengo ahora mismo. Te ves preciosa.

Lamió sus labios y rozó mi nariz con la suya. Nunca antes había sentido algo parecido, tan placentero. Mi móvil comenzó a sonar en el bolsillo del pantalón, Lluna se sobresaltó y dio un bote quitándose encima. Vi que quien llamaba era Alice, no le iba a coger el teléfono, había estropeado un momento mágico. Luego, pensé que podría ser algo urgente.

- Ya te dije ayer que los vampiros siempre aparecen en el momento menos indicado. – descolgué- Dime Alice, ya puede ser importante.
- ¿Estás con Lluna?
- Sí, estoy con ella.
- Te siento un poco irritado, ¿te ha molestado la llamada?
- Sí, molestas.
- Perdona, pásame con Lluna, quiero hablar con ella.
- No.
- Por favor.
- No.
- Pues dile que la queremos invitar a casa para conocerla.
- No pienso hacer eso.
- Pues, entonces, dile que se ponga y se lo digo yo.
- No.
- ¡Jacob, pásamela!
- ¡Te he dicho que no!
- Si no se lo dices, iré ahora mismo y se lo diré en persona.
- No.
- Me debes un favor muy grande, si no fuera por mí, ahora no estarías con ella. Quiero hablar con Lluna y pedirle disculpas por haberla asustado estos días. Me debes un favor.
- Lluna, dice Alice que si quieres hablar con ella. – Dije entregándole el teléfono. Alice me había ganado, ¿por qué siempre se tenía que salir con la suya?

Escuché la conversación, Alice primero le pidió disculpas a Lluna y después la invitó a casa, esta me la iba a pagar. Comenzaron hablar de moda, a mi me pusieron de los nervios, pensar en ella metida en una casa llena de vampiros me estremecía. Mañana no iba a despegarme de su lado, confiaba en el autocontrol de los Cullen pero por unas pocas medidas de protección no pasa nada, como dice el dicho más vale...

- ¡Jacob, no te enfades! A mí me hace mucha ilusión conocer a los Cullen.

Me levanté de la silla e hice una imitación de Homer Simpson en el capítulo del flameado de Mou cuando intenta ser sarcástico “el país de las piruletas, en la calle de la gominola”

- ¡Oh!, estoy súper feliz, voy a meterme en una casa llena de vampiros, ¿con qué ropa estaré más apetecible?

- Ja, ja, muy gracioso, pero no tengo miedo de conocer a los vampiros. Por suerte, voy a tener a un lobo que me va a proteger.

- Eso ni lo dudes. Mañana no te voy a perder de vista en esa casa.

Limpiamos los platos y fuimos a sentarnos al sofá del salón, se la veía muy cansada.

- ¿Te ocurre algo, Lluna? Pareces cansada.

- Sí, es que no he dormido mucho.

- Túmbate a mi lado, si quieres.- Cogió una manta y se tumbó apoyándose en mi pecho. Estaba muy seria, seguramente ahora estaría pensando en la familia Cullen, a lo mejor la había asustado antes.

- No le des vueltas a lo de mañana, ya verás como todo sale bien, no van hacerte nada, saben controlarse. –Cogió mi mano y la puso en su estomago, comenzó acariciarla haciendo círculos.

- No es eso lo que me inquieta. Lo que me preocupa es lo que le voy a contar a mis padres cuando comiencen el interrogatorio sobre ti.

- Es cierto, perdona, no te he contado nuestra cuartada. Lo que le contamos a los demás es que venimos de Noruega. Allí tenemos una empresa de finanzas y ahora estamos abriendo mercado aquí, en España.

- Vale y de ti, ¿qué les cuento? Porque pinta de noruego no tienes.

- La verdad es que no. Mi historia es que soy adoptado de México, mis padres adoptivos murieron hace unos 8 años, eran mayores. Se supone que he estudiado economía y finanzas en la universidad. Llevo dos años trabajando en esta empresa y, como no tenía nada ni nadie que me atara en mi país, decidí trasladarme. En mi documentación pone que me llamo Jackson Wolf y tengo 26 años.

- Buena cuartada, es creíble. – Se quedó pensando un rato-. ¿Qué edad tienes en verdad? , ¿o no me puedes responder a esa pregunta tampoco?

- Sí, esa sí te la puedo responder, nací el 17 de Agosto del año 1978, hace poco que he cumplido los 32.

- Pues te conservas muy bien.

- Gracias.

- No puedo hacerme ilusiones que vayas a responderme más preguntas, ¿verdad? – Bostezó, estaba muy cansada, Lluna necesitaba dormir.

- Alguna más te podría responder, pero ahora estas muy cansada, mejor duérmete y, en otro momento, te las contesto.

- ¿Me lo prometes?

- Te lo prometo

Lluna me sonrió y cerró los ojos. Se acurrucó en mi pecho. Le acariciaba el pelo para que se relajara. A los pocos minutos, se quedó dormida, pude disfrutar de su belleza. Dormía con una sonrisa en sus labios. Estaba muy relajada. Me entraron unas ganas increíbles de besarla, pero no lo iba hacer sin su consentimiento. Se veía muy a gusto conmigo, pero no sabía si lo que sentía por mi era una simple amistad o algo más. No la besaría hasta que ella me lo pidiera. Comenzaron a pesarme los parpados, hacía muchísimas horas que no dormía. Comencé a dar cabezazos y, en uno de ellos, me quedé dormido. Dormí tres horas, desde hacía mucho tiempo que no dormía tan bien y sin pesadillas. Aunque la siesta me sentó estupendamente con la compañía de Lluna, me puse nervioso cuando despertó y me dijo que sus padres acababan de llegar.

- Esta no es manera de presentarse, yo aquí, dormido en tu sofá, ¿no me habrán visto, no?, ¿qué van a pensar de mí?

- Tranquilo, creo que les has caído bien. Si no fuera así, ya te habrían echado de casa este mediodía, o ahora.

- Eso es buena señal.

- Intenta no pifiarla ahora en el interrogatorio. Mis padres te van hacer bastantes preguntas y, si quieres volver a entrar en mi casa, a ellos sí que les tienes que responder.

- Entendido, pondré cara de buen chico. Tengo mi cuartada bien aprendida, puedo responder a cualquier pregunta.

- Vale, pero quita esa preciosa sonrisa de tu cara si no quieres que mi madre se enamore de ti también. – ¿Había dicho que estaba enamorada de mí?, no podía ser más perfecto todo.

- ¿Te tengo a ti enamorada? –Le pregunté haciéndola presa en el sofá. Después de decirme esto, ahora sí que no tenía ninguna duda en besarla. Tenía su cara muy cerca de la mía, cada vez era más difícil resistirse a besar sus labios.

- Creo que se me nota bastante. Nunca antes había sentido algo tan fuerte por alguien. – Ahora sí que estaba totalmente seguro de lo que sentía por mí.

- Espero que tú también percibas todo lo que siento por ti, aunque creo que es imposible. Es demasiado intenso, ni te lo puedes imaginar. – No hay palabras para describir lo que sentía por ella.

Apoyé mi frente en la suya, rocé mi nariz en su pómulo, sintiendo muy cerca su dulce aliento, nuestros labios estaban casi tocándose. Cuando estaba a punto de besarla, escuché unos pasos bajar las escaleras, eran sus padres. Estuve tan cerca de sentir sus labios, pero no quería que fuera algo fugaz, deseaba que mi primer beso con Lluna fuera algo especial. Con dolor me separé de ella, Lluna se levantó del sofá un poco acalorada y molesta, seguro que ella tenía tantas ganas de besarme como yo. Me presentó a sus padres.

- Papá, mamá, este es Jaco… - le di un suave apretón de manos, no podía decir mi nombre verdadero-, Jackson, él es Jackson. Jackson, ellos son Manuel y Paloma, mis padres.

- Es un placer conocerles, señores.- Les di la mano, estaban sudadas, la verdad es que estaba un poco nervioso. Quería darles una buena impresión. - Para nosotros también es un placer conocerte, despierto. –Qué vergüenza, tierra trágame. El primer día que los conozco y yo ya me había tomado muchas libertades, comí y me quedé dormido en su casa sin el consentimiento de sus padres- Es una broma muchacho, vamos a tomar asiento en el sofá.

Sus padres no se tomaron a mal mis confianzas. Nos sentamos en el sofá, Lluna estuvo a mi lado en todo momento, tranquilizándome y dándome confianza. Sus padres me hicieron muchísimas preguntas, pero nada que no pudiera responder, sabía mi cuartada de memoria. Ellos sólo querían conocerme para saber con quién se juntaba su hija. Me parecieron muy buenas personas, se preocupaban mucho por Lluna, y su seguridad. Su hermana y su prometido llegaron a casa. Lluna antes me había contado que Olga y Javier estaban a punto de casarse y que estaban haciendo reformas en el piso en el que iban a vivir, pero que los fines de semana los pasaban allí arreglando cosas, esperando el momento de mudarse. Su cuñado me cayó muy bien, era un hombre muy campechano y divertido, me recordó a Emmet, pero en humano y mucho menos corpulento. Me invitaron a cenar, me lo estaba pasando en grande con las anécdotas que me contaban. Lluna también se lo estaba pasando muy bien pero, en su cara, cada vez le veía más ojeras, estaba muy cansada, antes me dijo que no había dormido bien por la noche. Me despedí de su familia, Lluna me acompañó a la salida.

- ¿Qué tal he estado?, nunca me había presentado a la familia de nadie. – Le dije cuando nos quedamos solos en el jardín de la entrada.

- Perfecto, le has caído bien a todos. – Me alegré por ello.

- Que sepas que mañana te tocará pasar un interrogatorio parecido con los Cullen. ¿Te paso a buscar a las… 12? – Necesita dormir, sus ojeras se veían muy negras, no quería irme pero Lluna necesitaba descansar. Miedo me daba lo que le iban a preguntar los Cullen mañana, seguro que la hacían sentir incomoda.

- Mejor a las 10, así no estamos tanto tiempo separados.

- Me parece una idea genial; entonces, nos vemos mañana a las 10. – Me pareció un poco pronto, no podría dormir muchas horas pero fui egoísta y acepté la idea. Odiaba estar separado de ella. Odiaba dejar a mi ángel aunque sólo fueran por unas horas.

- ¡Jacob, espera! – Me dijo cuando salía por la verja de casa. Cuando me di la vuelta vino corriendo hacia donde estaba. -Esta no es manera despedirse.

No me dio tiempo a comprender sus palabras, me cogió por los hombros y me besó. Sus besos fueron lentos y suaves, memoricé todo su sabor y textura para recordarlos más tarde. No me di cuenta cuando se separó hasta que comenzó hablar, todavía podía sentir el cosquilleo en los labios.

