viernes, 11 de marzo de 2011

15. Reencuentro

Llevábamos una hora metidos en el coche. Edward conducía por la autovía velozmente, decía que el tiempo jugaba en nuestra contra, cuanto más tiempo tardáramos en llegar, Jacob estaría más convencido a marcharse lejos de mí.
El plan de la familia Cullen era el siguiente: Alice estaría vigilando las decisiones de los Vulturis; cuando pensaran hacer una visita a la familia para controlar si cumplían con las normas, yo permanecería lejos de Jacob y de toda la familia Cullen hasta que los Vulturis regresaran a Volterra e informaran que los Cullen cumplían las reglas. Esta idea no le agradaba a Jacob ya que había un inconveniente: si en la visita de los Vulturis venía Aro, con sólo tocar la mano de alguien sabría de mi relación con Jacob y la familia Cullen y, además, que ellos me han revelado la verdad de su existencia. Este último punto era el que tenía que discutir con Jacob. Bella y Edward le habían hablado del plan, pero él no lo aceptaba, les dijo que era exponerme en peligro y que era un riesgo que no iba aceptar.

Aunque Bella me dijo que Aro nunca sale de Volterra a no ser que sea por un motivo realmente necesario, a mí, tampoco me gustaba el plan de la familia Cullen. Si algo salía mal, no sólo yo me hallaría en peligro, pondría en riesgo la vida de Jacob y todos los Cullen.

Edward condujo el coche hasta un área de descanso y aparcó. Miré por la ventanilla a ver si veía el coche de Jacob, pero no estaba por ningún lado.

- ¿Dónde está Jacob? – Les pregunté.

- Detrás de este bosque hay unas montañas. Jacob está por ellas a unos 30 km aproximadamente. – Contestó Edward. Podía ver el bosque pero era una noche muy oscura y no conseguía ver las montañas.

- ¿Cómo y porqué está Jacob allí?

- Ha llegado a cuatro patas, bueno, en realidad, arrastrándose. Está intentado alejarse lo máximo de ti posible y, hasta ahí, es dónde ha conseguido llegar.

Bella salió del coche y sacó del maletero una chaqueta, abrió la puerta trasera del coche donde me encontraba y me la entrego.

- Lluna, no podemos perder más tiempo. Tenemos que ir a buscar a Jacob, ponte este anorak. – Me dijo Bella. Salí del coche y me puse la chaqueta tal y como me dijo.
–Edward, voy delante buscando a Jacob, sigue mi rastro, nos vemos ahora- Dijo nerviosa, le dio un beso fugaz a Edward y desapareció de mi vista.
- ¿Tenemos que ir andando?- Era de noche y no veía más de donde iluminaban las luces del parking.

- Tranquila, yo te guío una parte, de la otra ya me encargo yo de andar. – Me dio una sonrisa de medio lado que me dejó aturdida.

Todavía no había logrado salir de mi confusión, cuando Edward me cogió por el codo y empezó a guiarme por el bosque que teníamos enfrente. Era una noche negra, no había rastro ni de luna ni de estrellas, las nubes la cubrían. Caminamos a oscuras unos metros, hasta donde llegaban el reflejo de las luces de la carretera, metiéndonos en la negrura de la arboleda nocturna. Cuando mis ojos se acostumbraron a las sombras, pude comprobar que unos pasos más adelante se acababa el bosque, comenzaban unos pastos y, después de ellos, unas montañas. Edward era mis ojos, me decía cuando había un obstáculo para esquivarlo. Atravesamos el pasto, la luz de un rayo que abrió el cielo en dos me dejó ver las montañas que teníamos en frente. Nos adentramos en la arboleda.

- Bueno, Lluna, hasta aquí puedes llegar andando, ahora me encargo yo. –Volvió a ofrecerme otra sonrisa que me dejó de nuevo aturdida.- Antes de continuar, me gustaría preguntarte una cosa.

- Dime.- Dije apresurada, quería ver ya a Jacob, aunque no tenía ni idea que le iba a decir para convencerlo para que se quedara a mi lado.

- ¿Quieres continuar con esto?, quiero que sepas que te expones a ciertos riesgos al estar cerca de nosotros. Por lo que he podido descifrar de tu mente, he entendido que tienes dudas sobre nuestro plan. Lluna, no estás obligada hacer esto si no quieres, puedes decidir.

- Edward, mi decisión es que quiero estar con Jacob, él es mi… todo, no sé, no sé cómo explicarlo, pero sin él estoy perdida en este mundo.

- ¿Entonces de qué dudas?, no logro entender tu mente. – Me preguntó Edward confuso.

- Lo que no quiero es poner en peligro a nadie por mi causa, no soportaría que os castigaran los Vulturis. – Dije con lágrimas en los ojos al pensar la idea.

- Lluna, eso no va a pasar, estaremos alerta para que no ocurra. Toda la familia está de acuerdo para seguir con este proyecto. Jacob forma parte de nuestra familia y, para nosotros, lo más importante es conseguir que todos los miembros estén felices. No tenemos ninguna duda que la felicidad de Jacob es estar contigo. Pero la que no tiene que tener ninguna duda eres tú.

Ahora que sabía que todos los Cullen estaban a favor de la idea, me sentí más tranquila. Si ellos, que ponían su vida en juego, no tenían ninguna duda de que el plan iba a funcionar a la perfección, me sentí con todas las fuerzas necesarias y más para seguir adelante.

- Edward, nunca en la vida he estado más segura de algo, quiero estar con Jacob.

- Pues entonces no hablemos más, sigamos con la búsqueda del fugitivo. –Dijo entre risas y agachándose para poderme subir en su espalda.

- ¿Me vas a llevar? – Le pregunté abochornada.

- ¿No pensarías andar monte a través hasta encontrarlo?, al paso que llevas llegaríamos tardísimo. Además, se aproxima una tormenta. ¿Te da miedo que un vampiro te lleve de paseo por el bosque?, no voy hacerte nada descortés – Dijo con una sonrisa picara.

- ¿Miedo, yo?, si me hicieras algo, primero Bella te daría una paliza por haberla engañado y, luego, Jacob, te remataría por hacerme daño. Creo que él que sale perdiendo eres tú. – Le contesté chulesca.

- ¿Y no tienes miedo que beba tu sangre? – Dijo con voz tenebrosa cortando las distancias que nos separaban. Su pose amenazadora me acongojó, pero en su mirada pude reconocer que estaba bromeando.

- Creo que el resultado sería el mismo.

- Me parece que sí. –Dijo tomando de nuevo una actitud relajada- Es hora de irnos, Bella no va a tardar en encontrar a Jacob y, antes de que él decida marcharse sin escucharte, debemos estar allí. – No me dio tiempo a contestarle, me cogió por los brazos y en un movimiento rápido me encontré subida a su espalda. – Ahora, sujétate bien fuerte y no abras los ojos; si te mareas, dímelo y paramos. Si no puedes aguantar, te agradecería que no me vomitaras en la espalda, no es muy agradable.

- Vale, cuando quieras. – Le contesté con la voz temblorosa, escondiendo la cabeza en su espalda y cerrando los ojos.

Sabía que Edward estaba andando deprisa, por como sentía mi pelo volar por el aire. En ningún momento parecía que me estaba llevando en su espalda y estaba corriendo. No escuchaba nada extraño, ni sus pasos, ni ruidos en el bosque… Me moría de ganas por abrir los ojos y ver a qué velocidad íbamos, pero sentí miedo por los mareos y todavía no sabía que le iba a decir a Jacob para convencerlo para que se quedara.

- Edward, ¿crees que Jacob decidirá quedarse?

- No lo sé, todo depende de lo que le digas.

- ¿Y qué se supone que le voy a decir?, el otro día fue muy firme con su decisión, aunque le dolió muchísimo dejarme, estaba seguro de lo que hacía.

- El está seguro en proteger tu vida del ataque de los Vulturis; lo que no está seguro, y creo que pueda, es en alejarse de ti. No puede Lluna, lo ha intentado y no puede. Le come por dentro esa inseguridad.

Jacob había intentado alejarse de mí pero, con toda su voluntad, no lo consiguió. Igual que yo intenté seguir con mi vida y fue un fracaso.

- ¿Qué debo hacer para convencerle?

- Muéstrate firme con tu decisión, hazle ver todo lo que sientes. Va ser difícil que lo consigas Lluna, no te voy a engañar, está muy testarudo con lo de tu seguridad. Sé cómo se siente, no sólo porque puedo leer sus pensamientos, sino porque yo me sentí igual una vez. Era estar con Bella por mi interés, por mi egoísmo de no poder vivir sin ella, o separarme de mi amor por su seguridad. Fue la decisión más dura que jamás he tenido que tomar, no fue nada fácil. Al final me quedé a su lado, porque sabía que mi existencia no tenía ningún sentido lejos de ella.

- Me gustaría que él pensara lo mismo.

- Y lo piensa, por eso se está odiando.

Me quedé en silencio, pensando en todo lo que me había dicho Edward. Jacob lo estaba pasando mal, no podía vivir sin mí, ni yo sin él. Sabía que nuestra relación no iba a ser nada fácil, siempre escondiéndonos de los Vulturis.

- Edward, ¿a qué clase de castigo nos enfrentaremos si nos descubren? –Le pregunté apretando fuerte mis ojos cerrados. Moría de curiosidad por abrirlos y ver a qué velocidad íbamos.

- En el caso que nos descubrieran, podrían tomar dos decisiones; una, sería matarnos a todos por quebrantar las normas y, la otra, sería pagar nuestra falta de respeto a las leyes con tu vida convirtiéndote en vampiro.

No me esperaba esa última respuesta, de la impresión que me dio abrí los ojos como platos, no me podía imaginar convertida en un vampiro viviendo toda la eternidad junto a Jacob. Pero, más me impresionó lo que vieron mis ojos; pasábamos entre los arboles a gran velocidad. Edward zigzagueaba entre los matorrales del bosque sin ninguna dificultad.

- ¿Lluna, estás bien? Tú corazón se ha disparado de ritmo. ¿Te da miedo la idea de convertirte en vampiro?

- La verdad, no me imagino convertida en un vampiro.

- Tranquilízate, eso no tiene por que pasar. No temas, estaremos a tu lado protegiéndote para que eso no ocurra. Ponte la capucha de la chaqueta, no tardará en llover.

Hice lo que me dijo, a los pocos segundos comenzó a llover, los rayos seguían haciéndose presentes con más frecuencia. Seguía con los ojos abiertos, hipnotizada con el paisaje que estaba viendo, dejábamos los arboles atrás a velocidad vertiginosa. Uno de ellos pasó a escasos dos centímetros, di un respingo, intenté disimular con tos el pequeño grito de espanto.

- ¿Qué pasa, Lluna?, ¿quieres que dejemos el plan?

- ¡No, no! Es que tengo los ojos abiertos y acabo de ver un árbol casi estampándose en mi cara.

- ¿Se puede saber por qué haces tal estupidez? No tenemos tiempo para pararnos y esperar que te recuperes de la fatiga si quieres ver a Jacob. Bella está a punto de encontrarse con él. Cierra los ojos y traga saliva. – Dijo en tono autoritario.

- No pienso cerrarlos. – Le dije molesta por sus advertencias.

- ¿Te gusta la sensación de mareo?

- No estoy mareada. Lo que pasa es que me gusta saber por dónde voy. –Le contesté sacando la cabeza por el hombro de Edward.

Me pareció alucinante lo que vi. Edward esquivaba los obstáculos como si nada. La sensación era parecida a cuando vas en coche y miras pasar el paisaje por la ventanilla. Mientras estuve con la cabeza apoyada en su espalda no lo pude notar pero, ahora, que veía por dónde íbamos, me daba cuenta como encorvaba todo su cuerpo para poder pasar entre los densos matorrales.

- Edward, esto es... in-cre-i-ble. – Dije articulando cada monosílabo de la palabra para hacerle notar mi fascinación.

- Si esto te lo parece, no te puedes ni imaginar lo que es ir a máxima velocidad. – Dijo fanfarreando de sus habilidades.

- ¿Y a qué velocidad puedes ir? – Le pregunté por curiosidad, pero se pareció más a un reto.

- No te la puedo mostrar, no creo que tu cuerpo humano pudiera soportar tanta presión.

- Sólo un poco más rápido, así llegaré antes para hablar con Jacob, aunque no tengo ni idea que le voy a decir para convencerlo de seguir con el plan, pero ardo en deseos en verlo.

- Eres una temeraria. Jacob va a matarme por hacer esto, ¡sujétate fuerte! – Dijo cruzándome los brazos en su cuello y agarrándome por los codos.

Edward aumentó la velocidad el doble aproximadamente. Del retroceso, mi cuerpo fue separándome de la espalda de Edward. Para sentirme más segura me pegué aun más a su cuerpo cruzando las piernas en su abdomen. Los árboles del bosque y toda la vegetación se convirtió en borrones negros. El aire hacía que llorara y me escocieran los ojos. El agua de la lluvia me estaba calando hasta los huesos, estaba helada y el contacto gélido del cuerpo de Edward no me estaba ayudando. Su pelo, a causa del aire, bailaba por mi cara, dejando un aroma embriagador, aturdiéndome. Hizo confundir mi conciencia y la dejó atrás con el aire. Mis ideas eran como si estuvieran desordenadas. Su olor penetró hasta el fondo de mi subconsciente, haciéndome dejar la preocupación de la inminente conversación con Jacob de lado. Ahora sólo deseaba verlo, estar con él, oír su voz, oler su aroma, volver a notar su calor que tanto necesitaba, igual que sus besos. Todos mis sentidos urgían de él. Jacob, en pocos días, se había convertido para mí como un fármaco para una persona que tiene una enfermedad crónica. Jacob era mi vida, sin él, estos días no fui nada, creo y hasta puedo afirmar que no podría ser nada en un futuro.

