viernes, 6 de mayo de 2011

23. Por el interés...

Nuevo capítulo, espero que os guste a todas. Muchísimas gracias, estoy súper contenta, está historia ya cuenta con 50 seguidoras, muchísimas gracias otra vez por ser como sois y darme ánimos en cada comentario. Os quiero un montón y no os podéis ni imaginar lo feliz que soy de a veros conocido.


Un besazo enorme Áuryn



Llegamos a casa antes de lo que deseaba; el tiempo, junto a Jacob, me pasaba volando. Aunque la idea no le hizo mucha gracia, le dije que me acompañara dentro de casa para saludar a mis padres.



Antes de entrar le pregunté porque se sentía tan incómodo, me contestó que era porque no le gustaba las contestaciones de mi padre, le dije que no se preocupara, que ya me encargaría yo de que no pasara eso.



Entramos al salón y estaban mis padres viendo una película del programa cine de barrio, parecían un par de abuelos, sólo faltaba que mi madre hiciera ganchillo. Los saludamos y nos sentamos con ellos en el sofá.



- Vaya fiesta tenéis montada. – Les dije cuando vi los ánimos que habían.



- ¿Qué quieres que hagamos? Estamos los dos solos.- Dijo mi padre grotescamente.



- Es que hoy hacía mucho frío y no nos apetecía salir. –Contestó mi madre.- ¿Tú no tienes frío, Jackson?



- No, he encendido la calefacción en el coche y me he quitado la chaqueta. – Le dijo nervioso.



Miré a Jacob, iba en manga corta. Posiblemente hoy hiciera frío, normal a finales de octubre, aunque yo no lo había notado estando con Jacob todo el día a mi lado, hasta creo que hoy en su cuarto había sudado más que en pleno Agosto.



- ¿Y no tienes un jersey?- Insistió mi madre.



- No, me lo olvidé en casa.



- Cualquier día olvidarás la cabeza… o a mi hija. – Le contestó mi padre sin apartar la vista del televisor.



Casi vi como los puñales iban en dirección a Jacob. Le di una mirada de advertencia a mi padre, me miró, agachó la mirada y siguió viendo la película.



- ¿Jackson te quedas a cenar? – Le preguntó mi madre.



- No quiero molestar.



- No es ninguna molestia. Lluna, acompáñame a preparar la cena. -Dijo mi madre.

Nos levantamos del sofá y fuimos a preparar la cena.



- Voy a hacer sopa y unas croquetas. ¿Le gustará a Jackson o preparo otra cosa?



- Eso está bien. Mamá, voy al salón, no me gusta que estos dos estén solos.



- Ellos dos estarán bien, se tienen que conocer. Pero si te vas a quedar más tranquila estando con ellos, ve.



Ni le contesté, fui a paso apresurado hasta el salón y era cierto, Jacob estaba conociendo algo a la perfección, no a mi padre, sino el complicado guión de Paco Martínez Soria. Me senté a su lado e intenté romper el hielo con un tema de interés común para los dos.



- ¿Papá, has visto hoy el programa de automoción?



- No, pero lo he grabado, si quieres lo podemos ver ahora, si a Jackson no le importa.- Dijo con tirria, otra vez los cuchillos volaron dirección a Jacob.



- Seguro que no le importa, es un apasionado del mundo del motor y un entendido en mecánica. – Le contesté a mi padre presumiendo de novio.



- ¿Eso es cierto, chico?- Le preguntó mi padre ingenuo de esa habilidad.



- Bueno, algo entiendo.



- ¡No seas modesto! ¿Sabías que construyó su primer coche pieza por pieza?



- Eso está muy bien, entonces no te importará darle un vistazo a mi coche y decirme que le pasa.



- No es ninguna molestia. – Le contestó relajado y seguro de sí mismo.



Nos levantamos los tres del sofá al mismo tiempo y fuimos hasta el garaje. Encendí las luces y mi padre abrió el capó del coche.



- ¿Qué le pasa?- Le preguntó Jacob a mi padre mientras echaba un vistazo al motor.



- El otro día fui al taller porque hacía tiempo que me patinaba el embrague. El mecánico me dijo que había que cambiarlo, pero todavía no ha hecho ni la mitad de kilómetros que tenía que hacerle para cambiarlo.



Jacob, después de un rato de inspeccionar el motor le pidió las llaves a mi padre y lo puso en marcha. Mi padre abrió la puerta del garaje y salimos los tres a dar una vuelta con el coche para ver si lo que había dicho el mecánico era cierto o no. Fuimos hasta la carretera y Jacob aceleró al máximo el motor y a subir y bajar marchas. Cada vez que raspaban las marchas o costaban meterlas mi padre le decía “¡ves, ves, a eso me refiero!”. Después de unos kilómetros Jacob dio media vuelta y fuimos dirección a casa.



- Manuel, siento decirle que le han querido estafar. –Le dijo Jacob cuando llegamos a casa.



- ¿Por qué?- Le preguntó mi padre mientras cerraba la puerta del garaje.



- No hay que cambiar el embrague, lo único que hay que hacer es tensar el pedal de éste. Si quiere, mañana cuando traiga a Lluna de trabajar, lo podría hacer yo.



- Pues me harías un gran favor, no me fío de llevarlo otra vez al mecánico ese.

A los pocos minutos vino mi madre a buscarme para que pusiera la mesa. Cuando terminé de ponerla fui a buscar a Jacob y a mi padre que hablaban animadamente en el garaje.



Cenamos viendo el programa de automoción, así que no hubo problema en elegir un tema de conversación. Terminamos de cenar y entre los cuatro recogimos la mesa, después nos sentamos en el sofá para continuar viendo el programa. Una vez finalizó, Jacob se despidió de mis padres antes de irse a casa.



- Muchas gracias por la cena. Mañana vendré a arreglar el coche. – Le dijo a mi padre mientras le estrechaba la mano.



- Si tienes alguna otra cosa que hacer no te preocupes, ya lo arreglaras otro día o lo llevaré a otro taller. – Creo que mi padre le dijo esto para no parecer demasiado desesperado pero, en realidad, estaba deseando que aceptara.



- No se preocupe, mañana por la tarde arreglaremos el embrague y otras cosillas que he visto que habría que cambiarlas.




Después que mi padre le hiciera “la pelota” descaradamente a Jacob, lo acompañé para despedirme.



- No es necesario que arregles el coche de mi padre sólo para darle buena impresión. –Le dije cuando salimos del portal de casa.



- Ya lo sé, - dijo no dándole importancia- pero funciona.



- Bueno, tú sabrás. – Sonrió y me abrazó por la cintura, dejando apoyada su cabeza en mi hombro.



- Te echaré a faltar esta noche. –Dijo pegando sus labios en mi cuello, haciéndome cosquillas.



- Yo también. Me parece que es la primera vez que deseo que sea lunes por la mañana.



Estuvimos un buen rato abrazados y besándonos, después nos dedicamos a mirarnos mientras él acariciaba mis mejillas y yo su nuca. No nos hacían falta las palabras para decirnos lo mucho que nos amábamos, sus ojos me decían todos los te quiero que necesitaba para saber que me quería. Podía pasar horas, incluso días así, con sentirlo a mi lado ya tenía suficiente.



- Es tarde y debería irme a casa, tienes que descansar, mañana trabajas.



- Cinco minutos más. –Le dije en un susurro, rozando mi nariz con la suya.

Sus besos suaves me dieron a entender que le parecía buena idea. Quizá pasaron los cinco minutos acordados, quizá fueron más, pero para mí seguían siendo insuficientes.



- Buenas noches. –Dijo besando mi frente, me abracé fuerte a su cintura para que no se fuera todavía. –Si no me voy ya, estaré tentado a escalar hasta tu ventana y pasar contigo la noche.



- ¡Estás loco!- Le dije deshaciendo mi abrazo y retrocediendo un paso.- ¡Si nos descubriera no volverías a entrar en esta casa!



Aunque hoy Jacob había hecho grandes avances con mi padre, no podía poner un pie en falso porque, si no, sería como retroceder al principio, o peor. Jacob se rió de mi actitud alarmista, me dio un beso rápido y se despidió dándome la espalda.



Me quedé parada, lo había hecho a propósito para no seguir insistiéndole y que me fuera a descansar.



- ¡Eres un tramposo!- Le dije en voz alta y chistosa.



- No, lo que soy es ingenioso. Mañana te paso a buscar. – Se despidió con la mano, saltó la verja de casa y se fue.



Entré riendo a casa, aunque en el fondo de mi corazón sentía tristeza por no estar con Jacob. Yo siempre había sido una chica bastante independiente, que necesitaba su espacio y que le gustaba la soledad; ahora, sentía que no podía vivir sin él, porque Jacob era quien me completaba, quien me daba felicidad y las ganas de vivir, sin él me sentía vacía. Por suerte, mañana lo volvería a ver.

Fui al comedor y me quedé mirando a mi padre que seguía viendo la tele, me senté a su lado en el reposabrazos del sillón.



- Papá, ¿cómo era el dicho ese por el interés…?



- Te quiero, Andrés. – Respondió a mi pregunta sin apartar la vista del televisor.



- No. Ahora es: por el interés te quiero, Jackson.



- ¿Qué insinúas?- Dijo girándose y mirándome con una ceja alzada.



- Nada, nada. Voy a deshacer la maleta y acostarme, buenas noches.- Le dije dándole un beso en la frente.



Fui a la cocina y ayudé a mi madre a preparar los tuppers con la comida del día siguiente. Cuando terminamos, le deseé buenas noches, cogí la maleta y subí a mi cuarto a deshacer el equipaje.

Lo primero que hice al llegar a la habitación fue sacar de la caja el precioso vestido que me había regalado Alice. Cada vez que lo veía me parecía más precioso. Olí la prenda y el olor a rosas me llenó de bellos recuerdos. Cerré los ojos y hermosas imágenes vinieron a mi cabeza, porque nunca podría olvidar como me hizo sentir en sus brazos, haciéndome suya, sintiéndolo dentro de mí… Abracé el vestido y pasé las manos por donde habían pasado las suyas cuando lo llevaba puesto, una risa tonta salió de mis labios cuando mis dedos tocaron la cremallera, sentí un cosquilleo en mi espalda al recordar como el vestido cayó al suelo, dejándome desnuda a los ojos de Jacob...



- Lluna, ¿qué haces? – Preguntó mi hermana parada en el marco de la puerta.



- Hola Olga… ¿ya estás aquí?- Le dije nerviosa, me había metido tanto en el papel que parecía que estaba reviviendo aquel momento con Jacob a mi lado.