- Esta sí que es una buena forma de despedirse,- Me dijo. Yo todavía estaba en el cielo, no quería bajar de él- nos vemos mañana, que descanses. – Me dio otro beso tierno y entró en casa.

Cuando quise reaccionar, ya había cerrado la puerta. Lluna me había besado, mi ángel salvador me quería. No podía ser más perfecto. Aullé de felicidad y fui a casa, mañana Lluna iría como invitada, y tenía que advertir a los Cullen para que fueran delicados con ella. Lluna ya los había “medio conocido” antes, y su primera impresión fue de horror, mañana no quiero que pase lo mismo. No quiero que Lluna lo pase mal. Alice ya se podría haber esperado un poco para invitarla a casa.

Cuando llegué, fui corriendo a contarle a Bella como me había ido con Lluna, deseaba contarle a mi amiga lo feliz que estaba, a lo mejor le contagiaba mi felicidad, tenía que conseguirlo, era lo menos que podía hacer por ella después de haberme soportado depresivo todos estos años, era mi objetivo.

Fui al jardín, donde estaba Bella, y le conté como había trascurrido toda la tarde con Lluna y la presentación de su familia.

- Cuando me acompañó a despedirme, me besó y fue perfecto, besa genial, sus labios saben a las mil y una maravillas. – Cerré los ojos recordando el momento. Lamí mis labios, todavía podía sentir un cosquilleo.- Es el mejor beso que jamás me han dado.

- Gracias por la parte que me atañe – Me contestó Bella. Ya no me acordaba de aquel beso con ella cuando la pelea con los neófitos y la pelirroja.

- Bella, lo nuestro estuvo bien y dios sabe que estuvo mucho tiempo ese beso rondando por mi cabeza pero, el beso de Lluna, ha sido fantástico. – Volví a cerrar los ojos, si me concentraba mucho quizá podría volver a recordar su olor, pero lo único que olía era tufo a vampiro. Abrí los ojos y vi porqué sólo olí eso. Alice y Edward estaban parados enfrente, ¿es que siempre tenían que ser tan sigilosos?

- ¡Cuéntame, Jacob, cómo te ha ido con Lluna! - Dijo Alice entusiasmada. Moría de ganas de contarle a todo el mundo lo feliz que estaba y como era de encantadora Lluna, pero antes le tenía que regañar a Alice.

- Alice, estoy muy enfadado contigo, es muy pronto para que os conozca. Lluna todavía no se ha recuperado del miedo que le habéis hecho pasar. Más os vale mañana actuar de una forma humana.

- Tranquilo Jacob, sabemos controlarnos y actuar de forma humana, pero cuando he hablado con Lluna me ha parecido verla muy ilusionada con la idea. ¿No serás tú el que piensa que es demasiado pronto? – Dijo Alice levantando una ceja.

- Claro que pienso que es pronto, ella todavía no sabe el porqué de nuestra existencia.

- ¿Cómo, no le has contado la historia? – Preguntó Edward.

- No, todavía no.- Me dieron punzadas de dolor en el pecho de sólo recordar del motivo porqué estaba aquí, Nessie.

- Jake, no se lo puedes ocultar. Tiene que saber la verdad. Ella sólo sabe parte de nuestra historia. Tiene que conocer tu pasado, nuestro pasado. Lluna tiene que tener un lío enorme en la cabeza. – Dijo Bella exaltada.

- ¡No quiero contarle el pasado, apesta!- Comencé a temblar, no quería seguir teniendo esta conversación, no quería volver a sentir ese maldito dolor en mi pecho. Me levanté, quería estar solo. Edward me paró.

- Tiene derecho a saber toda la verdad, y lo sabes, aunque te duela reconocerlo.

- Sé que tiene derecho, pero todavía es muy pronto. Tú no le contaste a Bella que eras un vampiro hasta que pasó mucho tiempo.

- Pero fue diferente, yo le conté a Bella mi secreto cuando ella comenzó a darse cuenta de muchas cosas, y, Jake, Lluna ya sabe muchas cosas.

No le contesté, sabía que tenía razón, me fui a la calle y me trasformé. Corrí hasta el lago, se estaba convirtiendo en mi escondite. De camino, dejé atrás la última conversación con Bella, Alice y Edward, no quería pensar en eso, no quería volver a sentir dolor, quería volver a ser el Jacob feliz y alegre que fui esta tarde con Lluna, y no el Jacob zombi de estos malditos últimos años. Me concentré recordando cada instante con Lluna de esta tarde, quería volver a mi memoria cada momento pasado con ella. Funcionó y me relajé; recordé minuto a minuto las largas horas, pero insuficientes, vividas con ella. Reconstruí cada palabra, cada frase, todo su precioso cuerpo, y esos ojos que me dejaban sin aliento. Lluna es una chica encantadora, perfecta, es muy alegre. Me encontraba muy bien cuando estaba con ella.
Cuando supe que era un licántropo y lo que suponía la imprimación, tenía miedo que me pasará con una chica extraña, a quién no conocía y, luego, resultara ser una chica penosa. Pero Lluna era perfecta. Era la clase de chica que alguna vez me había imaginado; alegre, divertida, comprensiva, amable, tierna, valiente… en una palabra, perfecta para mí. Y por no hablar de su cuerpo; me volvían loco sus curvas, el olor y el tacto de su pelo y piel, y esa cara esculpida por los dioses, no, ella era la diosa de la belleza que había bajado de los cielos a salvarme, mi ángel.
Me desperté violentamente. Me había quedado dormido en mi escondite. Esta vez, el sueño había sido diferente a los que tenía siempre. Hoy había soñado con Lluna, soñé que le contaba mi pasado y ella, por miedo, se iba, dejándome solo y otra vez sintiendo ese maldito dolor. Sacudí mi pelaje olvidando esa maldita pesadilla, ese sueño no iba a ocurrir, no le daría motivos a Lluna para que eso ocurriera.
Fui corriendo a casa, el día nublado ya hacía rato que se había levantado, había quedado a las 10 con Lluna, no quería llegar tarde.

Llegué a casa y saludé rápidamente a Bella, ella estaba muy preocupada por mi porque había pasado toda la noche fuera de casa. Le dije que necesitaba estar solo para olvidar algunos pensamientos. Fui a ducharme. Era muy tarde, si no me daba prisa llegaría tarde a casa de Lluna. Me duché y me afeité muy rápido. Me puse una toalla enrollada en la cintura y salí de del baño. Alice estaba en mi cuarto.

- ¿Qué haces aquí?, tengo prisa Alice, sal de esta habitación, me tengo que vestir.

- Por eso estoy aquí. Te he traído ropa. – Dijo Alice entregándome unas prendas y unas bambas pijas.

- No pienso ponerme eso, Alice; quítate la idea de la cabeza, no soy tú maniquí. Y ahora, por favor, lárgate, tengo prisa.

- No voy a salir hasta que no me digas que te vas a poner esto. – Yo no pensaba ponerme esas ropas.

- Pues, entonces, me vestiré estando tú aquí delante. – Le dije dejando caer mi toalla. Alice se giró dándome la espalda, estoy seguro que si pudiera, estaría roja como un tomate. A mí no me daba apuro ninguno enseñar mi desnudez.

- JACOB, TÁPATE AHORA MISMO,-dijo la duende chillando- Lluna hoy va estar preciosa, la he visto en mis visiones, ella se ha puesto así para ti, no puedes ponerte cualquier cosa.

Se me estaba haciendo muy tarde por culpa de Alice, no quería seguir discutiendo, quería irme ya a buscar a Lluna, deseaba verla y, después de decirme Alice que hoy iba a estar preciosa, -aunque esto era imposible, ella por si ya era preciosa- deseaba verla más. Corté la discusión con Alice cuando le dije que me pondría esas dichosas ropas si se iba y me dejaba vestirme ya. Alice, feliz por su victoria, por fin se fue y me pude disfrazar con las ropas que ella me había dicho. Perdí un montón de tiempo abrochando los botones de la camisa. Cuando terminé de vestirme me miré en el espejo, la verdad es que me quedaba bastante bien, arreglado, pero informal; aunque no me gustaba el estilo, debía de reconocer que el conjunto estaba bien. Salí de la habitación a toda prisa, Alice me paró en las escaleras y me puso bien el cuello de la camisa, mientras, le dije que hoy, por favor, hicieran el favor de comportarse.
Me metí en el coche y apreté el acelerador al máximo. No quería llegar tarde y hacerla esperar, tampoco quería estar más tiempo separado de ella. Quería aprovechar cada minuto que podía pasar con Lluna. De camino a su casa vi un campo lleno de violetas, me hubiera gustado pararme y regalarle un ramo, me dijo que eran sus preferidas, pero ya era muy tarde.

Llegué a su casa justo a tiempo, faltaba un minuto para que fuera la hora. Cuando iba a picar al timbre, escuché su voz cerca, venía de la puerta del garaje, que estaba abierta. Me asomé y allí estaba ella, cuando la vi se me quitaron las prisas de golpe, con sólo verla mi mundo volvía adquirir un significado diferente. Mi mundo ahora era ella, mi vida, mi todo. Su padre me saludó, Lluna no dijo nada, espero que no le pasara como ayer y pensara todavía que no era real, no le quería volver a tener que dar otro pellizco. Vi que su padre estaba arreglando la bicicleta, se le había salido la cadena. Por las manchas de sudor que tenía en la camiseta y en la frente, seguro que le estaba costando meter la cadena.

- Se le ha salido la cadena, ¿le puedo ayudar?

- Si quieres intentarlo, prueba; pero yo llevo un buen rato intentando meterla. – Me respondió entregándome la bicicleta. Lluna no me dijo nada, no paraba de mirarme.

- Se ha salido porque hay un piñón desgastado, ¿tiene un poco de grasa para motores y un destornillador?, -me entregó los materiales, desabroché los puños de la camisa y me subí las mangas hasta los codos, no quería que Alice se enfadara conmigo otra vez por destrozar la ropa.

Me puse manos a la obra y metí la cadena sin esfuerzo, hacía tiempo que no me manchaba las manos de grasa. Echaba a faltar mi moto y las herramientas, hasta la semana que viene no me las traerían. Le dije al padre de Lluna que si quería le podía pedir materiales para cambiar los piñones y no se le saliera la cadena de nuevo, pero él, muy molesto, me dijo que no hacía falta y se marchó despidiéndonos. Por fin, me quedé a solas con Lluna, le cogí de la mano y salimos a la calle. No sabía que decirle para que no pensara lo mismo que ayer. Le preguntaría cualquier cosa.

- ¿Le he dicho algo malo a tu padre?, me ha parecido que estaba un poco a la defensiva.