Mi mente salió de la confusión cuando Edward me dijo que Bella estaba con Jacob y le contaba que yo iba de camino. Un gran aullido retumbó en las montañas, un aullido de lamento que se clavó en mi corazón.

- Como no puedas convencerle para que se quede contigo, Jacob me matará por exponerte a tantos peligros.

- ¿Crees que querrá escucharme? – Le pregunte atemorizada.

- Escuchar tu voz, créeme que sí. Lo que no estoy tan seguro es que quiera escuchar lo que le vas a decir.

Edward descendió la velocidad gradualmente hasta llegar a pararnos. Liberó su agarre de mis brazos, yo deshice mi agarre dejando caer las piernas al suelo. Me tambaleé un poco, Edward tuvo que sujetarme para no caer al suelo, mis piernas estaban entumecidas de hacer tanto esfuerzo. Cuando recuperé el equilibro, estiró de mí con delicadeza haciéndome caminar.

Según me iba acercando escuchaba unos gruñidos feroces que me hicieron estremecer, recordé la fobia que tuve a los perros cuando era pequeña. Sus gruñidos se parecían a los que años atrás retumbaban en mi mente. A los 6 años, me perdí por el bosque y un perro salvaje me atacó, dejando todavía hoy, una señal en la cadera. De siempre había sido una gran amante del mundo animal, después de aquello les cogí fobia, pero con el tiempo fui perdiendo el miedo y volviendo a ser la misma apasionada por los animales. Pero un lobo gigante no sé si lo podría soportar.
Con cada paso que daba, los gruñidos se fueron convirtiendo en lamentos. Un lamento que me conmovió. Estaba alterada por ellos. Cada vez se escuchaban más cerca y fuertes. Los llantos de aquel lobo estaban atormentándome, y eran de Jacob. Con cada lamento me trasmitía descargas de dolor a mi corazón. Jacob estaba sufriendo, sentí una gran urgencia por consolarlo. La luz de un rayo nuevamente me dejó ver un poco más lejos, por pocos instantes, pude observar como una figura enorme se movía nerviosa a pocos metros. Un gruñido salvaje se escuchó allí. Me aferré al brazo de Edward, un movimiento en busca de protección. Estaba aterrorizada porque tenía a un lobo gigante a poca distancia, aún sabiendo que era Jacob, me estremecía la idea. Escuchaba como el gran lobo cogía aire nervioso y lo escupía en forma de gruñidos. Me abracé totalmente a Edward. Era una reacción ilógica, me aferraba al cuerpo de un vampiro para aliviar el miedo que sentía a un lobo gigante. Edward me cogió por los hombros para que me tranquilizara.

- No es contigo con quién está enfadado. No tengas miedo, no te va hacer nada. – Cuando Edward dijo esto los gruñidos se convirtieron en lamentos.

Se clavaba en mi corazón cada quejido que daba aquel gran lobo. Me estremecí de dolor, el mismo dolor que estaba pasando Jacob. Me sacudí de los brazos de Edward, quería salir corriendo para mitigar aquellos lamentos. Edward me paró en seco.

- ¡Espera!, Jacob va a transformarse para hablar contigo. – Dijo animado.


La lluvia comenzó a bañarme en torrente. Estaba empapada, del pelo me caían gotas de agua en los ojos. Abracé mi cuerpo con la intención de calentarlo. Entre las sombras de la noche pude ver cómo se movía una silueta; conforme se acercaba, vi que era Bella y, detrás de ella, otra sombra, deduje que ese era Jacob y salí corriendo en su búsqueda. Cuando estuve enfrente, me lancé a él, sujetándolo bien fuerte, en un intento desesperado de aferrarlo. Todo Jacob estaba temblando. Mis sollozos se unieron a los suyos cuando me abrazó.

- Lluna, no deberías estar aquí, además estás empapada. – Dijo con la voz echa un nudo.

Con una mano desabrochó la cremallera de la chaqueta y la abrió. Me pegó a su pecho. Que estuviera sólo vestido son un pantalón corto y el pecho desnudo, ayudó a que entrará fácilmente en calor. Pegué todo mi cuerpo al suyo, no sólo para refugiarme del frío, sino porque también necesitaba del calor de Jacob, mi cuerpo pedía de él. Jacob me pegó más a él, sentí como sus puños se cerraban fuertes detrás de mi espalda. Comenzó a convulsionar violentamente; en un temblor que me sacudió, se separó de mí.

- Debes irte, no puedes estar cerca de nosotros. Ahora te llevaran a casa.

- No, no puedo irme, tengo que explicarte, los Cullen tienen un pl… - No dejó que terminara de hablar.

- Es un estúpido plan, saldrías herida o muerta.

- Eso no es verdad, puede funcionar, ellos están muy convencidos que todo saldrá bien.

- No pienso arriesgar tu vida por egoísmo de retenerte a mi lado.

Las cosas no estaban yendo bien. Jacob rechazaba mi abrazo cada vez que intentaba acercarme a él.

- Jacob, te necesito. No puedo imaginarme un futuro donde tú no existas.

- Ninguno de los dos existirá si seguimos con esto Lluna. Debemos separarnos para siempre. – La última frase retumbó en mi cabeza dejándome confusa, no sabía con que contestarle para hacerle entrar en razón.

- ¡Jacob, te quiero!

- Yo también y, por eso, debemos estar separados. – Dijo entre lágrimas.

- Eso es totalmente absurdo – Le dije dando un paso hacia atrás y mirándolo a la cara, apartó su mirada.

Su aspecto era espantoso. Tenía unas grandes ojeras que hacían ver sus ojos hundidos y muy oscuros.

- La absurda eres tú por querer seguir con esto, debes irte ya a casa. – Dijo a la defensiva.

- ¡No pienso irme a ningún lado sin ti! – Le dije furiosa, mi cuerpo reaccionó tambaleándose, pero saqué fuerzas para mantenerme en pie.

Jacob comenzó a convulsionar más fuerte, apretaba fuertemente los puños en los costados. Su respiración era rápida.

- ¡Lluna aléjate de mí, no quiero verte nunca más! – Dijo con voz autoritaria.

- Eso no es cierto – Le dije en un intento desesperado para no creerme sus palabras.
–Yo no puedo estar separada de ti, ni tú de mí.

- Una vez ya sobreviví y lo volveré hacer. Tú eres fuerte Lluna, lo conseguirás, lo sé.

- Tú no sabes nada.

- Sé que ya pasé por esto cuando se fue Nessie, y lo volveré hacer. – Dijo con la voz rota.

- ¿Eso significo para ti?, ¿una imprimación más? - Le dije con odio.

- ¡Si pensando eso te es más fácil olvidarme, piénsalo! – Dijo furioso dándome la espalda y alejándose a grandes zancadas.


Quedé inmóvil, paralizada por la fuerza de sus palabras. Mi mente no reaccionaba, se negaba a admitir la idea que Jacob me dejaba para siempre. Mi cuerpo se negaba a sentir lo mismo que los días posteriores a su partida. Necesitaba de él, mi cuerpo helado requería de su calor para seguir funcionando. Tambaleándome fui corriendo por donde él se había alejado. Mis piernas no reaccionaban y se doblaban con cada paso que daba. Aunque necesitaba aire para poder respirar, mis pulmones no me dejaban, el dolor que sentía en el pecho no se lo permitían. Perdí su rastro, paré en seco para poder ver mejor, la vista la tenía nublada por la lluvia. Solo oía las gotas de agua chocar contra el suelo, no escuchaba los pasos de Jacob ni de nadie por ningún lado. Desorientada, giré sobre mí; en ese instante, perdí la consciencia y caí desplomada al suelo. Aún estando en un estado inconsciente, podía seguir sintiendo el dolor del corazón, el frío calaba más hondo en mi cuerpo, llegando hasta él, congelándolo.





Hola chicas, espero que os haya gustado el nuevo capítulo. Como siempre espero sus comentarios para saberlo.
He creado un nuevo apartado en el blog “Reflexiones & Pensamientos”, pasen y descubran lo que se esconde detrás de ese título.


Mil beSos, abrazos y gracias por todas las visitas y comentarios.
Saludos Áuryn



EN EL PROXIMO CAPITULO DE LAGUNA NOCTURNA......

- La partida. POV Jacob:

La dejé dando grandes zancadas hasta donde me permitió mi cuerpo. Llegó un punto donde las cuerdas que me atan a ella no me dejaron avanzar más, el mismo dolor en el pecho lo volví a sentir, impidiéndome respirar. Me escondí detrás de unos arbustos, esperando que dejara de buscarme, se marchara, y yo pudiera transformarme para poder seguir con mi partida. Lluna se paró a pocos metros, aguanté la respiración para que no me escuchara, lo que sí que escuché fue como se desplomó en el suelo.
Salí de mi escondite y corriendo me acerqué a ella, estaba empapada y helada de frío, su piel estaba bien pálida. Su corazón iba muy despacio, sentí miedo de perderla para siempre. Edward y Bella aparecieron enfrente nuestro, él se agachó e intentó cogerle la mano, le impedí esto, ahora que Lluna estaba débil serían capaces de hacer cualquier cosa para que no se fuera, incluso convertirla para que no tuviéramos problemas con los Vulturis.

jueves, 10 de marzo de 2011

La Nada

Está es una reflexión en que todo el mundo alguna vez o otra en la vida se ha encontrado.





Hay días en que recuerdo el pasado y no veo nada, pienso en el futuro y no veo nada. El presente no existe. Mi mente está vacía sin nada en que pensar o en lo que querer pensar. Si me preguntas que me pasa; te responderé que no me pasa nada. Y si yo misma reflexiono sobre mis sentimientos; no averiguo nada. Porque la Nada me absorbe, la Nada me devora y yo sigo sin saber qué me pasa. Y cuando encuentro la respuesta, desconcertada descubro que no me pasa nada.

Pienso que la Nada es mi amiga, la Nada me ayuda a no ver la verdad, porque la realidad es demasiado amarga para querer aceptarla. Me oculto entre la Nada, sin querer pensar, sin querer sentir, sin querer vivir. Llega un punto donde me encuentro a gusto con la Nada, ella me cuida, ella me protege y no quiero dejarla.


Pero la realidad es que la Nada no me deja ver, ella esconde mis sentimientos y no consigo entender que hay detrás. La Nada me absorbe cada rallo de vida y, cuando descubro que ella me engaña, que lo único que quiere de mi es borrar mi personalidad, me es imposible dejarla. La Nada me ha capturado, soy su prisionera y no puedo escapar.


Yo misma me lo busqué, me dejé guiar por ella sin pensar en las consecuencias. Quiero retroceder y no puedo, quiero avanzar y no lo logro.


Encerrada con la Nada estoy, esperando cualquier momento de confusión para dejarla y, cuando lo logre, escaparé de sus redes. No pensaré en ella y solucionaré mis problemas. Volveré a ser aquella quien soy, quien fui o quien quiero ser. Volveré a disfrutar de la vida, a saborear cada instante, deleitarme de los buenos momentos y aprender de las decepciones. Miraré hacía mis metas, lograré mis objetivos, aprenderé de lo vivido, me rodearé de mi gente.


Aunque logre escapar de la Nada ella siempre estará esperando el momento para acechar, esperando mi regreso. Y yo me dejaré caer en sus redes como otras tantas veces lo hice. Porque la Nada forma parte de mí.


Y si me preguntas que me pasa te responderé que nada; porque en la Nada estoy, porque no soy nada.

jueves, 3 de marzo de 2011

14. Si tú no estás

La causa del dolor que sentía no podía ser cierta. No era verdad que Jacob se había ido para siempre, no me lo quería creer pero, cada punzada de dolor que sentía en el pecho, me recordaba que era verdad. Me escocían los ojos cada vez que pestañeaba, no salían más lágrimas para calmar el dolor. Tenía que obligarme a coger aire para poder respirar; cada vez que inhalaba y exhalaba, las punzadas se repetían en mi pecho. Estaba tumbada en la cama y mi padre quitaba el pelo de mi rostro cada vez que me retorcía de dolor entre las sábanas.

- ¿Lluna, cariño, qué te pasa, qué te duele? - Preguntaba mi padre con preocupación.
Mi madre y Olga estaban en la puerta de la habitación nerviosas por mi actitud. Estaba destrozada, muriéndome de dolor porque Jacob se había ido, nunca más lo volveré a ver, jamás veré esos ojos que me hipnotizan, en la vida volveré a sentir su calor. Un calor que necesitaba, mi cuerpo y mi corazón se habían quedado helados y paralizados.

- Manuel, voy a llamar al médico. – Dijo mi madre con nerviosismo sacando el móvil del bolso.

Un médico es lo que menos necesitaba ahora, alguien a quien dar respuestas que no se las podía contar ni a mi familia.

- ¡No!, no llames mamá. – Le dije incorporándome en la cama.