Olga entró en mi habitación y se sentó en la cama. Me preguntó por el vestido, le dije que me lo había regalado una compañera de Jackson. Guardé el vestido en el armario y seguí deshaciendo la maleta.



- ¿Cómo van las reformas del piso?- Le pregunté a mi hermana.



- Parece que nunca van a terminar, cuando arreglamos una cosa sale otra que hay que arreglar.



Olga y Javier habían comprado un piso en el centro hace poco más de un año. El piso era muy espacioso pero estaba para reformar entero, era la única forma que tenían de adquirir una propiedad. No quisieron nuestra ayuda para reformar la vivienda pero, al parecer, con todos los preparativos de la boda, el tiempo se les estaba echando encima.



- Si queréis, el fin de semana siguiente os podríamos echar una mano.



- Ya sabes que no me gusta, papá se pone a mandar y mamá quiere hacer todo a su manera. – Esto era bien cierto.



- Pues iremos Jackson y yo. –La idea le gustó.



- Nos haríais un gran favor, hay que quitar todas las baldosas del baño y la cocina. – En su voz se podía escuchar la súplica.



Espero que no le molestara a Jacob porque en menos de 5 minutos ya había planeado nuestro próximo fin de semana. Seguí guardando la ropa que no había utilizado.



- ¿No has utilizado el pijama?- Me dijo Olga con una sonrisa pícara cuando saqué éste de la maleta, negué con la cabeza. - ¡Eres una cochina!



- ¿Cochina? He pasado el fin de semana más romántico de toda mi vida.



- ¿Cómo de romántico?



- Preparó una cena especial en el salón, enfrente de la chimenea. Su habitación la adornó con una alfombra de pétalos de rosa y velas por todos los rincones. Después me llevó directamente al cielo.



- Pues sí que es romántico.



- Y más tarde nos expulsaron del cielo por lujuriosos.



- ¿Lo ves? Eres una cochina. – Dijo lanzándome un cojín de la cama. Envidiosa. – Me voy a dormir, hasta mañana.

Olga salió de mi habitación y después terminé de guardar toda la ropa. Me puse el pijama que no había utilizado. Me fui a la cama añorando a Jacob y deseando dormir para volverlo a ver a la mañana siguiente.

sábado, 30 de abril de 2011

22. Fotografía

Hola preciosas mías, perdón por el retraso de este capítulo pero me fue imposible publicar. Últimamente ando súper liada con los exámenes finales a si que siento no pasarme a visitar sus páginas ni poder leer sus historias. No tengo tiempo ni para escribir, ufff ando estresadisima.
Bueno, ahora hablemos de la historia. Este cap es súper súper súper hot así que quedan avisadas. Para las que se sientan incomodas leyendo lemmon tranquilas, el próximo será light.

BeSotes a todas y espero que disfruten leyendo.






Jacob me acariciaba de una manera tal que me hacía sentir la mujer más amada del mundo. Sus manos subían y bajaban por todo mi cuerpo igual que sus labios, haciéndome estremecer de placer. Su mano comenzó a temblar cuando pasó por mi muslo, bajó su cabeza a inspeccionar.



- ¿Qué te ha pasado aquí?- Preguntó acariciando la cicatriz.

- Cuando era pequeña un perro me mordió, hasta ayer no superé mi miedo a ellos.

- ¿Ayer?, ¿porqué?

- Cuando fui capaz de enfrentarme a un lobo gigante y subirme a su lomo, me di cuenta que había superado mi fobia a los canes.

- ¡Me lo podrías haber dicho y no hubiera hecho eso!

- ¿Y perderme ese fantástico paseo? ¡Jamás!

- Si te gustó, mañana podríamos ir otra vez.

- Me parece genial, pero iremos después de comer, no quiero morir de inhibición.

- Ja, ja, muy graciosa.

En toda la conversación Jacob no dejaba de acariciar ni de besar la cicatriz, como si con ello intentara borrarla. Me sentí incomoda, aquella marca en mi cuerpo no era una cosa de la que me sintiera orgullosa. Me puse de lado para que no la viera.



- ¿No… te gusta que te toque? – Preguntó entristecido.



- Claro que sí, lo que pasa es que no me gusta esa cicatriz.



- Pues a mí me encanta cada parte de tu cuerpo. – Dijo besándome en los labios.



- ¿Por qué no me iban a gustar tus caricias?



- Soy inexperto en la materia, no sé qué cosas te gustan y cuáles no.



- Todo es práctica, y yo te dejo experimentar con mi cuerpo todo lo que quieras.


– Le dije cogiéndole la mano y poniéndola en mi busto.


Empezamos a besarnos con pasión, mordí su labio inferior. Antes habíamos reprimido nuestra pasión, pero ahora que ya habíamos conocido nuestros cuerpos, la dejamos salir desbocadamente.



Nuestras manos se movían deprisa, con desesperación. Pasé mis manos por su espalda hasta llegar a su trasero, con las dos manos lo apreté y lo acerqué a mí, sentí su duro miembro chocar contra mi cadera, me volví loca, la lujuria corrió por todo mi cuerpo.



Puse mis manos en su pecho y lo empujé, quedó tendido en la cama. Besé sus labios con violencia, como leona en celo arañé su pecho y después lamí las marcas que dejé en su pectoral. Cogió mi cintura y me situó encima de su entrepierna, pude sentir toda su desesperación por sentirme, no le hice esperar, despacio me dejé caer y su miembro se introdujo sin problemas. Comencé a subir y a bajar siguiendo un ritmo lento. Escuchaba a Jacob gemir cada vez que entraba y salía de mí y, eso, me excitaba aún más. Subí el ritmo y sus gemidos y jadeos se volvieron más fuertes.



Cogió mis caderas y comenzó él a marcar el tiempo de las sacudidas. Apoyé mis manos en sus rodillas y me dejé llevar por el goce. Las embestidas cada vez eran más rápidas y fuertes, mis pechos saltaban alegremente en cada empuje, tanto que los tuve que sujetar para que no me hiciera daño. Cuando vio que mis manos sujetaban el busto sintió envidia y se encargó él de aguantarlas con sus manos y su boca. Lamía y succionaba de una forma increíblemente deliciosa mis pechos y, juntado con la rítmica penetración, me estaba llevando directamente al orgasmo.
Pasé mis manos por debajo de sus axilas y me agarré a sus hombros para que en cada balanceo pudiera coger más fuerza y la penetración fuera más profunda. Cogió mi trasero y comenzó a marcar un ritmo más lento pero más profundo. Sentía mi garganta seca de tanto gritar, pero cuando mordisqueó mi pezón lancé un grito que lo llenó de júbilo. Sentí como su miembro comenzaba a palpitar, quería llegar al orgasmo al mismo tiempo que él. Empujé su pecho y lo tendí en la cama, cogí su mano y la puse en mi entrepierna para que masajeara mi clítoris mientras me penetraba. Fue comenzar a acariciarlo y mi vagina se hizo más estrecha, pudiendo sentir más su miembro dentro de mí. Los jadeos de Jacob cada vez eran más fuertes, sus gemidos eran intensos y el aire que salía de sus pulmones llegaba directamente a mi cara, hipnotizándome. Cuando Jacob estaba a punto de llegar al orgasmo, apretó más fuerte mi clítoris y siguió un ritmo más rápido. Mi vagina comenzó a palpitar fuertemente cuando sentí como se corría dentro de mí. Pensé que ya llegaba al orgasmo al sentir eso, pero no fue así, sentí más placer que nunca y no pude aguantar los gritos acompañados de su nombre.

Me cogió por los hombros y se dio la vuelta, quedando yo tumbada en la cama y él encima. Sus embestidas eran fuertes, rápidas, enérgicas. Agarré con mis manos dos puñados de sabanas, sentía que en cualquier momento iba a desmallarme por el placer. Caían gotas de sudor por mi espalda y mi abdomen. Pensé que no podía llegar a sentir más placer, pero no fue así, cuando sentí de nuevo su miembro palpitar y, a los pocos segundos eyacular otra vez, llegué al fin de mi orgasmo con un grito que me asusté, no sabía que podía tener tanta capacidad pulmonar.



Jacob, exhausto, se hizo a un lado y se dejó caer en la cama a mi lado. Dejé la cabeza apoyada en su pecho, sintiendo su rápida respiración y los apresurados latidos de su corazón.




Sabía que tenía que ir al baño a lavarme, también tenía que ir a beber agua; mi garganta estaba seca, pero no tenía fuerzas. Estaba tan agotada que, entre pensamiento y pensamiento, me quedé dormida sin tener posibilidad de hablar con Jacob ni desearle buenas noches.









Eran más de las 12 del mediodía cuando desperté, Jacob todavía estaba dormido; descansaba boca abajo con su cabeza junto a la mía y sonreía ligeramente. Con mucho cuidado para que no despertara, quité su brazo de mi cintura y, sigilosamente, fui al baño; cuando regresé, continuaba durmiendo. Me senté a su lado y con la yema de los dedos comencé acariciar su espalda y cada curva de su cuerpo. Bajé las sabanas de su cintura y dejé a la vista su trasero, con sólo ver esa deliciosa imagen me excité, lo acaricié y Jacob rió dormido y se dio media vuelta.



Quedó boca arriba y su excitación ya dura quedó delante de mis ojos, ¡dios, qué tamaño, buenos días a ti también! Subí a besarle los labios, quería que despertara porque si no lo hacía pronto era capaz de hacerle el amor aunque estuviera dormido. Los besos parecían no dar resultado, mordisqueé su cuello y aún dormido cogió mi cintura y me pegó a su cuerpo, sintiendo su miembro en mi cadera, ¡si no despertaba ya, era capaz de violarle! Comencé a llamarle y a la quinta o sexta vez que dije su nombre abrió los ojos, sonrió, me dio un beso en la frente y volvió a cerrarlos. Ahora que estaba “medio despierto” saqué todas mis armas de seducción y me dispuse a hacerle enloquecer de placer para que entrara en acción. Me puse encima de él y besé su pecho.



- Jacob, tengo hambre.- Le dije con voz ronca mientras besaba sus pectorales.



- ¿Quieres comer?



- Ajá...- Le contesté sensualmente mientras bajaba y lamía sus abdominales.