- Tranquilo, no es culpa tuya, es que está pasando por la crisis de los cincuenta, - no entiendo nada, pero bueno, al menos me está hablando normal, ya habrá quitado esas tontas ideas de su cabeza. Llegamos al coche y le abrí la puerta- ¿éste es tu coche?, ¿es un Honda S2000 Ultimate edition, verdad?

- ¿Conoces de coches? – Perfecta, no podría ser más perfecta. Le tenía que dar las gracias al creador de la imprimación por mandarme a esta chica.

- Algo, pero te podría decir que este modelo tiene un motor de 2.0 Atmosférico y 240 c.v. – Me dijo esto quitándose el abrigo, iba vestida guapísima, menos mal que me había puesto esta ropa, sino, parecería cualquier cosa a su lado, en realidad todo lo que se pusiera a su alrededor parecería insignificante con su belleza.

- Pues no te equivocas, igual que no se ha equivocado Alice al decirme que hoy estarías preciosa.

- Muchas gracias pero tú tampoco te quedas atrás.

- No es mi estilo, pero Alice me lo dio para que fuéramos a la par.

Entramos en el coche, ahora que tenía tan cerca su cara, aprecié bien su belleza. El pelo lo llevaba suelto y dejaba un aroma exquisito dentro del coche, delicioso. Le quité un mechón de pelo que tenía en la cara para poder verla mejor. Cerró los ojos, me fijé en sus labios carnosos, recordé el beso de ayer y, por instinto, los junté con los míos. Ayer fui un tonto aplazando el momento. Los besos los recordaba igual que ayer, tan suaves, dulces y placenteros.

- Ayer no me despedí de la manera adecuada, hoy quería saludarte como es debido.

- Pues has pensado bien, muy bien. – Dijo acalorada, me reí de ello- Lo olvidaba, ayer por la noche te hice esto, - Sacó un CD del bolso y me lo entrego.- No sé si te gustará, y si habré acertado con las canciones.

Era un CD de música y había una dedicatoria que decía “La música es vida, y me gustaría escucharla contigo. Lluna”. Quería decir que quería pasar su vida conmigo, no podía ser más feliz.

- Me encanta el regalo y la dedicatoria, muchas gracias Lluna. Lo voy a poner ahora mismo, así estrenaré el equipo de música.

Arranqué el coche y fuimos a casa de los Cullen, durante el camino estuvimos escuchando el CD. Ahora que estaba vivo -gracias a mi ángel que la tenía al lado- sí que me apetecía escuchar música. Hasta cantamos una canción que me conocía; Rakel, en su adolescencia, no paraba de escuchar esa canción en su cuarto y me la sabía de memoria. Llegamos a casa, ella estaba nerviosa porque no sabía cómo actuar delante de la familia Cullen, quería causarles buena impresión. Entramos y la presenté a toda la familia que se había reunido en el salón. Carlisle fue el que le dio la bienvenida. Lluna estaba muy nerviosa, se había quedado como una estatua, Esme me dio una idea para sacarla de ese apuro y le enseñé la casa para que se distrajera. Llegamos a mi cuarto y entramos, ella se sentó en la cama, hizo que la habitación se iluminara con su belleza.

- Tienes una habitación muy bonita, me encanta la cama. –dijo sentándose en la cama, yo me senté a su lado.

- Antes se veía vacía, pero al entrar tú la has completado.- Igual que había completado mi vida.

Mi cuerpo, sin pedirme permiso, la cogió por los hombros y la acercó. Su respiración estaba tan agitada como la mía. Me pilló de sorpresa cuando se lanzó a mis labios y los comenzó a besar con pasión, yo le respondí de igual manera. Otra vez mi cuerpo actuó por instintos y la tumbó en la cama. Con mucho cuidado, me apoyé en ella dejando caer todo mi peso en un brazo. Otra vez volvieron a traicionarme los instintos cuando mi otra mano fue acariciarle la pierna, tuve que concéntrame para que no subiera más arriba. Abrió su boca dando permiso para que pasara mi lengua. Pasó sus manos por mi espalda. Los besos cada vez se estaban volviendo más apasionados. Quería besar cada centímetro de su piel al descubierto, bajé mi boca a su cuello y lo besé. Bajé hasta donde comenzaba el cuello de su vestido y luego volví a sus labios. Sus manos pasaron por debajo de mi camisa pudiendo sentir todo su tacto en mi piel, me excitó muchísimo, como nunca antes había estado excitado y mi cuerpo otra vez me traiciono pegándome más a ella. Con la presión que hice en su cuerpo pude sentir mi excitación muy pegada a su entrepierna. Mi cuerpo volvió a reaccionar sin permiso y soltó un gemido. “Perrito caliente, tenemos perrito caliente” se escuchó en el piso de abajo. Maldito Emmet y sus bromas, a veces me reía mucho con sus bromas pero en otras ocasiones las soltaba en el momento menos indicado, como ahora. Fastidiado por culpa de Emmet me levanté de encima de ella y me senté en el borde de la cama.

- ¡Jacob, qué vergüenza!, si ya pensaban mal de mí ahora voy a quedar como una calentona. Viva las primeras impresiones. Qué vergüenza, me quiero morir. – Tapó su cara con la almohada.

- No seas tonta, - le dije destapando su cara- no te tienes que avergonzarte por cosas normales y naturales. – Lluna estaba ruborizada.

- No es por eso, es porque estamos en una casa llena de vampiros y están escuchando todo lo que hacemos y eso sí que no es normal ni natural.

- Me ha tocado escuchar cosas peores, ahora que se fastidien ellos. –Había escuchado cosas íntimas que no quería ni recordar, sobre todo a los salvajes de Emmet y Rosalie.

Lluna se levantó de la cama y se puso enfrente de mí, yo tapé con la almohada mi excitación que todavía seguía latiente debajo de los pantalones.

- Bueno, vamos a bajar y pasar la vergüenza lo antes posible. – Lo que me tiene que bajar primero es otra cosa.- ¿Me has escuchado?

- Sí, sí pero… necesito unos minutillos.- bajó su mirada a la almohada y se dio cuenta lo que me pasaba.

- Son muy bonitas las cortinas. – Dijo cambiando de tema.

- Bueno, sí, las eligió Esme.

- Y la colcha hace juego con ellas. – Por favor, que vuelva a su tamaño normal ya.

- Sí, también la eligió Esme.

Pasaron unos minutos, que se me hicieron eternos, hasta que toda la sangre dejó de acumularse en un punto concreto de mi cuerpo y se extendió.

- ¿Preparada para seguir con el tour?- Le pregunté cuando todo volvió a su tamaño normal.

- Estoy preparada para seguir y morirme de la vergüenza allí abajo.

- No voy a dejar que te hagan sentir así – La abracé por la cintura para que se sintiera más segura y notara mi apoyo.

Bajamos las escaleras y fuimos donde estaba Bella, tenía muchas ganas que se conocieran. Bella no estaba sola, se encontraba con el idiota de Emmet y su mujer.

- ¿Qué te parece la casa, Lluna? – Le preguntó Emmet.

- Es una casa muy grande y preciosa. – Respondió Lluna nerviosa, le di una mirada de advertencia a Emmet para que fuera delicado con ella.

- Está quedando muy bonita, tenemos a unas profesionales de la decoración en la familia. ¿Qué tienes ahí en la cara, Jacob? – No me enteré, estaba concentrado mirando a Lluna y sus reacciones, que no me di cuenta cuando Emmet me dio un asqueroso lengüetazo en la cara. – Sabes igual de mal perrito caliente, debería probarte con mostaza y ketchup, aunque a ella le gustas más al natural, jajaja.

Qué asco, qué asco, qué asco, ponzoña repugnante en mi cara. Me quité como pude el nauseabundo olor de mi rostro.

- Mirar la cara de Lluna, se está convirtiendo en ketchup para el hot dog. –Dijo Bella entre carcajadas, Lluna estaba roja, le estaban haciendo pasar vergüenza, le iba a responder a Bella con una grosería cuando Lluna se me adelantó.

- Al menos, mi vida sexual no aparece en libros juveniles. – Dijo en tono burlón.

- Esa es buena Lluna, chócala. –Choqué la mano con Lluna, esa es mi chica, no me imaginaba que algo tan dulce pudiera tener tanto carácter. Bella estaba mirándome con cara amenazadora, le levanté una ceja, eso le pasaba por hacérselo pasar mal a Lluna. Bella salió muy enfadada para el jardín.

- ¿La he pifiado, verdad?- Dijo Lluna

- Un poquito.

Lluna salió por la puerta en busca de Bella. Ella se sentía mal por haber contestado de esa forma a mi mejor amiga. Todo lo que acababa de ocurrir era culpa mía; si Lluna supiera mi pasado, no le habría dicho eso a Bella. Le di mi aprobación a Lluna para que saliera a arreglar las cosas. Había hecho la promesa a Bella de hacerla feliz, y lo único que estaba consiguiendo era que se sintiera peor. Soy un maldito cobarde por no querer recordar el maldito pasado, si tenía que sentir dolor lo sentiría yo, pero no quería que personas a las que quería se sintieran mal por mi temor. Me dolía mil veces más ver cómo estaban mi ángel y Bella que todas las punzadas que sentía en el corazón al recordar el pasado. Lluna y Bella se disculparon por sus contestaciones, creo que las dos podrían llegar a ser muy buenas amigas algún día. Empezó a escucharse una melodía en el piano, Lluna comenzó a buscar de dónde venía aquella música. Bella le dijo que se fuera dentro de casa, que allí le responderían algunas dudas, el motivo por el cual había pensado que se estaba volviendo loca. Salí detrás de Lluna, no quería que se sintiera más incómoda, no quería que lo pasara mal. A mitad del recorrido ella se giró y me besó, demostrándome que estaba bien. Me quedé más tranquilo y entramos al comedor donde Edward estaba tocando una canción en el piano.

- Lluna, Alice y yo queríamos pedirte disculpas por asustarte estos días. Pero no era esa nuestra intención. Lo que nosotros intentábamos era que comenzaras a familiarizarte en un mundo que no estabas acostumbrada a vivir. – Le dijo Edward. “ten cuidado Edward con lo que le contáis, ya sé que tiene todo el derecho a saber la verdad, pero déjame contárselo cuando sea el momento”. Edward me dio una mirada envenenada.

- Pues, conseguisteis todo lo contrario, pensaba que me estaba volviendo loca.- Le contestó Lluna.

- Sabemos que te sentías así, por eso no quisimos alargar más el momento del encuentro. – “Edward estás hablando más de la cuenta, para ya”. Le dije en mi mente cerrando los puños por la rabia que sentía.

- ¿Qué encuentro?

- El que vio Alice en sus visiones. – “BASTA YA”, le grité mentalmente a Edward.

- Tranquilo, Jacob, sólo le vamos a contar porqué vinimos aquí, y que los fenómenos extraños que ha estado viviendo estos días han sido realizados por nosotros, y no por una enajenación mental como se pensaba ella. – Me contestó en voz baja Edward, imposible que oyera Lluna.