Del esfuerzo que hice, una espada se clavó en mi estomago dándome arcadas. Como pude me levanté de la cama y fui dando bandazos hasta el váter. Escuché los pasos de mi hermana detrás y me ayudó a recoger mi pelo. Cuando terminé de vomitar, Olga me dio un vaso de agua y una toalla húmeda.

- Paloma, llama al médico. – Dijo mi padre alarmado por mi estado de salud.
- No. – Logré decir.

- ¡Pues, Lluna, hija, cuéntanos qué te pasa!

- Jaco..Jackson. – Al nombrar el causante de mi dolor, fui consciente que esto era real.

- ¿¡Qué te ha hecho ese desgraciado!? - Dijo mi padre con odio.

¿Qué ha hecho?, protegerme y dar puñaladas a mi corazón con su partida.

- Nada – Dije protegiendo a mi único amor.

- ¿Cómo que nada? ¿Algo te habrá hecho para estar así?

- Se ha ido. – Caí al suelo a causa del dolor al reconocer la verdad.

- ¿Dónde se ha ido? – Le contesté encogiendo los hombros. Esa pregunta no se la podía responder a mi padre porque ni yo misma sabía cuál era su paradero y, aunque lo supiera, no podría ir a buscarlo. Si hacía esto, pondría en peligro a Jacob, a toda la familia Cullen y a mí.

- ¿Le han cambiado el destino de trabajo? –Esa era una buena farsa. Le contesté que sí a mi hermana.

Todos nos quedamos en silencio, cada uno absorto en sus propios pensamientos. Supongo que mis padres estarían reflexionando el porqué de mi actitud. Había pasado por muchas rupturas, pero ninguna tan intensa como esta. Olga, no sé lo que pensaría, con sus cambios de actitud constantes era muy difícil de saber. Y yo, ahora que tenía una buena cuartada sobre la marcha de Jacob, me adentré en una espiral de tortura y angustia.

- Papá, mamá, si queréis, iros a preparar la cena, yo me quedo con Lluna. Le irá bien un buen baño caliente para relajarse. – Mis padres se miraron no muy convencidos con el comentario de Olga pero, la verdad, es que quería que se fueran y me dejaran a solas para no tener que responder a más preguntas.

Olga empujó a mis padres fuera del baño y salió con ellos cerrando la puerta. No presté mucha atención a lo que estaban hablando, estaba demasiado ocupada intentando respirar, pero estoy segura que Olga les estaba convenciendo para que nos dejaran a solas. Escuché como la puerta de mi habitación se cerró y, luego, Olga abrió la puerta del baño. No habló ni me pregunto nada, se acercó y me levantó. Me quitó la ropa y me ayudó a ducharme. Cuando tenía puesto el pijama y el pelo seco, me acompañó a la cama y me arropó. El agua caliente había ayudado a calentar mi cuerpo, pero todavía seguía sintiendo frío. Nuevas lágrimas volvieron a caer por mis mejillas al pensar qué tipo de calor necesitaba, el calor de Jacob.

- Lluna, mañana lo verás todo diferente. Ahora estás mirando el lado más pesimista, pero ya verás cómo todo volverá a ser como antes. – Yo no quería que fuera como antes, lo que quería y necesitaba era estar con Jacob, pero esto, era imposible.- Ya has superado muchas rupturas, seguro que lo volverás a conseguir. Ya sabes, un clavo saca a otro clavo.

¿Clavo?, Jacob no había sido como mis antiguas parejas, yo era su imprenta, algo más fuerte que el amor. Él había entrado en mi vida como un tornillo con doble rosca de seguridad y, al salir, había arrancado parte de lo que era, parte de mi corazón.

- No va ser tan fácil, Olga.

- ¿Qué tenía él en especial que no tuvieran los demás? – Tuve que obligarme a coger aire para contestarle.

- Él era el hombre de mi vida, él era mi amor, estábamos hechos el uno para el otro. –Más lágrimas comenzaron a salir, recordando los momentos vividos con él. Jacob era mi imprimación, el destino quería que estuviéramos juntos.

Mi madre asomó la cabeza por la puerta.

- La cena está lista. – Dijo en voz baja.

- Sí, ya vamos. – Contestó mi hermana por las dos. Mi madre cerró de nuevo la puerta y se fue.

- ¿Quieres bajar? – Le contesté que no con la cabeza. – Lluna, tienes que ser fuerte. Quedándote aquí no vas a resolver nada.

Me giré en la cama y le di la espalda. No quería ser fuerte, no quería levantarme y salir de mi habitación si no era para resolver las cosas con Jacob y, esto, era imposible. Olga tapó mi cuerpo con una manta, me dio un beso en la frente y, dando un suspiro, salió de mi habitación.

Ahora que me había quedado sola, podía analizar bien la situación. Jacob se había ido para siempre, nunca más lo volveré a ver. ¿El motivo?, por mi seguridad, por la de los Cullen y por la suya propia. La mía poco importaba, estaba muriendo de dolor, pero el dolor que estaba sufriendo valía la pena para que Jacob y la familia Cullen pudieran vivir en paz.

Jacob me dijo que lo olvidara, que no pensara en él ni en todo lo que habíamos vivido juntos, pero él se había ido, lo único que me quedaba eran los recuerdos y, éstos, no los iba a borrar de mi memoria jamás.

En mi pecho sólo sentía dolor, frío y un vacío imposible de llenar por nada ni por nadie. Sabía que iba a ser imposible, por mucho tiempo que pasara.
Una mano en mi espalda hizo que me sobresaltara, no me di cuenta que mi padre había entrado en la habitación.

- Hija, te he traído una tila para que te ayude a dormir.

- No me apetece papá, no quiero comer nada.

- Por favor, Lluna, bébetela. – La cara de preocupación de mi padre me rompió más el corazón. Con que sufriera yo ya había suficiente. Me tomé la taza que me ofrecía mi padre sin rechistar. Cada sorbo que daba a la infusión bajaba por mi estomago como si fuera hierro ardiente. Aguanté las arcadas que me dieron para no alarmar más a mi padre. – ¿Te cuento un secreto? Cuando conocí a Jackson, me pareció que era el chico perfecto para ti y eso me dio mucho miedo, sentía que él iba a ser el hombre por el que te irías de casa y dejarías de ser mi niña pequeña. Fui un egoísta pensando que, si se iba, no ocurriría nada de eso, pero no es cierto. –Sus palabras me desconcertaron.

- No te entiendo.

- Pensaba que, si él se te dejaba, te quedarías aquí en casa por más tiempo, todavía no estoy preparado para verte ir. Pero prefiero un millón de veces el miedo que sentía por verte marchar, que el verte así. Lluna, lucha por lo que quieres, lucha por él si es lo que crees que te va hacer feliz.

Me abracé a mi padre dejando de nuevo todo el dolor y la impotencia.

- No puedo hacer nada papá, no puedo hacer nada, él se ha ido y nunca va a volver.
– Le dije entre llanto.

- Consumiéndote en tu propio dolor, sí que no conseguirás nada. –Me cogió por los hombros y me miró fijamente- Tienes que sacar fuerzas para conseguir lo que quieres.

- No me quedan fuerzas. – Las estaba gastando todas para soportar el dolor.

- Duerme cariño, duerme para recuperarlas y luchar por lo que quieres. – Me tumbó en la cama y me arropó. Le cogí de la mano cuando se levantó.

- No te vayas, papá, no quiero quedarme sola.

- Me quedaré contigo toda la noche si hace falta.

- Gracias. – Dije besándole la mano. Mi padre comenzó acariciarme las mejillas. Sentía todo su cariño.

Estaba agotada, los ojos me dolían de tanto llorar, la única forma de apaciguar el dolor era cerrando los parpados. Comenzó a cantarme la nana que me cantaba cuando era pequeña y me ayudaba a dormir (scarborough fair). Escuchando las suaves notas me dormí.

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- Buenos días, cariño, ¿cómo te encuentras esta mañana? – Preguntó mi madre poniendo su mano en mi frente, tomándome la temperatura.

- Estoy despierta.

La noche por fin había terminado. Pensé que nunca iba acabar. A mitad de la noche, me había levantado con un dolor tremendo de estomago. Fui directa al baño, por suerte, mis padres no me escucharon. Olga sí que me escucho y estuvo toda la noche en vela pendiente de mis cuidados. Mi estomago estaba vacío y no me molestaba tanto. Lo que no podía soportar era las punzadas que me daba el corazón.

- ¿Vas a ir a trabajar?; si te encuentras mal, puedo llamar a la oficina diciendo que hoy no podrás ir.

- No te preocupes, mamá, puedo ir a trabajar.

Tenía que mirar a delante. Las cosas no iban a cambiar, nunca más volvería a ver a Jacob. No podía estar siempre en estado depresivo, aunque ahora no tuviera ningún motivo para salir de la cama, tenía que seguir con mi vida; aun sabiendo que siempre me acompañaría este dolor y que nunca volvería a ser tan feliz como con los días que pasé con Jacob. Volveré a ser aquella Lluna con un corazón vacío.

- Tu hermana y yo nos vamos a la universidad. Tu padre está en la cocina preparando el desayuno. Si decides no ir a trabajar, me llamas y vengo a casa.

- Iros tranquilas, mamá. Me encuentro bien. –Mentira, pero por una más, no iba a pasar nada.

- Está bien, llámame o mándame un mensaje al mediodía diciéndome como te encuentras. Y ponte ropa de abrigo, estás helada. – Me dio un beso y salió de mi habitación.

Todo mi cuerpo estaba helado, había dormido con dos mantas, pero éste no parecía querer entrar en calor. Yo ya sabía el tipo de calor que necesitaba, pero ese, era imposible de podérselo dar.

Me levanté muy débil de la cama. Fui al baño y cuando me miré en el espejo, me asusté, tenía los ojos hinchados y unas grandes ojeras. Mi mirada estaba triste, sin luz. Después de cepillarme los dientes, intenté esconder las ojeras detrás del maquillaje pero, hoy, mi cara parecía no reaccionar a los productos cosméticos. Para que me viera un poco decente, tenía que invertir un largo tiempo en mis ojeras y no tenía nada de ganas en entretenerme en eso. Me puse unos tejanos y un jersey bien grueso de lana.

Cuando bajé a desayunar mi padre ya había terminado el desayuno. Había preparado tortitas con miel, mi desayuno preferido. Me senté en silencio a comer y él me acompañó. Los trozos de comida los corté muy pequeños y los mordía con tranquilidad un buen rato. Normalmente las devoraba; a los 5 minutos ya habían desaparecido de mi plato y estaba repitiendo. Pero, hoy, me había comido una y estaba haciendo grandes esfuerzos por mantenerla en mi estomago.

- ¿No vas a comerte más?

- No, todavía no tengo el estomago asentado. Guárdame las que sobren para merendar.

- Tu madre te ha preparado para comer un poco de arroz hervido y pavo a la plancha. Ya verás como eso te va bien. ¿Vas a ir a trabajar? No tienes muy buen aspecto.

- Tengo que luchar, papá, para seguir adelante, quedándome en casa no voy a conseguir nada.

- Tómatelo con calma, necesitas descansar para tener energías y seguir con la lucha.

- Cuando antes empiece, mejor.

Recogimos el desayuno y nos fuimos cada uno a su puesto de trabajo. Por suerte hoy en la oficina estaría todo el día sola. Lucas y Mariano tenían reuniones con los superiores.

Estuve todo el día pasando informes a limpio, era un trabajo que, por desgracia, no necesitaba esfuerzo y me mantenía la mente libre. La ocupé recordando a Jacob. Llené el teclado de lágrimas con cada recuerdo. Cuando llegué a casa, me tumbé en el sofá y dejé que pasara la tarde viendo programas de televisión basura. Llegó mi madre y Olga, las dos se sentaron conmigo y me acompañaron viendo la televisión. Las tres no hablamos mucho, de vez en cuando, hacíamos algún comentario de los famosos que salían en el programa de corazón. El teléfono de casa sonó, mi madre contestó a la llamada.

- Hola Nury, sí, está aquí, ahora se pone. Lluna, es para ti. – Cogí el teléfono.

- Hola Nury. – Le dije sin ánimos.

- ¿Dónde te metes?, te estoy llamando al móvil para saber si has leído los mails.

- No escuchado el móvil, no sé dónde lo tengo. ¿Qué quieres? – Le sentía frenética.

- Ya, supongo que no los has leído porque, sino, estarías como yo de histérica. ¡Michael Bublé acaba de confirmar su gira por Europa! Dentro de tres meses viene hacer un concierto a Barcelona, va ser el único que hará aquí en España. – En otro momento estaría dando saltos en el sofá y estirándome de los pelos, hacía mucho tiempo que esperamos esto. Pero ahora, lo que menos me apetecía era meterme en un pabellón lleno de gente y escuchar letras de amor. En tres meses tampoco sabía si me iba a encontrar de ánimos, aunque lo dudaba- Estoy buscando precios de aviones, de trenes y de gasolina, es súper caro. A esto, hay que sumarle el alojamiento, la comida y las entradas. Salé por un dineral, yo no tengo tanto dinero ahorrado, que gran putada, hace cinco años que no viene de gira por España y, ahora que viene, no puedo ir. ¿Tú que vas hacer?

- No sé.

- ¿Qué te pasa? , te noto triste.