Su respiración se contuvo cuando le lamí el ombligo y mis pechos rozaron su miembro. Continué bajando hasta llegar a su erección, saboreé mis labios y lo lamí de arriba abajo, repetidas veces. Sus jadeos se hicieron más fuertes cuando introduje en mi boca la punta. Con la lengua la acaricié. Subí mi mirada y vi que Jacob cerraba los ojos mientras cogía fuertemente la almohada, su respiración iba totalmente descontrolada. Cuando introduje parte de su miembro en la boca soltó un gran gemido y tapó su boca con la mano para intentar silenciar los gritos. Comencé a succionar su miembro, moviéndome de arriba abajo. Sus gemidos cada vez eran más fuertes. Sentía como estaba totalmente humedecida y el líquido resbalaba por mi entrepierna. Levantó su espalda de la cama y saqué su miembro de la boca para mirarlo, sus ojos estaban oscuros y lujuriosos; estaba excitadísimo. Me dejé caer hacia atrás y abrí mis piernas para darle mejor acceso, soltó un gruñido de su pecho y se lanzó a penetrarme con fuerza. Sus movimientos eran muy rápidos y no tardamos en alcanzar el orgasmo.



- Ha sido el mejor desayuno de mi vida. –Dijo con una risa nerviosa.


- El mejor almuerzo dirás. – Jacob levantó la cabeza de mi pecho y miró el despertador.


- ¡Vaya!, hacía muchísimo tiempo que no dormía tantas horas.

- Púes ya es hora de levantarse. – Le dije haciéndolo a un lado e incorporándome de la cama.





Necesitaba una ducha urgentemente, todo mi cuerpo estaba totalmente sudado. Fui a buscar la ropa y el neceser que estaba en el cuarto de Alice; cuando regresé, Jacob ya estaba en la ducha. Dejé las cosas encima del bidé y, después de dar dos tragos bien grandes de agua, me lavé los dientes. Cuando terminé, cogí el champú, la esponja, el gel y fui dentro la ducha con Jacob.



- Pensaba que nunca ibas a entrar conmigo en la ducha. – Me dijo cuando abrí la mampara.



Cogió mi mano y me metió con él. El agua estaba helada, di un respingo y me pegué a su cuerpo que estaba bien cálido. Jacob reguló la temperatura y mis músculos se relajaron cuando entraron en calor. Me lavé el pelo; cuando el jabón había desaparecido de mi cabeza, abrí los ojos y vi que me miraba de una manera tan especial: me hacía sentir deseada, amada, sexy…



Cogí la esponja, le puse gel y se la entregué; la miró, luego a mí, tragó saliva, la agarró y comenzó a restregarla suave por mis hombros. Dejó la esponja a un lado, se puso gel en la mano y empezó a lavarme con ella. Sus manos pasaron por todos los rincones de mi cuerpo, haciéndome estremecer de placer al contacto de sus caricias. Cuando terminó, seguí yo el mismo proceso en su cuerpo. Puse gel en mis manos y las restregué despacio por sus hombros, el pecho y el abdomen, después le dije que se diera media vuelta. Apoyó sus manos en la pared y lavé su espalda mientras el agua caía por su cabeza y deslizaba por su espalda. Cuando ya no quedaba jabón en mis manos, pasé mis manos por su cintura muy despacio hacia delante; cuando llegaron a tocar sus firmes abdominales, las bajé hacía su excitación. Comencé a bombear muy despacio, escuchando sus gemidos cuando apretaba su miembro en mi mano y lo deslizaba para abajo. Quitó mis manos de su erección, se giró y me dio la vuelta quedando yo debajo del chorro de agua. Según iba desapareciendo de mi cuerpo los restos del jabón el llenaba ese espacio con besos y caricias. Sus manos y labios bajaban por mi abdomen hasta llegar a mi entrepierna. Me cogió por la cintura y me hizo girar hasta quedar mi espalda apoyada en la pared, sostuvo mi pierna y la dejó detrás de su hombro, con el pie colgando en su espalda. Sus labios besaron el pre perineo y, cuando llegó al clítoris, lo lamió lentamente, sintiendo su suave y cálida lengua. Mi espalda se curvó de placer y mi pelvis se acercó más a su cara, este movimiento le volvió loco y su lengua comenzó a moverse rápidamente por toda mi intimidad. Mis jadeos producidos por la excitación se escuchaban con eco en la ducha. Sentía que en cualquier momento iba a llegar al orgasmo y deseaba que me penetrara antes, más que deseo era necesidad.



- Jacob, quiero sentirte dentro de mí. – Le dije entre jadeos.



Quitó mi muslo de su hombro, se puso en pie, me cogió por las caderas y me levantó del suelo. Puse mis manos detrás de su nuca y enredé mis piernas en su cintura, hizo un movimiento tan fuerte que todo su pene entró de golpe, haciéndome gritar de placer. Jacob paró de golpe, mi grito le asustó, su rostro se había vuelto pálido, poco a poco fue retrocediendo hasta casi salirse de mi cuerpo. Hice presión con mis piernas, juntándolo a mí, recibiendo de nuevo una gran estocada de placer, mordí mi labio para silenciar el grito de éxtasis.



- Ni se te ocurra parar. – Le dije con desesperación.



De su pecho salió un gruñido y comenzó a bombearme lento pero con fuerza, chocando nuestros cuerpos cada vez que me penetraba. Silencié mis gritos mordiendo su cuello y hundiendo las uñas en la espalda. Cuando su miembro comenzó a latir no pude aguantar más y dejé salir todos los gemidos silenciados, llegando así al orgasmo.


Cuando mi desbocado corazón volvió a su ritmo normal y entrar en mis pulmones una cantidad razonable de oxígeno, solté mi agarre de su cintura y me duché otra vez; tuve que regular la temperatura, ahora me parecía fría a comparación con el calor que desprendía Jacob. Él se fue antes que terminara. Una vez me sequé, cepillé el pelo y me vestí con un pantalón de deporte y una camiseta de manga larga, salí del baño.



Jacob estaba barriendo los pétalos de rosa que estaban esparcidos por todo el suelo de la habitación. Iba descalzo y vestía sólo un pantalón tejano largo oscuro -¿es que quería volver a excitarme? Porque lo estaba consiguiendo- Le ayudé a limpiar la habitación, después bajamos a recoger el salón. Cuando terminamos, Jacob fue a guardar la mesa al garaje y yo fui a la cocina a preparar la comida; me dijo que Esme ya la había preparado y estaba guardada en el frigorífico.



Esme había preparado una enorme lasaña de carne. Encendí el horno y, mientras se gratinaba, puse la mesa; antes que terminara, Jacob ya había vuelto y me ayudó a terminar de poner la mesa y recoger los platos de la cena de ayer. Hacíamos un gran trabajo en equipo. Comimos animosamente y, de postre, tomamos las fresas que sobraron de la cena. Cuando terminamos, nos sentamos en el sofá a reposar la copiosa comida.



Jacob encendió la televisión. No tengo la menor idea de que canal puso ni que es lo que estaban dando, toda mi atención la puse en la belleza de él, en sus besos y en sus caricias. Sus ojos eran preciosos, me dejaban ver en ellos todo el amor que me tenía, esperaba que él también lo pudiera ver y percibir.



El calor que desprendía su cuerpo era algo que me encantaba, pero hubo un momento que no fue lo suficiente, por mi espalda sentí un escalofrío. Jacob resopló y se sentó en el sofá recomponiendo la postura.


- Ya están aquí. –Dijo.

- Lo sé.


- ¿Cómo lo sabes si ni siquiera han llegado?


- Puedo sentirlo, es como si por mi espalda recorriera un escalofrío, como si me dejaran caer un cúbito de hielo. – Jacob me miró extrañado, pero no era una locura, los podía percibir.



A los pocos minutos, toda la familia Cullen entró, después de saludarnos se sentaron junto a nosotros dos.



- ¿Cómo ha ido la caza?- Les preguntó Jacob.

- ¡Genial! esos osos no volverán a molestar a la población, sino se las volverán a ver conmigo. – Dijo Emmet animosamente.


- Bueno, en realidad no fue tan bien para Emmet, Esme le quitó la presa antes que se diera cuenta él. – Dijo Bella, Emmet le sacó burla.




Miré a Esme, me parecía imposible que una mujer tan pequeña pudiera quitarle la presa al grandullón de Emmet. Esme me miró avergonzada.


- Yo no quería, pero se puso enfrente ese gran oso, lo tenía en el punto de mira y no me di cuenta que Emmet iba detrás de su pista. – Contestó Esme, justificándose.



Jacob comenzó a carcajearse en la cara de Emmet y a señalarle con el dedo, se sujetaba el estómago con la otra mano de tanta risa. Emmet cada vez estaba más enfadado, miró a Jacob por debajo de sus grandes pestañas y se acercó a él con sonrisa pilla. Edward comenzó a reírse, intentó silenciar la risa con una tos pero nadie le creyó, por su nariz salía la risa.



- Jacob, hoy no me voy a enfadar contigo, estoy muy feliz por ti. ¡Por fin eres todo un hombre!- Le dijo dándole un puñetazo en el hombro.



Jacob se avergonzó y bajó la mirada. Su sonrojo junto su sonrisa soñadora hacían una mezcla realmente atractiva. Emmet me hizo a un lado y se sentó en medio de los dos, cogió mi mano y me miró muy serio.



- Aunque estoy contento por Jake, me preocupas, Lluna. Después de lo que has hecho tendrás que visitar a un especialista para que trate ¡tu zoofilia! – Dijo estas últimas palabras destornillándose en mi cara.



Las risas de todos los Cullen se escucharon a mi alrededor, era el nuevo bufón. Aunque me avergoncé, me uní a sus risas contagiosas. Cuando nos calmamos, la risa maliciosa de Jacob comenzó a escucharse. Edward tuvo que levantarse para calmar su ataque de risa, me hubiera gustado saber lo que pensaba decir Jacob, al igual que Edward, y así haberlo podido detener antes que dijera nada.



- Rosalie, -le llamó Jacob, ella ni siquiera se digno a mirarlo- Emmet el otro día ligó con una cajera. – Rosalie miró a Emmet que sacaba fuego por los ojos.



- ¡Emmet!- Le gritó Rosalie, él se puso tenso y tragó saliva, bueno, ponzoña.



- Cariño, lo que pasó fue que…



- ¡Así que no lo niegas!



- No, no… digo, sí…- Rosalie se levantó del sofá hecha una furia y subió las escaleras.



- ¡Está me la pagaras, chucho! – Le dijo Emmet a carcajadas a Jacob mientras subía las escaleras. “Y encima tienes el morro de reírte”, se escuchó la voz de Rosalie en el piso de arriba, Emmet se tensó y desapareció como un rayo de nuestra vista.



- Te has pasado, Jacob. – Le dije culpándole de la situación.