No creo que se diera cuenta de esta conversación, estaba demasiada ocupada escuchando las historias de Alice. No quería oír más historias de lo ocurrido tiempo atrás, millones de espadas se clavaron en mi pecho recordando el motivo por el cual toda mi vida dejó de tomar sentido hace tantos años. El dolor que sentía en el pecho era demasiado angustioso, imposible de soportar. Me debatía entre salir o quedarme escuchando más incómodas historias, pero tampoco quería que Lluna me viera en este estado. No quería que ella se sintiera mal por mi reacción. Decidí salir fuera de casa para que me diera un poco el aire. Antes de salir, le dije a Bella que cuidara de Lluna y que no dejara que su marido ni su cuñada le dieran más respuestas que las que yo quería. Fui a la entrada del bosque más cercana a casa.

Solté toda mi rabia y mi impotencia tirando piedras al bosque. Tenía que dejar de ser un maldito cobarde y contarle a Lluna toda la verdad, aunque ésta me doliera. El dolor en el pecho cada vez era más difícil de soportar, caí al suelo. Antes, lo podía soportar cuando me había convertido en Jacob zombi, cuando actuaba por instintos y no por las emociones. Pero ahora que mi corazón volvía a latir, sentía ese dolor muy fuerte, insoportable. Escuché como la puerta de casa se abría, su olor me llegó, el olor de mi ángel salvándome otra vez. Me levanté del suelo y me apoyé en un árbol, tenía que recobrar la compostura, no quería que Lluna me viera así y se sintiera mal por haber escuchado cosas que tenía todo el derecho a saber, igual que muchas otras. Lluna llegó a mi lado y me cogió por la cintura besándome el cuello.

- Jacob, no quiero que te sientas así. Ya te dije que esperaría a que tú me contaras toda esta historia. Y yo, como te dije ayer, te voy a respetar.

Ella estaba preocupada por mí, preocupada por un dolor que no tenía ni idea de lo grande que era. Lluna estaba curando las heridas de mi corazón y yo sólo se lo podía demostrar agradeciéndole todo con mi amor, un amor que no tenía precio a comparación con lo que ella estaba haciendo por mí. Me giré para ver a los ojos a mi ángel salvador; ella, con sus manos, limpió las lágrimas que habían salido de mis ojos sin darme cuenta. Los cerré y fui a besar su boca, la medicina para mi destrozado corazón. Cuando me sentí un poco recuperado me alejé de sus labios. Lluna tenía cara de preocupación, no quería que se sintiera así por mi culpa y, para colmo, su cara y sus manos estaban heladas, hacía mucho frío a fuera.

- La comida está lista, vamos a comer. – Le dije cogiendo su delicada mano para que entrara en calor.

Fuimos dentro de casa, llegamos a la cocina donde Esme había preparado un verdadero manjar para mi amada. Después de comer, jugamos a la videoconsola, le tenía que agradecer a toda la familia Cullen, sobre todo a Jasper y a Emmet por haber ideado un plan para que la visita de Lluna hoy fuera más amena, más humana y menos dolorosa para mí.

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Buenas!!!! Sé que este capítulo ha sido flojito, lo reconozco. En realidad el cap 10, 11 y 12 eran todo uno (Sí, habéis leído bien, el próximo tamb será un POV Jacob) por eso ha quedado este medio colgado pero es que eran muchas páginas para colgarlo en una sola entrada. El próximo, os prometo, que será genial, vais a Flipar palabra. En el cap del Viernes descubriréis el porqué Jacob estaba tan extraño en el cap 9, el porqué llevó a Lluna a un lugar tan apartado y que es lo que le va a contar. ¡Sabremos antes que Lluna lo que está pasando! Jijiji. Espero sus comentarios (últimamente no me dicen que les parece y yo no sé qué pensar (pucheritos)). Sus quiero…
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viernes, 11 de febrero de 2011

10. El principio del final POV Jacob


¡HOLA por fin llegó el viernes!!!! Antes de leer el cap tenéis que saber unas cosillas; este cap y los dos siguientes serán POV Jacob, explica la historia antes de conocer a Lluna y, por lo tanto, explicará el porqué los Cullen “existen en el mundo real”, el siguiente será conociendo a Lluna y el último explicará porque estaba tan extraño en el cap 9. Me pareció necesario hacerlo para que conozcáis los pensamientos y sentimientos de Jacob porque en los próximos capítulos van a pasar cosas emocionantes e inesperadas. Es un POV Jacob especial porque la mayoría de este y los próximos capítulos son cosas que Lluna no ha vivido y, por lo tanto, no ha explicado.

Este finde estaré fuera e incomunicada de toda vida humana (no es que me vaya de la tierra, es que voy a una casita en medio del campo y allí lo de internet no existe, tampoco hay electricidad). Porfis déjenme sus comentarios, me estoy volviendo adicta a ellos y cada vez quiero más y más. Disfruten del cap, BeSotessss!!!!




Como cada noche desde hacía muchos años, no pude dormir, ni con mucho ejercicio que hiciera conseguía cansarme y conciliar bien el sueño. Sólo conseguía dormir unas 4 horas y siempre me levantaba por culpa de las pesadillas, bueno, la pesadilla. Soñaba que estaba perdido en un bosque buscando a alguien, pero no sabía a quien buscaba; corría y corría, buscaba y buscaba, pero no encontraba nada. Me despertaba sobresaltado, lleno de sudor y con las sabanas revueltas, entonces, comprendía que lo que había soñado no era una pesadilla, era la realidad, en lo que se había convertido mi existencia. Estaba perdido en esta vida, una vida que no tenía ningún sentido. Después de contar tres veces los cuadros que componían las sabanas -160, era el número exacto- y viendo que no conseguía conciliar de nuevo el sueño me levanté irritado y fui al baño. Me lavé la cara ya que tenía el sudor pegado; cuando me miré en el espejo, vi a un hombre que no reconocía. Tenía grandes ojeras y una barba de cuatro días, su mirada era triste y sin vida, ¿cómo iba a tener vida una persona que vivía como un zombi? Actuaba por instintos; si tenía hambre, comía; si quería correr, corría; cuando estaba cansado, descansaba… La mayor parte del día lo pasaba tumbado en el sofá haciendo zapping o merodeando en mi forma lobuna por el bosque. Sólo tenía unas horas obligatorias de trabajo a la semana, que consistía en llamar a los clientes e informarles de sus valores en bolsa. Con este trabajo conseguía suficiente dinero para comprarme algunos caprichos como mi nuevo Honda S2000 o adquirir las piezas de la moto que compré en el desguace, “mi pequeña”. Cómo me gustaba esa moto, la había hecho crecer de la nada, sólo era chatarra y ahora se había convertido en una moto espectacular. Mi estomago comenzó a rugir, e hice lo que el cuerpo me pedía, sin preocuparme si era ya la hora del desayuno o no.


Salí de mi habitación y fui a la cocina que estaba en el piso de abajo. Abrí el armario y me preparé un gran tazón de cereales con leche, no me apetecía complicarme preparando el desayuno. Me senté en el taburete, no me molesté en acercarme a la mesa para apoyar el bol, lo agarré con una mano y mientras que con la otra cogía los cereales con la cuchara y los metía en la boca. Miré por la ventana, estaba comenzando a despertarse un día nublado y frío, como siempre. Es una de las pegas de vivir con la familia Cullen, siempre que nos mudábamos tenía que ser a un lugar poco soleado. Donde nací, en la Push, tampoco es que el clima fuera muy cálido. Las pocas veces que salía el sol me pasaba todo el día en el bosque cargando el cuerpo de vitamina D.


Un día más en mi mierda vida de muerto, un día más que tenía que soportar este dolor en el pecho que no me dejaba vivir. Quería que terminara esta maldita pesadilla de una vez, pero no encontraba ninguna salida para despertarme de este maldito sueño. Aunque si me cortaba con el cuchillo de la cocina lo suficientemente hondo en el cuello, seguramente conseguiría desángrame antes que mi cuerpo cicatrizara la herida o Carlisle pudiera hacer algo para cortar la hemorragia. El cuchillo desapareció de la mesa y fue a parar a las manos de Bella, maldito Edward, seguro que estaba espiándome, ¡sal de mi mente cotilla!. Bajé la mirada al bol de cereales, no quería ver a Bella, aunque el sermón me lo iba a dar igualmente.

- ¿Se puede saber que estabas pensando hacer, Jacob? – Dijo Bella dejando el cuchillo en el cajón. No le contesté, ella sabía perfectamente cuál era la respuesta gracias al chismoso de su marido. Me encogí de hombros y seguí comiendo. – Pensaba que la etapa de los suicidios ya había terminado.

Cuando todo comenzó a ir mal, había intentado quitarme la vida varias veces sin resultado. En los momentos malos siempre estuvo Bella y siempre estará apoyándome, por eso siempre será mi mejor amiga. Ella también lo pasó muy mal cuando Nessie comenzó a cambiar, en vez de apoyarla como había hecho siempre conmigo, la abandoné. Ella, por suerte, me perdonó cuando las cosas fueron aún a peor y, desde entonces, siempre estamos juntos con toda la familia Cullen, pasara lo que pasara. Yo le demostraba mi apoyo como podía, la única manera de recompensarle por todo el daño que le había hecho era no haciéndola sufrir más, fue entonces cuando los fracasos de suicidio terminaron y comenzó la etapa Jacob zombi.


Bella se sentó en el otro taburete y apoyó su cabeza en mi hombro, dejé el cuenco de cereales vacío en la mesa y le di un abrazo. Después de tantos años, ya me había acostumbrado a su olor a vampiro y ya no me parecía tan desagradable.

Bella tampoco se recuperaba de la idea que Nessie estuviera con los Vulturis. La muy niña no soportaba la idea de alimentarse a base de sangre animal, necesitaba la sangre humana y se fue con los vampiros que le proporcionaban esa dieta. De esto ya habían pasado 7 años y yo y toda la familia Cullen no nos recuperábamos de esa pérdida. Aunque no fue una pérdida, ella eligió ese estilo de vida y se fue sin mirar atrás y sin pensar en las consecuencias. Con sólo recordar aquellos momentos, mis manos comenzaron a temblar, no podía permitirme pensar en ella ni pensar en nada, mi corazón comenzó a doler más fuerte, debía distraerme con otras cosas; piensa como un zombi Jake.

Me aparté de Bella, me levanté del taburete y fui hacia la puerta de la calle. Bella se interpuso entre la puerta y yo, no me dejaba salir.

- No voy hacer nada malo, sólo necesito despejarme un rato. –Bella se relajó un poco, pero seguía sin dejarme pasar, le di un beso en la cabeza y con suavidad la hice a un lado.