- Es que no me encuentro bien del estomago. Esta noche he dormido fatal. – Más mentiras, estaba llenando el saco.

- Perdona, cariño, te dejo descansar, ya hablaremos otro día. Besitos y que te recuperes pronto.

- Gracias, adiós, besitos.

Me sentía fatal por haber mentido a una de mis amigas. En la vida les había ocultado cosas, nunca les había mentido. Siempre eran las primeras que se enteraban de las novedades y acontecimientos que me pasaban.

Poco después, llegó mi padre, el cual se unió en silencio a la tertulia del corazón. Según iba terminando la tarde cada uno se fue hacer sus tareas, yo me quedé siguiendo el cotilleo de los famosos.

- Lluna, la cena está lista.

- No tengo hambre.

- Tienes que comer algo, sino, caerás enferma.

- Antes de irme a dormir tomaré algo.

Mi madre me dejó sola sin seguir insistiendo. ¿Qué extraño? Cuando pasó un rato picaron al timbre de casa.

- ¿Puedes abrir tú, Lluna?, estamos cenando. – Dijo mi padre en un grito desde la cocina.

Rechistando fui abrir la puerta. Detrás de ella, estaban mis 3 amigas, que mal sabían actuar, intentaban poner cara chistosa pero, en realidad, estaban muertas de preocupación.

- Hola Lluna, venimos a sacarte de casa para hacer una cena anticrisis en el parque. Hemos hecho tortilla de patatas, carne rebozada y ensalada. De postre, la Nury a preparado el mousse de limón que tanto te gusta. – Decía Raquel intentando sonar alegre.

- No me encuentro muy bien, tengo el estomago revuelto. – Les contesté.

- Pues, si tú no quieres cenar, vente; tenemos hambre. – Dijo Nury.

- No me apetece, lo siento, iros sin mí. Ya nos veremos otro día. Buenas noches. – Lo siento, mis niñas, pero no puedo seguir con esta farsa con vosotras.

- ¿Dónde vais a cenar?- Les preguntó mi madre metiéndose en la conversación.

- Vamos al merendero. – Le contestó Laura a mi madre.

- ¿Ahora de noche y con el frío que hace?

- Sí, es que la economía no está para tirar cohetes. – Dijo Laura

- Quedaos aquí, nosotros nos vamos al despacho a mirar coches para la boda de Olga. Podéis cenar tranquilas en el comedor. – Mi madre me hizo a un lado, dejándoles pasar. Vi una extraña sonrisa en los labios de todas.

- ¿Tú no tendrás nada que ver con esto, verdad, mamá?

- ¿Yo?, ¿cómo iba a llamar a tus amigas diciéndoles que vinieran apoyarte? – Dijo guiñándome un ojo. – Nosotros estamos arriba, no hagas esperar a tus amigas, y no les hagas el feo de no cenar nada, han preparado cena para ti.

Fui al comedor, dónde estaban todas ellas esperando que llegara. Fuimos a la cocina y pusimos la mesa, comenzaron a sacar tuppers con comida. No tenía hambre, pero tuve que hacer un esfuerzo para no preocuparlas más.

- ¿Cómo van las cosas con Jackson? – Preguntó Laura mientras fregábamos los platos.

- ¡Será que no os ha informado mi madre de la ruptura!

- Sí que no los ha contado, pero no somos tan tontas para creernos eso. – No me gustaban las mentiras y tampoco sabía decirlas.

Me quedé en silencio, no les podía contar la verdad; si se lo contaba a ellas, también les pondría en peligro y, seguramente, no me creerían. La historia era bastante irreal.

- Lluna, a nadie le pueden cambiar de trabajo sin avisar antes. ¿Qué ha pasado realmente? Las últimas noticias que nos distes fue que Jackson había conocido a tus padres y que, al día siguiente, conocerías a sus compañeros de trabajo. ¿Qué ha pasado para que la cosa terminara? – Dijo Rakel.

No pude aguantar más el dolor, sufría muchísimo al pensar en él. La armadura que llevé puesta todo el día cayó a mis pies, me desplomé en la silla llorando.

- Lluna, cariño, no te podemos ver así. Te queremos ayudar, pero si no nos dices que ha pasado no te podemos echar una mano en el asunto. – Dijo Nury.

Comencé a llorar más fuerte, el dolor cada vez era más insoportable. No podía respirar. Laura, muy preocupada, me dio una bolsa de papel para que respirara.

Nadie me podía ayudar, no había ninguna solución. Tenía que aprender a soportar el dolor y la soledad.

- ¿Qué podemos hacer para ayudarte?- Preguntó Laura.

- ¡Nada, nadie puede hacer nada!, él se ha ido y nunca volverá. – Le contesté gritando.

Laura me miró sorprendida por mi reacción. Nunca les había tratado tan mal. Me disgustaba tratarlas así, ellas no tenían ninguna culpa de lo que había pasado. Quería estar sola y no hacer sufrir a las personas que me rodeaban e intentaban ayudarme. Ellas no podían aportar ninguna solución, nadie podía. Quería ir a mi cuarto, estirarme en la cama, dormir y levantarme al día siguiente de esta pesadilla. Pero no me iban a dejar sola hasta que les diera una respuesta convincente, siempre eran igual de insistentes, yo sabía que lo hacían para ayudarme pero ahora lo que necesitaba era estar sola.

Mis tres amigas esperaban a que les diera una respuesta que no se la podía dar. No le podía contar a nadie la verdad de la partida de Jacob. Él se fue para protegerme; si les contaba la verdad, las pondría en peligro. Decidí contarles la verdad a medias, necesitaba desahogarme y contar lo que había pasado.

- Chicas, siento mucho esto, me gustaría contaros la verdad, pero no puedo. –Cogí aire para poder decir la “media - verdad” en voz alta. -Solo os puedo contar que se fue porque su pasado no le dejaba avanzar. – Las palabras me dieron un puñetazo en el estomago dándome arcadas, tragando saliva las pude controlar.

Los malditos Vulturis le habían atormentado durante muchos años y, cuando por fin vio un poco de luz en su vida, volvieron atacar los fantasmas del pasado.

- ¿Está metido en problemas de drogas? – Preguntó Nury. Negué con la cabeza.- ¿Problemas con la justicia?

- No, yo creo que suena más a problemas con alguna chica. – Dijo Rakel.

- Sí, en parte. – Era cierto que Nessie estaba involucrada en esta historia.

- Pues, demuéstrale la mujer que eres, pisotea a la otra. Hazle ver que cómo tu no hay otra. Que se dé cuenta de lo que pierde si te deja marchar.

- Laura, no puedo hacer eso, él ya se ha ido y nunca volverá. – Rompí a llorar de nuevo por la verdad de mis palabras.

- Tranquila, Lluna, siempre puedes hablar con él y solucionar las cosas. – Me dijo Nury dándome un abrazo.

No podía hablar con él, no sabía dónde estaba. Y si lo supiera, no podría hacer nada, esto nos pondría en peligro.

Me dolía todo el cuerpo, me ardía el corazón de dolor, el estomago y la cabeza me iban a estallar. No quería seguir teniendo esta conversación. Sentía que no podía aguantar más el dolor.

- ¿Podemos dejar esta conversación, por favor? – Les dije dejando caer la cabeza en la pared.

- Claro que sí. Pero prométenos que intentarás sonreír. – Dijo Raquel cogiendo mis manos.

- Lo intentaré. – Era lo máximo que podía hacer, intentarlo.

- ¿Lluna, has pensado lo del concierto de Michael Bublé?, yo lo veo imposible.

Nury me hizo una lista detallada de todos los gastos del concierto, costaba un dineral, aunque estuviera de ánimos para ir, sería imposible. Después, cada una de ellas me contó anécdotas que les habían pasado, intentando hacerme sonreír. Aunque pusieron mucho empeño, no lo consiguieron. A media noche se fueron. Todas, al día siguiente, teníamos que madrugar para ir a trabajar. Me fui a dormir agotada, había tenido un día espantoso. Intenté guardar el dolor durante toda la jornada, pero cuando me tumbé en la cama, dejé caer en cada lágrima el sufrimiento que había estado conteniendo.

Al día siguiente, me desperté con los mismos ojos tristes y sin vida, unas ojeras cada vez más pronunciadas y un frío espantoso dentro del cuerpo. Cuando llegué a la oficina y Lucas me vio, se asustó un poco, ni siquiera me preguntó que me había pasado, me tendría que ver muy mal. Me comentó que hoy Mariano me hablaría de la reunión que tuvieron ayer con los superiores. A las 10 de la mañana, Mariano me citó en su despacho para contarme las novedades. Estuvo hablando toda la mañana sobre los nuevos impresos, formularios, protocolos… No entendí nada de lo que me contó; sólo escuchaba blablablá, blablá. Cuando mi cabeza estuviera más despejada, ya le preguntaría a Lucas. Cuando salí de la reunión, ya era la hora de comer, Lucas había cogido mis cosas y me esperaba en la sala de reuniones.

- ¿Cómo te ha ido la reunión? – Preguntó Lucas.

- No he entendido nada de lo que me ha dicho.
- No te preocupes, en realidad casi todo sigue igual que antes. Pero eso no es lo que más te preocupa, ¿verdad?

Otra vez más preguntas, le conté lo mismo que les dije a mis amigas.

- Lluna, por lo que me dices, Jackson lo ha pasado muy mal por culpa de esa chica. Tienes que ayudarlo a mirar hacia delante, necesita tu apoyo.

- ¡Se ha ido, parece que a nadie le entra en la cabeza!, ¡nunca volverá!

- ¡Pues ve a buscarle!

- ¡No puedo, vale, no puedo! – Dije, las punzadas del corazón se volvían a repetir. Lucas se asustó y me dio un gran abrazo.

- Lluna, tienes que arreglar esta situación. Lo estás pasando fatal, déjale bien claro tus sentimientos y, si de verdad te quiere, luchará por lo vuestro.

Que sarta de tonterías estaba diciendo Lucas, si supiera la verdad de porqué Jacob se había ido, no me presionaría.

- Lucas, dejemos esta conversación. No quiero hablar más del tema.

- ¡No puedo, Lluna! Si hablaras con él, podríais solucionar el problema.

- ¡No hay solución, Lucas, déjalo estar!

- Que sepas que estás siendo una cobarde. Si fueras valiente, hablarías con él; lo que pasa es que te da miedo la respuesta.

No le contesté. Sus palabras me habían puesto furiosa, ¿yo, cobarde? Recogí el plato de comida y salí de la sala dejando a Lucas solo. Él no tenía la culpa de nada, no quería pagar mi rabia con él. Todas las cosas que Lucas había dicho tenían sentido si la historia que le había contado fuera cierta.

Esquivé a Lucas todo el día, ni siquiera me despedí de él a la salida, estaba demasiado furiosa por sus palabras. No sabía por qué me sentía así, yo no era una cobarde, si supiera la verdad sabría que no podía hacer nada para solucionar las cosas con Jacob.
Cuando llegué a casa, seguí la misma rutina que el día anterior, me tumbé en el sofá y vi programación basura. A la hora, cuando llegaron mi madre y Olga, seguía en la misma posición.

- ¿Hija, podemos hablar? – No le contesté, no entendió la indirecta- ¿Por qué no nos dijiste la verdad de lo que había pasado con Jackson?

- ¿Qué verdad? – Me puse erguida en el sofá, no podía ser que conociera la historia real de Jacob.

- Ayer, te escuché decirle a tus amigas que se había ido porque todavía tenía a otra chica en mente y, que por eso, no podía estar contigo.

- ¿Cómo escuchaste eso?, ¿estuviste espiándonos? – Le dije furiosa.

- No, pero tus gritos se escucharon en el piso de arriba.

- ¿Grité?

- Bastante. – No me había dado cuenta que había hablado así a mis amigas. Ellas sólo habían intentado ayudarme, no tenía derecho a tratarlas de esa forma. – Cariño, tienen razón, tienes que hablar con él. Creo que tiene miedo de comenzar una relación y que le pase lo mismo. – Otra vez estaba escuchando más tonterías.

- ¡Qué os pasa a todos con los consejos, dejadme tranquila!

- Sólo intentamos ayudarte.

- ¡Pues me ayudarías dejándome en paz! – Otra vez estaba pagando mis problemas con las personas que más quería, no se merecían esto. –Mamá, necesito estar sola, voy a recoger mi cuarto. –Le dije en tono bajo y de disculpa.