- Tranquila, en menos de 10 minutos ya habrán hecho las paces. –Se escuchó cómo se rompía algo de cristal en el otro piso- O en media hora…



Cuando Jacob quiso sentarse junto a mí, Alice, en un movimiento rápido, ocupó el sitio que había dejado libre Emmet.



- ¿Cómo te queda el vestido?- Me preguntó.


- ¡Genial! Es precioso Alice, muchas gracias.


- Me gustaría vértelo puesto, en mis visiones de ti no he podido ver nada más que oscuridad, tampoco he querido mirar mucho más por si veía cosas que no debía. –Dijo guiñándome un ojo. Iba a contestar pero se adelanto Jacob.


- No puede ser Alice, ya habíamos hecho planes para hacer una excursión esta tarde. –Le dijo Jacob.


- ¡Oh no!, pues vais a tener que posponer esa excursión, Lluna me prometió que vería mis ropas, la última vez que vino. – Dijo Alice y, decidida, cogió mi mano y me arrastró piso arriba, aunque la verdad, estaba deseando que pasara esto, ayer en su vestuario vi prendas realmente preciosas. Jacob se quedó con la boca abierta, con la intención de reprochar pero, cuando vio mi gran sonrisa, se encogió de hombros y dejó caer su espalda en el sofá.


Fui al cuarto de Jacob a ponerme el vestido y los zapatos, después fui al vestidor de Alice que era donde me esperaba.




- ¡Lluna, te queda precioso! – Dijo Alice emocionada. - ¿Pero no llevas el sujetador que te dejé en la caja?

- No, Jacob tuvo problemas con el enganche y el sujetador no sobrevivió al encuentro. – Le dije divertida, Alice se rió con su risa angelical.





Alice comenzó a sacar y enseñarme vestidos, pantalones, blusas, camisetas, zapatos, no sabría decir de todas las cosas que me enseñó cual era más preciosa. Me probé un vestido largo y ceñido negro, que se ataba al cuello y de escote pronunciado en la espalda. Cuando miré como me quedaba en el espejo, vi el reflejo de la fotografía que había detrás de la puerta. Puse un dedo en mis labios y le indiqué que se acercara en silencio, le señalé la preciosa niña que había retratada. Alice sonrió.


- ¿Quieres ver más?- Preguntó


- Me encantaría.



Me dijo que me sentara en el sofá. Alice fue al armario y, de detrás de un cajón, sacó un álbum de fotografías, se sentó a mi lado y comenzó a enseñármelo.
En todas las fotografías salía esa niña preciosa llamada Renesme sola o acompañada con algún miembro de la familia Cullen o con Jacob. Cada página que pasaba esa niña era más grande, podría ser que entre cada fotografía pareciera que hubieran pasado meses aunque, en realidad, creo que sólo eran días.


- La siguiente es la que más me gusta. –Dijo Rosalie a mi lado.



Me sobresalté, no me había dado cuenta que había venido. Cuando vi su mirada llena de ternura me relajé, me hice a un lado y ella se sentó a mi lado. Alice pasó la página y tapé mi boca escondiendo la risa igual que Rosalie y Alice. En esa fotografía aparecía Renesme, quien aparentaba tener unos 7 o 8 años, era Halloween e iba disfrazada de princesa con un precioso vestido rosa y blanco y una corona de adorno que se amoldaba perfectamente en sus bucles cobrizos. Pero Renesme no fue la que me hizo gracia, porque estaba guapísima, del que no podía dejar de mirar y reírme era de Jacob; iba disfrazado de vampiro, con pantalón negro, camisa blanca y capa roja. Le habían maquillado la cara pálida, unos colmillos de plástico y el pelo engominado al estilo John Travolta haciendo de Danny Zuko en Grease. En sus labios había puesta la sonrisa más falsa de la historia.



En la siguiente fotografía estaban posando Jacob y Renesme, él la sujetaba en brazos y hacía que la mordía en el cuello. En esta fotografía los dos sonreían alegremente. Rosalie avanzó la mano y me enseñó un punto de la fotografía, me acerqué más y miré donde ella señaló. Se veía a Edward bajar las escaleras enfadado, gritando algo y mirando fijamente a Jacob con cara de pocos amigos, no pude aguantar más la risa y comencé a destornillarme. Alice tapó mi boca con sus finas y frías manos; conté hasta 3, respiré profundo y pasé la pagina, si volvía a ver esa imagen volvería a entrame un ataque de risa.



Las páginas del álbum iban pasando, cada vez pasaba más tiempo entre fotografía y fotografía y Renesme estaba más grande. Cada vez aparecía menos Jacob en ellas. En la última página había una foto de ella adulta, hecha toda una mujer: alta, delgada, pelo cobrizo ondulado largo, cara angelical pero llena de tristeza. Rosalie acarició la fotografía.


- Está fue antes de irse. – Dijo.


- ¿Cuánto tiempo hace de esto?- Pregunté.


- Demasiado. –Dijo Alice apenada. Rosalie no dejaba de acariciar la fotografía.
Alice se tensó, quitó el álbum de mis manos y deprisa lo escondió de donde lo había sacado. A los pocos segundos entró Jacob en el vestuario.


- Lluna hace más de dos horas que estáis aquí metidas, deberíamos irnos, es tarde.





Miré el reloj que había colgado en la pared, eran más de las 8 de la tarde. Si quería volver a pasar otro fin de semana con Jacob debía de llegar pronto a casa, sino, mis padres no volverían a darme permiso.

Salí corriendo del vestuario, fui al cuarto de Jacob, él me acompañó. Me quité el vestido y comencé a vestirme con la ropa que me había puesto esta mañana. Cuando iba a ponerme la camiseta Jacob me paró y me pegó a su pecho desnudo, me miró con deseo y comenzó a besarme. Sus manos bajaron por mi espalda y me agarró con fuerza el trasero. Sólo con un pequeño roce ya estaba excitada y deseando hacerle el amor. Mis labios descendieron por su cuello y se pararon en su pecho donde comencé a besar sus pectorales. Jacob levantó mi cabeza y me besó con furia y pasión. Acaricié su espalda y cuando llegué a la costura de los pantalones introduje mi mano y toqué directamente su trasero ¡dios, no llevaba puesto calzoncillos! Lentamente pasé mi mano por su cintura y llegué a tocar su dura excitación, soltó un gemido dentro de mi boca. –Perrito caliente, perrito caliente- Se escucho como alguien decía con los labios puestos detrás de la puerta. Jacob soltó un grito y salió hecho una furia dando un portazo a darle una paliza a Emmet.



Me reí acalorada y me hice una nota mental “nunca más volveré a hacer escenas subidas de tono en una casa llena de vampiros y menos si está Emmet”. Terminé de vestirme, hice la maleta, cogí una camiseta y calzado para Jacob y salí de la habitación.



En el pasillo me esperaba Alice.



- Ten, Lluna, no te olvides del vestido. –Me dijo entregándome una bolsa.



- Muchas gracias Alice, pero no puedo aceptarlo, te estás tomando demasiadas molestias.



- ¡No digas tonterías! –me dijo enfadada- Si quieres devolverme el favor, un día podríamos salir de compras juntas.



- Eso está hecho, también me gustaría que me contarás más cosas sobre ella. – Quería saber que había sido de Renesme.



- Me parece bien, un día me escapo y hablamos.

Alice me dio un abrazo lleno de cariño que yo le devolví, aunque su cuerpo estaba helado en ningún momento me incomodó. Los gritos de Jacob y Emmet comenzaron a escucharse en el piso de abajo.



- ¿Siempre son así estos dos?- Le pregunté a Alice.


- No, son aún peor. – Nos reímos juntas y bajamos donde estaba liado el jaleo.



Jacob y Emmet estaban revolcados por el suelo y dándose puñetazos mientras se reían, jugaban a ver quien tumbaba al otro en el suelo. Me quedé un rato mirándolos, Jacob se dio cuenta de mi presencia, paró de pelear y fue cuando Emmet se aprovechó, lo tumbó en el suelo y se sentó encima de su espalda.


- ¡Te gané! – Dijo victorioso Emmet.



Jacob intentó levantarse pero no pudo hasta que el grandullón de Emmet se quitó de encima de él. Jacob se incorporó, le entregué las deportivas y la camiseta. Cuando se la puso me arrepentí de habérsela dado, sus perfecto torso quedó tapado. Emmet se cruzó de brazos y negó con la cabeza.



- Lluna, tu zoofilia cada vez va a peor, tendrías que visitar cuando antes a un especialista. – Jacob iba a defenderme pero Emmet dio una carcajada y desapareció de nuestra vista.



Me despedí de toda la familia Cullen y fuimos dirección a mi casa.


viernes, 15 de abril de 2011

21. Tocando el cielo

Hola buenas, antes de leer este capítulo quiero que sepáis que contiene mi primer lemmon (el capitulo pasado fue un pequeño aperitivo). Quizá algunas penséis que es bastante explicito y otras que no lo es tanto, si a alguien le molesta lo siento, es mi forma de escribir. Soy muy lemmonera y me encanta el lemmon. El Viernes que viene no podré publicar, es semana santa y estaré de vacaciones incomunicada (otra vez a la casita de campo perdida). Un besazo enorme, nos leemos pronto y, como siempre, espero vuestros comentarios. Falta por deciros que disfrutéis de los días de vacaciones, lo paséis genial y que sean inolvidables. Un BeSaZo



Desperté cuando el olor a tortitas llegó a mi nariz. Me levanté y dejé la caja en el escritorio, las marcas en mi brazo daban a entender que había dormido abrazada a ella toda la noche. Me puse un chándal y bajé las escaleras hipnotizada por el dulce olor. Cuando llegué a la cocina, mis padres se acaban de sentar a desayunar; antes de terminar de decirle buenos días, ya estaba metiendo en la boca un trozo de tortita, quemaba, pero igualmente estaba deliciosa. Antes de terminar de desayunar mi madre se levantó de la mesa con una sonrisa maliciosa, mi padre y yo nos miramos con miedo, los dos estábamos pensando en lo mismo. Nuestras sospechas se hicieron ciertas cuando la vimos regresar con el dichoso bote de las tareas. Dentro habían tarjetas con las tareas que había que hacer en casa, cada uno sacábamos tarjetas hasta que el bote quedaba vacío y las tareas repartidas.

- ¿Quién quiere comenzar? – Dijo mi madre dejando el bote encima de la mesa. Mi padre y yo escondimos las manos detrás de la espalda.- Está bien, comienzo yo – Metió la mano y sacó la tarjeta de limpiar la cocina, después me pasó el bote a mí.