La casa daba al bosque, nada más salir por la puerta entré en fase haciendo la ropa a tiras y salí corriendo. Sólo cuando estaba en mi forma lobuna podía sentirme libre, las cuerdas rotas que me ataban a la partida de Nessi volaban libres cuando corría. Podía sentirme un poco más vivo, el problema era que el dolor en el pecho era más fuerte y más difícil de soportar. Me dejé caer al borde de un acantilado, dejando que pasaran las horas y que el dolor se aliviara, aunque esto último era imposible.

El paisaje era precioso, el bosque no terminaba allí donde alcanzaba mi vista, llené mis pulmones con aire limpio. Abajo del acantilado había un pequeño riachuelo, podía escuchar como el agua corría libre. Percibí un olor familiar muy cerca, levanté mi vista y vi como Bella venia corriendo por el bosque. Me levanté del suelo estirando los músculos agarrotados. Bella quedó parada enfrente.

- Jacob, Esme te ha preparado la comida. – Dijo Bella mirando el paisaje, algo me ocultaba cuando no me miraba a los ojos, le di un suave hocicazo en el brazo para que me contara lo que pasaba. – También tenemos una reunión familiar. – Dijo Bella acariciándome la cabeza.

Estas reuniones familiares solo querían decir una cosa, cambios. Desafié a Bella con la mirada para hacer una carrera de camino a casa. Comenzamos a correr por el bosque; al principio, ella cogió ventaja pero di un salto y me puse delante de ella. Desde que Bella dejó de ser una neófita no me ganaba en las carreras, el único con el que podía competir era con Edward, la sanguijuela corría muy rápido. Llegué a casa cinco segundos antes que Bella, di un aullido en señal de victoria.

- Que sepas que te he dejado ganar. – Sí, ya, claro.

Con ladridos le dije que iba a ponerme algo de ropa, Bella me entendió y entró en casa. Aunque no me leyera el pensamiento, nos entendíamos muy bien, nos conocíamos lo suficiente para saber lo que pensaba uno y otro sin necesidad de palabras. Fui a cambiarme a la cabaña de madera que había al lado de casa, la había convertido en un improvisado taller y armario de emergencia. Salí de fase y entré en la cabaña; me puse unos tejanos y una camiseta y fui a casa. Entré descalzo, Esme me regañó porque estaba manchando la moqueta de barro, me dio una toalla para limpiarme los pies y unas zapatillas, me dijo que la comida estaba servida en la cocina y que cuando terminara de comer fuera al salón.


Al principio, la comida que preparaba Esme no sabía muy bien, o estaba muy salada o cruda o seca; con el tiempo, fue cogiendo las medidas y los tiempos de cocción. Aunque estaba muy bueno, nada se podía comparar con la comida que preparaba Billy en la reserva, cómo echaba a faltar sus guisos, cómo lo extrañaba. Si él estuviera vivo, al menos, tendría una razón para seguir adelante.


Cuando terminé de comer, fui al comedor. Estaba toda la familia Cullen sentada en el sofá y los butacones esperando que llegara para comenzar la reunión. Aunque no hacía falta que estuviera presente para saber lo que iba a decir Carlisle, seguro que nos íbamos a mudar otra vez. Me senté en el suelo.

- Bueno, ahora que estamos todos, podemos comenzar. Creo que os podéis imaginar el motivo de esta reunión. Estamos comenzando a levantar sospechas entre la gente y, antes de meternos en problemas, vamos a mudarnos a otro lugar. – Carlisle actuaba como un buen líder protegiendo a toda su familia.

- ¿Dónde nos vamos a mudar esta vez? – Preguntó Rosalie. Con el paso del tiempo nuestra enemistad se convirtió en ignorancia. No nos caíamos bien, pero nos teníamos que soportar en la convivencia, ella no se metía conmigo ni yo con ella. Los dos llegamos a ese pacto cuando vine a vivir con ellos.

- Iremos a España. – Le contestó Carlisle.

- ¿España?, pero allí el clima es muy cálido, vamos a tener que estar escondidos durante el día, podríamos ir a otro lugar. – Dijo Emmet enfadado. Carlisle le contestó a esto.

- Iremos al norte, allí, el clima es húmedo, la gran mayoría de los días está nublado. Ya he buscado una casa apartada de la civilización, está rodeada por bosques y hay gran fauna de animales salvajes para poder alimentarnos.

- ¿Cuándo nos vamos a mudar?- Le preguntó Rosalie.

- Creo que pasado mañana ya podremos adquirir la casa y, si os parece bien, podríamos comenzar la mudanza cuando la hayamos comprado, no quiero pasar mucho tiempo aquí levantando más sospechas. No quiero que nos metamos en problemas con los Vulturis.

Al decir ese nombre mi cuerpo se estremeció. Todo esto era por su culpa. Al poco tiempo que Nessie se fuera con los Vulturis, comenzaron un plan para que toda la familia Cullen se dispersara y/o se trasladara con ellos. Publicaron un libro con la historia de la familia Cullen y mi manada. Los licántropos podíamos pasar desapercibidos y, si alguien sospechaba, no le dábamos importancia, nadie iba a creer a una fan histérica; pero, con los Cullen, todo era diferente. Ellos no podían pasar desapercibidos, su físico les delataba bastante, si la gente comenzaba a sospechar de ellos vendrían los Vulturis a eliminarlos por romper las leyes. Su propósito era que los Cullen se cansaran de estar huyendo de los humanos y se fueran a vivir a Volterra. Estaban deseando que se incorporaran en la plantilla los dones de Edward, Bella y Alice. Nessie sólo fue el anzuelo en toda esta historia, si ella ya estaba en Volterra, los Cullen tendrían otro motivo para ir. Nessie se fue porque quería vivir como un vampiro, un vampiro real bebedor de sangre humana, en lo que no pensó fue en el daño que hizo a toda su familia cuando decidió su cambio de costumbres.
Después que comenzara el juego del escondite Cullen, me podría haber quedado en la reserva, pero Bella me necesitaba, y yo necesitaba a una amiga. Como no había nada ni nadie que me atara en la Push, después de la muerte de Billy, decidí trasladarme con los Cullen y dejar la casa para Rakel y Paul.


La reunión terminó, y cada uno se fue hacer sus tareas y comenzar a empaquetar cosas. Yo no tenía muchas cosas que recoger, así que me quedé estirado en el sofá viendo la tele, dejando la idea de los Vulturis y Nessie de lado.




El día de la mudanza llegó, llenamos dos camiones con la mitad de nuestras pertenencias; la otra mitad, donde estaba incluida mi pequeña y las herramientas del garaje, las traerían dentro de una semana a España. Desde el norte de Finlandia hasta nuestra nueva residencia había dos largos días de camino en coche. Paré a dormir unas horas en Hamburgo y París, los Cullen también pararon para esconderse del sol. Llegamos a la casa nueva. Era muy grande, demasiado espectacular, típica del gusto de los Cullen. Todas las veces que nos habíamos mudado vivíamos en casas gigantescas y llenas de lujo. Ésta estaba muy apartada de la civilización y metida en medio del bosque. Entramos dentro de casa, todas las estancias eran muy espaciosas, me instalé en la habitación pequeña que había más apartada de la casa.

No tenía muchas cosas que desempaquetar, Alice me obligó a deshacerme de casi toda la ropa, quería comprarme de nueva y yo dejé que lo hiciera, así la haría feliz. Fui hacer una ronda de reconocimiento por los alrededores, mi parte lobuna lo pedía. No había señales de ninguna criatura extraña ni de humanos en unos 50 km a la redonda. Lo que sí había era gran diversidad de fauna: alces, ciervos, osos, jabalíes… Carlisle había elegido un buen sitio para mudarnos.

Pasaron tres días muy extraños, los Cullen actuaban de manera muy rara, estaban muy misteriosos. Le pregunté a Bella si ocurría algo, la veía muy alterada e irritada, pero no me contestó, me dijo que se estaban haciendo a la nueva vida, sería que les costaba acostumbrarse a los cambios. Yo estaba igual que siempre, un zombi. Después de tantos traslados ya no me agobiaban los cambios, nos habíamos mudado en 6 años 7 veces y con ésta 8. Lo bueno de esto es que había aprendido hablar muchos idiomas.


Comencé el día haciendo mis tareas de economista, tenía un poco abandonado el tema. Después de comer fui a dar una vuelta por el bosque, me encantaba correr por sitios nuevos y conocer rincones hermosos. Encontré un pequeño lago entre dos montañas, seguro que nadie conocía este lugar porque no aparecía en ningún mapa. El agua de éste era limpia y pura, bebí un poco.

Estaba oscureciendo, comenzaban a salir las primeras estrellas, la luna salió por detrás de las montañas y se reflejó en el agua. Me quedé un buen rato mirando el lago, vi mi reflejo en el agua, que hacía de espejo. La imagen que vi me gustó, un gran lobo rojizo imponente, saqué los dientes y, la verdad, es que daba miedo. Salí de la fase y vi reflejado en el agua a un hombre desnudo sin vida, esa imagen no me gustó y la borré tirándome de cabeza al agua fría. Salí de ella convertido nuevamente en lobo, sacudiendo el agua del pelaje, me fui a casa.

Me puse el pantalón empapado de agua que tenia atado en el tobillo y entré en casa con el pelo aún mojado. Edward, Bella, Jasper y Alice estaban sentados en los escalones del porche.

- Jacob, llevamos esperándote una hora, ve ahora mismo a cambiarte, te he dejado ropa encima de la cama. – Dijo una Alice enfadada.

- ¿Esperándome?, ¿es que vamos a alguna parte?

- Sí y, como no te des prisa, vamos a llegar tarde. – Contestó una Alice aún más molesta.

- No me apetece ir a ningún sitio, os podéis ir cuando queráis. – Dije subiendo las escaleras, Alice me paró en seco.

- Tú sí que vas a venir, si no te vas arrepentir.

- Jacob, yo de ti no le llevaría la contraria, Alice siempre tiene razón. – Me dijo Jasper, todos tenían una extraña sonrisa en sus caras menos Bella.

- Ve a cambiarte Jake y no tardes.- Me dijo Bella poniendo una falsa mueca en su boca con la intención que fuera una sonrisa.

Subí a mi habitación y vi que en la cama había un pantalón de vestir negro y un polo de color azul. Alice pretendía que me pusiera eso con unos zapatos, ni de coña. Abrí el armario y saqué unos tejanos y una camiseta negra, me puse mis deportivas de siempre y salí a la calle.

- ¿Jacob, porqué no te has puesto la ropa que te he dejado preparada? – Dijo Alice furiosa.

- Para darte en todos los morros y demostrarte que no siempre tienes razón. – Alice, haciéndome burla, entró en su Mercedes negro, Jasper intentaba esconderse la risa.