Cogí la escoba, el plumero y me fui a limpiar la habitación. Cerré la puerta con cerrojo, no quería que nadie más me molestara. Limpié el polvo de las estanterías, recogí los zapatos que tenía amontonados en un rincón y los guardé en el armario. Dejé en el cesto la ropa sucia que había tirada por el suelo, encima de la guitarra estaba el vestido que me puse el otro día en casa de los Cullen. Las lágrimas no tardaron en salir recordando aquellos hermosos momentos, que hoy me parecían tan lejanos. Con rabia tiré el vestido al cesto de la ropa sucia. Había dejado mal apoyada la guitarra y cayó al suelo haciéndome sobresaltar del ruido. Cuando la cogí, me entraron ganas de tocar, pero no por placer, sino para dejar salir todo ese maldito dolor de una vez. Me senté en la cama y comencé a cantar la primera canción que me vino en mente. (Si tú no estás – Rosana)








Cuando terminé de cantar mi cuerpo reaccionó a todo el dolor que había estado ocultando. Dejé la guitarra en el suelo y me tumbé en la cama a llorar desconsoladamente. Mi cuerpo se estremecía de frío y dolor. Me metí debajo de las sabanas, ocultándome de la realidad. Había hecho una gran tontería al dejarme llevar por los sentimientos. Tenía que ser fuerte, tenía que seguir adelante. Pero hoy no, ahora no podía. Mordí fuerte la almohada para evitar dejar salir los gritos de lamento. Lloré y lloré, hasta quedarme sin fuerzas ni aire. Mi cuerpo seguía helado, un escalofrío recorrió mi columna. Destaparon mi cabeza de debajo de las sabanas, una mano helada y dura se puso en mi boca impidiendo dejar salir el grito de pánico. Cuando me quité el susto de encima, pude comprender lo que estaba pasando. Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, Bella apartó la mano de mi boca y pude abrazarme a ella, dejando salir todo el dolor. Ella me devolvió el abrazo, escuché como sollozaba, aunque por sus ojos no cayeran lágrimas, Bella estaba llorando.

- Lluna, estas destrozada, esto no puede continuar así. – Dijo acariciándome la cabeza.

- ¿¡Qué quieres que haga!? ¡No puedo hacer nada! – Le dije gritando.

- ¡Shh!, baja la voz, tus padres no saben que estoy contigo, he entrado por la ventana. Intenté entrar de una manera normal pero tu madre me dijo que hoy no te encontrabas bien para recibir visitas.

- No me encuentro bien para nada. ¿Qué haces aquí?, debes irte, no quiero causaros más problemas –No entendía que hacía Bella. Jacob me había dicho que se marcharían por la seguridad de todos.

- Lluna, de momento, no estamos en ningún peligro.

- ¿Eso quiere decir que Jacob está aquí?- Dije poniéndome en pie. Quería verlo ya, estaba ansiosa ahora que sabía que los Cullen no se habían ido.

- No está aquí, está buscando valor para poderse separar de ti. – A Jacob también le estaba costando esta situación.

- Pues, debéis iros lo antes posible, no quiero que os pase nada por mi culpa. – Le dije sintiendo como estrangulaban mi corazón.

- Lluna, no vamos a tener problemas, hemos ingeniado un plan para que no ocurra esto.

- ¿Qué plan? – Dije entusiasmada por la idea de estar junto con Jacob.

- Te lo contaré de camino, debemos darnos prisa antes que Jacob tomé una decisión equivocada. Te espero en la calle, no tardes. – Bella me dio un abrazo dándome confianza y desapareció de mi vista.

Jacob todavía no se había ido, sentí grandes esperanzas de poder estar de nuevo juntos. Bajé como un rayo las escaleras, Bella me esperaba para ir a buscar a mi amor. En el último escalón di un salto, mi padre apareció asustado por mis prisas, choqué contra él y nos caímos al suelo.

- ¡Lluna! ¿Qué te pasa, cariño, qué te pasa? – Dijo mi padre asustado, levantándose del suelo. De un salto me puse en pie. Se quedó sorprendido por mi entusiasmo.

- Papá, acabo de encontrar las fuerzas para luchar. Voy a luchar para recobrar mi felicidad. – Le dije dándole un fuerte abrazo.

- Pues ve cariño, ve y encuéntrala. Te doy toda mi fuerza para que la consigas. – Dijo deshaciendo nuestro abrazo- Pero es muy tarde ya, ¿dónde vas a ir?

- No lo sé, voy a remover cielo y tierra si hace falta para encontrarla. – Haré lo que sea para volver a estar con Jacob.

- ¿Vendrás a dormir esta noche?

- No lo sé.

- Bueno, da igual, ve a buscar a Jackson, pero mantenme informado por si quieres que te vaya a buscar algún lado. Suerte cariño.

- Gracias papá, adiós. – Cogí el bolso, le di un beso en la mejilla y salí a la calle.
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Hola a todo el mundo, perdonar por el retraso de estos últimos días pero he estado súper liada.
- Gracias a todas las visitas de estos días.
- Gracias por soportar la espera.
- Gracias por ser como sois.
He estado muchos días sin escribir, y como no quiero dejaros otra vez semanas sin publicar, he decidido subir los caps sólo los viernes. Para recompensaros he pensado hacer en cada capítulo un adelanto del próximo.


EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE LAGUNA NOCTURNA…

Con cada paso que daba, los gruñidos se fueron convirtiendo en lamentos. Un lamento que me conmovió. Estaba alterada por ellos. Cada vez se escuchaban más cerca y fuertes. Los llantos de aquel lobo estaban atormentándome, y eran de Jacob. Con cada lamento me trasmitía descargas de dolor a mi corazón. Jacob estaba sufriendo, sentí una gran urgencia por consolarlo. La luz de un rayo nuevamente me dejó ver un poco más lejos, por pocos instantes, pude observar como una figura enorme se movía nerviosa a pocos metros. Un gruñido salvaje se escuchó allí. Me aferré al brazo de Edward, un movimiento en busca de protección. Estaba aterrorizada porque tenía a un lobo gigante a poca distancia, aún sabiendo que era Jacob, me estremecía la idea. Escuchaba como el gran lobo cogía aire nervioso y lo escupía en forma de gruñidos.


Espero que os haya gustado este capítulo y que os haya gustado el adelanto del próximo. Espero vuestros comentarios que tanto me animan.

Saludos Áuryn

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martes, 22 de febrero de 2011

13. El adiós

Jacob siguió un buen rato en pie, inmóvil, absorto en sus propios pensamientos. Sus manos comenzaron a temblar, yo no quería que se transformara; me dijo que, si pasaba esto, se iría a buscar a los Cullen para que me fueran a buscar, yo no quería que se fuera. Deseaba saber la verdad de Jacob, moría de curiosidad, pero más moría de dolor al verlo sufrir de aquella manera. Jacob no paraba de convulsionar, cerraba fuertemente los puños y los ojos para calmarse, pero no lo conseguía, quería ayudarle. Me levanté de la piedra dónde me había dejado sentada y me acerqué a paso lento a Jacob. Cuando estuve en frente, le cogí sus manos temblorosas que las tenía en los costados y las entrelacé con las mías, dejándolas en mi pecho. Quería que notara que estaba a su lado, que lo apoyaba. Se llevó mis manos a la cara y absorbió el aroma de ellas. Cuando pasó un tiempo y sus manos dejaron de temblar, soltó mis muñecas con suavidad y abrió los ojos, cautivándome con una mirada nostálgica que no pude comprender. Por sus ojos comenzaron a salir lágrimas, me puse de puntillas y besé su mejilla. Con mis labios limpié sus lágrimas saladas, que se juntaron con las mías haciendo que mi boca se quedara con un sabor amargo. Apoyó sus manos en mis caderas y me acercó más a su cuerpo. Respiraba muy rápido. Se inclinó para llegar a mis labios, estábamos a punto de fundirnos en un beso cuando sus manos comenzaron de nuevo a temblar fuertemente en mis caderas. No sabía qué hacer, quería ayudarlo para que se encontrara mejor pero, a la vez, estaba muy asustada por sus convulsiones; si se transformara en lobo en estos instantes, no sabría cómo tendría que reaccionar y, con los nervios que estaba pasando en estos momentos, seguramente actuaría de una forma que no le haría sentir bien. Confundida y asustada retrocedí un paso, Jacob convulsionó más fuerte, mordía sus labios con cara de dolor, parecía que en cualquier momento su cuerpo explotaría, en cualquier momento entraría en fase. Muerta de miedo le di la espalda. Me sobresalté cuando sentí que me agarraba fuerte por la cintura con sus manos temblorosas; dejó caer su cabeza en mi espalda, sus convulsiones hacían vibrar todo mi cuerpo, o quizás era yo a causa del miedo que estaba pasando.

- Lluna, por favor, no te vayas todavía, no te vayas. – Dijo entre llantos en mi espalda.


Sus lágrimas calaban en mi camiseta, atravesando mi piel y yendo directas a mi corazón. El dolor que sentí en ese momento superaba mil veces al miedo. Giré para mirar a Jacob, al quitar el soporte que hacía mi espalda, Jacob se tambaleó y casi cae al suelo, pude sujetarlo por debajo de sus brazos. Soportando casi todo su cuerpo, pude llevarlo al pedrusco dónde el antes me había dejado sentada. Me agaché a su altura y le levanté la cabeza para mirarlo a los ojos, tenía una mirada tan llena de lágrimas que estranguló mi corazón, no podía respirar del dolor que sentía. Tuve que obligarme a coger aire para poder hablar, aunque no me salían las palabras.

- Jacob, cuéntame qué te pasa, quiero ayudarte, pero no sé cómo. – Le dije intentando que mi voz fuera lo más entendible posible.

Jacob me apretó a su cuerpo, abrazándome por encima de la cintura, y dejó su cabeza apoyada en mi estomago, cogió una bocanada de aire bien grande antes de comenzar a hablar.

- Quedemos un rato en silencio, sólo necesito eso.

Pasaron los minutos, la noche cayó encima de nosotros. Sólo la luna que nos iluminaba fue testigo de cómo Jacob y yo nos fundimos en un abrazo irrompible. Nuestras respiraciones se fueron relajando. Las manos de Jacob seguían temblando en mi espalda, pero menos que antes.

- No sé por dónde empezar. – Dijo Jacob en un susurro. Habíamos venido aquí para que me diera respuestas, para resolver mis dudas. Ahora lo que menos me importaba era eso.

- Quiero saber porque estas así, me tienes muy preocupada. Quiero ayudarte.

- El porqué estoy así no es un buen principio. – Dijo. Parecía que le estaban estrangulando la garganta y no le dejaran salir las palabras.

- ¿Y cuál es el principio? – Le pregunté para que el tomara las riendas de la conversación.

- No lo sé – Dijo soltando una risa amarga con el aire y negando la cabeza que seguía apoyada en mí estomago.

Él, aunque parecía todo lo contrario, me había traído hasta aquí para resolver mis dudas. Y tenía muchas preguntas para ser aclaradas y solucionar el cacao mental que tenía en este momento.

- ¿Todo lo que he leído en los libros es cierto?

- Sí –Dijo con voz apagada.

- Pues creo que un buen comienzo sería explicarme cómo una novela de ficción se ha convertido en realidad.

- Ese tampoco es buen comienzo.

El propósito de Jacob de contarme la verdad no estaba yendo por buen camino. El no quería contarme nada, y yo, no le quería obligar viendo en el estado en que se encontraba. Jacob soltó sus brazos de mi espalda, me cogió de las manos y me invitó que me sentara a su lado. Cuando pude mirarlo a la cara sus ojos estaban hinchados y apagados. Cogió mi mano y la besó poniendo una mueca de dolor en la cara que me preocupó muchísimo. Esquivó mi mirada preocupada y fijó sus ojos en la luna, como esperando de nuevo otra señal que le diera permiso para seguir hablando.

- Empezaré contándote por dónde te quedaste de la historia. Como te he dicho antes, todo lo que has leído es cierto. La continuación de la historia es en lo que me he convertido. – Dijo con voz apagada. Se levantó de mi lado y dándome la espalda continuó hablando. – El mundo dónde has crecido no es cierto, hay muchísimas cosas que desconoces, desconocemos, y nunca nos serán reveladas. Después de Amanecer pasé los dos años más felices de mi vida. Estaba feliz con la vida que llevaba: estudiaba mecánica, trabajaba como ayudante en un pequeño taller que abrieron en la Push, mi manada y la de Sam se llevaban bien y los Cullen se habían mudado no muy lejos, permitiéndome hacer visitas dos o tres veces a la semana a Bella y a Nessie. Mi pequeña niña. No te puedes hacer ni idea de lo preciosa que era, con su pequeño cuerpo, su largo pelo cobrizo ondulado y una cara celestial y mirada de ángel. Las mejillas siempre las tenía sonrosadas, hiciera frío o no. Por esa niñita hacía cualquier cosa para que fuera feliz; correteábamos por el bosque, jugamos, le contaba para dormir las historias de los Quileutes que tanto le gustaban… Todo iba bien, vivía el presente, no me preocupaba del futuro, ya me preocuparía de los problemas cuando llegara el momento. Y llegaron, llegaron demasiado pronto. Cuando Nessie cumplió los 4 años de vida todo cambió. Su cuerpo crecía muy rápido, parecía que tuviera unos 13 años. A ella cada vez le era más difícil controlar su sed, la comida humana no le gustaba y la sangre de animal no le satisfacía lo suficiente. Sin que le gustara la idea a la familia Cullen, comenzó a beber esporádicamente sangre donada de humanos que podía conseguir Carlisle pero, pronto, sus dosis comenzaron aumentar y Carlisle no podía comprar toda la sangre que le pedía, así que… Te puedes imaginar de que otra manera conseguía sangre humana, no, mejor no te la imagines.

El cuerpo de Jacob se estremeció al contarme eso. No me podía creer lo que me estaba contando. Sintiendo miedo al pensar que vampiros sedientos estaban merodeando por el mundo, me estremecí y fui a buscar protección al lado de Jacob. Le abracé por la espalda, sentía que a su lado nada ni nadie podría hacerme daño. Mi abrazo le dio coraje y siguió hablando.