Crucé los dedos deseando que no me tocara el garaje, saqué la primera tarjeta y ponía COLADA, suspiré de alivio. Le pasé el bote a mi padre y deseo lo mismo, pero sus plegarias no fueron escuchadas.

- Limpiar el Garaje, no, éste era de prueba. – Dijo metiendo la tarjeta en el bote. Mi madre y yo le miramos con una cara que le dio miedo y volvió a sacar la que le había tocado.

Tenía mis sospechas de que el sorteo estaba amañado por parte de mi madre, siempre estaban repartidas igual las tareas. Cada uno tenía tres tarjetas, me tocó hacer la colada, limpiar los baños y los espacios de paso. Gracias que mi padre puso música marchosa para que el ánimo no decayera a nadie. A ritmo de salsa limpié los baños, con rumbas hice la colada y con pasos de rock quité el polvo de los pasillos, la escalera y la entrada. Cuando terminé fui a ver cómo le iban a los demás; mi madre ya había terminado y estaba leyendo una revista, entré en el garaje y vi que a mi padre le iba muy bien bailando al estilo Elvis con el palo de la escoba, no le dije nada, le dejé que siguiera con sus locuras. Fui a limpiar mi habitación que, aunque no tenía ninguna tarjeta que lo decía, le hacía falta un repaso. Cuando quité el polvo a la estantería el corazón se me detuvo unos instantes al ver los libros de la Saga de Crepúsculo. No supe que hacer; si esconderlos o dejarlos allí. No era ficción, todo el amor y dolor que había leído eran ciertos. Cogí el libro de Amanecer y leí los últimos capítulos; cuando los Vulturis desaparecen de la vida de los Cullen dejándolos tranquilos y felices. Me imaginé todo el dolor que tuvieron que pasar cuando un ser de su familia se fue a vivir con sus enemigos. Cuando salí de mi mundo, me di cuenta que era casi la hora que había quedado con mis amigas para comer. Bajé como un rayo a avisar a mi madre que hoy no comería en casa. Subí las escaleras como alma que lleva el diablo y fui a vestirme. En menos de 10 minutos ya estaba vestida, peinada, maquillada y preparada para irme, un nuevo récord.

Salí de casa, pensé en coger el coche pero tardaría más tiempo buscando aparcamiento que en ir corriendo. Llegué al restaurante sin aliento y casi un cuarto de hora retrasada, por suerte para mí, no era la única que llegaba tarde, Laura todavía no había llegado. Cuando Nury y Raquel me vieron se levantaron de sus sillas y vinieron a darme un gran abrazo. Nuestros ojos brillaban; los suyos por verme de nuevo feliz y, los míos, por saber que tengo a unas personas tan maravillosas siempre a mi lado y que puedo contar con ellas en cualquier momento, sea cual sea la situación. Cogimos asiento y pedí al camarero un refresco, estaba deshidratada después de la maratón que acababa de hacer. Estaba dando el último trago a mi bebida cuando Laura llegó como un torbellino, tiró el bolso al suelo y se sentó en la silla que quedaba vacía.

- ¡Lo siento por llegar tarde, pero tuve que ir a llevar a mi madre a casa de mi tía, después he tenido que ir al banco a sacar dinero y después a buscar aparcamiento, con la maldita zona azul no hay sitio dónde no se pueda aparcar sin tener que pagar! – Dijo todo esto de carrerilla, se detuvo a coger aire. – Bueno, Lluna, cuéntame. ¿Qué pasó con Jackson?

- ¿Y nosotras?, ¿no tenemos derecho a enterarnos? – Dijo Nury.

- ¡Ah!, pensaba que ya os lo había explicado, como llego tan tarde. Siempre soy la última en enterarme de las cosas.

- Bueno, ahora que estamos todas, ¿puedes, Lluna, comenzar a explicar la historia? – Dijo Raquel cortando a Laura su discurso.

Comencé a narrarles la misma historia que le conté a Lucas, todas ellas me escucharon con mucha atención, el camarero vino a hacernos el pedido pero nos vio tan metidas en la historia que se fue, aunque creo que se quedó escuchando la conversación escondido detrás de la barra; no me importaba que escuchara la historia, quería gritarle a los cuatro vientos lo feliz que me encontraba y la bonita historia de amor que acababa de comenzar. Cuando terminé de explicarles me miraban todas con una gran sonrisa, a Laura se le escaparon las lágrimas.

- ¿Por qué lloras? – Le preguntó Nury a Laura.

- Nada, nada, es que estoy un poco sentimental últimamente. – Contestó, las tres nos la quedamos mirando.

- ¿Qué te pasa?- Le preguntó Raquel.

Laura nos explicó que estaba teniendo problemas con su pareja, las típicas discusiones, pequeños problemas que van creciendo y creciendo hasta convertirse en montañas gigantescas que parecen imposibles de hacerlas menguar.

- ¿Has hablado con él de esto? – Le pregunté.

- No he tenido oportunidad, últimamente siempre que hablamos terminamos discutiendo. Pero bueno, no hablemos más de problemas, hemos venido aquí a celebrar que todo ha terminado bien para Lluna. – Dijo intentando poner una sonrisa en sus labios.

- ¿Estás segura cariño? –Le preguntó dulcemente Nury – No nos importa si quieres seguir desahogándote.

- Segurísima, quiero reírme un rato.

El camarero vino de nuevo a apuntar el pedido, miramos la carta rápidamente y le hicimos la comanda. Comenzamos a hablar de temas sin importancia; noticias divertidas, videos de internet, anécdotas, marujeando de nuestros antiguos compañeros de instituto… Reímos mucho y conseguimos que Laura olvidara sus problemas por un momento. Cuando terminamos de tomar los postres pedimos café y seguimos hablando un rato más. A las cuatro y media pasadas salimos del restaurante; Raquel había quedado con Miguel, Nury tenía que hacer un trabajo para la universidad y Laura había quedado con Jesús para ir a comprar. Yo también tenía prisa, había quedado con Jacob a las 5.

Cuando estaba llegando a casa, reconocí el coche azul de Jacob, salí corriendo para verle, cuál fue mi sorpresa al ver que no estaba él allí. Miré en todas direcciones pero no lo vi por ningún lado. Lo esperé un rato, estaba empezando a preocuparme y ponerme muy nerviosa, la palabra Vulturi apareció por mi mente haciendo que mi cuerpo se estremeciera. Fui corriendo a casa con miedo de esperarme malas noticias dentro, sufriendo porque mi familia se encontrara en peligro. Cuando llegué a la puerta de casa comencé a buscar las llaves en el bolso que, como siempre, se escondían en el fondo, haciéndome difícil cogerlas. Los nervios comenzaron a traicionar haciendo que las llaves resbalaran de mis manos cayendo otra vez en el bolso. Me pareció escuchar las risas de mis padres y también la de… ¿Jacob? Cuando, por fin, fui capaz de coger las llaves, abrí la puerta y me encontré a los tres hablando animosamente en el comedor. Puse la mano en el pecho, cogiéndome el corazón que estaba a punto de salir disparado. Los tres se quedaron mirándome extrañados. Yo, al ver que todo estaba bien, aunque sospechoso, recompuse mi rostro y entré al comedor a enterarme que era lo que me había perdido.

- ¿Lluna, estás bien? –Preguntó Jacob alarmado por mi estado de nervios.

- Sí, es que vine corriendo. ¿Qué haces aquí? – Le pregunté, todavía no era la hora en la que habíamos quedado, creo.

- Jackson ha venido a pedirnos permiso para que pases el fin de semana con él. – Dijo mi padre dejando a Jacob con las palabras en la boca. – Si tú quieres, puedes ir.

¡Claro que quería ir!, pasar día y noche junto a él y despertarme viendo su preciosa sonrisa. El brillo de sus ojos me hipnotizó, intenté adivinar que me quería decir con esa mirada pero sólo descubrí amor.

- Lluna, Jackson tiene prisa, tendrías que subir a hacerte la maleta. – Me llamó mi madre haciéndome salir de mis pensamientos.

Subí a zancadas los peldaños de la escalera hasta mi habitación. Cogí la maleta que estaba debajo de la cama y metí ropa para poder cambiarme dos días. No me entretuve escogiendo modelitos, la mayoría de las horas las pasaríamos en nuestro lago (o eso quería hacer yo) y lo único que necesitaba para ir allí era ropa de abrigo. Si por alguna casualidad necesitaba arreglarme, no creo que a Alice le molestara prestarme ropa. Por último, recogí el neceser con algunas pinturas y las metí cerrando la maleta. Cuando bajé, mis padres y Jacob estaban esperando en el recibidor. No sabía si las prisas de Jacob eran ciertas o eran por salir ya de mi casa, pronto saldría de dudas.

Fui a mi madre y me despedí de ella dándole un beso, después me abracé a mi padre “gracias por volver a confiar en él, te quiero” le dije en su oído y besó mi mejilla. Jacob cogió la maleta, se despidió de mis padres estrechándoles la mano y nos fuimos.

Cuando salimos por el umbral, Jacob me cogió por la cintura y, con desesperación y pasión, besó mis labios de los que pronto se separó con cara de repulsión.

- ¿Has fumado? – Me preguntó.

- Sí. – No solía fumar a diario, pero, cuando quedaba con mis amigas, salía de fiesta y en ocasiones especiales solía fumarme algún que otro pitillo o, simplemente, porque me apetecía.

Jacob me soltó y refunfuñando fue al coche, guardó la maleta y me abrió la puerta. Entramos dentro, arrancó y salió echando chispas. Comenzó a darme una charla sobre los efectos nocivos para la salud que tenía el tabaco. Me hizo una gran lista de enfermedades relacionadas con el tabaquismo, descubrí la gran influencia que tenía Carlisle en él, tantas enfermedades sólo se las podía haber enseñado un médico. Tenía la cabeza saturada de tantos tecnicismos.

- ¡Jacob, vale ya, me estás describiendo como una fumadora compulsiva! – Le dije aburrida de su monólogo anti tabaquismo.

- Puede ser que ahora no fumes demasiado, pero es una droga muy adictiva que tarde o temprano caerás en sus redes. Tienes que dejar cuando antes ese mal hábito, es muy peligroso para tu salud.

- ¡Ya basta!, no vas a conseguir lo que mis padres no han conseguido en todos estos años. Por cierto, ¿qué hacías antes en mi casa? – Le pregunté, con tanta palabrería me había olvidado por completo del tema.

- Fui hablar con tus padres, no quería que tuvieran una mala impresión de mí.

- ¿Qué les dijiste para que confiaran en ti y me dejaran pasar el fin de semana contigo?