Todos se fueron para el coche, yo cogí a Bella por el brazo y nos metimos en mi coche, tenía que hablar con ella a solas. Pensé “Edward no te enfades, pero quiero saber que le pasa a Bella” y vi como Edward me hacía un gesto con la mano en señal de aprobación.

- ¿Dónde vamos, Bella?

- A dar una vuelta por la ciudad. –Contestó mirando por la ventanilla.

- ¿Y para qué vamos?

- Vamos a conocer la ciudad de noche.

- Vale, ¿y se supone que me tengo que tragar esa bola? – Bella por fin se giró mirándome- Sé que me escondéis algo, hace días que estáis muy extraños.

- Hoy saldrás de dudas, Jake – Me cogió la mano y la besó; estoy seguro que si pudiera llorar ahora mismo, estarían corriendo lagrimas por sus mejillas.

- Bella, me tienes muy preocupado, sé que te pasa algo, si no me dices dónde vamos, paro el coche ahora mismo.

- Por favor, Jake, no seas impaciente, ahora lo sabrás. – Bella soltó mi mano y se cruzó de brazos molesta.

Llegamos a la ciudad. Bella estaba muy triste, más que de costumbre. No paraba de morderse el labio, estaba nerviosa. A medio camino, le volví a preguntar si le ocurría algo pero solo me contesto con un “cállate ya, Jacob, deja de preguntar”, le hice caso y no volví abrir la boca.


Alice aparcó el coche en un descampado lleno de vehículos y de gente joven, la mitad de ellos borrachos y la otra comenzando a emborracharse haciéndose bebidas en el maletero de los coches. Aparqué al lado de Alice y salimos de los coches. Seguí a las dos parejas sin preguntar nada tal como me dijo Bella; si ella quería que no abriera la boca, no le dirigiría la palabra en toda la noche y, cuando no se dieran cuenta, me iría de vuelta a casa.

Nos metimos en una discoteca llena de gente y con música a gran volumen. Fuimos a una esquina donde parecía que había menos gente. Bella, Edward y Alice se fueron a la barra a buscar las bebidas que entraban con la compra de las entradas, decían que las querían para parecer humanos. Estaban muy extraños, no paraban de mirar por encima de la gente, como buscando algo. Me quedé a solas con Jasper, era el momento perfecto para escabullirme.

- ¿Dónde vas, Jacob? – Me paró Jasper a mitad del camino hacia la salida.

- Me voy a casa, no me apetece estar en este lugar.

- No te puedes ir, tengo órdenes explícitas de mantenerte aquí.

- Pues lo siento mucho pero tus órdenes no las voy a cumplir, adiós.


Casi estaba llegando a la salida cuando los tres misteriosos aparecieron enfrente de mí. Alice comenzó a bailar y chocó sus caderas conmigo, haciéndome perder el equilibrio. Casi caigo al suelo por culpa de la duende y haciendo caer a una chica que había detrás mío, por suerte pude recuperar el equilibrio y sujetar a la chica por la cintura antes que cayera al suelo. La chica tenía los ojos cerrados fuertemente. Seguramente, le hice daño cuando choqué con ella.

- ¿Chica, estás bien?

- No – efectivamente le había hecho daño.

- ¿Te puedo ayudar? –la pobre chica seguía con los ojos cerrados y temblaba, le había hecho más daño de lo que había pensado. La cogí fuerte por la cintura, tenía miedo a que cayera desmayada- estás temblando, ¿qué te pasa?, ¿necesitas algo?

- ¿Puedes hacer que desaparezcan los vampiros? – Su voz temblaba igual que todo su cuerpo, pero no por el dolor, sino por culpa de los Cullen, ya les valía, nos acabábamos de mudar y ya estaban levantando sospechas entre la gente.

- Te juro que he intentado que desaparezcan muchas veces, pero son muy insistentes.- !Idiota! ¿se puede saber porque le dices eso? Se me escapó una risa nerviosa.

Poco a poco la chica fue relajándose y abriendo los ojos; cuando nos miramos, toda mi vida volvió a tomar sentido, los hilos que dejó rotos Nessie cuando se fue, esa chica desconocida con sólo una mirada los había vuelto a soldar. Estaba totalmente atado a ella con una cadena muy gruesa y fuerte. Volvía a sentir mi corazón y no era de dolor, sino de alegría. Una gran sonrisa salió de mi boca, hacía mucho tiempo que no sonreía sin fingir.


La chica era preciosa, alta, delgada pero con curvas, piel color canela y pelo largo negro. Sus ojos eran marrones, dignos de una diosa o un ángel recién caído del cielo, un ángel que me había hecho revivir. Estuvimos un buen rato mirándonos sin decir nada, nuestras respiraciones estaban agitadas. La chica, muy despacio, acercó su mano a mi cara y la acarició, cerré los ojos de placer, hacía muchísimo tiempo que no sentía una caricia cálida. Puso su otra mano en mi pecho; a ciegas, busqué su cara, quería sentir su tacto, era tan suave y su mano que estaba en mi cara olía tan bien. Disfruté de su tacto y su olor como si fuera el mayor tesoro que podría haber encontrado y, en realidad, era así. Abrí mis ojos, tenía su mirada perdida, le levanté la barbilla con el pulgar para poder volver a ver esos hermosos ojos. Sin que mi cuerpo me pidiera permiso acortó la poca distancia que había. Sus labios rosados me llamaban con deseo. La chica quitó la mano de mi pecho y la puso detrás mi cabeza, comenzó acariciar mi nuca y empujarme hacia su boca. Mi corazón comenzó a latir muy fuerte igual que el suyo, nuestras bocas estaban muy cerca, cerré los ojos para disfrutar mejor del momento. Pude sentir como la chica daba un pequeño salto y se escondía en mi pecho, por instinto, la abracé bien fuerte, tenía que proteger al sentido de mi existencia, al ángel que me había vuelto a la vida. Vi a mi lado el motivo por el que ella había reaccionado así, Edward.

- Tranquila, no pasa nada, estoy aquí, no van hacerte nada malo. –La chica sabía que ellos eran los Cullen, si sabía esto también quería decir que sabía quién era yo. Y no tenía miedo de mí, quería que la protegiera.

- Lo malo es que estoy volviéndome loca, tengo alucinaciones y son demasiado reales. Hasta pienso que tú no eres real – dijo cayéndole lagrimas. Pensaba que se estaba volviendo loca, y tenía miedo que no fuera real. ¿Quería que yo fuera real?

- No estás loca, soy real – Alice tosió detrás mío -bueno, somos reales y no tienes por qué tener miedo.

La chica parecía más tranquila. Edward le dijo que sus amigas estaban preocupadas porque hacía mucho rato que se había ido. Ella se fue a buscarlas.

No podía ser que se fuera mi ángel, no podía ser que se fuera mi vida después de tanto tiempo estando muerto. No lo podía permitir, no quería volver a ser un zombi ahora que acababa de conocer un motivo para seguir viviendo. Fui detrás de ella y le cogí del brazo, ella se giró y me dijo que si quería la podía acompañar a buscarlas, una gran sonrisa salió por mi boca espontáneamente, sin ser fingida, como no había hecho desde hace mucho tiempo. Me cogió de la mano y empezamos a caminar entre medio del bullicio. La chica –la cual todavía no sabía su nombre- no podía pasar entre la gente, estaba estresada. Me puse primero y puse cara intimidante para que se apartara la gente y nos dejaran pasar. La gente sentía mi presencia y se apartaban, llegamos sin esfuerzos al otro extremo de la discoteca donde dijo Edward que se encontraban sus amigas. Con cara incrédula miró por donde habíamos venido, le parecía imposible que hubiéramos llegado. Comencé a reírme a carcajadas, me hacía mucha gracia su reacción. Ella me describió como eran sus amigas, enseguida las encontré. Fuimos donde estaban y me presentó a ellas; antes que ella dijera mi nombre verdadero, me presenté a sus amigas diciéndoles el nombre que utilizaba actualmente. Sus amigas estaban preocupadas porque no sabía dónde estaba y, una vez que vieron que estaba bien, se fueron dejándonos solos. Feliz, estaba feliz, ya no me acordaba lo que era sentirse así. Tenía a una chica preciosa a mi lado, su mano era tan suave. De nuevo, estaba imprimado, no sabía que esto me podía volver a ocurrir. Quería saber el nombre de mi salvadora.

- Creo que un buen comienzo sería saber tú nombre – le pregunte a mi ángel.

- Lluna, me llamo Lluna. – Me respondió, era el nombre más hermoso que jamás había escuchado. Ahora quería saber de verdad si conocía quién era yo.

- Bonito nombre, Lluna,-me agaché y le hablé al oído para que nadie nos escuchara, aunque era difícil esto, la música sonaba muy fuerte- tú puedes llamarme por mi nombre.

- Tú has dicho a mis amigas que te llamabas Jackson. – Dijo tímida.

- Ese es el nombre que pone en mi documentación ahora. Es una larga historia. –Una muy larga -Tú sabes cuál es mi nombre, ¿verdad? –Negó tímidamente con la cabeza-Oh, vamos, no me puedes engañar. Cuando nos hemos conocido me has dicho que hiciera desaparecer a los vampiros. Si sabes quién son ellos, tienes que saber quién soy yo.- Negó con la cabeza y desvió su mirada de la mía, estaba avergonzada. Quería que dijera mi nombre; si ella sabía quién era yo, todo sería más fácil de explicar algún día- Desearía que lo dijeras tú. Quiero oírlo con esa preciosa voz que tienes. Todo sería más sencillo.

Me indicó que me agachara, pude ver como sus mejillas estaban sonrojadas y al oído dijo mi nombre. La abracé con alegría, aún sabiendo quien era yo, ella seguía a mi lado y contenta. Una chica valiente.

- Para creerme toda esta historia, creo que deberías contestarme a unas preguntas.- Me dijo.

Al decirme esto, me acordé de la persona que había estado intentando borrar de mi cabeza y de mi corazón sin resultado. La única vez que me había olvidado de ella había sido ahora, cuando había conocido a Lluna. No quería pensar en eso, quería sentirme como estaba sintiéndome ahora, como hacía tanto tiempo que ya no recordaba. Volvía a ser Jacob, el licántropo; Jacob zombi, había desaparecido.

- ¿Podemos dejar las preguntas para otro día? Tengo ganas de vivir un poco de normalidad, hace mucho tiempo que no disfruto de ella.

- Pues va ser un poco difícil hacer algo normal teniéndote a mi lado, pero lo podemos intentar.

- Perfecto, intentarlo me parece buena idea. ¿Qué hacemos? – Ya no me acordaba que se hacía cuando uno era normal.

- Estamos en una discoteca y lo que la gente normal hace es bailar.