- Cada vez que sabía que Nessie había ido a cazar me ponía los pelos de punta, Bella muchas veces me ocultaba lo que estaba sucediendo, pero muchas otras me las contaba para desahogarse. Nadie de la familia Cullen estaban conforme con el estilo de vida que estaba llevando Nessie. Pero no hacían nada para impedir esto. La dejaban actuar pensando que, algún día, se daría cuenta de lo qué estaba haciendo y dejaría de alimentarse de esa manera. Pero ocurrió todo lo contrario. – Jacob volvía a temblar como antes; cuando recordaba esos momentos, él se sentía mal, y yo, no quería eso.

- Jacob, no hace falta que me expliques nada más, no quie…

- ¡SÍ, SÍ QUE HACE FALTA! – Dijo en un grito, me hizo retroceder y sentarme de golpe en la piedra. Jacob puso las manos en su pecho, escondiéndome sus temblores. – No quiero contarte nada más, te juro que no quiero, pero es necesario que sepas todo.- Cogió aire y siguió hablando- Según Nessie se fue haciendo más adicta a su dieta, yo me iba alejando, no podía estar cerca de una persona que escupía en el sentido de mi existencia. Los licántropos tenemos que proteger a los humanos de los vampiros y yo, con Nessie, estaba haciendo la vista gorda, pero llegó un punto en que no pude aguantar más y me alejé de ella y de toda la familia Cullen. – Jacob se calló de golpe.

- Debió de ser muy duro para ti. – Le dije para que continuara hablando, quería saber que había ocurrido con Nessie y con Jacob.

- Ni te puedes hacer una idea de lo duro que fue para mí dejar a mi imprimación. Cada día que pasaba, me sentía más alejado de ella, las cuerdas que me unían a Nessie cada vez eran más débiles, hilo a hilo se iban rompiendo, dejando sólo pequeñas cuerdas. Bella venía a menudo a contarme cómo iban las cosas y cada día iban a peor. Los Vulturis se enteraron de la nueva dieta de Nessie y se aprovecharon de eso. Cada poco tiempo, con la escusa de ver de cerca la evolución de ella, pasaban hacer visitas. Los Vulturis influyeron mucho en Nessie. La familia Cullen no sabía qué hacer para cambiar los hábitos de Nessie y con cada visita que hacían los Vulturis influían más en ella. Hasta que llegó un día en que Nessie decidió irse con los vampiros que comprendían su estilo de vida, ella se marchó a Italia rompiendo todos los débiles hilos que me unían a ella.

- ¿Renesme se fue? – Tapé mi boca en cuanto me di cuenta de lo que le había preguntado. Nunca me imaginé que la historia continuara así. Jacob no contestó. No sabía cómo se encontraba, me daba la espalda y no podía ver su cara. – Lo siento – Conseguí articular.

- ¿Cómo iba a seguir con ella?, ¿por qué iba a luchar por alguien que pisoteaba lo que yo era? – Dijo Jacob girándose. No pude reconocer su expresión, jamás lo había visto así. Su cara no mostraba expresión ninguna. Hablaba sin sentimientos, como alguien que está hablando del tiempo. – Su familia no luchó por ella, decían que no la iban a obligar a llevar un estilo de vida en dónde ella no se sintiera a gusto. ¿Por qué y para que iba yo a luchar?

- Porque la amabas. – Le contesté a sus preguntas.

- No, yo no la amaba, ahora estoy seguro de eso. Por mi imprimación haría cualquier cosa, cualquier cosa. Pero luchar con una sanguijuela arrebatadora de vidas, eso sí que no. –Jacob tenía la misma cara sin emoción ninguna, volvió a girar dándome la espalda- Las cosas ya iban mal hasta este punto, pensaba que no podían ir a peor, pero me equivocaba. Cuando se fue, me quedé vacío y solitario. Me alejé de Bella y de todo lo relacionado con la familia Cullen, ellos se mudaron lejos y yo seguí intentando sobrevivir. Rompimos todos los lazos que nos unían. Bella estaba muy deprimida con la ida de Nessie, pero yo no podía apoyarla, verla me recordaba el pasado y quería olvidarlo. A los dos años de la ida de Nessie, mi padre, Billy, la única razón por el cual seguía viviendo se puso enfermo y murió. Ya no tenía ninguna razón para seguir en este mundo y decidí dejarlo.

De sólo pensar en que Jacob había intentado quitarse la vida me quedé sin respiración, no podía imaginarme un mundo dónde él no estuviera. No podía respirar, un dolor insoportable me lo impedía. Jacob, alarmado por mis intentos fallidos de coger aire, vino hacia mí y me tumbó en la fría roca; abrió mis cuerdas vocales, echando la cabeza hacia atrás, y comenzó a insuflarme aire de su boca. Cuando por fin mis pulmones se llenaron de aire y me encontré con fuerzas, di tal empujón a Jacob que lo dejé tumbado en la roca y me puse encima de él.

- ¡Nunca, nunca jamás vuelvas a tener esas estúpidas ideas de quitarte la vida! ¿Me has oído? ¡NUNCA! – Le dije gritando y dándole un manotazo en el pecho acompañado de las lágrimas que salían en forma de cascada. Jacob cogió mi mano y la puso en su corazón.

- No lo volveré hacer, le hice esa promesa a Bella hace mucho tiempo. Es lo mínimo que puedo hacer por ella. Y esa promesa también te la hago a ti. – Sus ojos no mentían, me tumbé en su pecho. Escuchando los latidos de su corazón me fui relajando.

- ¿Qué pasó después que intentaras…? –No podía decir la palabra, con sólo pensarla volvía a sentir el mismo dolor que antes.

- Después de mis intentos fallidos de quitarme la vida, casi lo consigo desangrado cuando me hice un corte lo suficientemente hondo en el pecho. Pero la familia Cullen habían venido a hablar conmigo y, alarmados por el tufo a sangre que venía del bosque, me encontraron y Carlisle curó mis heridas. –Un nudo se hizo en mi garganta al imaginarme a Jacob en esa situación. Gracias a la acción de los Cullen, Jacob seguía vivo.- Me desperté muy débil en la antigua casa de los Cullen, en Forks, y pasaron dos semanas hasta que me recuperé. Bella no se separó de mi en todo momento, toda la familia Cullen me ofreció sus cuidados. Ella estaba furiosa conmigo por lo que había intentado hacer pero, aún así, siguió conmigo. Habían venido para contarme el plan que tenían los Vulturis de separar a la familia Cullen. Publicarían un libro dónde explicarían todas las historias ocurridas con Bella, los Cullen, mi manada, los Vulturis… Bueno ya sabes de qué van los libros. El propósito era separar a los Cullen o que se unieran a ellos.

- No entiendo la intención que tenían haciendo esto. – Jacob me hizo a un lado y se volvió a poner en pie, dándome la espalda, impidiendo ver su cara.

- Si los humanos sospecharan que los vampiros son reales, los Vulturis lo sabrían e irían a destruir a quien se hubiera saltado las normas.

- Pero los Vulturis han saltado esa regla publicando una saga con esas historias. Ellos también deberían ser aniquilados. – Jacob soltó una risa seca.

- Ya me gustaría que pasara eso. Pero los Vulturis son quienes hacen, deshacen e imponen las leyes como les da la gana y, los demás, las tenemos que acatar.

- ¿Y qué tienen los Vulturis en contra de los Cullen?

- El clan de los Cullen cada vez se estaba haciendo más fuerte. Los Vulturis tenían miedo que se revelaran y le quitaran su puesto. Están interesados en varios dones que hay en la Familia Cullen. Ya tienen en su lista a una, los demás es cuestión de tiempo que se unan aunque, de momento, desechan esa idea. Después que Carlisle diera el alta de mis heridas, Bella me contó el plan que tenían para escapar de los Vulturis. Estarían mudándose arriba y abajo, cuando los humanos comenzaran a sospechar, huirían a otra parte y, así, hasta que la moda de Crepúsculo haya pasado. En esos momentos Bella estaba desecha y, después de ver lo que yo había intentado hacer, estaba peor. Me sentía fatal por mi amiga, quería ayudarla, pero no sabía cómo. El día antes que los Cullen empezaran su huída, Edward me contó que Bella estaba pensando unirse a los Vulturis, no soportaba la idea que su hija estuviera rodeada de esos indeseables, yo era el único motivo, “según Edward” ,para que Bella desechara esa idea de su cabeza. No soportaba la idea de imaginarme a ella con los ojos inyectados de sangre y vistiendo túnicas con los Vulturis. Si Bella se iba, toda la familia Cullen la seguiría. Yo era la solución para que esto no ocurriera, así que, desde entonces estoy con los Cullen en su huída.

Quedé estática en el sitio procesando toda la información. Jacob, de nuevo, comenzó a temblar, volví a sentir esa presión en el pecho, pero no era miedo por sus convulsiones, era una sensación extraña, mi cuerpo había reaccionado así al escuchar toda esa historia. Comencé a temblar imaginándome que unos seres tan malignos existían de verdad. Jacob se acercó a mí a paso veloz cuando escuchó mis dientes castañear. Me cogió las manos que las tenía rígidas y las pegó a su pecho, igual que hizo con mi cara.

- ¡Lluna, estás tiritando de frío! Te voy a llevar inmediatamente a casa, estás helada.
Jacob me cogió en brazos, enrollé mis piernas a su cintura y mis brazos en su espalda y apoyé la cabeza entre su pecho y su cuello. A paso veloz, comenzó atravesar el bosque oscuro. Frotaba mi espalda para que entrara en calor pero mi cuerpo seguía sin reaccionar a cualquier estimulo, seguía sin poder hablar por culpa del frío que me había calado hasta los huesos y en el fondo del corazón.
Llegamos al coche, Jacob enchufó al máximo la calefacción pero mi cuerpo notó más el frío cuando Jacob se fue a su asiento y comenzó a conducir dirección a casa. Cerré los ojos y me apoyé en el hombro de Jacob, sintiendo su calor me tranquilicé. Creo que me dormí, porque cuando abrí los ojos Jacob estaba aparcado en la puerta de casa. Me ayudó a salir del coche, mis músculos seguían entumecidos. Volví a ver esa mirada extraña en Jacob, sus ojos no expresaban nada más que oscuridad.
La historia de Jacob era muy triste, le quería hacer olvidar su pasado, para que, por fin, pudiera ser feliz. Jacob cerró los ojos y le comenzaron a caer lágrimas, recordar su pasado le debía de doler muchísimo. Quería que sintiera que me encontraba con él y que le apoyaba. Puse mis manos detrás de su nuca, me alcé de puntillas para besar sus labios. Jacob en un movimiento brusco me rechazó, quedé parada; yo sólo le quería ayudar y parecía todo lo contrario. Comenzaron a correr lágrimas de impotencia por mis mejillas. Jacob al verme, comenzó a respirar muy rápido, su cuerpo comenzó a temblar muchísimo, más que antes, las convulsiones cada vez iban a peor. Si no se tranquilizaba, entraría en fase en cualquier momento, y la entrada de mi casa no era un sitio adecuado.

- Jacob, Jacob, por favor tranquilízate, no puedes hacer esto aquí. – Dije zarandeando a Jacob que estaba en trance por los hombros.

- Lluuuu…naaa, sácaamee dee aquí, no pppp….uuuedddo aguuantt..ar más. – Logró articular.

Las convulsiones cada vez iban a peor, no sabía cómo pararlas. Abrí la puerta del garaje y, de un estirón del brazo, metí a Jacob en él. Hoy, por suerte, mis padres llegaban más tarde a casa. Cerré la puerta del garaje, no veía nada más que oscuridad.

- ¡LLUNA, SAL DE AQUÍ YA! –Dijo en un grito autoritario imposible de ignorar.
Con gran dolor en mi pecho, dejé a Jacob solo en el garaje, buscando la salida que daba al interior de la casa a ciegas. Cuando la encontré, la abrí y entró un poco de iluminación que me permitió ver la imagen de Jacob tirado en el suelo revolcándose de dolor.

- ¡SAAAAAAAAAAALLLLLL! – Dijo gritando a todo pulmón.

Cerré la puerta de golpe. Dentro del garaje escuché cómo se desgarraban unas prendas de ropa; a continuación, escuché un gran aullido de dolor. Jacob se acababa de transformar en el garaje de mi casa y lloraba como si le estuvieran dando una paliza. Quise abrir la puerta pero la mano se quedó inmóvil en el picaporte, tenía miedo de lo que me iba a encontrar detrás de esa puerta. En la vida había sido cobarde, jamás, y hoy no iba a ser el día. Los lamentos comenzaron a descender de volumen. Me temblaba la mano en la maneta de la puerta, no sabía si abrir la puerta iba a ser lo correcto. La casa se quedó en silencio. A lo mejor Jacob necesitaba mi ayuda y yo estaba haciendo la imbécil esperando que viniera mi lado valeroso. Giré la maneta de la puerta y con los ojos cerrados abrí poco a poco la puerta.

- Lluna, cierra la puerta y déjame un momento a solas por favor. – Dijo con la respiración agitada.

Hice lo que me pidió sin pensar, quería que esta situación pasara lo más rápido posible. Quería ayudar a Jacob a solucionar todos sus problemas y conflictos del pasado. Fui al comedor y me dejé caer en el sofá. Estaba agotada de tantas emociones. Mi cuerpo seguía sin entrar en calor, me tapé con la manta. El dolor del pecho cada vez era mayor.