- Les expliqué que había tenido dudas por culpa de una antigua relación y que por eso me distancie, pero, cuando me di cuenta que no podía vivir sin ti, me dejé llevar por el corazón y caí rendido a tus brazos de los que nunca me voy a separar. – Dijo cogiéndome la mano y dejó un suave beso en ella.

Comencé acariciarle la mejilla con la yema de los dedos, absorbió el aroma de mi muñeca. Me acerqué dándole un dulce beso en sus labios carnosos.

- Lluna, lo del tabaco, aparte de que es nefasto para ti, ¿podrías intentar dejarlo? Parece que estoy besando a un cenicero. – Dijo haciendo muecas.

- Perdona, lo intentaré dejar. – Mi respuesta le resultó adecuada por como sonrió.

Saqué del bolso dos chicles y comencé a masticar, no tenía que ser muy agradable besar a un cenicero, aunque creo que exageraba en esto, sólo me fumé dos o tres cigarros. Me di cuenta que íbamos por la autovía, no tenía ni idea a donde me llevaba.

- ¿Dónde vamos, Jacob?

- Hoy han llegado los móviles, vamos al puerto a buscarlos. En el trayecto me preguntó por cómo había ido con mis amigas, le expliqué cosas de las que habíamos hablado. Cuando quise darme cuenta ya estábamos parados en la barrera de seguridad del puerto. Jacob sacó de su cartera un pase, se lo enseñó al guardia y abrió la barrera. Quedé extrañada, esos pases normalmente sólo los tienen personas que van a buscar grandes mercaderías, no los puede tener cualquiera. Influencia de los Cullen, pensé. Comenzó a conducir por el muelle de carga, dirigiéndose a las oficinas. Estacionó en el aparcamiento, abrió la guantera del coche y sacó un grueso sobre.

- Ahora vengo. – Dijo besándome y salió.

Le seguí con la mirada y entró por la puerta de una de las oficinas que habían, en menos de un minuto ya había regresado con un paquete.

- Escóndelo debajo del asiento. – Me dijo cuando me lo entregó y salimos del aparcamiento.

Hice lo que me dijo sin rechistar, parecía que esto no fuera muy legal, lo era. Cuando pasamos por el guardia, la barrera estaba abierta y salimos del puerto sin problemas.

- ¿Acabamos de cometer alguna ilegalidad? – Le pregunté ya sabiendo la respuesta.

- Más o menos – Dijo encogiéndose de hombros. – Mira haber si te gusta, no habían muchos modelos que elegir.

Saqué la caja y la abrí. Había dos teléfonos móviles del mismo modelo, uno blanco y otro en negro, sin instrucciones.

- Escoge el que quieras, a mi me da igual.

Elegí el blanco y lo encendí, no entendía nada de lo que decía en la pantalla.

- Está en alemán.

- Ya lo sé, ¿qué dice?

- No sé alemán. – De ese idioma, lo máximo que conocía eran las marcas famosas.

Me quitó el móvil de las manos y comenzó a toquetear los botones mientras conducía. No aparté la vista de la carretera, aunque Jacob estaba distraído, en ningún momento pisó las líneas de la carretera.

- Ya te lo he configurado en español. – Me dijo entregándomelo.

- ¿Sabes alemán?

- Es lo bueno de viajar tanto, conoces idiomas. – Comenzó a decir frases en varios idiomas, algunas no las entendí, pero otras sí, haciéndome caer la baba por sus bellas palabras.

Indagué las aplicaciones del nuevo aparato; era uno de nueva generación y muchas las desconocía.

- ¿Lluna, puedo hacerte una pregunta?

- Las que quieras. – Le dije.

- ¿Qué es el saludo Fernández? – Maldito el bocazas de mi padre y sus ancestros.

- No quieras saberlo.

- Eso mismo dijo tu madre cuando pregunté, ¡cuéntamelo! -le negué esa petición- Pues sí tu me guardas secretos, yo también. -Me dijo haciéndose el interesante. Me crucé de brazos, indignada; la intriga estaba fluyéndome por las venas de una manera abrasadora, hasta que no pude aguantar más y exploté.

- ¡Está bien, tú ganas! Yo te digo lo que significa, si tú, después, me cuentas el secreto que me estás escondiendo. – Le dije derrotada, él sonrió en señal de victoria.

- Trato hecho, comienza, después te explico el secreto. – Me dijo con una sonrisa pilla, algo me estaba ocultando. Cogí aire.

- El saludo Fernández se remonta mucho tiempo atrás, a los abuelos de mis abuelos; todo comienza cuando algún chico del pueblo iba a presentarse a casa para pedir permiso para salir con alguna de sus hijas, si al padre no le agradaba lo que veía (bien porqué ya lo conocía de oídas o, simplemente, porque no le agradaba a primera impresión), cuando el chico adelantaba su mano para presentarse al señor de la casa, el padre le respondía con un fuerte apretón, pero no en la mano.

Jacob juntó su entrecejo, no parecía entender nada hasta que le señale su entrepierna, le repetí “fuerte apretón” y por instinto masculino, puso cara de dolor y juntó las piernas. El coche disminuyó el ritmo, Jacob comenzó a reír y pisó el acelerador volviendo al ritmo normal.

- Vaya, y yo que pensaba que papito Edward era agresivo cuando protegía a su hija.

- ¿Hay un saludo Cullen? – Le pregunté chistosa, aunque también estaba intrigada.

- Gracias a dios, no. Cuando estás colado de una chica y el padre de ella resulta ser un lector de mentes, no es nada bueno estar cerca de él cuando piensas ciertas cosas. Recuerdo un día que visité a los Cullen en su nueva residencia y fuimos de excursión a la playa; era un día nublado pero hacía buena temperatura y nos dimos un baño en el mar. Era la primera vez que veía a Nessie en biquini, ella sólo era un niña pero aparentaba tener unos 15 años bien cumplidos, por mi cabeza comencé a fantasear que dentro de unos años ya sería toda una mujer hecha y derecha y… no me dio tiempo a pensar nada más, Edward me lanzó una piedra en la cabeza que me hizo perder el conocimiento. – Nos reímos a carcajadas, la situación me pareció muy cómica. Jacob suspiró y me miró. – Gracias, Lluna, es la primera vez en muchos años que me permito hablar de un recuerdo y reírme de ello.

Me dio un beso rápido pero con ternura y siguió conduciendo con una sonrisa llena de añoranza. Sus ojos comenzaron a empaparse de lágrimas de recuerdos felices. Me imaginé que sería como recordar a un ser querido que ya había fallecido; al principio no quieres pensar ni oír hablar de él porque todavía no te sientes preparado, te niegas a pensar que esa persona ya no está presente y nunca volverás a tener recuerdos parecidos, pero, llega un día que ya te sientes preparado y descubres que estabas deseando volver a recordarlo. - Si quieres, puedes seguir hablando de ella, no me importa. – Le dije.

- No, mejor no. – Contestó con la voz apagada, aguantándose las ganas de llorar. Se me hizo un nudo en el estomago, no podía ver a Jacob así. Se me ocurrió una idea divertida para hacerle olvidar el problema. Con disimulo, levanté la mano y la llevé a su cabeza, él pensaba que le iba hacer una caricia pero le di una colleja.

- ¿Qué haces? – Me miró extrañado. Pensaría que estaba loca.

- ¿No la has visto? – Le dije mirando por todas las ventanas.

- ¿El que no he visto? – Preguntó observando el paisaje para adivinar que era lo que se había perdido.

- Una de las piedras que tiramos con los problemas por el barranco. ¡Ha aparecido de repente!, te lo juro, ¡ni siquiera la he visto! y, ésta, no la ha lanzado Edward, te la has lanzado tu mismo y, cómo no cambies de actitud, volverá aparecer. – Le dije intentándome poner sería, pero su cara me pareció muy cómica y no pude aguantar la risa.

- Cómo se nota que eres una Fernández. – dijo acariciándose el cogote. Exagerado, sólo había sido un toquecito. – Por cierto, todavía no te he contado mi secreto.

- Es verdad. – Le dije poniendo toda mi atención en él. No me gustó nada su sonrisa de medio lado, aunque era realmente atractiva.

- Pues… el secreto es… que…, no, mejor te lo digo cuando lleguemos a casa.

- ¡Eres un tramposo!

- Es que me hace mucha gracia tu actitud cuando te enfadas y las arruguitas que se te hacen en la frente. – Dijo tocándome la frente.

- Soy muy joven para tener arrugas. – Le dije molesta, quité sus manos de mi cara y me giré a mirar por la ventanilla.

Jacob rió por la nariz. Sentí como sus dedos subían por mi hombro, después por mi cuello, la mandíbula y se paraban en mis labios, acariciándolos. Cerré los ojos por el placer de sus caricias y su tacto cálido. Con el pulgar me cogió la barbilla y giró mi cabeza, cuando quise darme cuenta mis labios ya estaban danzando al compas de los suyos. El sonido de una bocina hizo que se separara de mis labios y recompusiera su postura.

- Parece que no eres tan buen conductor como pensaba – Le dije.

- Lo soy, es que me desconcentras. – desabroché mi cinturón y me acerqué a él, acariciándole el cuello de la camiseta. – Lluna, para, puede ser peligroso. – Me dijo medio serio.

- Pararé si me cuentas el secreto.

- No te lo contaré hasta que lleguemos a casa.

- Bien, entonces tendré que entretenerme con algo. – Le dije besándole el cuello, iba a decir algo pero las palabras se le juntaron cuando comencé a mordisquearle el lóbulo de la oreja, el vello de su nuca se erizó de placer. – Parece que he encontrado tu punto débil. – Le dije susurrándole en el oído.

- Eso… parece…- Y dejó salir un gemido.

El nuevo pasatiempo que encontré funcionó porque el trayecto se me hizo cortísimo. Presionó el botón del mando a distancia que había en la visera del coche y se abrió la puerta del garaje. No fue hasta ese momento que dejé de jugar con su punto G. Nunca había visto el garaje. Sólo estaba el coche de Alice, faltaba el de Edward. Pensaba que la familia Cullen tendría más vehículos, uno para cada pareja como mínimo. Bajamos del coche, cogió mi maleta y subimos unas escaleras que nos llevaron a una puerta. Cuando la abrí, todo estaba a oscuras, no veía nada, Jacob encendió las luces detrás de mí. Estábamos en el salón y no había nadie. Jacob me cogió por detrás de la cintura.

- El secreto es que los Cullen se han ido de caza, vamos a estar solos hasta mañana. –Dijo en mi oído.