Cierto, en una discoteca se baila, pero hacía muchísimo tiempo que no bailaba. Ella me llevó a un extremo de la discoteca y comenzamos a bailar. En mi forma lobuna, podía ser muy habilidoso; en temas mecánicos, era un experto pero, en el baile, era un patoso y así se lo demostré pisándola, liando nuestros brazos, tropezándonos… Pero ella... ella era una experta bailarina, se movía muy bien y estaba volviéndome loco cuando movía sus caderas, cuando la hacía girar y su pelo largo volaba por el aire y me enviaba su perfume. Me hacía sentir como un hombre, un hombre que se había estado reprimiendo mucho tiempo, me volvía loco cuando la cogía de la cintura y se arrimaba a mi cuerpo. Estábamos pasándonoslo muy bien hasta que llegó Edward y me dijo que nos teníamos que ir porque había gente que estaba sospechando de ellos. Yo no me quería ir, quería estar con ella, no quería irme y volver a ser el que había estado siendo hasta ahora. Edward me tranquilizó diciéndome que pronto la volvería a ver.

Con gran pesar me despedí de ella, me dolía muchísimo tener que irme ya y sin ella. Antes de irnos, Edward le advirtió sobre guardar nuestro secreto, me cogió del brazo y me arrastró a la salida. Lluna me cogió con las manos la cara y me hizo prometerle que la volvería a ver. Claro que la volvería a ver.

- Te prometo que, muy pronto, nos volveremos a ver, si no es así… prefiero no pensar en eso, duele sólo de pensarlo.

- ¿Sabrás encontrarme?- La abracé, olí el perfume de su cabello y lo guardé en mi memoria.

- Sin duda alguna, te encontraré.

Le besé su suave frente y me fui con Edward. De camino a la salida no paraba de darme la vuelta para verla, en su cara pude observar cómo se mezclaban la alegría y la tristeza. Mi cara seguramente también expresaría lo mismo. Alegría por haber encontrado a la persona que me había despertado de mi pesadilla, tristeza porque nos separábamos, alegría porque sabía que la volvería a ver. Fuimos a los coches, Bella, Alice y Jasper estaban apoyados en el coche con una gran sonrisa.

- Te dije que te arrepentirías sino venías esta noche.- Alice, ¿es que siempre tenía que tener razón?

- Me alegro de volver a verte sonreír – Dijo Bella abrazándome.

- No puedo creer que me haya pasado esto, me siento tan… vivo.- No sabía explicar cómo me sentía.

- Me alegro que te sientas así, amigo – Dijo Edward dándome un golpe en el hombro.- No te merecías el dolor que has estado pasando.

“Gracias, Edward, por todo” le dije en mi mente.

- Chicos, dentro de poco comenzará a salir el sol, nos tenemos que ir. – Dijo Jasper entrando en el coche.

¿Ya nos íbamos?, Lluna estaba dentro de la discoteca y había mucha gente que le podría hacer daño, los chicos estaban muy borrachos y podían pasar por sus mentes ideas poco dignas, mis manos comenzaron a temblar con sólo pensar la idea que le hicieran daño a Lluna.

- Iros vosotros, yo me quedo, quiero saber si Lluna llega bien a su casa, así también sabré donde vive.


Los Cullen asintieron y se fueron, yo me quedé dentro del coche esperando a que saliera. Los minutos se me hicieron eternos hasta que la volví a ver. Una de sus amigas se despidió de ella y se fue por un camino diferente. Se metieron en un coche gris que conducía una de sus amigas, Laura me parece que se llamaba la conductora. Arranqué el coche y las seguí en la distancia. Primero dejaron a Nury en casa, la acompañaron dentro, su amiga estaba un poco mareada por los efectos del alcohol por como se tambaleaba. Después, volvieron a entrar en el coche y se fueron. Volví a seguirlas, el coche se paró en una calle de un solo sentido con casas unifamiliares. Lluna se despidió de su amiga y se metió en una casa, allí vivía ella. Cuando su amiga se fue, aparqué el coche justo enfrente de su casa. Me quedé escuchando lo que hacía. Subió por unas escaleras, abrió una puerta, vi como se iluminaba una habitación, abrió otra puerta y escuché como dejaba correr el agua, cerró el grifo. A través de las cortinas, vi su silueta, esa era su habitación; entre sombras, vi como se quitaba la ropa y se ponía otra, seguramente el pijama. Me estaba excitando con sólo imaginarme su cuerpo desnudo, parecía un voyeur. Gracias a todo que apagó la luz y dejé de ver su silueta y de fantasear. Sentí como su respiración se iba calmando hasta entrar en un profundo sueño. Me quedé un rato más mirando la ventana, deseaba estar con ella otra vez, estaba tan cerca, podía hasta olerla. Su ventana me llamaba, tentándome abrirla pero descarté esa idea de la cabeza, con Lluna, las cosas tenían que ir despacio, no quería que se sintiera presionada por mi desesperación y el deseo que sentía de tenerla juntó a mí.

Arranqué el coche y fui a casa, me esperaban 8 vampiros impacientes por escuchar la historia, incluso Rosalie estaba interesada. Después de contarles mi noche con Lluna y cómo me sentía de bien y feliz, le pregunté a Alice cómo había sabido lo de Lluna.
- Hace unas semanas, tuve una visión de Bella donde aparecía una chica humana haciendo amistades con ella. Seguí indagando la visión y cada vez la veía más borrosa, se parecía mucho a las que tenía de Bella cuando estaba contigo. Eso sólo quería decir una cosa, la chica de las visiones estaba relacionada contigo. Edward y yo comenzamos a investigar quién podía ser esa chica hasta que encontramos las pistas necesarias para encontrar su paradero.

- ¿Por eso nos mudamos aquí?, ¿por ella?

- No, por ella, no; por ti, Jake. – Contestó Bella con una leve sonrisa.

- ¿Cómo sabía ella quién era yo y quién erais vosotros? –Edward me contestó a esto.
- Queríamos que se comenzara a familiarizar en este mundo, ella sólo nos conoce como unos personajes de una novela juvenil, aunque lo que conseguimos fue asustarla. -Habían asustado a Lluna, me enfadé muchísimo con Edward y Alice con sólo pensar la idea que la hirieran...

- Tranquilo, Jacob, no le hicimos nada, nos dejamos ver en ciertas ocasiones y ella comenzó atar cabos, pensaba que se estaba volviendo loca, bueno, eso creo.

- ¿Crees? Yo también me hubiera vuelto loco si comenzara a ver personajes de ficción en mi vida real.

- Digo creo porque no puedo leer bien sus pensamientos. –Fastídiate, eso por habérselo hecho pasar mal.

Me explicaron como habían hecho pensar a Lluna la idea que éramos reales, pobrecita, seguro que lo debió pasar fatal. Fui al bosque, quería correr libremente y pensar en Lluna en soledad. Me trasformé y comencé a correr como hacía tiempo que no corría. Me sentía libre sin esas cuerdas rotas flotando a mí alrededor. Ahora las cuerdas estaban atadas fuertemente a Lluna, ahora me sentía vivo, tenía un motivo. Fui otra vez al lago que había descubierto. A la luz de la luna era precioso pero, con la luz del sol, se veía todo diferente pero igual de hermoso. Toda la vegetación que había alrededor del lago se reflejaba en el agua. El sol estaba justo encima, la luz se reflejaba dando más luz al valle. Al ver mi reflejo en el agua me entraron ganas de probar una cosa, salí de fase y me miré en ella. El hombre que estaba viendo era muy diferente al que vi ayer. El de hoy tenía una gran sonrisa y unos ojos llenos de vida y alegría, incluso era atractivo. Comencé hacer posturitas de culturista, tenía unos grandes bíceps y fuertes abdominales. Olí cerca una fragancia familiar, la de Bella, desaté mis pantalones del tobillo y me los puse a la velocidad del rayo. Bella ya me había visto muchas veces desnudo; cuando entraba en fase en algún momento que no me podía controlar y luego, al volver a mi cuerpo humano, no tenía ropa porque la había hecho a tiras cuando me transformé y no habían prendas de emergencia. No me daba vergüenza que me viera desnudo pero, igualmente, no es de educación ni agradable que tu mejor amiga de vea en bolas.

- Jake, Esme me ha dicho que en media hora la comida estará lista. Que sepas que ya me estoy cansando, parezco una camarera de un restaurante informando a sus clientes.

- ¡Oye!, que yo te aviso de los sitios donde puedes encontrar alimento.

- Somos los dos camareros, podríamos montar un restaurante, lo llamaríamos Macvampirolicántropos. –Comenzamos a destornillarnos, aunque la mirada de Bella se veía bien triste.

- ¿Bella, estás bien?, hace días que te noto muy extraña.

- No me pasa nada, Jake.

- No empieces como esta noche en el coche. Bella sabes que estoy aquí para lo que quieras.

- Estabas aquí hasta ahora, ahora que tienes a tu imprenta te irás.

- No me voy a ir, compartiré el tiempo con las dos. Bella te debo mucho, has estado conmigo en todo momento, yo sólo te lo podía agradecer no haciéndote sufrir más con mis ideas de suicida. Pero ahora que estoy más feliz que nunca, que sepas que vas a tener todo mi apoyo, y voy hacer todo lo posible para vuelvas a ser la Bella feliz que fuiste un día.

- Sabes que eso es imposible.

- Pues la mitad seguro que lo consigo.

- Lo intentarás hasta que tengamos que mudarnos y tú te quedes con Lluna.

- Para eso todavía queda mucho tiempo, no pensemos en eso. –No quería que Bella pensara eso, ni yo tampoco. No me imaginaba mi vida lejos de ella ahora que era feliz-¿Qué piensas de Lluna?- Le dije cambiando la conversación.

- Por lo que me ha contado Alice y Edward parece una buena chica y, por lo que he visto, es muy guapa.

- Te confundes, es preciosa, es más que eso. Cuéntame lo que te ha dicho tu marido y la duende.

- No te lo voy a decir, lo tendrás que comprobar por ti mismo. – Conocer a Lluna, me gustaba mucho esa idea. Pero, ¿cuándo se supone que la tengo que ver?, no sabía que había que hacer para pedirle una cita; tenía que esperar unos días, esta tarde, mañana… Y ni siquiera le pedí el número de teléfono para preguntarle, tendría que ir a su casa. Esto iba a ser raro, ni siquiera me dio su dirección. Pero yo quería estar con ella ya, la quería conocer, quería saber todo de ella.

- ¿Suena un poco desesperado que vaya ahora a verla?

- Un poco pero, si yo fuera ella, estaría ansiosa por conocer al chico tan guapo que había conocido ayer.

Le di un beso en la mejilla, su mirada estaba igual de triste.