Al cabo de unos minutos, apareció Jacob vistiendo sólo un mono de trabajo que tenía mi padre en el garaje atado por la cintura, llevaba una bolsa de basura en la mano. Se paró enfrente de mí.

- Lluna, me tengo que ir. – Dijo con los ojos cerrados y las manos en puños.

- ¡No, no te vayas! -me levanté exaltada del sofá- Mis padres tardaran en venir, te puedes quedar un rato más.

- Lluna, me voy. – Respondió apretando los labios.

- Quédate, Jacob, por favor. – En su actitud vi algo que no me gustó nada- Abre los ojos Jacob, abre los ojos.

Quería que me mirara; cuando los abrió, el mundo me cayó encima y comprendí lo que querían decir sus palabras. Corté las pocas distancias que habían y me agarré a su cuerpo ardiente. Mi respiración iba igual de rápido que la suya.

- ¡No lo puedes decir en serio, no puedes, Jake, no me puedes dejar sola!

- Lo hago por tu bien, por tu seguridad. – Dijo dándome un fuerte abrazo y dejando salir grandes lágrimas- No quiero poner tu vida en peligro, no soportaría ver cómo te hacen sufrir.

Por mi garganta no salía ninguna palabra entendible, sólo sollozos. Jacob me cogió la cara con las dos manos. Cerré los ojos, no lo quería ver; si lo veía, todo esto sería demasiado real, imposible que mi corazón lo soportara.

- Lluna, abre los ojos. – Negué con la cabeza- Me tengo que marchar lejos de ti. Estar contigo te pone en peligro. Si los Vulturis se enteraran de toda la información que tienes te… te… - Jacob no podía seguir hablando, las lágrimas no se lo permitían.

- ¡Me da igual los Vulturis!, sólo quiero estar contigo. – Jacob se giró, quise darle la vuelta para que me mirara pero no lo hizo, comencé a darle puñetazos en la espalda. Sus lloros cada vez iban a más, como los míos. Comenzó a tambalearse y cayó al suelo. Lo hice presa con mis brazos y busqué su mirada que estaba perdida.

- Lluna, no me lo hagas más difícil. No me…. – Comenzó a llorar más fuerte en mi pecho.

- Jacob, te seguiré donde haga falta; donde vayas tú, yo estaré contigo. Huiremos de esos desgraciados.

- ¡No podemos huir, Lluna! Nos encontrarían y pondría tu vida y la de los Cullen en peligro, ¿¡no lo entiendes!?

- ¡No, no entiendo nada! ¿Por qué dos personas que se aman no pueden estar juntas?

- Porque eso sería peligroso.- Me hizo a un lado y se puso de pie tambaleándose- Adiós, Lluna –Dijo dando pasos hacia la salida.

No podía ser que todo se terminara así, no podía ser que se fuera, no podía ser que me dejara con todo este dolor. Fui corriendo detrás de él y lo alcancé antes que pudiera salir por la puerta. Lo giré y, sin preguntarle, me lancé a sus labios. Movíamos los labios como desesperados, quería que en este beso percibiera todo lo que yo sentía por él. A cambio, recibí punzadas de dolor en mi corazón, estaban cogiéndolo con un puño y haciendo presión. No me dejaba respirar, comencé a perder los sentidos, perdí el equilibrio por la falta de aire. Jacob me dejó sentada en el escalón de la entrada.

- Lluna, lo siento, pero no te puedes imaginar lo que estoy sufriendo. No me lo hagas más difícil por favor; por favor, te lo pido. - Apoyé la cabeza en la pared.
No podía ser que todo se terminara así.

- Quiero que sepas que todo esto lo hago por tu bien, por tu seguridad. Eres la persona que más amo en este mundo y que jamás he amado y amaré. Te recordaré siempre, siempre y no sólo porque eres mi imprimación. – Dijo dejando un suave beso en mis labios que envió mil demonios a mi corazón – Eres una chica fantástica, Lluna, espero que encuentres pronto la felicidad, porque así será la única forma que me hagas saber que todo este dolor que estoy sintiendo vale para algo. No me busques, no pienses en mí, olvídate de todo lo que ha pasado estos días, olvídate de todo. Por tu bien, por el mío, por el de los Cullen. Te quiero, Lluna.- Limpió las lágrimas de mi cara y salió corriendo cerrando la puerta.

No podía ser cierto, no podía ser cierto que me estuviera pasando esto. Mi cerebro me gritaba desesperadamente que saliera corriendo tras él pero mis piernas no me obedecían. Jacob se había ido para siempre, no, no. Borré esa idea de la cabeza, no podía ser. Obligué a mis piernas para que se pusieran en pie. Cuando conseguí estabilizarme, salí corriendo a la calle tropezando varias veces. Miré dónde había dejado el coche, pero ya no estaba. Dejé de respirar, no podía ser que esto estuviera sucediendo. Comencé a correr toda la calle, me recorrí dos veces la manzana, pero él no estaba, él ya no estaba, se había ido para siempre. Me dejé caer en la puerta del garaje. Unas luces me cegaron la vista, un coche se había parado enfrente. Quizá Jacob había vuelto a buscarme, como pude me puse en pie. Puse mi mano haciendo de visera en mis ojos para que me dejara ver. Un hombre, con paso cauteloso, se acercaba a mí.

- ¿Lluna? – Preguntó una voz masculina que bien conocía.

Cuando me reconoció vino corriendo y me abrazó. Dejé salir un llanto desconsolado que hacía rato que estaba aguantando en los hombros de mi padre.


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Hola a todas mis niñas, siento haberme retrasado hoy pero estoy súper liada. Voy de p… c…, estoy de mudanza y no paro. Este viernes dudo que pueda publicar y la semana que viene estaré en el nuevo piso y no creo que tenga internet así que… estaré unos días ajetreada y no tendré tiempo de escribir y por lo tanto no podré publicar. Lo siento mucho de verdad pero tengo muchísimas cosas que hacer; arreglar papeleo del piso, del paro, ayudas, exámenes, mudanza… ¡ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, que estrés!

Espero que os haya gustado este cap, lloré muchísimo cuando lo escribí; pobre Lluna, pobre Jacob.

Sí queréis dejarme vuestros blogs o mails en el comentario o me enviáis un mail y os avisó cuando vaya a publicar de nuevo. Espero que a final de la semana que viene toda my life esté más tranquila. ¡Dadme ánimos y fuerzas!

lagunanocturna@gmail.com

Saludos y muchos besazos Áuryn.

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viernes, 18 de febrero de 2011

12. El fatídico desenlace POV Jacob

Cuando se hizo tarde, llevé a Lluna a su casa. De camino, intenté que no notara mi tortura hablando de historias que habían pasado a lo largo del día. Llegamos a su casa y le acompañé hasta su puerta, aunque deseaba estar más rato con ella, mi corazón no lo permitía, no podía aguantar más el dolor, estaba a punto de explotar. Me despedí fugazmente de ella, le dije que mañana la pasaría a buscar para llevarla a trabajar, así recobraría el rato perdido de esta noche. Me fui saliendo a toda prisa de su casa; cuando llegué al coche, apreté el acelerador dejando toda mi ira en el asfalto por no poder controlar este dolor.

Llegué a casa y fui a la cocina a cenar. Bella me estuvo contando que le había parecido una chica muy encantadora Lluna.

- ¿Cuándo le vas a contar la verdad, Jacob?

- ¡Otra vez la maldita historia, cuando me sienta preparado le contaré todo!

- Jacob, aunque tú no estés preparado, ella se merece muchas explicaciones.

- ¿¡CREES QUE NO LO SÉ?! – Le dije gritando a Bella. Mi objetivo de hacerle feliz se estaba yendo a la mierda. Lo que le estaba produciendo era odio.

- Haz lo que quieras, Jake; haz lo que realmente te venga en gana. Pero te juro que, como vuelva a hablar de mi pasado, ofendiéndome, te juro que yo misma le contaré todo.

- ¡¡¡NO SERÁS CAPAZ DE HACER ESO!!!.

- ¡¡¡BIEN SABES QUE SOY CAPAZ DE ESO Y MÁS!!!. – Dijo saliendo a la velocidad del rayo por la puerta trasera de la cocina que daba al exterior. Fui detrás de ella pero unas manos frías no me dejaron salir por la puerta. Rosalie me impedía el paso.

- Rubia, suéltame ahora mismo. – Le dije amenazador.

- No voy a dejar que salgas hasta que no escuches lo que te tengo que decir.

- No pienso escucharte, ¡¡SUÉLTAME!!. – Le dije quitando sus apestosas manos de mi pecho.

- Haz lo que quieras, pero lo que te tengo que decir te puede interesar. Es por la seguridad de Lluna. – Lluna, seguridad, ¿estaba en peligro?

- Suelta por esa maldita boca. ¿Qué está pasando con Lluna? – Le pregunté cogiéndola por los hombros. Si sus huesos fueran normales estoy seguro que se los hubiera hecho pedazos.

- De momento no está pasando nada, pero puede pasar, y aparta esas apestosas manos de mi cuerpo. – Como podía decir esto y quedarse tan tranquila.

- Sigue hablando ya. – Le dije furioso soltándole y retrocediendo un paso.

- Para empezar, que sepas que tú y esa estúpida humana me traéis sin cuidado. Pero quiero que tengas en cuenta que trayéndola a casa la pones en peligro a ella y a toda la familia. -¿Qué?

- No entiendo nada, ¿se puede saber que pintan en la misma frase Lluna, peligro y familia?

- Está bien claro chucho, ella sabe demasiado de nuestro secreto.

- Pues claro que sabe nuestro secreto, sabe todo lo que ha leído en los libros igual que muchas jóvenes. – Idiota, es lo que tiene ser rubia, no se le puede pedir más a un cerebro donde escasea la lógica.

- Pero ellas se piensan que somos unos personajes ficticios. Los Vulturis hicieron esto para separar a nuestra familia o eliminarnos si los humanos sospechaban de nosotros. – Al escuchar ese maldito nombre me tambaleé, tuve que cogerme a la encimera para no caerme. El dolor del pecho cada vez era más insoportable.

Toda la familia Cullen se reunió en la cocina, escuchando atentamente la discusión que tenía con Rosalie, preparados para actuar si las cosas se iban de las manos. Incluso Bella había regresado.

- Rosalie, ese castigo sólo va relacionado con los Cullen; Jacob y Lluna no tienen nada que ver en esto. – Dijo Carlisle intentando poner fin al asunto.

- Cuando Jacob se unió, fue recibido como uno más de la familia, aunque no me guste aceptarlo, forma parte de esta familia y tiene que respetar las normas de los Vulturis. –Rosalie se acerco a mí con mirada de odio, Carlisle la paró.-No pienso recibir un castigo por tu culpa, no pienso permitir que destruyas esta familia.

- Rosalie, no nos pueden culpar de las acciones de Jacob. Él ha decidido compartir su vida con Lluna y, como bien has dicho, Jacob forma parte de nuestra familia. Si los Vulturis deciden tomar represalias por esto, le defenderemos tanto a él como a ella. – Le dijo en tono autoritario Carlisle. Otra vez estaban incluyendo a Lluna en la misma frase con los Vulturis. Esta vez no pude agarrarme a nada y caí al suelo por culpa del dolor del pecho.

- Vosotros sabréis qué precio queréis pagar por tener al chucho feliz, ¿pero qué precio quieres pagar tú, Jacob? - Todo, por la seguridad de Lluna todo, quise contestarle esto, pero el dolor no me dejaba hablar- Yo sólo te recuerdo el precio que le hicieron pagar a Bella por conocer nuestro secreto.


Rosalie salió hecha una furia de la cocina. Cuando se fue, mi cerebro comenzó a trabajar y a juntar todas las frases; Lluna, Vulturis, represalias, secreto, Bella. Vampiro. Si los Vulturis sabían de mi relación con Lluna y lo que ella sabía de la familia Cullen, nos darían a escoger -en el mejor de los casos- entre acabar con su vida, para que no pudiera contar nuestro secreto o convertirla en vampiro, como le pasó a Bella. Las dos únicas soluciones querían decir lo mismo, dejarla sin vida.

El pecho comenzó a dolerme más, impidiéndome respirar, me ahogaba. No sé qué pasó a continuación, lo siguiente que recuerdo fue encontrarme estirado en la cama de mi cuarto. Todo había sido una pesadilla, eso quería pensar, pero el dolor de mi pecho me recordó que todo era real. Me incorporé en la cama hiperventilando, el dolor del pecho me hacía imposible respirar. Bella entró en la habitación, alarmada por mi respiración. Intentó calmarme zarandeándome por los hombros pero no lo consiguió, me faltaba el aire, seguía muriéndome de dolor. Aparté de un manotazo a Bella y fui hacia la ventana y la abrí de par en par, tuve que apoyarme en el marco para no caer al suelo. Intenté inhalar todo el aire posible, inflando mis pulmones al máximo, pero lo único que conseguí en cada respiración fue aumentar la tortura. Bella me hizo girar hacia ella, cogiéndome la cara y obligándome a mirarle a los ojos. Su mirada era la misma de hace años atrás, la misma mirada que cuando me dio su apoyo cuando se fue Nessie. Me derrumbé en los brazos de Bella, llorando desconsoladamente, ella me sujetó y me acompañó a tumbarme en la cama. Seguí llorando en sus brazos, no podía parar. Ella intentaba calmarme acariciando mi pelo y limpiándome las lagrimas, pero no lo conseguía.