Me giré y sus ojos brillaban de felicidad, su sonrisa temblaba nerviosa y sus mejillas estaban sonrojadas. Por mi cabeza pasaron decenas de imágenes de lo que podríamos hacer él y yo a solas. Las intenté borrar, Jacob todavía no estaba preparado para hacer esas cosas, pero me demostró que si lo estaba dándome el beso más apasionado y lleno de amor que jamás me había dado. Puse mis manos detrás de su nuca, subí mi pierna y la enrollé en su muslo. Jacob cogió con las dos manos mi trasero, me subió a la altura de sus caderas, me dio la vuelta y pego mi espalda en la pared. Ahora que estaba bien apoyada subió sus manos por mi cintura, el estomago y después jugó con mis pechos, no pude reprimir el gemido en su boca. Jacob, enloquecido de placer, cogió mis manos que estaban moviéndose libremente por su espalda y las pegó a la pared. Sus besos fueron bajando hasta el cuello, encontrando mi punto débil, lo supo enseguida porque entrelazó fuertemente sus manos con las mías y comenzó a mover rítmicamente su pelvis con la mía. No tardé en sentirme humedecida con su roce. Eché la cabeza hacia atrás para que llegara mejor a todos los huecos de mi cuello, sus besos cada vez se estaban volviendo más lentos y su cadera a dejar de balancearse. Dándome suaves besos llegó a mi oído.

- Mejor nos lo tomamos con calma, tenemos toda la noche. – Dijo dulcemente en mi oído.

- Vale. – Fue todo lo que logré decir.

Cuando nuestras respiraciones se calmaron deshice mi agarre de su cintura y me puse en pie. Jacob fue a terminar de hacer la cena, le ofrecí mi ayuda pero me dijo que ya me tenía otra tarea preparada. Me llevó hasta un armario de puertas correderas y me dijo que lo abriera, cuando lo hice quedé boquiabierta; era la mayor colección de música que jamás había visto, todos los estantes estaban repletos de cientos de discos y, en medio, un equipo de música moderno. Jacob fue a la cocina y yo me quedé buscando música para acompañar la velada. Pensé que un buen estilo de música sería tipo soul, blues… No me fue difícil de encontrar ya que estaban ordenados por géneros. Escuché varios discos entre ellos artistas como Otis Redding, B.B King, Percy Sledge… los altavoces estaban repartidos por toda la sala, la acústica era genial, parecía que estaba en un concierto. Subí al máximo volumen cuando sonó Love man de Otis, comencé seguir el ritmo con los pies. Mi hombre de amor me pilló de sorpresa cuando cogió mi cintura y la pegó a la suya. Saqué todas mis armas seductoras en la canción, moviendo mis caderas descaradamente, notando como en cada sacudida excitaba a Jacob, sus manos pasaron de mi cintura al trasero. Puse mis piernas en medio de la suya y eché la espalda atrás, cuando me erguí deje las manos en su nuca. Seguimos bailando como dos posesos que necesitan vivir del roce del uno del otro en toda la canción, después comenzó a sonar These arms of mine y el ritmo lento nos llevó a un suave balanceo. Dejé la cabeza apoyada en su pecho y cerré los ojos, guardando en mi memoria este precioso momento sólo nuestro.

- ¿Ya has terminado de escoger música? – Dijo cuando finalizó la canción.

- Todavía no.

Fui a seguir con mi búsqueda, Jacob me ayudó; aunque se le notaba que no tenía ni idea de esto. Unos estantes más abajo reconocí una carátula que bien reconocía, Call me irresponsible de Michael Bublé, no había nada más que buscar, la elección era perfecta; Michael Bublé is the best.

- Ahora sí que he terminado. – Le dije entregándole el CD, lo miró como si fuera la primera vez que lo veía.

- Si quieres, ves a cambiarte mientras termino de preparar la cena. Alice me ha dicho que utilices su baño para arreglarte, está subiendo las escaleras la tercera puerta a la izquierda.

- No hace falta, hoy he traído mi neceser.

- Yo de ti no le llevaría la contraria, siempre tiene razón. – Contestó con una sonrisa. Cogí la maleta, subí las escaleras y entré por la puerta que me había indicado. El cuarto de baño era enorme, de esos que sólo se ven en las películas. Abrí la maleta y saqué el neceser y la ropa para cambiarme; si hubiera sabido lo que había preparado Jacob habría traído algo de ropa más adecuada. Lo único que tenía para ir un poco arreglada eran unos vaqueros viejos y un jersey de lana azul cielo. Dejé la ropa en una baqueta de madera y el neceser en el mármol de la pica. Había una nota en el espejo “abre la puerta que hay detrás de ti y coge lo necesites, que disfrutes la noche. Alice”. Hice lo que decía la nota, abrí la puerta, detrás de ella había un enorme vestidor con ropa, zapatos, un tocador lleno de maquillaje, un sofá de piel negro y, encima, una caja que llevaba escrito mi nombre. La abrí y dentro había un precioso vestido blanco, lencería y unos zapatos; Alice había salvado mi noche. Entré en el baño y después de ducharme y revisar que no hubiera ningún vello mal depilado fui a arreglarme.

Me senté en el taburete del tocador y me alisé el pelo con el secador y la plancha que había encima de éste. Cuando terminé, me maquillé con tonos grises y brillo de labios con sabor a fresa que había traído. Para terminar, me puse un poco de colorete. Me levanté y saqué de la caja la ropa interior, me quedaba genial, era blanca, sexy pero tampoco escandaloso. El vestido era precioso, palabra de honor sin tirantes y con la parte del pecho rizada. El cinturón negro estilizaba la cintura y después la falda hacía campana hasta las rodillas. Me puse los zapatos que eran negros a tiras y tacón de aguja. Me miré en el espejo que había detrás de la puerta para verme de cuerpo entero. Estaba preciosa, los altos tacones y la forma del vestido me hacían una figura esbelta. En el espejo, vi el reflejo de una fotografía que había detrás la puerta y que no había visto antes. Me giré a verla; aparecía toda la familia Cullen sentada en los escalones de un porche, enseguida supe que era la casa de Forks. Edward y Bella sujetaban a una preciosa niña en sus brazos, Renesme, una niña de piel blanca preciosa y melena rizada, reía alegremente mientras miraba a la cámara. Se les veía a todos tan felices, en especial a Bella, aunque sus ojos eran rojos por su recién conversión, su sonrisa hacía que quitaras toda la atención a esos macabros ojos sangrientos. Tuvieron que ser tiempos muy felices para todos y, ahora, todo había cambiado. La única forma que ellos volvieran a sonreír como en aquella fotografía era si regresaba Renesme y, esto, era prácticamente imposible. Sin poder borrar la sonrisa de Bella de mi mente salí de la habitación.

El pasillo estaba a oscuras, el reflejo de la luz que subía por las escaleras era lo único que alumbraba. Un camino de velas blancas encendidas me ayudó a poder bajar los escalones. Cuando se terminaron los peldaños, levanté la vista y me encontré de frente al hombre que hizo latir fuertemente mi corazón y robarme el aliento. Decir que estaba guapo era como lanzar en ese momento un insulto; iba vestido con camisa gris oscura y el primer botón desabrochado, pantalones de pinza negros y zapatos de vestir, se veía tan atractivo. Su mirada de elogio hizo que me sonrojara y bajé la mirada avergonzada. Me abrazó por la cintura y en mi oído dijo que estaba preciosa, después me besó y cuando se separó saboreó sus labios y dijo que, a partir de hoy, las fresas serían su fruta preferida.

Entrelazó nuestras manos y fuimos hasta una mesa que había cerca de la chimenea, no recordaba que el otro día hubiera una. Como todo un caballero, retiró la silla y, cuando estuve sentada, me acomodó. La mesa estaba decorada con un camino de mesa blanco y en el centro un jarrón de diseño negro con rosas rojas. Nos alumbraba la luz de una lámpara y el reflejo del fuego de la chimenea. Para comer había un surtido de canapés, ensalada variada y en la cubitera vino blanco. Todo era tan bonito, romántico y con una compañía inmejorable.

- ¿En qué piensas? – Dijo cogiéndome la mano.

- En que todo es perfecto teniéndote a mi lado.

Nos quedamos un largo rato mirándonos. Comencé a pensar en algún momento en que me hubiera sentido así pero no recordé ninguno, era la primera vez que todo era perfecto, mi vida estaba completa con él.

Comenzamos a comer, los canapés estaban buenísimos y la ensalada tenía un aliño de frutos secos que le daba un sabor original. Cuando terminamos, retiró los platos y regresó con el segundo. Era una tartaleta de marisco gratinada, olía fenomenal pero sabía mejor.

- Jacob, esto está buenísimo, tienes que felicitar a Esme de mi parte. – Le dije saboreando el bocado.

- ¿Qué te hace pensar que lo ha hecho ella?

- ¿Lo has hecho tú?- Le pregunté sorprendida.

- Sí, Esme me dio la idea y los pasos de la receta, el resto lo hice yo.

- Entonces mis felicitaciones, eres un gran chef. Terminamos el segundo, Jacob recogió la mesa, le fui a ayudar pero me dijo que le esperara sentada en el sofá enfrente la chimenea.

A los pocos minutos regresó con una bandeja en la que había una botella de cava, dos copas, un plato con fresas y un bol con chocolate desecho. Me emocioné, todo era igual como había soñado que sería mi primera vez.

- ¿Está todo bien? –Preguntó confundido por mis lágrimas.

- Perfecto, todo está perfecto. – Sonrió al darse cuenta que mis lágrimas eran de emoción.

Dejó la bandeja en la mesa de centro y descorchó la botella sirviendo el cava en las dos copas.

- ¿Brindamos? –Dijo dándome una copa y sentándose a mi lado.

- Por que todo sea tan perfecto como hoy.

Chocamos las copas y tomamos el postre. El contraste de las fresas con el chocolate era un sabor delicioso. Jacob, con una sonrisa picara, se acercó a mis labios y besó la comisura, pude sentir como pasaba su lengua lentamente.

- Tenías chocolate. –Dijo cuando se separó de mis labios.

- Es una lástima que tú no tengas. – Le dije con una mirada llena de sensualidad.