- Bella, sabes que donde tú vayas yo te voy a seguir. Tengo el propósito de hacerte feliz, y sabes que soy muy cabezota, hasta que no lo consigo, no paro.

- Cabezota y mucho, -dijo dándome un manotazo en la cabeza- anda, vete, que estarás ansioso por verla. Se me olvidaba, si quieres entrar en su casa le tienes que llevar un ramo de violetas, sino, no te va a dejar entrar.- Comenzó a reírse.

- No entiendo nada, ya me lo contarás en otro momento, estoy impaciente por ver a Lluna y conocerla. Dile a Esme que me guarde la comida para esta noche. Te quiero.


lunes, 7 de febrero de 2011

9- Dolor

Dormí fatal esta noche, no paraba de darle vueltas a la cabeza. Si ayer, mi mayor preocupación era causar buena presencia a los Cullen, hoy me importaba bien poco lo que pensaran. Ayer quería resolver todas las dudas que tenía en mi cabeza, pero hoy, hoy todo era diferente. Lo único que deseaba era volver a ver la luz en la mirada de Jacob, esa sonrisa que me robaba el aliento y su risa contagiosa, imposible de borrar de la cabeza. Quería saber qué era lo que le preocupaba, cuál era el problema, y poder ayudarle a solucionarlo. Pero cuando le pregunté hace un momento, cuando me vino a recoger a casa para acompañarme al trabajo, la única respuesta que obtuve fue un “nada” y un beso que mandó de nuevo punzadas de dolor a mi corazón. Llegamos a la oficina muy temprano –no porque Jacob condujera muy deprisa, si no porque hoy había salido antes de casa para poder estar más rato con él –, fuimos a la cafetería de enfrente de la oficina, esperando que fuera la hora de irme a trabajar. Pedí un café con leche para conseguir despejarme y centrarme en el largo día de trabajo que estaba por venir, Jacob se pidió un zumo de naranja y pagó la cuenta. Nos sentamos en un incómodo silencio, esperando que alguno de los dos comenzara a hablar. No sabía que decirle, lo único que quería era preguntarle qué le ocurría, pero antes no había recibido ninguna respuesta convincente cuando estábamos solos y, ahora, en un lugar público, tampoco me lo iba a contar.

- ¿Tienes mucho trabajo hoy? – Preguntó Jacob rompiendo el silencio.


- Supongo, los lunes tengo que repartirme toda la faena de la semana, terminar de hacer las tareas pendientes de la semana pasada, y creo que Mariano me tendrá preparado algún informe sorpresa. ¿Tú qué vas hacer?

- No lo sé, ¿conoces a ese chico?- Dijo haciendo un gesto con la cabeza a la ventana que daba a la calle.


Miré donde me indicaba y vi a Lucas en la entrada de la oficina mirándonos con la boca abierta y los ojos como platos. Seguro que estaba alucinando con la imagen que estaba viendo: yo sentada con un chico guapísimo. Si hace una semana me hubieran dicho esto, yo también estaría alucinando. Me quedé mirando a Lucas y le saqué la lengua para que dejara de ser tan cotilla, podría ser un poco más discreto, estaba desnudando a Jacob con los ojos. Miré la hora en el móvil, era la hora de entrar a trabajar. Jacob miraba a Lucas con los ojos entrecerrados, con odio, ¿acaso estaba celoso?

- Ese chico es Lucas, mi compañero de trabajo. – Cuando le dije esto por su actitud comprobé mis sospechas. - ¿Estás celoso de Lucas?

- Tengo celos porque él ahora va a estar contigo y yo no, tampoco me gusta la manera en que te mira.

- Me parece que te has confundido con la persona a la que mira.


- Estaba mirando en esta dirección, en la mesa donde estamos sentados tú y yo. – Dijo señalándonos.


- Te estaba mirando a ti. –Jacob no entendía lo que le estaba diciendo- Es difícil no fijarse en un chico tan guapo como tú.

- No entiendo, que tengo que ver yo en… ¡ah, woh! –Jacob entendió que a quien miraba era a él y el porqué.



Me levanté y le dije a un Jacob sonrojado que me iba a trabajar, él me acompañó a la entrada del trabajo, Lucas me esperaba apoyado en la puerta.

- ¿Me vendrás a buscar luego? – Le pregunté a Jacob antes de despedirnos.

- Claro que sí, te he traído a trabajar y luego te vendré a buscar. – Respondió chistoso por lo absurda que fue mi pregunta.

Nos despedimos dándonos un beso suave que se volvió desesperado, ninguno de los dos deseaba alejarse, otra vez volví a sentir ese dolor. Mi móvil comenzó a vibrar en el bolsillo, miré quien llamaba y era Lucas, le eché un vistazo a Lucas y me miraba con las cejas alzadas, en sus labios pude leer el nombre de Mariano. Cuando me giré a Jacob, vi a Mariano parado a solo unos metros.

- Buenos días, Lluna es hora de entrar, hay mucho trabajo que hacer. – Dijo Mariano irritado. Dándonos la espalda entró a la oficina.


- Jacob, tengo que entrar, si no Mariano me va a llamar la atención. – La voz se me quebró, me dolía muchísimo despedirnos.



Le di un beso fugaz y me di media vuelta, saludé a Lucas con dos besos y en mi oído preguntó por el chico, exactamente dijo “¿Quién es ese bombón que te acompaña?”, pude ver como Jacob se giraba y me miraba sonrojado, seguro que había escuchado a Lucas, nos dijimos adiós con las manos y se metió en su coche. Lucas y yo entramos a la oficina.

- Lluna, cuéntame todo sobre ese moreno. –Preguntó Lucas emocionado.

- Te lo contaré a la hora de comer, no quiero que me vuela a reprochar nada Mariano. –Me encantaba dejar a Lucas con la intriga, eso le pasaba por ser tan cotilla. Entró en su despacho haciendo pucheros.



Fui a mi escritorio a organizarme las tareas y hacer las que tenía pendientes; como no, tuve que dejar lo que estaba haciendo a media mañana por un informe urgente que me mandó Mariano. Estaba demasiado metida en mis pensamientos para comenzar una pelea con él, no paraba de pensar en Jacob y que era lo que le preocupaba.



Llegó la hora de comer y el interrogatorio de Lucas; quién es, dónde, cuándo y cómo lo has conocido… Muchas respuestas no se las pude contestar porque ni siquiera yo sabía las respuestas. ¿Qué relación manteníamos? No lo sé. ¿Planes de futuro? No lo sé, ni siquiera conozco su pasado, sólo sé el presente.


Por fin terminó el día de trabajo, estaba impaciente por ver a Jacob. Cuando salí de la oficina él estaba apoyado en el coche dándome la bienvenida con los brazos abiertos, nos fundimos en un gran abrazo, ¡cómo había echado en falta ese calor durante todo el día! Busqué sus labios para darnos un beso pero, sutilmente, se apartó abriéndome la puerta del copiloto. Su mirada estaba más triste que esta mañana, un dolor enorme atravesó todo mi cuerpo impidiéndome respirar bien.



Nos montamos en el coche y otra vez estuvimos en un incómodo silencio. Jacob me preguntó por mi día, le di una respuesta reducida, no me apetecía llenar un silencio con conversaciones tontas y que no venían al caso con la situación. Salimos de la ciudad y fuimos por la carretera del norte a unos 20 Km, no le pregunté donde íbamos, no me importaba si estaba con él. Lo único que me importaba era su decaída actitud.



Salimos por un camino no señalizado y mal asfaltado, dejó el coche aparcado en la cuneta y salió sin decirme nada. Comenzó a caminar en círculos muy nervioso, con las manos cerradas en los puños y la mirada perdida en el cielo de la tarde, como esperando una señal. Estaba impaciente, me debatía entre salir del coche o no, me decanté por darle espacio y quedarme esperando. Después de un rato, abrió mi puerta.

- ¿Quieres que demos una vuelta y hablamos? – Me preguntó nervioso.

- No quiero que hablemos, quiero que me cuentes qué te pasa, me tienes muy preocupada.

- Vamos.


No dijo nada más, salí del coche, me cogió de la mano y estiró de mí hacia el bosque. Andamos campo a través, el suelo estaba cubierto de hojas secas haciendo nuestro avance muy escandaloso. Casi no podía ver por donde andaba, la tarde estaba cayendo y la arboleda no dejaba entrar la poca luz que quedaba del día. Estaba asustada, tenía miedo, Jacob estiraba de mi mano haciéndome daño, yo no podía correr más con tacones y andando por el bosque. Tropecé con una raíz de un árbol que estaba camuflada entre las hojas, casi caigo de rodillas al suelo de no ser por los fuertes brazos de Jacob que me sujetaron. Quedé colgada, Jacob con suavidad me dejó en el suelo, recuperando el aliento. El dolor del pecho cada vez apretaba más haciendo complicar mi respiración.


- ¿Te encuentras bien, Lluna? – Preguntó Jacob alarmado por mi irregular respiración y mis sollozos.

- ¡No! – Dije en un grito, vi como le temblaban las manos, me arrepentí por haberle contestado así y escondí la cabeza entre las piernas para continuar hablando - No estoy bien, estoy asustada – Hice una pausa para coger aire-. No sé dónde vamos, ni para qué me has traído a este bosque.

- Estamos aquí para darte respuestas y puedas resolver todas las dudas que tienes. – Dijo en un tono elevado que hizo asustarme más.


Por el golpe que escuché, entendí que Jacob acababa de dar un puñetazo a un árbol. Lo escuché como absorbía por la nariz, levanté la mirada y vi como las lágrimas corrían por sus mejillas igual que por las mías. No soportaba verlo así y menos por mi culpa, saqué valor y me puse en pie quedando enfrente suyo, intenté que las palabras salieran lo mas entendibles posible.

- ¿Y por qué estamos en este lugar? – Le dije con voz rota.

- Estamos aquí por si cuando te cuente la historia, no puedo controlarme y entro en fase. No quiero transformarme en un lugar público o donde pueda dañarte; si esto ocurriera aquí, iría a buscar a los Cullen para que fueran a buscarte al bosque. – Dijo limpiándome las lágrimas.


Ahora que sabía el porqué, me encontré más segura y se lo di a entender dándole un fuerte abrazo. Jacob me agarró por la cintura y las piernas y me cogió en brazos.

- ¿Quieres que continuemos? – Dijo buscando mi mirada

- Sí, por favor – Le contesté escondiéndome en su pecho. Pude sentir que su corazón bombeaba tan fuerte como el mío.


Jacob comenzó andar llevándome en sus brazos. Los últimos rayos de sol me dejaron ver un paisaje hermoso. Llegamos a un acantilado donde no se podía ver más que montañas llenas de vegetación, al fondo se podían ver como las luces de la ciudad se iban encendiendo. Jacob me dejó sentada en una piedra enorme y se distanció unos pasos.