- ¿Tú ya habías pensado esto verdad? – Le pregunté entre el llanto.

- Sí, desde que conozco de la existencia de Lluna.

- ¿Por qué no me lo dijiste?, hubiera sido innecesario todo el dolor que estoy pasando.

- ¿Te arrepientes de haber conocido a Lluna?

- No, nunca. – Los momentos felices que había pasado con ella no los borraría de mi memoria jamás.

- Las cosas no tienen que suceder como las ha contado Rosalie, ya sabes que ella siempre se pone en el peor de los casos, sólo intenta protegernos de los Vulturis.

- Pero puede suceder.

- No te lo voy a negar.

- No quiero poner la vida de nadie en peligro. Lo mejor que puedo hacer es dejar a Lluna.

- ¡No puedes hacer eso!, mira cómo estás. No quiero volver a verte así otra vez, ya he vivido esto.

- Pues lo siento mucho Bella, pero es lo mejor para Lluna y para esta familia.

- ¿Y para ti?, ¿qué es lo mejor para ti?

Lo mejor para mí sería morirme ahora mismo, aunque estaba comenzando a morir por el dolor del pecho, sabía que no era suficiente para dejar de vivir.

- Lo mejor es que nos vayamos lo antes posible de aquí. Mañana le diré a Lluna que me marcho y que nunca más nos volveremos a ver.

Comencé a hiperventilar con sólo pensar en la idea de no ver más a mi ángel. La habitación comenzó a dar vueltas. Me senté en el borde de la cama para ver si así se estabilizaba la habitación, quise levantarme para ir al baño a lavarme la cara pero, cuando me puse en pie, me mareé y caí al suelo o a los brazos de Bella, los dos eran igual de duros. Volví a despertar en la cama, pero esta vez toda la familia Cullen estaba a mí alrededor. Carlisle tomaba mi tensión.

- Tranquilo, Jacob, estás bien, sólo has tenido un desmayo producido por una crisis de pánico.

Todos los vampiros me miraban con cara de preocupación, hasta Rosalie. Carlisle me había dicho que estaba bien, pero yo sabía que no era cierto, el dolor del pecho me estaba matando.

- Jacob, dime qué quieres hacer; tomes la decisión que tomes, te apoyaremos. Pero piénsatela bien, no hay prisa.

- Sí que hay prisa Carlisle, cuanto más tiempo estemos aquí, más peligroso será para Lluna y tu familia, tengo que terminar con esto lo antes posible. – Le dije cogiéndome las piernas con los brazos, apretando con las rodillas el pecho, pero no conseguí aliviar el dolor.

- Como tú quieras, Jacob, pero no quiero que tomes decisiones precipitadas, piénsatelo bien. Y ahora, salgamos todos de la habitación, Jacob necesita descansar.

Los Cullen comenzaron a salir por la puerta con la cabeza gacha, cogí a Bella para que no se fuera, no quería quedarme solo aunque mi corazón se sentía así. La abracé fuerte y ella me abrazó igual. Por mis ojos no salían más lagrimas, las había dejado marchar antes.

- Jacob, las cosas no tienen porqué ir así. Mírame a mí, no me va tan mal.

- ¿Qué estas intentando insinuarme?

- Si Lluna fuera convertida, los Vulturis no le podrían hacer nada.

- Matarla y convertirla en vampiro, para mí significa lo mismo. Muerte. Ya estuve imprimado una vez con un medio vampiro y la cosa no funcionó.

- Y, ¿qué vas hacer?

- Dejarla, es lo único que puedo hacer por el bien de todos.

- ¿Y el tuyo?

- El mío no importa, ya sé lo que es vivir así.

Volveré a ser un zombi, pero esta vez será diferente. Sabré que lo hago por el bien de alguien, por mantener a Lluna a salvo.

- ¿Cuándo se lo vas a decir? –Notaba que la voz de Bella se iba apagando igual que la mía.

- No lo sé, no tengo ni idea. Le dejaré una carta explicándole que me tengo que ir y que por su bien nunca más nos volveremos a ver.

- Lluna te quiere mucho, creo que se merece que le cuentes la verdad. Lo va a pasar muy mal.

- Lo sé.


Me acurruqué en el estomago de Bella, dejé mi mente en blanco, tenía que acostumbrarme a volver a vivir como un zombie. Contaba como pasaban los minutos en el despertador de la mesita. Bella estuvo conmigo todo el rato sin decir ninguna palabra. Era como tiempo atrás, cuando ella me daba todo su apoyo sin recibir nada a cambio por mi parte.


Cuando comenzó a despertarse la mañana, fui al baño y me duché. Me miré en el espejo y otra vez volví a ver aquel hombre que recordaba perfectamente y hacía días que no veía. Me vestí y salí fuera del baño donde seguía Bella sentada en la cama. Había vuelto al pasado, cuando estaba en la etapa suicida y Bella no se separaba de mí. Esta vez iba ser diferente, no pensaba hacerle sufrir a Bella, ya había padecido demasiado por mi culpa.

- Bella, me tengo que ir, ayer quedé con Lluna para llevarla a trabajar.

- ¿Cuándo hablarás con ella?

- Esta tarde, cuando salga de trabajar le contaré toda la verdad, se lo merece, ya le he estado escondiendo demasiadas cosas.

- Le vas hacer mucho daño, Jake. Sé que tú también estas sufriendo pero ella también va a sufrir, te lo digo por experiencia, bueno, tu mejor que nadie sabes lo que pasé cuando Edward se fue, cuando era humana, mis recuerdos son un poco borrosos.

De sólo recordar aquellos momentos e imaginarme a Lluna en la misma situación que estuvo Bella, me rompió aún más el corazón. Tenía que acostúmbrame a este dolor y a vivir sin aire, todo volvía a ser igual que antes. Pero esta vez no le haría sufrir a Bella, ya había hecho demasiado por mí, no se merecía pasar por lo mismo.

- Bella, estaré unos días fuera, necesito estar un tiempo solo.

- No voy a dejarte solo, Jake. – Dijo Bella con un abrazo protector. Me deshice de su agarre y le cogí con las manos la cara para mirarla a los ojos.

- Necesito estar solo. Tranquila, no pienso hacer nada que ponga mi vida en peligro -¿vida?, imposible, ya estaba muerto- No me busquéis, volveré dentro de unos días cuando esté más tranquilo.

- Voy a estar muy preocupada.

- No te preocupes por mí, ya he pasado por esto antes y sobreviví, - aunque esta vez era muchísimo más doloroso, yo amaba a Lluna. – Bella, cuando regrese quiero que todo esté listo para marcharnos, recoge mis cosas.

Le di un beso en la frente y me fui antes de que dijera nada, no quería ver como sufría otra persona por mi culpa.


Fui a casa de Lluna, era muy temprano, ella todavía estaba durmiendo, podía oír su respiración acompasada. Hoy sería la última vez que la vería, la última vez que la besaría, el último día que pasaría con mi amor.


Esta mañana, cuando le acompañé al trabajo, ella notó que le estaba escondiendo algo, pero le mentí diciéndole que no me pasaba nada, ella no me creyó.
El día trascurrió muy rápido, es cierto que cuando no quieres que se acerqué un momento los minutos trascurren muy rápidos, hasta ahora.

Cuando Lluna salió de trabajar fuimos a un lugar que había buscado esta mañana para contarle toda la verdad. Era un lugar apartado de la civilización; si no podía controlarme, no quería transformarme en un lugar público o donde le pudiera dañar. Lluna me esperaba dentro del coche, yo estaba fuera, pensando cómo le iba a contar todo, quería que fuera rápido. Esta mañana me había montado un guión en mi cabeza, pero ahora se me había olvidado todo. Lo único que podía recordar era la cara de preocupación que tenía Lluna hace un instante. Jacob tienes que deja de ser un cobarde, cuando antes termines con esto mejor, más pronto te podrás ir de este lugar y Lluna dejará de estar en peligro. Malditos Vulturis, maldita Nessie, todo esto era por su culpa. No quise alargar más el momento, el final seguiría siendo el mismo. Abrí la puerta del coche y ayudé que saliera. Intenté calmarme mirando sus grandes y preciosos ojos marrones para que mis explicaciones fueran comprensibles.

- ¿Quieres que demos una vuelta y hablamos?

- No quiero que hablemos, quiero que me cuentes qué te pasa, me tienes muy preocupada. – Pude observar como había aumentado su preocupación.

No te preocupes Lluna, ahora sabrás toda la verdad.

- Vamos.

Guié a Lluna por el bosque. Con cada pasó que daba, dejaba atrás al Jacob que fui estos días y comencé a caminar como el Jacob zombi que era ahora. Podía sentir como las cadenas que me unían a Lluna, se hacían más fuertes; mi cuerpo y mi espíritu no se querían separar de ella, pero era por su bien, por su seguridad. Poco importaba como yo me sintiera.

No me di cuenta que íbamos demasiado rápido hasta que Lluna tropezó, pude girarme y cogerla a tiempo antes que cayera al suelo. Estaba demasiado ocupado intentado sofocar el dolor de mi pecho, que no me fijé que Lluna estaba muy angustiada, respiraba muy deprisa y estaba llorando.

- ¿Te encuentras bien, Lluna?

- ¡No, no estoy bien! -dijo en un grito - ¡estoy asustada, no sé dónde vamos, ni para qué me has traído a este bosque!

- Estamos aquí para darte respuestas y puedas resolver todas las dudas que tienes.

La parte de que me tenía que ir, no se la dije, me era imposible articular las palabras. Pero se lo tenía que contar aunque la sola idea me doliera. Mis manos comenzaron a temblar fuertemente, tenía que controlarme, no podía transformarme delante de Lluna, tenía que decirle que me iba. Dejé la ira acumulada en el árbol que tenía más cercano, los nudillos comenzaron a sangrar, me limpié la sangre en el pantalón y a los dos segundos ya tenía la herida cicatrizada,- podía funcionar igual con las heridas de mi corazón-. Lluna se levantó del suelo, escondí mi mirada, no podía verla. No soportaba la idea, ahora la tenía enfrente de mí y dentro de unas horas no. Quería que termináramos ya con esto, por la seguridad de Lluna, aunque el dolor del pecho me diera a entender lo contrario.

- ¿Y por qué estamos aquí? – Dijo con voz entrecortada.

- Estamos aquí por si cuando te cuente la historia, no puedo controlarme y entro en fase. No quiero transformarme en un lugar público o donde pueda dañarte; si esto ocurriera aquí, iría a buscar a los Cullen para que fueran a buscarte al bosque. – Dije limpiándole las lágrimas que caían por sus mejillas.

Lluna me abrazó, tuve que poner toda mi voluntad para separarme, teníamos que terminar ya con esta farsa. La cogí en brazos, no quería que se cayera otra vez y se pudiera lastimar. El corazón de Lluna estaba muy acelerado, igual que su respiración. Lo estaba pasando mal, y todo por mi culpa.

- ¿Quieres que continuemos? – Le pregunté. Si ella no se sentía bien con esto le mandaría una carta expilándole mi marcha.

- Sí, por favor – Me contestó escondiendo su cara en mi pecho. Lluna me sorprendía, era muy valiente.


La llevé en brazos, memoricé todo su cuerpo, su precioso rostro, sus hermosos ojos y su dulce, dulce aroma. Aunque no fuera a verla más en persona, quería recordar en mi mente como era, para poderla visualizar en mis largos días y años que me esperaban por venir. Cuando estaba atardeciendo llegamos al lugar que había elegido para hablar con Lluna. La dejé sentada en una roca y me separé de ella. Sólo me pude distanciar unos pasos, las cadenas no me dejaron separarme más, el dolor del pecho se extendió por todas mis extremidades impidiéndome andar. Tenía que ser fuerte y poder alejarme de ella, pero las piernas no me respondieron. Dejé este dilema de lado, más tarde, cuando me despidiera de ella, ya me ocuparía de este problema. No sabía por dónde comenzar a explicarle, intenté hablar; antes de comenzar con la historia, quería volver a preguntarle si quería continuar con esto, pero no me salió la voz. Comencé a ponerme muy nervioso, las manos empezaron a temblar, mi parte lobuna quería desprenderse del cuerpo humano para dejar de sentir ese dolor. Cerré los ojos para tranquilizarme, escuché como Lluna se acercó despacio y me cogió las manos temblorosas, las juntó y las puso en su pecho. Sentí como su corazón latía fuertemente, estaba muy nerviosa, seguro que la había asustado con mis convulsiones. Me llevé sus manos a mi cara, su olor era el tranquilizante para mis nervios y la cura para mis temblores. Cuando me tranquilicé abrí los ojos y vi la hermosa mirada de Lluna brillar a la luz de la luna, otro recuerdo que guardaré en mi memoria.

Tenía que sacar coraje y contarle a Lluna lo que ocurría, aunque alargara el momento, todo seguiría siendo igual de trágico. Me tenía que ir lejos de Lluna por su seguridad y por la seguridad de la familia Cullen. Tenía que dejar a mi verdadero amor por su bien.

Fin Pov Jacob

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¿Qué os ha parecido? ¿Imaginabais que iba a pasar una cosa así? El próximo cap lo continúa explicando Lluna. Espero sus comentarios Saludos Áuryn.
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