Jacob metió el dedo en el bol y manchó sus labios con chocolate. Dejé la copa en la mesa y me arrimé a él dejando las manos apoyadas en el respaldo del sofá detrás de su cabeza. Comencé a limpiarle los labios suavemente con la lengua saboreando el chocolate; luego, con mis labios y, después, nos besamos. El sabor de su saliva junto al de las fresas y el chocolate hicieron que el beso fuera tan dulce. Con sus grandes manos me cogió por la cintura, situándome arriba de él, con una pierna a cada lado de su regazo. Sin dejar de besarnos sus dedos comenzaron hacer círculos en el escote de mi espalda haciendo que mi vello se erizara. Dejando húmedos besos por su mandíbula, fui hasta el lóbulo de su oreja y lo mordisqueé con suavidad, Jacob soltó un suspiro de placer. Pasé las manos por sus hombros y el pecho. Desabroché los tres primeros botones de su camisa mientras él besaba mi clavícula.

- Hace rato que está sonando tu móvil – Dijo con la respiración entrecortada. Puse atención en todos los sonidos sin dejar lo que estaba haciendo; escuchaba el sonido de sus labios al besarme, el de sus manos acariciando la tela del vestido, las chispas que saltaban en el fuego de la chimenea y otro sonido lejano que no supe identificar.

- ¡MIERDA, LA ALARMA!- Solté cuando caí en la cuenta. Me quité de encima de él y salí disparada en busca del bolso que estaba en la percha de la entrada.

Jacob salió detrás de mí, encendiendo las luces para que viera mejor. Cuando llegué a la entrada abrí el bolso, apagué la alarma y me tomé la pastilla.

- ¿Estás enferma?- Preguntó asustado. Solté una risa.

- ¡No! son las pastillas anticonceptivas.


- Esa información me hubiera ido muy bien esta mañana. – Dijo cruzando los brazos.

- ¿Por qué? – Le dije intrigada.

- Porque… por nada. – Contestó avergonzado. Su sonrojo que tanto me gustaba me dio a saber las pista de lo que había pasado.

- La primera vez que se compran preservativos siempre resulta bochornosa.

- Sí, pero peor resulta cuando vas con Emmet y comienza a gritarlo por todo el supermercado y, más tarde, intenta ligar con la cajera. – Me reí al imaginarme la situación, Jacob se sonrojo aún más.

- ¿Emmet intentó ligar? – No me quería poner en lugar de la cajera intimidada por ese grandullón.

- Más bien fue dejarme en ridículo a mí y abochornar a la pobre cajera diciéndole que yo ya tenía con quien usarlos pero él no. Esta se la tengo guardada para cuando tenga ocasión de hacerle rabiar. – Soltó una risa que sonaba a venganza. Jacob tenía los brazos cruzados, estando en esa pose se le marcaban los grandes músculos de su brazo, la camisa medio desabrochada me dejaba ver su pecho bien formado. Mordí mi labio al ver tal imagen. Sensualmente me acerqué a él y le di un tierno beso, saboreando su labio inferior.

- ¿Quieres terminar de tomar el postre? –Preguntó en un susurro.

Negué con la cabeza y mis labios se frotaron con los suyos sintiendo mil cosquillas en ellos. Me cargó en sus brazos y subimos las escaleras mientras nos besábamos. Al llegar a la puerta de su cuarto me dejó de pie y me dijo que le esperara unos minutos. Cuando entró, cerró la puerta, puse atención en todos los sonidos; escuché como se movía deprisa por toda la habitación y el sonido de un mechero que se encendía una y otra vez. Cuando salió me dijo que cerrara los ojos y no los abriera hasta que él me lo dijera. Hice lo que me dijo, cogió mis manos y me guió dentro de la habitación, las soltó y cerró la puerta detrás de mí. Pude sentir el agradable olor a rosas.

- Ya puedes abrirlos. – Dijo en mi oído mientras me abrazaba por detrás de la cintura.

Cuando los abrí, vi mi sueño hecho realidad. El suelo estaba cubierto por una alfombra de pétalos rojos y blancos. La habitación, estaba iluminada por velas blancas de todos los tamaños que estaban repartidas por toda la estancia. Por mi rostro cayeron lágrimas de felicidad, alagada, me giré y besé a Jacob dándole las gracias por el detalle. Los besos cada vez fueron más lentos, nuestras lenguas de movían tan despacio que pude recrearme en su suavidad y el dulce sabor de su saliva.

Mis dedos desabrocharon los botones que quedaban por quitar de su camisa, subí las manos hasta los hombros y la dejé caer al suelo. Con la yema de los dedos acaricié todo su torso, el abdomen, su espalda y cada músculo de sus brazos. Sus manos, que estaban en mi cintura, subieron hasta el broche de la cremallera y, sin dudar, la bajó, las suaves telas del vestido se deslizaron por mis piernas y cayó al suelo. Comenzó a besarme el cuello, luego sus labios fueron descendiendo por mi escote y el abdomen. Sus manos fueron bajando, siguiendo el contorno de mis brazos y las caderas, cuando tocó el encaje de las medias soltó un gruñido, no le gustó que algo se impusiera entre mi piel y sus manos. Me descalcé, como Jacob estaba agachado a la altura de mis caderas, subí la pierna y descansé el pie en su hombro, con sensualidad me quité una media; cuando iba hacer la misma operación con la otra, Jacob cogió mis manos y las apartó con delicadeza, comenzó a bajar la media, cada centímetro que quedaba descubierta de mi piel él la besaba.

Cuando se irguió, al yo no llevar tacones no llegaba a besarle, él se dio cuenta y fuimos a tumbarnos en la cama. Antes de recostarse se descalzó y quitó sus pantalones quedando sólo en bóxers, quedé embobada viendo tal hermosura. Se tumbó en la cama quedando de lado.

Mientras con una mano me acariciaba el rostro la otra se dedicó a descubrir cada centímetro de mi cuerpo. Aunque todavía llevaba puesto el sostén, podía sentir el calor que desprendía su mano a través de la ropa. Su mano fue bajando por mi estomago que subía y bajaba frenéticamente a causa de mi agitada respiración. Cuando su mano descendió hasta mi ropa interior dejé de respirar por unos segundos, me estremecí por el placer. Sus dedos comenzaron hacer círculos en mi parte más sensible y no pude reprimir los gemidos. Con urgencia busqué su boca que tanto necesitaba, quise que los besos fueran lentos, quería alargar el momento pero no pude, su mano pasó por debajo de la tela y tocó directamente mi intimidad. Sus dedos se deslizaban sin problema alguno a causa de mi gran excitación. Levantó mi espalda con la mano que le quedaba libre, intentó desabrocharme el sujetador, pero él estaba tan excitado y deseando sacarlo que escuché como se rasgaban las telas y caía el sostén, no le di importancia. Cuando dejé descansar la espalda en la cama, por el movimiento que hice, su mano se deslizó hasta la entrada de mi vagina. Introdujo lentamente un dedo, cerré los ojos y me dejé llevar por el placer que sentí. Besó y lamió mis pezones firmes mientras metía y sacaba sus dedos, primero sólo fue uno, luego fueron dos. Mis manos bailaban por su espalda y la cabeza, acercándolo más a mi cuerpo. Cuando dejó de juguetear con mis pechos subió a besarme la boca. Ahora mis manos pudieron llegar a la costura de sus bóxers y de un tirón se los quité. Pasé las manos por su firme trasero, dejé una mano allí y la otra la llevé hacia adelante, lentamente, sintiendo como se estremecía con cada centímetro que recorría de su cadera hasta que llegué a tocar su miembro. Primero, lo acaricié sólo con la yema de los dedos, luego, lo agarré con delicadeza y subí y bajé lentamente la mano mientras lo apretaba un poco, sintiendo su gran y dura erección. Jacob no paraba de lanzar gemidos en mi boca y en el cuello, me sentí feliz por hacerlo disfrutar con mis caricias.

Sus labios fueron descendiendo por mi estomago mientras lo besaba, mis manos ya no llegaban a masajear su erección, las dejé caer en la cama. Cuando sus manos tocaron mi ropa interior la bajó lentamente hasta que la quitó. Quedó arrodillado en el pie de la cama mirando mi desnudez y yo disfrutando de la suya. Su cuerpo y toda su piel se veía extraordinariamente hermosa a la luz de las velas. Sus ojos tenían un brillo especial, tragó saliva, con cautela se tumbó encima de mí y con gran ternura me besó. Sentí su intimidad rozar la mía, los dos gemimos por el placer.

Puse una pierna en cada costado de su cuerpo, invitándole a entrar. Empujó un poco, estaba tan lubricada que no le costó entrar. Arqueé mi espalda de placer y su miembro se introdujo entero dentro de mí. Nos quedamos quietos, disfrutando de la sensación, su cuerpo estaba tan caliente que incluso quemaba, aunque no me importaba, disfrutaba con ese calor, de su calor. Quise cerrar los ojos por el placer que sentí, pero no pude, no podía cerrarlos y no ver su mirada llena de ternura y amor. Puse una de mis manos en su espalda y otra en su nuca, acercándolo a mi boca para besarlo. Sus caderas comenzaron a moverse lentamente, sintiendo un gran placer con cada delicada embestida. Según pasaron los minutos las embestidas subieron el ritmo y la fuerza, seguí el ritmo de sus movimientos haciendo círculos con mis caderas.

Los besos cada vez se volvieron más apasionados, salvajes, desesperados, anticipándose al momento que venía. Su miembro comenzó a palpitar y mi vagina a contraerse, haciéndose más estrecha, sintiéndolo más. Nuestras respiraciones estaban desbocadas, tanto que no nos permitían besarnos. Mordí su hombro, reprimiendo los gritos de placer. Llegando al orgasmo no pude aguantar más y comencé a gritar su nombre, le excitó tanto que sus embestidas se volvieron lentas pero fuertes, chocando nuestros cuerpos, sintiéndolo entero dentro de mí. Pasaron pocos segundos hasta que los dos tocamos el cielo, sus movimientos lentos hicieron que el orgasmo fuera más largo e intenso.

Salió de mi cuerpo y dejó caer la cabeza en la almohada, aunque estaba exhausto; por cómo iba de agitada su respiración y los músculos contraídos de su brazo, en ningún momento dejó caer todo su peso encima de mí y poder hacerme daño. Rodó hacia un lado de la cama, cogió mi cintura y me hizo rodar con él, quedando tumbada encima de él. Apartó el pelo de mi cara y me besó, tuve que separarme a los pocos segundos; el ya había recuperado el aliento pero mi respiración todavía estaba acelerada y necesitaba coger más aire. Quiso hablar pero por su boca sólo salían balbuceos y ninguna palabra entendible, nos reímos por su actuación. Con cariño, sujetó mi cara con las dos manos y me besó con gran ternura antes de decirme un te amo. Sentía que flotaba, volaba de felicidad; si esto era lo que se sentía en el cielo, no quería bajar de él.